Mi alter ego masculino puesto en un personaje que hace una de las cosas que más me gusta hacer: andar en bici. – Et bon? [¿Y bien?] –cuestionó impaciente la rubia de ascendencia francesa.– – No creo que te guste mi respuesta, liebling [querida] –murmuró Christina con algo de incertidumbre, cerrando la puerta del consultorio tras de sí y tomando asiento frente al escritorio en la recepción de su clínica, la mejor equipada entre todas las instituciones de nutrición que Isabel conocía en el estado.– – Chris…dime qué aparece en los resultados del análisis de sangre, s’il te plait [por favor] –pidió con mirada cansada y en tono casi suplicante.– La nutrióloga suspiró. Daniel era prácticamente su sobrino, y no le gustaba sentir que lo estaba echando de cabeza (delatando), pero Laura Isabel Ferrer Rousseau era una de sus mejores amigas desde que se había mudado de Berlín a México y, si había algo que ambas tenían en común era un nivel monumental de honestidad, sobretodo entre ellas, además de...
– ¿Alguien ha visto a Kai? –preguntó Tenzin.– – No desde que llegamos a la zona alta de Ba Sing Se… –respondió Jinora.– – ¿Huh? ¡Kaaaai! ¡Kaaai, hermanito! –gritó Bolín, improvisando un altavoz con sus manos mientras proyectaba su voz en todas direcciones.– – ¡Kai! –vociferó Mako, ignorando aquello de “hermanito. No por celos, sino porque le parecía demasiado pronto para que Bolín lo llamara así, o eso argumentaba–. ¿En dónde se habrá metido ese chico? Sabía que debíamos mantenerlo vigilado…–razonó rascándose la nuca.– – ¡Oye! –contraatacó su hermano–. Nosotros también vivimos en la calle y tuvimos que hacernos cargo de nosotros mismos alguna vez, Mako, ¿lo olvidas? ¡Y míranos ahora! Dos apuestos y exitosos jóvenes en busca de aventuras a través del mundo! –terminó la frase abriendo los brazos al cielo, viendo el lado positivo de las cosas, como siempre–. El caso de Kai no puede ser peor que el nuestro. – Hmmm…por alguna razón, eso no suena muy alentador. Recuerda nuestro primer e...