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Como muñecas rusas - L.E.J ("Comme des poupées russes") || Fanfiction spanko

























 
Lucie dobló las mangas de su blusa y se preparó para aplicar el correctivo. Esperó a que su hija respirara profundamente un par de veces antes de comenzar y, en cuanto el silencio se hizo presente en su totalidad, añadió:
"Ya casi, ya casi", se repetía mentalmente. No podía esperar a estar finalmente en brazos de mamá. Mamás.
Las 3 protagonistas de este fanfiction spanko son las integrantes del grupo de pop francés "L.E.J": Lucie, Elisa y Juliette. Amigas desde la infancia y compañeras de estudio y trabajo, se hicieron virales en redes sociales en 2015 debido a su creatividad y talento musical. Esta historia es producto de mi alocada imaginación; no poseo derechos de autor sobre sus imágenes, música, nombres ni nada relacionado con ellas, salvo por la idea/trama y hechos narrados en esta historia.
(En el texto encontrarán notitas hechas por mí para facilitarles la lectura y comprensión de la misma :) )
Sobra decir que no apoyo ni creo en el castigo físico como método correctivo en la realidad, mucho menos utilizado contra menores.
Disfruten y mil gracias por su paciencia, por su apoyo, por leer, comentar, suscribirse, existir y estar por aquí. ¡Disfruten!
Abrazos spankosos,
Kat ;)

– Putain... –gruñó Elisa entre dientes, a punto de estampar la cara contra el teclado de la computadora por enésima vez esa mañana.–

– Pardon ? [¿Perdón?] –preguntó Lucie, fingiendo no haber oído bien, acercándose desde la cocina con una humeante taza de té entre las manos.–

– Nada...Gustav es un bobo –suspiró la rubia apoyando los codos sobre la mesa, donde se encontraba haciendo tarea–. Le pedí que me enviara a más tardar ayer en la noche el archivo MIDI de la canción que estamos componiendo este bimestre como proyecto para la clase de "Post-producción y Efectos de Sonido" y no me ha enviado nada. Tampoco contesta mis llamadas.

– Tal vez le pasó algo y más tarde se comunique contigo, no te preocupes. Haz lo que puedas hacer por tu cuenta –trató de animarla su mamá, apoyando una mano sobre su hombro mientras se paraba a su lado para ver la pantalla de la laptop.–

– Más le vale...¿me sirves una taza de café, mami? La necesito más que nunca.

– Después de desayunar, Els, nada de café con el estómago vacío –ahora fue su otra madre, Juliette, quien respondió, mientras caminaba de su habitación a la sala para reunirse con su familia.–

– S'il te plaît, Maman, seulement une petite tasse...je n'ai pas faim [Por favor, mamá, sólo una tacita...no tengo hambre] –intentó convencer a la mayor con un puchero.–

– Non, mon amour. Après le petit déjeuner [No, mi amor. Después del desayuno] –dijo la mujer de rastas con su habitual tranquilidad mientras besaba cariñosamente la coronilla de su hija y después dirigía su atención a su esposa, quien la recibió con un dulce beso en los labios–. Bonjour, ma chère... [Buenos días, querida...] ¿Té de menta?

– Con miel de abeja –sonrió la castaña.–

– Hmmm, delicioso.

– No más que los waffles belgas con coulis ["salsa" dulce] de frambuesas que preparé hoy –respondió Lucie con voz intencionalmente provocativa, ante lo cual Juliette no pudo resistir, accediendo implícitamente a ayudarle a traer de la cocina los tres platos.–

– Justo la dosis de dulzura que necesito para aguantar lo que me espera en el Conservatoire [Conservatorio] –comentó la cellista, revelando así sus planes para el día.–

– ¿Ensayo? –preguntó Elisa, que ya había guardado su computadora y estaba ayudando a poner servilletas, vasos con jugo de naranja y cubiertos en la mesa.–

– Oui [Sí]. "Stabat Mater", de Pergolesi –dijo Juliette, dirigiéndole una amorosa mirada significativa a su esposa, pues gracias a aquella composición musical se habían conocido, dos décadas atrás–, con la diferencia de que esta vez la contralto [tesitura/tipo de voz humana femenina más grave] es insufrible. Una diva, y no en el buen sentido de la palabra. ¿Me recuerdas por qué no vas a cantar tú esta vez? Todos en la orquesta te extrañamos, especialmente yo.

– Parce que [Porque] Laurent Pelly me dio el papel de la "Marquise de Berkenfield" en "La fille du Régiment" ["La hija del Regimiento", ópera de Gaetano Donizetti] en la Ópera de Lyon y estuve 4 años esperando esa oportunidad, no podía decir que no.

– Por supuesto que no –murmuró Juliette, con una sonrisita de enamorada perdida sin remedio.–

 

Amaba ver que su esposa hacía lo que más amaba: cantar. Y era una de las mejores contraltos de toda Francia, con un carácter agradable y conciliador y una ética profesional intachable. Pero la extrañaría espantosamente, esa era la verdad. Cada una tenía proyectos independientes, además de los que tenían en conjunto bajo el nombre "L.E.J", pero el paso de los años las había hecho acostumbrarse a presentarse en grupo.

 

– Ejem, ejem –las interrumpió su hija, carraspeando para traerlas de vuelta al momento, pues para variar se habían perdido mutuamente en sus miradas y ahora eran ellas quienes derramaban miel, no precisamente los waffles que las esperaban sobre la mesa.–

Después de un rato, se encontraban terminando sus alimentos cuando Elisa por poco tira la silla de tan rápido que salió corriendo a lavarse los dientes para irse a la universidad. Contaba con "apenas" 19 añitos, sin embargo ya se había graduado de la licenciatura en Arquitectura, en Canto Clásico y se encontraba actualmente cursando una maestría en "Producción Musical". Alumna estrella, sobra decir, pero la joven tenía un pequeño "defectito": en ocasiones su nivel de perfeccionismo la llevaba al borde de la obsesión.

Se exigía demasiado y, por ende, esperaba lo mismo de los demás, decepcionándose con frecuencia al percatarse de que algunos de sus compañeros simplemente no estaban tan artísticamente dotados como ella o exhibían un desempeño mediocre, académicamente hablando. Y ahora, con una evaluación a la vuelta de la esquina, tenía los nervios de punta y estaba ligeramente más irritable de lo normal. Era una excelente líder y estaba en su derecho de exigir lo mismo que ofrecía, pero, siendo sinceros, no todo mundo era como ella. No todo el que se encontraba a su alrededor había nacido por y para la música ni poseía un talento sobrenatural para ello.

 

Tras prácticamente obligar a su casillero a engullir la mitad de sus libros, salió disparada hacia el salón de clases, chocando nada más y nada menos que con Gustav en cuanto cruzó la puerta.

 

– ¡E-Elisa!

– ¡Gustav! –exclamó, batallando para reacomodarse los lentes tras el choque al mismo tiempo que intentaba evitar que se le cayeran de las manos un thermo con café y un par de cuadernos.–

– Traje el USB con el archivo, toma... –se apresuró a decir el joven, entregándole el objeto en cuestión.–

– Pero si te pedí que me lo enviaras a más tardar ayer. ¿Cómo se te ocurre...?

– ¡BUENOS DÍAS, JÓVENES! –les interrumpió el profesor, irrumpiendo vivazmente en el salón de clases–. ¡Hoy nos espera un día musical y emocionante!

 

En menos de un parpadeo, Elisa le arrebató el USB a su compañero y, durante la clase, mientras los demás alumnos pasaban al frente a presentar sus proyectos, ella aprovechó para descargar el archivo a su computadora. Realmente esperaba que la composición fuera buena. El acuerdo era que Rémi escribiría la letra y la partitura (la composición era su fuerte) y se las enviaría, lo cual hizo puntualmente; después Gustav transcribiría la composición a formato MIDI (virtual), lo cual no debería haber sido difícil para él...y, finalmente, Elisa se encargaría de pulir los detalles en su computadora para generar la mezcla final de sonido, con efectos y remasterización incluidos, para producir un "primer borrador" o demo que, de ser aprobado, más adelante grabarían más profesionalmente en el estudio con instrumentos reales.

