Había sido una mañana por demás intensa.
Las pruebas Telekinesis [mover objetos con la mente] y Concilium [control mental sobre alguien más] habían transcurrido sin mayor tensión que algunos gritos, cachetadas y un tirón de cabello, además de las usuales tretas ejecutadas por la maquiavélica mente ególatra de Madison.
Desafortunadamente, la tercera prueba Descensum [descenso al infierno personal para después salir de ahí por mérito propio], había cobrado la vida de Misty, dejando a Cordelia desahuciada, pues sus mayores esperanzas residían en la joven bruja del pantano.
Sentirla reducirse a cenizas entre sus manos ya había sido desgarrador, no pensaba permitirse perder a otra de sus aprendices. Ayudada por su bastón y por Myrtle, su mayor confidente y ex integrante del consejo, entró de nuevo en la sala, donde sus pupilas aguardaban, presas de la incertidumbre.
— Quisiera pedirles un momento de silencio, para honrar la memoria de nuestra hermana caída, Misty Day —compartió la bruja de cabellos color fuego.—
No habían transcurrido ni treinta segundos cuando la más malcriada de las aspirantes, Madison, interrumpió a la mayor.
— ¿Podemos seguir ya? —resopló impaciente.—
Myrtle miró a Delia, quien asintió con un leve suspiro, pues aquel cuestionamiento la trajo de vuelta a la realidad. La prueba de las Siete Maravillas debía seguir si querían averiguar quién sería la siguiente Suprema.
— Transmutación [teletransportación, según la serie] —anunció Myrtle—. La capacidad de transportarse a otro lugar dentro de un espacio definido —miró a las candidatas restantes con detenimiento—. Comiencen.
Apenas dio inicio entre las participantes un juego de "tú la traes", Myrtle retomó su lugar junto a Cordelia, quien al menor contacto se aferró a su mano. La mayor sabía cuánto le preocupaba aquella prueba, pues había escuchado historias horribles de hechiceras que fallaban estrepitosamente al perder la concentración y caían desde lo alto de un árbol, aparecían a la mitad de la calle con peligro de ser atropelladas por un auto o se golpeaban al aparecer en el lugar deseado si su cuerpo no estaba bien preparado para realizar el salto. Con nerviosismo mal disimulado, Cordelia seguía la escena dependiendo casi por completo de su sentido del oído, pues la ceguera seguía presente.
— ¡Cuidado, niñas, esto no es un juego! —gritaba sin poder evitarlo al escuchar a Myrtle describiéndole todo lo que pasaba.—
— Queenie lo consiguió, se transportó de la sala al balcón... Madison hizo un salto del balcón al jardín para alcanzar a Zoe... —la mantenía al tanto de cada movimiento mientras la ayudaba a encaminarse hacia el jardín.—
— ¡Niñas, sean precavidas! —insistió Cordelia, proyectando su voz hacia el lugar de donde provenían las risas de las menores.—
— Ay, por favor, ¡pero si es un juego muy divertido! —respondió Zoe deteniéndose un momento frente a las escaleras de la entrada.—
— Además, es lo más divertido que hemos hecho en la academia —puntualizó Madison, poniendo los ojos en blanco mientras echaba a correr tras sus compañeras.—
Todo aquello sucedió tan rápido que Cordelia no tuvo tiempo de responder. Más pronto que tarde, la desdicha se hizo presente.
Zoe profería gritos ahogados al sentir cómo su estómago era perforado por un grueso objeto metálico, la sangre brotaba a borbotones de su boca, así como de su nariz y de todo su abdomen, formando en el suelo un charco obscuro, cuatro metros debajo de ella.
En medio de un salto, se distrajo, apareciendo por accidente sobre los grandes picos de acero que coronaban la antigua reja de la entrada. Sin tener tiempo suficiente para reaccionar, su cuerpo se precipitó sobre el enrejado, siendo uno de esos feroces picos el responsable de atravesarla desde la espalda baja hasta el ombligo, destrozando su columna vertebral en el proceso.
— ¡¿Qué ocurre?! —cuestionó Cordelia frenéticamente.—
— ¡Oh, no! Es...es Zoe, ¡nuestra querida Zoe! —se lamentó Myrtle sin aliento.—
El corazón de Delia se contrajo como un trozo de carbón, no daba crédito a lo que escuchaba. No podría soportar que hubiera otra deserción a causa de la muerte de una de las hechiceras. Rogaba al cielo por que todo fuera un error, un mal sueño.