Naturalmente, siendo Elisa tan detallista, era indudablemente la persona idónea para ese trabajo...sólo esperaba que Gustav hubiera hecho una transcripción "aceptable" de la composición de Rémi, porque era una canción demasiado bella para ser descartada por mala producción.

 

Al caer la tarde, un abrupto portazo rompió el silencio, alterando la calma que usualmente inundaba la residencia Saumagne-Lebrun. Elisa entró arrastrando los pies con la intención de ir directamente y sin escalas a su habitación.

 

– ¿Els? –preguntó mamá Lucie desde el sillón, donde se encontraba leyendo con mamá Juliette, al ver el desánimo que proyectaba su hija.–

 

No era muy alta, pero estaban tan acostumbradas a verla alegre, eufórica y llena de energía, que un metro y medio de pura apatía y hastío no pasaba desapercibido para ellas.

 

– Hmmm... –fue lo único que su voz pudo articular; claramente quería decir "ahora no", por lo que no volteó ni a ver a sus madres y siguió su camino.–

– Elisa –pronunció Juliette.–

 

En su voz había firmeza, pero también una invitación abierta a compartir su día con ellas. Cada una tenía su carácter, siendo la "niña" la más impulsiva, por lo cual era más fácil escuchar sus quejas por un ratito y permitirle desahogarse que soportar su pasividad agresiva durante días por "embotellar" sus disgustos. Pensándoselo mejor, Elisa dio media vuelta, abandonando sus planes de refundirse en su cuarto durante toda la tarde, y, en lugar de eso, se sentó en el sillón entre sus progenitoras, cabizbaja.

 

– ¿Tan mal estuvo? –cuestionó la de piel morena, acariciando la espalda de la menor.–

 

Con un adorable puchero de resignación-frustración, la ojiazul procedió a sacar su laptop, la puso sobre la mesita para café y reprodujo el archivo que Gustav le había compartido con el USB.

Era un sonido de lo más sui géneris [peculiar/estrafalario, "de su propio género"]. Único y atípico, pero ciertamente interesante...algo nuevo. Cada melodía que se sumaba y entretejía con las demás añadía un toque distintivo a la pieza. Al terminar de reproducirse el archivo, la menor suspiró y levantó las cejas, mirando primero a Juliette y después a Lucie, a la expectativa de su opinión.

 

– Y eso es lo que yo tengo que convertir en algo un poco menos abominable... –dijo, dándole un tinte dramático a su voz, lo cual se le daba espectacularmente.–

– Pas mal [No está mal] –comentó Juliette, obteniendo una mirada de incredulidad de parte de la joven.–

–C'est complétement aberrant [Es completamente aberrante] –refutó Elisa.–

–C'est différent, c'est tout [Es diferente, eso es todo] –comentó Lucie, zanjando el asunto–. Spécial. Unique. [Especial. Único.] Y eso es lo que importa. ¿Qué dijo el profesor?

– Lo aceptó... –respondió la menor sin poder evitar poner los ojos en blanco.–

– ¿Y por qué te mortifica tanto la idea? Eso es bueno, mon coeur [mi corazón] –la animó la morena, optimista como siempre.–

– Porque no quedó como a ti te hubiera gustado –adivinó Juliette tras un momento de silencio. Conocía demasiado bien a su hija.–

– Porque no quedó como yo lo hubiera hecho... –confirmó con un murmullo.–

 

No podía decir "porque no quedó perfecto", pero bueno...no se puede tener todo en la vida. Ambas adultas sonrieron. Les habría gustado ahorrarle muchos disgustos a su "pequeña" ayudándole a entender que está bien dejar a otros trabajar a su ritmo y no siempre exigirse tanto, pues por más que queramos es imposible hacer todo solas. En la vida hay que aprender a trabajar en equipo y fluir, adaptarnos a los cambios que se nos presenten. Improvisar, como en el escenario. Después de todo, eso es lo que ellas hacían.

 

"L.E.J" era exitoso como grupo de pop francés gracias a su sello único: un sonido distinto e innovador basado en géneros musicales ya existentes, como la ópera y el hip-hop. Por eso eran famosas. Quizás en cuanto Elisa pudiera comprender que lo que Gustav había hecho no distaba mucho de lo que ellas hacían, se relajaría.

 

Ambas adultas consiguieron que Elisa comiera algo, aunque medio a regañadientes, pues en la mañana casi había aspirado el jugo, se había medio atragantado con apenas medio waffle y se había llevado el café a la escuela. Si de por sí la "niña" era por naturaleza peor que una ardilla cafeinizada, sin comida y con preocupaciones encima era poco menos que un huracán con patas, así que no le permitieron levantarse de la mesa hasta haber comido lo mínimo aceptable. Habiendo terminado de comer, la joven se sumergió en su habitación el resto de la tarde.

Cuando mamá Lucie fue a buscarla para cenar, se excusó diciendo que había comido suficiente y bastante tarde para zafarse de tener que hacer un tercer alimento. En tono semi-bromista, Elisa solía decir que, si tuviera que escoger entre comer y dormir, elegiría dormir, pero sabía que era un horror para ambas cosas cuando un pendiente mayor reclamaba su atención. Y éste era el caso.

 

¿A quién se le ocurría poner una cítara y un oboe en la misma canción? ¿Por qué el tempo de la pieza era rubato al inicio y al final si Rémi sólo lo había escrito para el final? ¿Cómo había conseguido que en el clímax de la composición entraran armoniosamente un djembe y un violín al mismo tiempo? Y la pregunta del millón...¡¿quién había admitido a Gustav en la maestría?!

A decir verdad, aquella locura de composición no era mala en absoluto, sólo descabelladamente atrevida e inusual, musicalmente hablando. Gustav se había disculpado una docena de veces con sus compañeros de equipo, argumentando que sí había hecho su parte del trabajo pero había olvidado enviárselas a tiempo, por lo que quiso compensar haciendo algunas cuantas "modificaciones" de último momento para impresionarlos, especialmente a Elisa, que no sólo era mandona y perfeccionista, sino lo que le sigue, pero era la más talentosa y extrovertida en el equipo, musicalmente hablando, y Gustav sólo buscaba estar a la altura haciendo algo inesperado y alocado. Y vaya que lo había conseguido.

Quizás a Elisa sólo le disgustaba no haber sido ella quien tuviera la idea...o quizás le molestó que aquellas modificaciones se hicieran sin consultárselo y en el último minuto antes de exponer. A Elisa le gustaba sentir que tenía cierto control sobre su vida, pero plantarse frente al profesor y todo el salón sin tener ni idea de lo que su compañero había hecho en nombre de todo su equipo era como ir a la guerra sin fusil, o así lo había sentido ella. Ahora no sabía si apegarse a la composición de Rémi o al "arreglo" de Gustav para crear el borrador/demo de lo que grabarían en el estudio...así que decidió hacer ambas.

Dijo que permanecería despierta "un ratito más", no cenó más que una manzana, hizo como si ya fuera a acostarse y, en cuanto se aseguró de que sus madres estuvieran dormidas, siguió trabajando. Y siguió, y siguió y siguió...hasta que amaneció, y por poco se cayó de la silla al escuchar su alarma sonar. Salió de su habitación tan bien peinada como consiguió estar, aparentando haber dormido algo, pero los semicírculos obscuros bajo sus ojos la delataban y no hacían más que preocupar a las dos personitas que más la amaban en el mundo.