— Vitalum vitalis [traer de vuelta a la vida a un ser inerte] —susuró débilmente.— Queenie.
La morena entendió. Aún faltaban pruebas, y si para adquirir la supremacía debía hacerse de valor entre tanto dolor y traer a su amiga a la vida, sin duda lo haría.
Nada.
Con un dejo de culpa en la mirada, se retiró, desilusionada.
— Madison — indicó Cordelia—. Tu turno.
Como era de esperarse, la susodicha prefirió ejercer su poder para matar a una mosca y revivirla justo frente a sus superiores.
Kyle, el novio de Zoe, observaba en silencio desde un rincón, jurando que haría pagar a esa idiota materialista.
Después de eso, Cordelia se encerró con Myrtle en una habitación para tomar entre ambas una decisión. Delia estaba furiosa consigo misma y con Madison, sentía lástima porque Queenie había fallado y estaba destrozada por haber sufrido dos pérdidas tan cercanas en un solo día.
Tras un par de horas de acalorada discusión, llegaron a un acuerdo.
— "La señal de cualquier nueva Suprema es una radiante y entera salud" —citó Myrtle, evidenciando que desde ese momento Delia era indiscutiblemente la nueva Suprema, aquella mujer y hechicera a quien la mismísima magia de la naturaleza había elegido como lidereza del aquelarre.—
Mientras que Madison, pretendiendo huir de la academia, era asfixiada entre las manos de Kyle, Delia y Zoe se fundían en el más dulce de los abrazos, restableciendo así el vínculo que desde el inicio se sentía natural entre ellas: madre e hija. Lealtad y gratitud hasta la muerte.
— Zoe, mi preciosa niña...bienvenida de vuelta.
****************************************************************************
Seis semanas habían pasado desde que la resurrección de Zoe y el ascenso de Cordelia habían contrastado abruptamente con la controversial petición de Myrtle.
"¡BALENCIAGAAAAAAA!"
— ¿Puedo pasar? —preguntó Zoe asomando la cabeza por la puerta tras dar un par de toquecitos.—
— Adelante —concedió Cordelia—. Pasa, cielo, siéntate.
— Buenos días, Delia —la menor entró, aún en pijama, cerrando la puerta tras de sí y la saludó, dejando un cariñoso beso en su mejilla mientras tomaba asiento junto a ella en la orilla de la cama—. ¿Qué pasa?
—Quiero hablarte de algo que me tiene un poco consternada desde hace un tiempo —comenzó, tomando su mano con delicadeza—. Antes, dime, sabes lo mucho que te quiero y lo importante que eres para mí, ¿verdad?
— Sí —respondió la menor tímidamente con una sonrisita, pero ciertamente aún no comprendía por qué la directora la había citado ahí sola.—
— Es bueno que lo sepas, porque quiero que mantengas eso en mente durante toda nuestra conversación, querida —dicho esto, suspiró, mirándola a los ojos con neutralidad.—
Zoe tragó saliva con cierta dificultad.
— Quiero que me expliques por qué decidiste desobedecerme exactamente el día de las pruebas, cuando les pedí expresamente que tuvieran cuidado y no se tomaran la transmutación como un juego —dijo yendo directo al punto.—
La niña (porque así la veía Cordelia) palideció de inmediato. Definitivamente no se esperaba eso.
— Delia, pero yo...no creí que fueras a tomarlo así —se excusó—. Madison...
— Ella ya no está. Y pagó muy caro por todo —intervino la mayor.—
— Lo siento, pero...pero fue un accidente —fue el único pretexto que se le ocurrió.—
— Accidente que pudo haberse evitado, sólo debiste escuchar —habló con firmeza y suavidad a partes iguales. Claro que le dolía tener que ser "dura" tomando en cuenta lo buena que era Zoe siempre, pero aquel único error había sido letal y Cordelia no pensaba dar marcha atrás, se ahorraría muchos sustos innecesarios si actuaba en ese momento.—
— P-Pero yo... —tartamudeó—. Perdóname...por favor —pidió con una expresión triste en la mirada—. No volverá a pasar.
La Suprema negó con la cabeza.
— No volverá a pasar —reiteró—. En eso tienes razón, tesoro. De eso me encargo yo —decreto finalmente con aplomo, obteniendo una mirada confusa como respuesta—. Ven aquí, por favor.
Titubeante, la joven se levantó, situándose de pie frente a la directora en completo silencio. La tranquilidad en la voz contraria la hizo obedecer sin hacer preguntas, inocentemente imaginaba que aquello sólo sería una plática seria, más su pensamiento no tardó en cambiar.
— Delia, pero ¡¿qué haces?! Suéltame, por favor —se quejaba.—
— ¿Recuerdas lo que te pedí que tuvieras en mente durante nuestra conversación, cariño? —preguntó, ignorando su súplica.—
— P-Pero, pero, esto no tiene nad...
— ¿Lo recuerdas? —repitió, deshaciéndose de las pantuflas de Zoe con un movimiento mágico de su mano.—
— Bueno...sí.
— ¿Y bien? —comenzaba a prepararse, subiendo las mangas de su blusa y sosteniendo con una mano la espalda baja de la joven.—
— Que me quieres y soy muy importante para ti —resopló con resignación.—
— Así es...y por eso tengo que tomar estas medidas.
— ¿Qué medid...?AUCH —exclamó interrumpiendo sus propias palabras al sentir la mano de Cordelia impactarse contra su trasero—. ¡Pero Delia! ¡Eso duele! —gritó en un vano esfuerzo por zafarse—. Además ya me disculpé —agregó con un puchero.—
— ¿Y tú crees que a mí no me dolió lo que te pasó? Zoe Benson, moriste. ¿Puedes dimensionar eso? —cuestionó. Empezaba a alterarse a raíz de la frustración que sentía al recordar los hechos—. ¡Moriste! Y todo por seguir el estúpido ejemplo de Madison —añadió descargando una lluvia de nalgadas sobre las posaderas de la menor, cuya piel no podría ser protegida por el delgado pantalón de su pijama, pues Cordelia estaba decidida a enseñarle una lección memorable.
— ¡AY! Pero Delia¡AU! ¡Eso duele, detente! ¡No sigas, por favor! —decía entre ligeros gemidos, aquello en verdad le dolía, en las nalgas y en el ego, jamás había sido "humillada" de esa manera—. ¡Suéltame! ¡NO SOY UNA NIÑA! —gritó, de pronto indignada.—
Cordelia se detuvo un momento.
— Eres MI niña. Te guste o no —sentenció dando tres rápidos azotes.—
Zoe apretó los puños con fuerza, pues súbitamente se hizo consciente de que sus gritos podían llegar a oídos de cualquiera dentro de la mansión y eso sería aún más vergonzoso.
— Pero ya te pedí perdón —susurró—. Por favor detente...esto no me gusta.
— Debiste pensarlo antes de desafiarme, las reglas existen por algo en esta casa —retomó sus acciones, alternando los azotes entre ambas nalgas—. ¿Has pensado en lo mucho que me dolió perderte? ¿Saber que moriste aunque hice lo que podía para evitarlo?
— ¡AY, AY! —protestaba cerrando los párpados con fuerza. Podía sentir las lágrimas agolpándose, siendo un nudo en su garganta lo único que las frenaba.—
— Y ni siquiera podía disculparme contigo por no haberte podido ayudar en ese momento —continuó la mayor, incrementando la fuerza de cada palmada.—
Tan concentrada estaba en disciplinar a Zoe, que voluntariamente dejó de ejercer control sobre la mente ajena, devolviéndole así la libertad de movimiento.
— Por supuesto que a mí tampoco me gusta esto, pero parece que no hay otra forma de hacerte entender —dijo la directora, haciendo una pausa.—
— No hay nada que entender... —dijo la menor, sacando a relucir un toque de resentimiento— ...y tú no eres mi madre.
Aquella fue la gota que derramó el vaso.
— No necesito serlo para que me importes.
— No te importo. Si te importara, no estarías haciéndome esto. Soy una carga para ti.
— Zoe, basta. No debes pensar así...
— ¿Qué sabes tú de lo que yo pienso? —soltó con brusquedad—. ¡Y deja de decirme lo que debo o no hacer! Si tanto me odias, debiste dejarme morir —dijo cargada de rabia.—
Aquellas eran palabras mayores, Cordelia se quedó perpleja.