 

– Bonjour [Buenos días] –saludó primero a una de sus progenitoras y luego a la otra, dándoles a ambas un beso en la mejilla y sentándose distraídamente en su lugar frente a la mesa mientras trataba de prepararse un café a escondidas de las mayores, lo que era poco menos que imposible.–

– ¿Dormiste bien, mi vida? –inquirió Lucie desde la cabecera de la mesa.–

 

La menor sólo asintió, terminando así de levantar las sospechas necesarias para que su otra madre la mirara desde la cocina, alzando una ceja casi hasta el techo.

 

– ¿Con la luz encendida? –intervino Juliette, confrontándola sutilmente desde su lugar frente a la estufa, donde se encontraba preparando crêpes [crepas].–

– Me quedé dormida.

 

Mentira. Primer strike.

 

– ¿Pesadillas otra vez, mon amour [mi amor]? –preguntó extrañada Lucie–. Desde los seis añitos no te pasaba.

– Non, Maman. Je ne suis plus pas une petite fille [No, mamá. Ya no soy una niña] –respondió la universitaria un poco a la defensiva, sintiéndose vulnerable por un instante, lo que hizo que se le cayera de la cuchara el café soluble en polvo que planeaba ponerle a su taza.–

 

Lucie simplemente procedió a quitar la taza de en frente de su hija, intercambiándola por un plato de frutas. Mamá Juliette no siempre era de muchas palabras, pero hoy estaba más callada de lo normal...¿sospecharía algo, acaso?

Pensando dos veces antes de protestar, la rubia se encogió de hombros, tratando de hacerse la desentendida y encauzar la conversación en otra dirección, pero olvidaba un pequeño detallito: sus madres tenían oído "biónico", al igual que ella. No había sido difícil para Juliette escuchar el frenético tecleo de la laptop de su hija durante toooda la madrugada.

Fuera de la ligera tensión que se percibía en el ambiente, el desayuno transcurrió sin incidentes, aunque Elisa no comió demasiado y tenía cara de zombie atropellado. Por suerte para ella, ese día no tendría que conducir ni caminar a la universidad, ya que sus dos guardianas tenían cosas que hacer fuera de casa y podían ir a dejarla al campus...aunque, claro, les pidió que la dejaran a unos metros del estacionamiento. ¿Qué chica de 19 años querría que sus amigos la vieran llegando a la escuela en compañía de sus padres o, en su caso, sus madres? Cero cool. Ella ya era adulta y quería dar la impresión de que podía hacerse cargo de cualquier cosa...pero últimamente cuidar de ella misma era lo que estaba representando un reto de dimensiones descomunales.

 

– Je t'adore, mon bébé ! [¡Te amo, mi bebé!] –la efusiva despedida de Lucie desde la ventanilla del auto después de que ella se bajara hizo que se derrumbaran sus barreras de "chica adulta súper profesional" y en su lugar apareciera una típica adolescente avergonzada de sus mayores.–

 

Juliette apenas pudo contener la risa. Karma, dulce karma...la vida tiene sus formas de compensar nuestras acciones, para bien y para mal.

 

– Bissous, chérie ! [¡Besos, cariño!] Ten un buen día, te amamos –añadió la mujer de rastas, a lo que Elisa no pudo más que responder sonrojándose como jitomate y murmurando de forma casi inaudible un rápido "moi aussi" [yo también] para que el auto se alejara y ella pudiera entrar a clase en santa paz y pretender que aquello nunca había sucedido.–

 

La joven dio media vuelta y se dispuso a caminar hacia el aula correspondiente. Había dado apenas un par de pasos cuando de pronto...

 

– Salut [Hola] , Elisa! –la saludó Gustav "casualmente" desde lejos, seguramente tras haber visto todo el numerito anterior.–

– Tais-toi ! [¡Cállate!] –vociferó la rubia impulsivamente, sintiendo cómo su voz se quebraba en el aire debido al cansancio y la deshidratación.–

 

Ignorando el impulso de enterrar la cabeza en el suelo como avestruz, apresuró el paso hacia su única clase del día.

"Ensamble Coral". Dos horas. Esto pintaba interesante. Por no decir que el mundo parecía conspirar en su contra. Pero, en parte, ella había decidido que fuera así.

Contrario a lo que se cree, aquellas personas que se dedican a la música y artes en general necesitan descansar lo suficiente, mental y físicamente, y estar bien nutridas e hidratadas. Ese último punto era de especial importancia específicamente para l@s cantantes. Por esa misma razón Elisa comenzaba a arrepentirse de no haber dormido ni un minuto, de no haber comido bien ese día y el anterior, y de haberse distraído con tonterías al punto de olvidar llevar su thermo de café a la escuela. Dicho en otras palabras: ahora la vida de cualquier ser humano que osara cruzar su camino estaría en inminente peligro mortal.

 

Más tarde...

 

– No puedo creer que el director nos haya citado por eso –maldecía Lucie en voz baja mientras ella, su esposa y su hija se dirigían al auto, ella encabezando el trío–. Incroyable... [Increíble]

– Désolée [Lo siento] –susurró Elisa en voz baja.–

– No lo creo. Sabías que fumar dentro del campus estaba prohibido y aún así lo hiciste –dijo Juliette.–

 

Ups. Segundo strike.

Elisa caminaba tan deprisa como podía, pero aún así le costaba seguirle el paso a su atlética madre. Lucie no solía enojarse casi nunca...no de esa manera. Jamás gritaba ni insultaba a nadie y, si llegaba a molestarse con alguien, su "peor" forma de demostrarlo era morderse las uñas inconscientemente y ceder a todo lo que la otra persona quisiera, con tal de cortar todo posible diálogo o interacción. Solía limitarse a decir "sí, sí, lo que tú digas", "como quieras" o "como sea", pero aquel día estaba verdaderamente hecha una furia y todo su ser lo reflejaba.

Juliette siempre tenía problemas para disimular lo mucho que disfrutaba, "secretamente", ver a su esposa moderadamente enfadada, le parecía endiabladamente sexy, pero para mala suerte de la menor, también ella se cargaba un humor de los mil demonios en ese momento y no era ni de chiste la ocasión adecuada para que la cellista se pusiera a admirar la sensualidad de su mujer. Rara vez sucedía pero, ya que la mayoría de las personas que la sacaban de sus casillas solían ser compañeros de trabajo en distintas orquestas, su máxima y más frecuente expresión de disgusto era un escueto "ahora no me siento con ganas de tocar", "yo no he dicho tal cosa" o expresiones tajantes similares, pero todo cambiaba cuando se trataba de su hija.

– ¿Comiste o bebiste algo? –cuestionó la morena en cuanto subieron al vehículo y se encontró frente al volante.–

– No –confesó Elisa.–

 

En silencio, Lucie le pasó una botella con agua, la cual abrió y vació casi a la mitad en cuestión de segundos, estaba sedienta y ni siquiera se había percatado.

 

– Merci [Gracias] –susurró.–

– Tu as faim ? [¿Tienes hambre?] –preguntó la mayor de las tres.–

– Un petit peu... [Un poquito] –admitió la joven, incapaz de ocultar el gruñido de su estómago, mismo que no sabía si se debía a los nervios que sentía o al hambre que aparentemente tenía.–

 

El auto se puso en marcha y tras un rato se encontraban frente a la puerta de su casa. Justo antes de cruzar el umbral, el celular de la joven empezó a timbrar.

 

– Cyril... –leyó el nombre en la pantalla del aparato.–

 

El manager del grupo. ¿Qué hacía llamándole a ella en lugar de comunicarse directamente con sus madres? No era algo malo, sólo inusual...

 

– Que s'est-il passé ? [¿Qué pasó?] –contestó, sonando un poco más borde de lo que pretendía, ganándose una mirada de advertencia de parte de mamá Lucie.–

– Allô [Hola/Bueno/Diga] , Elisa?

– ¿A quién esperabas, a Mickey Mouse? Oui, c'est moi. [Sí, soy yo]

 

Antes de que la castaña estrangulara a la "niña", Juliette le quitó el teléfono de la mano y lo puso en altavoz para que las tres pudieran escuchar.

 

– Allô, Cyril. Ça va ? [Hola, Cyril. ¿Qué tal?/¿Cómo estás?/¿Todo bien?]

– Ouais [Seh...] –suspiró el hombre, reconociéndola de inmediato–, ça va. [Todo bien.] Hé [Oye/Hey] , acabo de hablar con el staff [equipo/personal] de "Salle Pleyel" para revisar el programa del concierto de mañana. Todo bien pero, como van a participar otros dos grupos, las pruebas de sonido son una locura. El ensayo para ustedes iba a ser hoy a las 8pm, pero l'ingénieur [el ingeniero] se tiene que ir antes, entonces recorrieron el ensayo a las 6pm. Pouvez-vous venir ? [¿Pueden venir?]

 

Lucie echó un rápido vistazo a su reloj, dio una mirada de reojo a su soñolienta hija y, al ver que no tenían demasiadas opciones, asintió.

 

– Vamos en camino –afirmó la cellista y abrió la puerta trasera del auto para que su hija volviera a subir. Una vez dentro, colgó y comentó desde el asiento del copiloto–. Seguramente te llamó porque nuestros teléfonos estaban en modo avión mientras hablábamos con el directeur [director] de tu escuela, olvidé desactivarlo cuando terminó la reunión...

– Génial [Genial] ...¿ya me das mi celular?

– Non [No] , aún tenemos algunos asuntitos que discutir, señorita. Vamos a pasar por un sándwich para que comas algo antes del ensayo y en la noche hablamos –respondió Juliette.–

 

Con su característica irreverencia, la testaruda jovencita resopló y se cruzó de brazos, mirando por la ventana.

 

– Pas juste [No es justo] ... –gruñó.–

– Excuse-moi ? [¿Disculpa?] –preguntaron ambas adultas al unísono, mirándola por el retrovisor.–

– Rien [Nada] ... –se resignó para no seguir alargando su lista de problemas de aquel día.–

 

Al poco tiempo, pasaron por el "drive-through" [servicio de comida para llevar] de un Starbucks, donde lo más práctico fue pedir un sándwich y una botella de té "helado" no refrigerado para cada quién y, sin mayor demora, se dirigieron hacia la imponente sala musical, aprovechando el trayecto para comer.

Dicho sea de paso, ambas mujeres consideraron prudente prohibir a su hija cantar las notas sobreagudas en algunas canciones. No habría duda de que las alcanzaría sin problema en pleno concierto, era una excelente soprano [tesitura/tipo de voz humana femenina más aguda] y amaba demostrar la versatilidad y extensión de su melodiosa voz, pero la prohibición durante ese ensayo se debía a que no querían que su voz se cansara más de lo habitual/inevitable, debía estar en óptimas condiciones para el domingo y el no haber dormido bien la noche anterior ya le había provocado fatiga, tensión vocal y resequedad suficiente como para arriesgarse a lastimarse las cuerdas vocales si se atrevía a cantar notas demasiado altas o potentes sin haber dormido suficiente o sin haberse hidratado bien. Por supuesto que no podía aceptar esa regla sin interponer una sarta de protestas de por medio.

 

– Sérieusement!? [¿¡En serio?!]

– Oui [Sí] –aseveraron ambas adultas, sin sorprenderse en absoluto por la testarudez de la "niña".–

– Diable [Diablos] ...bon, seulement pendant "La nuit"? [Bueno, ¿solamente durante "La nuit"?] –pidió.–

– Non, et ne discute pas les ordres de Maman [No, y no discutas las órdenes de mamá] , a menos que quieras que también te prohíba cantar las notas altas en "Summer 2015" –advirtió Lucie–. Tampoco vas a cantar los coros en "La dalle" ni "Encore". Sólo por hoy –añadió.–

– Mais pourquoi?! S'il te plait, Maman! Oui? Ils ne sont pas difficiles! [Pero ¿¡por qué?! ¡Por favor, mamá! ¿Sí? ¡No son difíciles!] –refutó la rubia en tono persuasivo.–

– J'ai dit "non" [He dicho "no"] , Elisa. Pas d'aigus [Nada de agudos] –respondió Lucie con seriedad, obteniendo un lastimoso suspiro como respuesta de parte de la menor, lo que tocó su corazón y la hizo ceder, aunque fuera sólo un poco–. Está bien...aujourd'hui, tu peux chanter les chœurs pendant "Tous les deux" et "Miss Monde" [hoy puedes cantar los coros durante "Tous les deux" y "Miss Monde"] , pero nada más. Mañana vas a poder cantar "Le verbe", "Pas peur" y todo lo que quieras, pero hoy necesito que cuides tu voz, mon ange [mi ángel] . D'accord? [¿De acuerdo?]

 

La menor intentó sacar ventaja, utilizando su puchero más adorable como último recurso.

 

– D'accord? –repitió pacientemente la de piel morena.–

– Oui, Maman [Sí, mamá] –se resignó por fin la joven.–

 

Bueno, lo había intentado. Al menos algo positivo consiguió.

 

El ensayo/prueba de sonido fue tan exhaustivo y entretenido como de costumbre. Habiendo estudiado en Radio France y en el Conservatorio, respectivamente, las tres artistas desbordaban profesionalismo y compromiso en cada movimiento que realizaban y en cada palabra que pronunciaban. Disimulando los bostezos como podía, Elisa consiguió mantenerse despierta mientras mamá Juliette probaba el pedal de su loop station [caja de efectos de sonido y grabaciones inmediatas] para verificar que todos los efectos de sonido para el cello funcionarían adecuadamente al día siguiente (domingo) durante el concierto.

Afortunadamente, ese día no tendría clases, por lo que podría volcar toda su atención en esa presentación. Habían dado cientos de conciertos a lo largo de los años y cada vez aumentaba su confianza en el escenario, pero tener la oportunidad de cantar en la "Salle Pleyel" nunca dejaría de provocarles mariposas en el estómago. Jamás dejaría de ser algo sumamente especial, sin mencionar que era un suceso destacable en su trayectoria artística, ya que no todos los cantantes contemporáneos de pop francés habían tenido la suerte de presentarse en aquel distinguido escenario.

Sí, sí, todo muy bonito...pero Elisa realmente estaba que se arrastraba de cansancio. Ya había terminado de hacer las pruebas necesarias con el micrófono y la consola que estaban destinados para ella y un par de tambores de batería que utilizaría durante el espectáculo, pero ahora tenía que esperar a que sus madres terminaran...¿cuántos siglos faltaban para que pudieran irse? Elisa ya estaba cabeceando de sueño. Ahora sí.

 

– Tu peux me donner un peu plus de réverb, s'il te plaît ? [¿Me puedes dar un poco más de reverberación, por favor?] –pidió mamá Lucie a través de su micrófono a Victor, el ingeniero de audio que se encontraba en la cabina al fondo del foro con un par de enormes auriculares abrazando ambos lados de su cráneo.–

– Bien sûr...[Claro] –respondió él, haciendo resonar su voz en las bocinas y amplificadores que rodeaban y llenaban el escenario–. Whoops! [¡Ups!] –exclamó segundos después–. ¡No! No, no, no...

– Que s'est-il passé ? [¿Qué pasó?] –preguntó la contralto tranquilamente.–

– Oprimí el botón equivocado. De verdad lo siento... –dijo el muchacho con un gesto de arrepentimiento mientras negaba con la cabeza y se apresuraba a buscar una forma de reparar su equivocación.–

 

La joven soprano levantó la cabeza de golpe. Merde... [Mierda] ¿Eso qué significaba?