Cordelia encontraba difícil no fijarse en sus virtudes cada vez que la veía, pero no podía permitir que esa clase de pensamientos negativos nublaran su mente.
— ¿Piensas que mi vida sería mejor de haberte dejado morir? —preguntó Delia con seriedad.—
— Sí.
Sin mediar palabra, la Suprema tomó el elástico de los pantalones contrarios y lo bajó al nivel de los muslos, dejando a la joven protegida, de la cintura hacia abajo, únicamente por su ropa interior.
— ¡¿Pero qué diablos haces?! ¡Cordelia, suéltame!
Con determinación inamovible, afirmó su agarre en torno a la cintura de su aprendiz y con la otra mano comenzó a castigarla, impactando contra sus nalgas una y otra vez, abarcando ambas en cada azote que daba con la mano extendida. Esta vez no pararía. Poco le importó que la menor contraatacara pataleando y gritando, incluso llegó a intentar meter la mano para evitar que Cordelia siguiera castigándola, a lo que su superior respondió simplemente tomando su muñeca y sosteniéndola con firmeza contra su espalda baja para que no tratara de intervenir nuevamente, pues eso podría hacerle daño.
Zoe se quejaba cada vez con mayor frecuencia, el escozor en su pálida y suave piel se había tornado insoportable. Emitía gruñidos de dolor, apretaba los puños, hundía el rostro en la cama y había mandado los pantalones a volar de tanto removerse.
— Zoe, mi vida —dijo la mayor, extendiendo las caricias a la espalda ajena—. ¿Tienes idea de lo importante que eres en esta academia?
Tras respirar profundamente, aún con algunas lágrimas resbalando por sus mejillas, la joven negó con la cabeza. Su respiración era agitada todavía.
— ¿Crees que es casualidad haber llegado a este aquelarre específicamente?
— No... —admitió tras sorber por la nariz y reflexionar unos segundos.—
— Muy bien —asintió la rubia, satisfecha—. ¿Qué fue lo que te pedí que recordaras?
— . . . ¿Que me quieres y soy importante para ti?
— Así es, corazón —respondió con una tenue sonrisa en señal de aprobación—. Eres muy importante para mí. Quiero ayudarte a convertirte en la mejor versión de ti misma porque sé de lo que eres capaz y presiento que tienes mucho que ofrecer —continuó—. Jamás voy a ocupar el lugar de tu madre, descuida... ¿Se tomó ella alguna vez en serio tu educación en cuanto a la magia?
Zoe negó.
— M-mh. Me envió aquí en cuanto lo supo.
—Lo recuerdo... —suspiró la mayor—. Has callado muchas cosas, ¿no es así? —inquirió.—
La niña se limitó a asentir.
Con una mirada compasiva, Cordelia la invitó a ponerse de pie. Acto seguido, se levantó, alisándose la falda, y tomó la mano de su alumna, conduciéndola a una esquina de la habitación, en donde le indicó pararse con la vista fija en la pared.
— Quiero que pienses bien lo que me dirás. Sólo te pido que reflexiones sobre la responsabilidad que tienes en tus propias acciones. Y si consideras que puedes valerte por ti misma a partir de ahora, no volveré a molestarte —murmuró con sinceridad—. Volveré en quince minutos y entonces hablaremos. Mientras tanto, no te muevas de aquí. ¿Entendido, señorita?
La chica asintió un par de veces y la Suprema salió de la habitación, dejándola en la intimidad de sus propios pensamientos mientras se dirigía a la cocina a preparar el desayuno para todas con ayuda de su magia.
Mientras se sobaba, no dejaba de pensar que Cordelia tenía razón.
Su madre no se había tomado jamás el tiempo de corregirla, ni siquiera con un regaño.
Todo este tiempo había vivido preocupada por encajar e irónicamente eso había sido lo que la llevó a descuidarse, resultando lastimada ella y las pocas personas que habían demostrado genuino interés por ella. Tampoco podía negar que, por una vez en la vida, se había sentido bien que durante un momento alguien más tuviera el control de la situación sin ponerla en riesgo, que alguien quisiera hacerse cargo de ella y quisiera saber lo que acontecía en su loca cabecita.
— Zoe, preciosa, ya puedes salir del rincón.
Cabizbaja y apenada por sus recientes conclusiones, la pequeña obedeció, caminó lentamente y quedó parada frente a la mayor, llevándose las manos a la espalda y clavando la mirada en la punta de sus pies, a la espera de alguna frase o palabra que mitigara su ansiedad mental.