 

– Ehm, Elisa... Pouvons-nous [Podemos...] ...¿podemos checar otra vez el balance de tu micrófono? Parece que lo desconfiguré por accidente. En verdad lo sient... –estaba hablando a través de los altavoces cuando una voz lo interrumpió.–

– Vas te faire foutre ! [¡Vete a la mierda! / ¡Que te den!] –gritó la rubia en un arranque de frustración desde uno de los asientos del público sin siquiera pensar antes de hacerlo, pues el cansancio ya estaba causando estragos en su sistema nervioso.–

 

Tercer strike. OUT.

 

Al mismo tiempo, Juliette y Lucie se voltearon a ver con una expresión letal en el rostro. Ellas mismas utilizaban "malas palabras" en ocasiones, por eso mismo no se lo prohibían a su hija, sin embargo tenían la regla de no decirlas durante conciertos o ensayos. Era parte de su código grupal de ética profesional y jamás las usaban frente a las personas que representaban a las instituciones que las contrataban o miembros del staff que de tan buena gana les ayudaban a realizar su trabajo de manera más cómoda. Y Elisa oficialmente acababa de pasarse esa regla por el Arco del Triunfo.

Afortunadamente para ella, los auriculares que Victor traía puestos impidieron que el pobre hombre escuchara aquella maldición y no había más personal presente. El ingeniero de audio sólo pudo ver que los labios de Elisa se movieron, pero no pudo distinguir lo que dijo, ya que ella lo había dicho "al aire" y no con ayuda de un micrófono que se conectara directamente a los audífonos del hombre, por lo que se retiró los cascos y alzó la voz sólo lo necesario para pedirle que repitiera lo que había dicho.

 

– Pardonne-moi [Perdóname] , Elisa, no te oí...qu'est-ce que tu as dit ? [¿Qué has dicho?] –se excusó con una actitud de lo más inocente.–

– J'ai dit "vas te faire f... [Dije "vete a la m...]

 

Antes de que pudiera terminar su irreverente frase (de nuevo), Juliette apareció como salida de la nada, la tomó con firmeza de una oreja y prácticamente la arrastró detrás del telón, lejos de la vista de cualquier espectador, donde no tardó en darle el regaño que indudablemente merecía y desde hace un buen rato pedía a gritos.

 

– Maintenant, écoute-moi attentivement... [Ahora, escúchame con atención] –dijo con una voz terroríficamente tranquila, sin soltarla–. Vas a disculparte con Victor y luego...

– AuchPERO ÉL SE EQUIVOCÓ! Además ni siquiera escuchó lo que dije –se quejó, interrumpiendo a su madre.–

– Pero nada. Todos tenemos errores, no lo hizo a propósito y no ganamos nada discutiendo con él. Nous sommes tous fatigués [Todos estamos cansados] . Vas a disculparte porque, a pesar de que el error fue suyo, fuiste tú quien le faltó al respeto, lo haya escuchado o no. Et après* [Y después] , vas a ayudarle a configurar otra vez el balance de tu micrófono, porque si no lo haces, salimos perdiendo todos: el público de mañana, la Salle Pleyel, y nosotras tres. Compris, mademoiselle ? [¿Entendido, señorita?]

 

En un derroche de rebeldía, Elisa no hizo más que entrecerrar los ojos, fingiendo no sentir dolor en la oreja, y emitió un leve gruñido.

 

– Un... [Uno] –comenzó a contar la mayor.–

 

Silencio.

 

– Deux... [Dos]

– C'est bon, c'est bon! [¡Está bien, está bien!] –cedió la testaruda mujercita–. Me voy a disculpar.

– Allez. Vite. [Vamos. Rápido.]

 

Juliette, ahora convencida de que había hecho entrar en razón a su hijita, le soltó la oreja y asintió, señalando con la mirada en dirección a la cabina de sonido. Por lo que podía escuchar, Lucie seguía como si nada, intercambiando palabras con el ingeniero para terminar las pruebas de sonido de su micrófono y probando distintos efectos con la caja electrónica de percusiones.

Cuando Elisa se dispuso a cruzar el telón para ir a disculparse, Juliette no desaprovechó la oportunidad de propinarle una contundente palmada en el trasero, misma que le hizo dar un respingo involuntario, pues dolió a pesar de que fue sobre la ropa. Rogando que Victor tuviera puestos los cascos en ese preciso instante y no hubiera escuchado aquel sonido, atravesó el escenario a paso veloz y a punto estuvo de llevar su mano hacia la parte dolorida para sobarse, pero se detuvo justo a tiempo para no levantar sospechas. De cualquier forma, aquel gesto inconcluso no pasó desapercibido para su otra madre, quien a los pocos segundos intercambió una mirada con su esposa, quien le transmitió sutilmente y sin necesidad de palabras su gratitud por hacerse cargo de la situación.

Las cosas rara vez eran fáciles con Elisa, a menudo optaba por complicar todo más de lo necesario y meterse en problemas pudiendo evitarlo, pero su constante intención de convertirse cada vez en una mejor persona y artista era lo que le importaba a sus progenitoras y lo que hacía que le tuvieran un nivel de paciencia casi infinito. Valía la pena, aunque a veces parecía que disfrutaba sacarles canas verdes. Mamá Juliette ya se había teñido el pelo antes, de azul y de rosa, ¿por qué no regalarle un nuevo look con pelo verde ahora?

Bajo la atenta y satisfecha mirada de ambas, la "niña" caminó con la mirada baja hasta la cabina y le pidió perdón con sinceridad al encargado del sonido, comunicándole su buena disposición para reprogramar su micrófono y, tras aproximadamente media hora, por fin salieron del edificio. Asunto arreglado...bueno, al menos uno. Aún había algo pendiente.

 

– ¿Tienes tarea? –le preguntó Lucie a su niña al subir al auto, mientras Juliette metía el cello en el asiento trasero con el nivel de cuidado que sólo ella tenía cuando se trataba de su instrumento.–

– Non [No] . Sólo tengo que trabajar en el demo, pero tengo toda la semana para hacerlo, lo tenemos que entregar hasta el siguiente martes –dijo la joven con voz tersa, evidentemente su aparato fonador le agradecía haber cantado mesuradamente durante el ensayo.–

– Parfait [Perfecto] –fue todo lo que su madre respondió antes de guardar en su bolso el celular de Elisa. Antes de que pudiera protestar, añadió: – Te lo devuelvo mañana después del concierto. Avant, nous devons parler de quelque chose, jeune fille [Antes, hay algo de lo que debemos hablar, jovencita] .

 

Para no empeorar su situación, permaneció callada hasta que llegaron a casa. Ni siquiera los tiernos ojos de cachorro que solía poner en situaciones desesperadas le sirvieron a Elisa para conmover a sus madres.

 

– Salle. Maintenant [Sala. Ahora] –ordenó/indicó la mujer de rastas señalando hacia el interior de la vivienda tras salir del automóvil.–

 

Elisa obedeció. Con un puchero del tamaño del mundo adornando su rostro, pero lo hizo. Una vez la joven se encontró dentro de la vivienda, ambas adultas se miraron a los ojos y entrelazaron las manos, dándose fuerza y ánimo mutuamente. Nunca era fácil "ponerse firmes" con su pequeña, pero era lo correcto.

 

– Ensemble [Juntas] –murmuró Lucie al tiempo que acariciaba la mejilla de su esposa con una mano.–

– Toujours [Siempre] –le confirmó la contraria, sellando después sus labios con un beso.–

 

La menor se encontraba sentada en la sala, en medio de un sillón de tres plazas color marfil y, al ver a sus madres entrar en la residencia, levantó la mirada, expectante. Juliette descansó el estuche del cello junto a las escaleras, Lucie se quitó el abrigo, lo colgó en el perchero de la entrada y luego ambas se reunieron con la ojiazul.

 

– Viens ici, mon amour [Ven aquí, mi amor] –dijo Juliette con suavidad al tiempo que invitaba a la menor a ponerse de pie, para luego sentarse en el lugar del sillón en el que ella estaba.–

 

La rubia intercambió el lugar con su madre y luego, guiada por un leve tirón a su mano, tomó asiento en su regazo.

 

– ¿Sabes por qué estás en problemas, verdad? –comenzó la mayor.–

 

La rubia negó, con la vista clavada en sus pies, que se encontraban suspendidos a pocos centímetros del suelo, pues la diferencia de estaturas entre ella y sus protectoras era considerable. La cellista tomó la barbilla contraria entre sus dedos índice y pulgar y levantó delicadamente su rostro para que la viera a los ojos. En cuanto hicieron contacto visual, fue como si Elisa viera desfilar frente a ella todos los acontecimientos ocurridos aquel día. No tenía ni la más remota idea de cómo sería el día del juicio final, pero imaginaba que sería algo muy similar a lo que estaba experimentando en ese momento. Tragó saliva y asintió lentamente.

 

Por un momento, a Julliete le pareció volver a ver a una traviesa Elisa de 6 añitos sentada sobre sus piernas; ciertas expresiones y gestos suyos parecían rejuvenecerla y hacerla ver tan inocente que pocos creerían que tenía en realidad 19 años. Eso sin mencionar que su estatura provocaba que con frecuencia le pidieran su identificación al entrar a ciertos establecimientos para confirmar que era mayor de edad.

 

– Très bien [Muy bien] –reconoció la mayor al tiempo que su mujer tomaba asiento justo frente a ellas, en el firme borde de la mesa para café que decoraba el área central de la sala.–

– Mamá te va a hacer unas preguntas, ¿está bien? –Lucie se unió a la conversación, tomando una de las manos de su hija tras haber dejado su bolso convenientemente cerca de sus pies.–

– M-hm –asintió la menor. No era como si tuviera muchas opciones.–

– Bon [Bueno] ... ¿Por qué mentiste en la mañana? Sabemos que no dormiste.

 

Rayos.

 

– Porque se iban a enojar si les decía que no había dormido –admitió.–

– Lo mismo que pasa cuando nos enteramos de que mentiste respecto a algo que ya sabíamos –informó Juliette.–

 

Elisa miró a la portadora de la voz y luego a la contralto, quien confirmó con la mirada lo que la "niña" acababa de escuchar.

 

– D'accord. Et le cigarette à l'université ? [De acuerdo. ¿Y el cigarro en la universidad? –cuestionó la morena. Las tres solían fumar ocasionalmente, pero Elisa sabía que no debía haberlo hecho en la escuela.–

– Estaba estresada y necesitaba relajarme para no ahorcar a Gustav por lo que hizo –se encogió de hombros con simpleza, como si aquella afirmación fuera el dato más obvio del mundo.–

 

Haciendo un esfuerzo por no reír, ambas adultas intercambiaron una mirada. Efectivamente, su tierna y dulce hijita se convertía en un monstruo voraz cuando algo la ponía tensa, pero normalmente solucionaba su mal humor con un caramel latte [café con leche y jarabe sabor caramelo].

 

– ¿Y tu café? –preguntaron al unísono.–

– Me distraje en la mañana y lo olvidé en casa, igual que mi agua y mi dinero, por eso no pude ir por uno a la cafetería.

– Je comprend [Comprendo] ... Aunque, de ser necesario, podías haberle pedido dinero prestado a alguno de tus amigos, siempre y cuando se lo repusieras al terminar el fin de semana –concedió Juliette–. Pero no es justificación. Estresada o no, no debes fumar en el campus. Point. [Punto.] Y aunque lo hicieras fuera, sabes que es doblemente nocivo para la salud si lo haces sin haber tomado agua.

– D'accord [De acuerdo] ... –Elisa rodó los ojos, ante lo cual Lucie, que la tenía de frente, arqueó peligrosamente una ceja; un intimidante, peligroso y característico gesto suyo.–

 

– Pardon [Perdón] –dijo la menor rápidamente.–

– Et finalement...tu peux nous expliquer pourquoi est-ce que tu as dit ça devant l'ingénieur d'audio à la Salle? [Y, finalmente...¿nos puedes explicar por qué has dicho eso delante del ingeniero de audio en la Salle (Pleyel)?] –interrogó Juliette en tono imperativo.–

– Estaba cansada –se justificó la joven–. Me molestó que se equivocara justamente con MI micrófono...y estaba enojada porque Maman Boubi [Mamá Lucie] no me dejó cantar sobreagudos en el ensayo.

– Fuimos las dos –corrigió la cellista.–

 

Parecía que la ley de Murphy estaba actuando directamente en su contra aquel día, había sido un incidente tras otro. Aunque, para ser honestos, había sido una reacción en cadena. Una avalancha de "desgracias" que se precipitaba sobre ella con la fuerza de una lluvia torrencial, sin darle oportunidad de esconderse. Se había exigido realizar más trabajo del que le correspondía para su proyecto escolar, dejando así poco espacio para su alimentación en su lista de prioridades, lo que traía como consecuencia que sus madres condicionaran su consumo de café. Si Elisa no hubiera decidido "por sus pistolas" [por voluntad propia] trabajar en dos demos en lugar de uno (como le correspondía), habría podido dormir algo y no hubiera provocado fatiga y deshidratación innecesarios en su cuerpo y en sus cuerdas vocales. No hubiera iniciado el día de mal humor, muy probablemente no hubiera olvidado su café o su botella de agua en casa, lo que habría eliminado de la ecuación el asunto del cigarro. Y, para terminar, no habría estado tan ridículamente agotada e irascible durante la prueba de sonido en la Salle Pleyel. Dicho sea de paso, aquello de la alimentación constituía por sí solo un importantísimo detallito. A raíz de que llevaba un par de días comiendo de manera poco adecuada (por no decir "deplorable") a ojos de sus progenitoras, todo lo anteriormente mencionado se había desencadenado; eso atentaba contra su salud y, por ende, descompensaba su bienestar integral. Inaceptable.

 

– Sabes que podrías haber evitado la mayoría de tus problemas hoy si no te hubieras "sobreexigido" y hubieras dormido y comido como es debido, ¿verdad, Els? –cuestionó la mujer de piel canela.–

– Ouais [Seh] –dijo con un puchero de resignación antes de apoyar la cabeza contra el hombro de su madre, quien dejó un beso en su frente y la guió para ponerse de pie a la vez que Lucie la atraía hacía sí con la mano que aún tenía entrelazada con su hija.–

 

Parte de lo que siempre se habían esforzado en inculcarle era ser responsable. Es decir, ser capaz de responder por sus propias acciones y decisiones. No siempre era fácil o agradable, sin embargo confiaban en que Elisa estaba creciendo en edad y en sabiduría y sabría discernir entre todo aquello que era moralmente correcto y lo que no lo era. Era consciente de que los buenos actos traían buenos resultados. Era el momento de redimirse y afrontar las consecuencias, ya no había manera de evitarlo o posponerlo.

Lucie dejó sobre el dorso de su pequeña mano un beso reconfortante antes de posicionarla boca abajo sobre sus rodillas, ante lo cual su hija no opuso resistencia alguna. A esas alturas era más fuerte en ella la presencia del cansancio acumulado y las ganas de dejar las preocupaciones atrás que el impulso de rebelarse cuando sabía que no tenía oportunidad de ganar en aquella precaria situación. Aquel sencillo gesto fue suficiente para recordarle a la universitaria que, por doloroso o desagradable que un castigo fuera, su finalidad era siempre su propio bienestar. Sus madres se preocupaban por ella y la amaban sin importar su carácter o lo desenfrenado de ciertas acciones. En sus manos estaba segura y a salvo, incluso de sus propios actos y desplantes. Ellas se encargarían de recordarle lo importante que era cuidarse...y comportarse, en especial con las personas que la estimaban y nunca habían hecho algo para incordiarla.