— ¿Ya has pensado en algo, mi cielo?
La joven bruja asintió con timidez. Tomó airé y comenzó a hablar.
— Lo siento —susurró—. No...no puedo.
— ¿No puedes qué, Zoe?
— Tienes razón...yo...no puedo valerme sola. No aún. Lo siento.
— ¿Qué es lo que sientes, cariño? —inquirió Delia con paciencia.—
— Siento haberte asustado así —confesó—. Soy una estúpida —dijo bajando la mirada.—
Silencio.
— No. No lo eres. Y te sugiero que dejes de pensar y hablar tan mal de ti —refutó la directora—. Zoe, mírame —estiró el brazo para tomar a la menor por el mentón y hacer que la mirara, a lo que irremediablemente obedeció.—
Cordelia pudo ver en sus ojos verdadero arrepentimiento, aunque también captó cierto sentimiento de vergüenza en aquella inocente mirada y, desde su punto de vista, esa vergüenza no tenía por qué estar ahí. Nadie bajo su techo debía sentirse así.
— Tú no eres estúpida. Lo que hiciste fue estúpido, no es lo mismo —corrigió—. Una sola acción no es suficiente para definirte y ambas sabemos que tú no eres así.
Zoe escuchaba con atención y asentía, tanteando el terreno para medir sus palabras.
— Me asustaste. Me asustaste mucho —continuó la Suprema—. Me aterró la idea de pensar que te perdería, por lo valiosa que eres para mí.
— Delia, yo...
— Tengo razones de sobra para haberlas puesto a ti y a Queenie como miembros del consejo —interrumpió la mayor, no por ello perdiendo la suavidad de su voz—. Eres especial, Zoe. El universo te eligió para estar aquí y sería egoísta de mi parte no hacerte ver lo talentosa que eres. No imagino este aquelarre sin tu luz, especialmente ahora que hemos abierto las puertas a decenas de brujas ávidas por aprender y compartir. Muchas de ellas te admiran y aspiran a ser como tú, cariño, ¿lo sabes?
La niña negó.
— Ellas te necesitan en el aquelarre...yo te necesito. Y me duele verte mal —la directora se sinceraba cada vez más—, pero no puedo permitir que te pongas en peligro pensando que a nadie le importas. A mí me importas, y mucho. Eres una pieza clave, no sólo en este lugar, sino también en mi vida y en la vida de Kyle, por supuesto, pero si sientes que he puesto una carga demasiado pesada sobre tus hombros...
— Delia, basta —la interrumpió su alumna de pronto, enérgicamente—. Por favor.
La rubia guardó silencio.
— No has sido tú —tragó saliva con dificultad para seguir hablando, haciendo un esfuerzo para sostenerle la mirada a su superior sin quebrarse—. Nunca has sido tú. La culpa de todo ha sido mía. La responsable soy yo.
Cordelia retiró su mano del rostro contrario, definitivamente le interesaba escuchar eso.
— Estaba tan ocupada intentando encajar, que olvidé lo que era ser aceptada simplemente por ser yo. Olvidé lo que era ser amada, lo que era realmente importarle a alguien...hasta que llegué aquí. Hasta que los conocí a ti, a Kyle...y a Myrtle. Ustedes son quienes me han mantenido con vida, porque gracias a ustedes entendí que tener parientes no significa tener familia. Mi familia está aquí, con ustedes. Aquí tengo no sólo una casa, sino un hogar, un sitio donde es seguro y bueno ser yo misma. Tengo al amor, a un chico que siente tan intensamente como yo, que ha viajado entre la vida y la muerte, que me ha perdonado y ha confiado en mí para compartir y hacer nuestra vida juntos. Tengo hermanas, como Queenie, alguien que ha sacado lo mejor y lo peor de mí, que me ha contado sus secretos y ha guardado los míos, una hermana con quien he reído y llorado, con quien he peleado...pero es quien me ha demostrado que puedo confiar en ella, que estamos en esto juntas —soltó todo aquello sin pausas y, decidida, continuó tras detenerse pocos segundos, observando las reacciones de su tutora—. Tengo una madre. Te tengo a ti —expresó finalmente con un ligero temblor en el labio inferior—. Una madre que, desde el primer momento en que me vio, me acogió sin juzgarme, que no hizo distinciones en su trato conmigo y siempre ha visto por mi bienestar. Alguien a quien no le importó que la sangre no nos uniera, porque se fijó en algo más importante —continuó sin dejar de mirarla a los ojos—. Tú siempre has visto en mi interior...y no te asustas de lo que ves. Me quisiste incluso cuando tus ojos no podían verme y elegiste traerme a la vida aún cuando tal vez no lo merecía. Todo este tiempo y mi peor error fue no ver cuanto me rodeaba, no apreciar lo que tenía...tus ojos volvieron a ver la luz después de revivirme y, gracias a ti, son mis ojos los que se han abierto. Siento no haberlo visto antes...haber despreciado a esta familia por buscar la aprobación de quienes nunca podrán comprenderme —agregó luchando contra el nudo que se formaba en su garganta—. Nunca lo volveré a hacer.