 

A pesar de que Lucie estaba sentada sobre el borde de la mesita para café, una sólida pieza de madera de roble y placas de mármol, los pies de Elisa apenas rozaban el suelo. En parte por su reducida estatura y en parte por la técnica que sus madres utilizaban cuando tenían que castigarla en esa posición. Sucede que nuestra Elisita era naturalmente hiperactiva y propensa a meter la mano para intentar cubrirse de las nalgadas, por lo que con frecuencia la inclinaban ligeramente hacia el frente, despegando sus pies del suelo intencionalmente. Eso la obligaba a apoyar ambas manos sobre el suelo para mantener el equilibrio y soportar la parte de su peso que el regazo de su mamá no estuviera cargando. Sobra decir que, en tal predicamento, la joven soprano se sentía más vulnerable y expuesta que nunca. Y lo odiaba.

 

– En esta casa no se dicen mentiras. Jamais [Jamás/Nunca] –dejó caer la primera palmada con fuerza–. ¿Está claro, jovencita?

– ¡AUCH! Oui, Maman! [¡Sí, mamá!] –exclamó Elisa, tensando los dedos de las manos ante el impacto, pues fue más fuerte de lo que esperaba.–

 

PLAFF PLAFF PLAFF au! PLAFF PLAFF PLAFF mamáaa PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF

 

– Comprendo que te haya disgustado lo que ocurrió en la universidad con tus compañeros –dijo Lucie mientras continuaba con el castigo, alternando entre un lado y otro–, pero no está bien que excedas tu carga de trabajo sin ser necesario, mucho menos si eso pone en peligro tu salud.

– ¡AY! Pero mamá-AUCH! –con trabajos Elisa lograba asimilar el regaño, la fuerza de las palmadas no le permitía concentrarse ni quedarse quieta en su lugar–. Mami, ¡Gustav no me envió el archivo cuando acordamos y además metió instrumentos que Rémi no había incluido en la partitura! ¡Ay!

 

PLAFF PLAFF PLAFF mamiiiii PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF ¡lo siento! PLAFF PLAFF PLAFF

 

– Lo sé, mon coeur [mi corazón] , pero dijiste que el professeur [profesor] aceptó el proyecto tal como lo presentaron, significa que aprobó la canción. Je sais que c'est difficile [Sé que es difícil] , pero debiste elegir sólo una de las dos versiones y trabajar en ella para producir el demo. Te obligaste a hacer las dos, y sabemos que puedes hacerlo cuando es necesario y tienes el tiempo suficiente para eso, pero en esta ocasión no lo era y no dormiste. Expusiste tu salud innecesariamente...y eso estuvo mal.

 

PLAFF PLAFF ayyy PLAFF PLAFF PLAFF auch!!!

 

Elisa se mordió el labio inferior, tratando de estabilizar su agitada respiración, pero era inútil. Y lo peor aún estaba por venir.

Haciendo una breve pausa, Lucie alcanzó el bolso que minutos antes había dejado junto a sus pies y sacó del interior un cepillo para pelo con cuerpo de madera de ébano. Elisa trató de levantar el torso para girar la cabeza y echar un vistazo a lo que su madre estaba haciendo, pero no lo consiguió. Una mano se apoyó firmemente en su espalda baja, mientras la otra mano bajaba sus pantalones.

 

– No, no, no. Maman, non, s'il te plaît ! [¡Mamá, no, por favor!] –protestó dando ligeras pataditas como único gesto físico de batalla, pues si movía las manos de donde las tenía apoyadas sentía que se caería de bruces, aunque claro está que su mami no lo permitiría.–

 

ZAZ ZAZ ZAZ

 

Tres rápidos cepillazos resonaron por la habitación.

 

– Si no puedes acordarte de cuidarte, mamá te lo va a recordar –puntualizó la morena–. Debes hidratarte y comer bien...

 

ZAZ ZAZ ZAZ owww ZAZ ZAZ ZAZ mmmfff ZAZ ZAZ ZAZ

 

– Tu dois dormir [Tienes que dormir] –continuó reprendiéndola, ignorando sus numerosas quejas–, chaque nuit. C'est ne pas optionnel [todas las noches. No es opcional] .

 

ZAZ ZAZ ZAZ auch! ZAZ ZAZ ZAZ arrête, Maman! [¡Para, mamá!] ZAZ ZAZ ZAZ

 

– Y es la última vez que nos llaman a la oficina del directeur [director] por algo así. Sabías que existía esa regla y aún así la rompiste, ¡te pudieron haber expulsado! –Lucie hizo evidente su molestia aumentando la intensidad de los azotes y reafirmando su agarre en torno a la delgada cintura de su hija.–

– ¡Ay! P-Pero, ¡pero mamá!...

– ¡Pero nada! –refutó sin bajar el ritmo–. Fuera del campus puedes, sabes que incluso Maman Juliette [Mamá Juliette] y yo lo hacemos y no te lo prohibimos, aunque no es lo mejor para los cantantes, mais c'est interdit á l'université. Point [pero está prohibido en la universidad. Punto].

 

ZAZ ZAZ ayyy ZAZ ZAZ auuu ZAZ

 

Lucie detuvo sus movimientos momentáneamente, preparándose para dar la "estocada final".

 

– Cuando entraste a la maestría ya sabías cuáles eran las reglas de la universidad y las aceptaste. Tus compañeros no tienen una imagen que cuidar como cantantes reconocidos, tú sí. Si te expulsan, eso puede repercutir en tu carrera y en la imagen que L.E.J proyecta como grupo, y ni tu mamá ni yo estamos dispuestas a ver como tiras todo tu trabajo y sueños a la basura por no poder seguir una simple regla. Estás ahí voluntariamente para seguir expandiendo tus conocimientos musicales y aumentar tus capacidades como la artista que ya eres. Y tú mejor que nadie en esa escuela sabe las consecuencias que una desvelada como la de ayer puede traer para tu voz.

 

Silencio. Elisa meditó sobre eso durante un instante mientras regulaba su errática respiración. Conocía los efectos de las desveladas en los cantantes a corto, mediano y largo plazo: resequedad vocal/ronquera, deshidratación general, meningitis, tensión vocal, fatiga crónica, desórdenes alimenticios, desbalance de ritmos circadianos, pérdida de la lucidez mental...nódulos vocales/pólipos, desgarres, afonía, disfonía, parálisis en las cuerdas, laringitis, derrames en los pliegues vocales...reducción en el rango/extensión vocal. Y el cigarro no hacía más que multiplicar los potenciales riesgos. Fin de su carrera como cantante. Su peor pesadilla hecha realidad. Caput. Finito. No way.

 

– Piénsalo, ¿estarías dispuesta a pagar el precio por un desliz como ese? Desprestigiarías al consejo académico de la universidad y a ti misma como persona y como artista. Se trata de ti, no sólo de las consecuencias que eso traería para nosotras como grupo. Eres capaz de seguir reglas sociales como esas cuando es requerido; Maman [Mamá] y yo te educamos para ser inteligente, consciente y profesional. Oui ou non ? [¿Sí o no?]

– Oui [Sí] –consiguió decir la joven ahora que había recuperado el aliento. El remordimiento de conciencia aún la acechaba.–

– Exactement [Exactamente] .

 

ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ

 

Cuatro azotes más cayeron inesperadamente sobre sus posaderas, protegidas hasta ese momento por su ropa interior. Acto seguido, su madre la despojó de la protección de aquella última capa de tela. Necesitaba que esa fuera una lección verdaderamente difícil de olvidar, si no es que imposible.

 

– Hmmm –más que un quejido de protesta, aquel sonido emergió de la garganta de la "pequeña" como un gemido de arrepentimiento y creciente desesperación.–

 

Podía sentir cómo las lágrimas se agolpaban detrás de sus párpados al cerrarlos, pero ya no había marcha atrás. Sabía lo que estaba por venir. Y lo odiaba tanto como la primera vez.