Cordelia la veía ahora con infinita compasión, pues, una vez más, su joven pupila le había demostrado lo errada que había estado al decepcionarse tanto de su conducta. Zoe en verdad había reflexionado e indagado en su interior y eso llenaba de orgullo a la Suprema, aunque ni ella imaginaba lo que estaba por venir. Tras dudarlo un momento, la menor expresó la frase que sentía que representaría la clave para su liberación y la exterminación de su remordimiento.
— Delia, yo... —respiró profundo— ...lo he pensado mucho y merezco este castigo.
Cordelia se quedó pasmada por lo que pareció ser una eternidad. Suspiró mirando a su aprendiz con detenimiento para evaluar su expresión facial y entonces retomó la palabra.
— ¿Estás segura, cariño? Es importante que sepas que tu educación como hechicera, al igual que la razón por la que te llamé aquí, tampoco es un juego para mí.
Zoe meditó en esas palabras por un momento y asintió. Estaba nerviosa, pero algo en su interior le hizo saber que aquello restauraría la paz que años atrás había perdido por estar en guerra consigo misma.
— Estoy segura —dijo tratando de darse fuerza a sí misma—. Sé que lo haces porque me quieres...y porque para ti sí soy importante —completó fijando su mirada en los orbes color miel frente a ella—. No quiero decepcionarte otra vez.
Cordelia asintió satisfecha, con una casi imperceptible sonrisa curvando sus labios.
— ¿Y entiendes que no pararé hasta asegurarme de que hayas captado el mensaje que intento transmitirte? —preguntó, quería cerciorarse de que su pequeña entendía la seriedad del asunto.—
— . . . —Zoe asintió un par de veces, aunque con lentitud, dejando ver nuevamente lo madura y valiente que era—. Entiendo.
— No se hable más. Vamos... —murmuró Cordelia palmeando levemente su regazo.—
La menor comprendió lo que debía hacer a continuación, por lo que procedió a recostarse, voluntariamente esta vez, boca abajo sobre los muslos de su superior, respirando profundamente para prepararse.
— Serán ciento veinte azotes, puedes llorar, patalear y gritar cuanto desees, pero si interpones las manos para cubrirte, empezaré desde cero —sentenció con claridad—. Y, por ser esta la primera vez que debo castigarte así, conservarás puesta la ropa interior. Si tienes dudas, este es el momento para preguntar —anunció con firmeza.—
Ninguna interrogante había cruzado la mente de la menor, hasta ese momento.
— ¿Estás molesta conmigo? —cuestionó sonrojada.—
Delia adoptó una expresión de ternura que la niña no pudo ver debido a la posición en la que se encontraba, levantó la mano derecha para comenzar y susurró con toda tranquilidad:
— Jamás, mi corazón.
Y entonces dejó caer la primer palmada con fuerza.
Una a una, las nalgadas se iban sucediendo, impactándose contra la visiblemente enrojecida piel de la castaña. Eran azotes contundentes, dados con toda la palma de la mano. Zoe no podía creer aún que el estilizado cuerpo de la lidereza del aquelarre pudiese albergar ese nivel descomunal de fuerza y resistencia.
76...81...84...
La cuenta parecía interminable.
La chica empezaba a removerse por la incomodidad pero, a pesar de las circunstancias poco favorables, quería salvar la situación con la dignidad intacta. Casi.
— Zoe —habló la mayor al ver que la joven batallaba—. Recuerda que puedes llorar cuando tú lo sientas adecuado. Es seguro hacerlo...nadie escuchará —le recordó, haciendo alusión al hechizo que había utilizado para cerrar "herméticamente" puertas y ventanas.—
Como si esas palabras hubieran presionado un botón específico en su interior, la pequeña hipó un par de veces para, tras inhalar de modo entrecortado, dar rienda suelta a un llanto que fue en aumento de manera paralela a la cuenta mental que la Suprema llevaba.
100...103...107...
Los sollozos cobraban volumen a medida que el correctivo llegaba a su fin.
113...
— D-Delia, por favor...por favor, ya —suplicó con nuevos rastros de lágrimas surcando su tersa piel.—
— Shhh... —respondió la mayor, alentándola—. Ya casi. Estás aguantando muy bien, tesoro, ya casi terminamos.
Zoe soportó los últimos azotes como las grandes. Con verdaderas dificultades y varios "ayes" en el proceso, pero lo consiguió.
Junto con la última nalgada, las barreras de la chica se pulverizaron y se entregó por completo a un llanto libre, refluyente.
Las sábanas debajo de ella estaban obscurecidas con pequeñas manchas irregulares por las lágrimas que habían tenido que amortiguar. Cordelia empezó a repartir suaves caricias circulares a lo largo de la espalda ajena, permitiéndose incluso sobar el área adolorida.
Tras esperar respetuosamente a que la respiración de la bruja disminuyera en agitación, Cordelia hizo uso de su tacto para ayudar a Zoe a incorporarse y sentarse en su regazo, no sin que la menor respondiera con una involuntaria mueca de dolor gracias al escozor en su parte posterior.
Bajando la mirada, se dejó hacer, sin oponer ningún tipo de resistencia, pues su cuerpo pedía ser reconfortado, lo necesitaba.
— Ya está, pequeña, shh... —susurró la Suprema, consolándola—. Todo terminó.
La chica se abrazó a ella, acurrucándose contra su pecho.
— Lo siento —respondió en un hilo de voz—. ¿Podrás perdonarme un día?
— No hay más que perdonar, mi vida. Quedó todo atrás. Ahora sólo me importa que hayas obtenido alguna pieza valiosa de aprendizaje. Que entiendas que no siempre vale la pena arriesgarse tanto...que de nada sirve brillar menos para que te acepten quienes poseen menos luz que tú, porque tú estás aquí para un motivo mayor —dijo al tiempo que acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja contraria—. Eres muy valiente...y sobresales simplemente por ser tú, cariño, no es necesario hacer algo peligroso para ser vista o aceptada.
La menor la observaba con atención, asimilando con detenimiento aquel honesto discurso.
— Inconscientemente, tu alma tuvo el valor de morir para que la supremacía se convirtiera en mi destino —continuó la directora—, con eso has demostrado más valor del que imaginas. Y tú razón para existir es ser feliz, mi cielo, lo mereces —la animaba con una ligera y auténtica sonrisa mientras frotaba su espalda con cariño—. Nosotras te vemos. Para nosotras eres irremplazable, Zoe. Tu lugar en el aquelarre es de vital importancia, eres mi principal aliada en la misión de empoderar a la siguiente generación de hechiceras y has demostrado tener suficiente humildad...en casi todo momento —añadió con una risita sutil—. Eres única.
Zoe estaba sin palabras, tanto amor incondicional la tenía abrumada, en el buen sentido de la palabra. No pudo evitar sonrojarse como tomate y sonreír con cierta timidez a modo de agradecimiento, ahora con una luz completamente transformada saliendo de sus ojos.
— Anda —dijo la rubia, con afán de contagiarle el ánimo renovado a su pupila—, que seguro ya te mueres de hambre.
La instó a levantarse cuidadosamente y, haciendo uso de la telekinesis, consiguió que los pantalones de la chica llegaran a sus manos y le ayudó a ponérselos de nuevo, prestando especial atención a que la tela no rozara su irritada piel.
— Gracias, Delia. Oye, pero... —murmuró de pronto, percatándose de algo— ...n-no voy a poder desayunar a gusto.
A Cordelia le pareció ver un puchero asomándose en la carita frente a ella. Arqueó una ceja, fingiendo no entender.
— No voy a poder sentarme —aclaró Zoe con cierto toque de desilusión—. Ya sabes...no escucharon, pero no quiero que hagan preguntas si me ven actuando "rara".
Cordelia lo entendió perfectamente y asintió.
— Tienes razón. Vamos, ven —dijo aproximándose a la cama.—
Zoe abrió los ojos como platos.
— ¿Vas a volver a...? ¡Pero dijiste que había quedado todo atrás!
— ¿Qué? ¡No! Zoe, no...no voy a repetir el castigo, relájate —se apresuró a decir la Suprema, riendo.— Vamos. Después de este "intenso" despertar —dijo mientras abría un lado de la cama y acomodaba las almohadas—, no te hará daño que te consienta un poco. Te traeré el desayuno a la cama.
La menor se acercó, aliviada, y se acomodó entre las sábanas de la forma más soportable que le fue posible, aunque aquel "recordatorio" que ardía sobre su piel le duraría al menos tres días. Una vez instalada, Delia la arropó y dejó un beso en su frente.
— Si alguien pregunta, diré que no te sentías muy bien y acudiste a mí, nadie te molestará —aseguró—. Ya vuelvo.
Y a continuación salió.
Agradecía enormemente que su tutora fuera así de considerada.
Se reacomodó, no sin un par de quejidos de por medio, dejándose invadir por la calidez de los rayos de sol que se colaban por la ventana, y cerró los ojos un momento, suspirando, sobrecogida por el agradable sentimiento de paz que la habitación le transmitía.
Tras unos minutos, se quedó dormida.
Delia volvió con una bandeja en las manos y la depositó sobre la cama, sentándose en el borde de la misma mientras contemplaba a su alumna, enternecida. Se veía tan adorable así que, por un instante, la rubia dudó sobre despertarla, pero Zoe debía alimentarse en algún momento.
— Listo, mi niña —murmuró en voz baja, tomando con suavidad una de las manos contrarias.—
La chica reaccionó lentamente y, aún adormilada y con los ojos cerrados, se abrazó a la figura que con tanto afecto le hablaba.
— Gracias, mamá... —respondió, presa del sonambulismo, sin soltarla—. Te amo...
Disfruten ❤️
* Nota: Este fanfiction en general es apegado a la serie, a excepción de un punto. En esta historia, Fiona Goode no muere después, sino antes de todo lo descrito.
El concepto de "Suprema" es ampliamente explicado y manejado dentro de la serie, pero por la cantidad de lector@s que me han preguntado al respecto, creo prudente aclarar que se trata de un cargo, un puesto. La "Suprema" es, en este caso, una bruja/hechicera que es elegida entre varias otras por destacar y poseer numerosos talentos, varios de los cuales están fuera del alcance de sus contrincantes, a quienes enfrenta (generalmente de manera "pacífica") durante la prueba de las Siete Maravillas, siete desafíos que deben ser completados exitosamente para que quede indiscutiblemente claro quién debe liderar el aquelarre en cada generación. Una Suprema puede existir al mismo tiempo que otra, es decir, eventualmente es sucedida por otra igual de talentosa y no es imperativo que la anterior muera para que la nueva tome el poder, pero sí es importante mencionar que los poderes de la sucesora se intensifican al morir su predecesora.
* Los siete desafíos de "La prueba de las Siete Maravillas" son: Telekinesis (mover cosas con la mente), Concilium (control mental sobre alguien más), Descensum (acto de llevar a cabo una especie de proyección astral y "descender" a nuestro infierno personal para luego salir de él por nuestros propios medios en un tiempo determinado), Transmutación (según la serie, es teletransportación, aunque ese no es el significado real de la palabra "transmutar", en realidad debería ser "transformar"), Pyrokinesis (incendiar un objeto o crear fuego con la mente), Adivinación (puede incluir leer mentes) y Vitalum Vitalis (traer de la muerte a un ser inerte). Sólo la Suprema puede completar los siete retos anteriores, aunque sus contrincantes pueden poseer uno o varios de esos mismos poderes. Se dice que la señal de que una nueva Suprema se está erigiendo es una radiante y entera salud.
Esta historia originalmente la escribí en diciembre de 2018 y la publiqué entre esa fecha y octubre de 2022 en Wattpad (de donde después fue eliminada) y en AO3 (Archive Of Our own).
.jpg)

Comments
Post a Comment
Gracias por leer y comentar! ;)