 

– Réspire, ma petite fille [Respira, mi niña] ... –la contralto la alentó con una fugaz caricia a lo largo de su espalda.–

 

La menor obedeció y tomó una larga bocanada de aire. Al exhalar, abrió los ojos y dejó caer el primer par de lágrimas, quizás un poco más de culpa que de dolor. Tras verificar que no había causado daños serios a la nívea piel de su hija, Lucie retomó sus acciones con la intención de no prolongar más su agonía.

 

ZAZ ZAZ ZAZ ouuuuch ZAZ ZAZ ZAZ mamiii ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ

 

– Nunca más, tu comprends ? [¿Entiendes?] –dijo estrictamente Lucie, sin flaquear ni un poco.–

– Ouiii, Maman!!! [¡Síiii, mamáaa!] –un fino río de lágrimas recorrían ahora la piel de la menor, tomando un matiz plateado bajo las potentes luces de la sala, que bañaban a las tres artistas como arrojando un poco de claridad dentro del obscuro túnel en el que Elisa sentía que se había metido sin darse cuenta y del cual por momentos no sabía si saldría–. Arrête, s'il te plait, je vais me comporter...je promets [Para, por favor, me voy a portar bien...lo prometo] .

 

Aquella súplica por poco consigue que el corazón de la mujer se comprimiera como una hoja de papel hecha bolita. No era agradable saber que era ella quien había causado esas lágrimas en su pequeñita, pero sabía que debía poner un alto a sus descuidos. Bastó una rápida mirada a su esposa para recuperar el aplomo. Faltaba poco para terminar. Relativamente...

 

ZAZ ZAZ ZAZ aauuuch ZAZ ZAZ ZAZ mamiii ZAZ ZAZ yaaa ZAZ ZAZ

 

Tras propinar los últimos dos cepillazos con especial convicción, la castaña dejó el cepillo nuevamente dentro de su bolso, esperando no tener que volver a sacar otra vez ese instrumento del mal, al menos en un buen rato.

 

Habiendo tomado hasta ese momento un papel medianamente neutro en la escena, Juliette observaba atentamente, monitoreando con expresión tranquila las reacciones de su hijita y el estado de su piel tras ser sometida a un trato no muy benévolo bajo la dura mano de su esposa. Y ahora recaía sobre ella la responsabilidad de reforzar el mensaje. Ser madre no era fácil, pero era un trabajo del que una debía adueñarse o rehusar por completo desde el inicio. Era todo o nada, no había medias tintas. Y claro, las recompensas, de aceptarlo, eran inconmensurables.

Elisa estaba tan ocupada tratando de no patalear que apenas notó de reojo cuando la cellista se levantó del sillón y se situó a un lado del mismo, con las manos en las caderas, esperando pacientemente con semblante sereno.

Después de unos minutos de administrar caricias circulares sobre la espalda de la "niña", Lucie consiguió que se calmara un poco. Los sollozos inconsolables pronto pasaron a ser ocasionales espasmos, leves hipidos. Una vez su respiración hubo vuelto a la normalidad, le ayudó a levantarse y gentilmente la hizo girar, de modo que Elisa estaba ahora de frente a Maman Juliette [Mamá Juliette] . Sus dos madres eran bastante más altas que ella, pero ahora más que nunca, la menor maldecía su baja estatura. Con una silueta naturalmente esbelta y estilizada, al igual que su esposa, Juliette parecía aún más alta con los zapatos negros de plataforma que traía puestos, que hacían juego divinamente con los pantalones entallados y la blusa de cuello alto que portaba aquel día, ambas prendas tan negras como la noche. Y el futuro de Elisa. Gulp.

 

– Allez, viens [Vamos, ven] –murmuró de manera apenas audible, doblando el dedo índice de una mano hacia su pecho para ordenarle que se acercara.–

 

Sorbiendo un par de veces por la nariz, Elisa hizo caso. Inconscientemente, entrelazó las manos frente a su vientre y, aún con las mejillas humedecidas por el llanto, levantó la mirada hacia su madre. La cellista estiró un brazo hacia el buró que había a no más de un metro de donde estaba y tomó un pañuelo desechable, mismo que acercó a la carita de su hija. Sin pensarlo dos veces, la joven soprano se sonó (la nariz) contra el suave lienzo, tal como hacía cuando era pequeña, agradeciendo internamente por esa atención que su madre estaba teniendo hacia ella. Cuando terminó, Juliette descartó el pañuelo, limpió con los pulgares el trazo de lágrimas que adornaba la piel de la menor y dejó un beso en su frente. Luego, procedió a indicarle que se recostara sobre el brazo del sillón. Al inicio, la joven se mostró reticente, pero sopesando sus (nulas) opciones, accedió. No sin una mueca de incomodidad de por medio, claro. Quería sobarse, sentía la piel caliente y realmente no quería que el castigo continuara, pero una vocecita en su interior le decía "sé valiente, falta poco, y sabes que será peor si opones resistencia".

 

En cuanto se encontró recostada boca abajo, con la parte frontal de la pelvis descansando sobre el brazo del sillón, las piernas estiradas y las puntas de los pies apoyadas sobre el suelo, Juliette comenzó a desabrocharse el cinturón. El sonido hizo que un escalofrío recorriera la columna vertebral de la rubia; no necesitaba voltear la mirada para saber de qué se trataba.

La "niña" ya estaba "como agua para chocolate" ["al borde de las lágrimas" a la menor provocación], apenas podía contenerse de seguir llorando, pero sabía que había un 99% de probabilidad de que lo volvería a hacer, y más pronto de lo que estaba dispuesta a admitir. Sin más protesta que un resoplido, la universitaria tomó uno de los cojines que descansaban sobre el sillón y lo abrazó, apoyando la barbilla y los labios en él. Percibiendo la anticipación de la que era víctima, su madre apoyó una mano entre sus homóplatos un momento, recordándole que Lucie y ella estaban ahí, que la amaban más que a nadie y que, en cuanto terminara el castigo, la colmarían de mimos y atenciones. Y ella lo sabía; ambas eran tan cariñosas como estrictas con ella. Su severidad en asuntos disciplinarios no eclipsaba el amor que le tenían y que no se cansaban de demostrarle día con día.

Elisa apretó los párpados un segundo, provocando la caída de un par de lágrimas, respiró profundo y se preparó para lo que estaba por venir.

 

– "Las malas palabras no están permitidas durante ensayos frente al personal representativo o empleado por instituciones con quienes firmamos contratos" –citó la mujer–. Tu te souviens ou pas ? [¿Lo recuerdas o no?]

 

La joven asintió.

 

SWAT

 

El primer cinturonazo se hizo presente.

 

– ¡Auch! –se quejó Elisa sin poder evitarlo, clavándole las uñas al cojín que abrazaba–. D-Désolée, Maman [Lo siento, mamá] ...

 

SWAT

 

– ¡Ayyy!

– Maman Boubi [Mamá Lucie] te explicó cómo podrías haber evitado todas las malas decisiones que tomaste hoy, Elisa. De esa misma forma, habrías podido decidir comportarte mejor en el ensayo. Tu ne le crois pas ? [¿No lo crees?]

 

Un asentimiento.

 

SWAT SWAT SWAT

 

Tres azotes más cayeron, medianamente espaciados, arrancando un ¡AOUWCH! de las profundidades de la garganta de la menor tras cada impacto.

 

– Utilises tes mots [Usa tus palabras] , Elisa –pidió la cellista.–

– Oui [Sí], mami... –susurró casi en un hilo de voz. Mantener la compostura estaba probando ser un objetivo poco menos que inalcanzable.–

– Bien. Victor estaba haciendo su trabajo, ayudando, facilitando nuestro trabajo. C'est vrai [Es verdad] , se equivocó, pero él no tuvo la culpa de que tú ya estuvieras cansada y de mal humor antes de empezar el ensayo. Nada justifica que tú le gritaras semejante grosería. Mamá y yo te prohibimos cantar sobreagudos durante esa sesión porque tu voz necesita descansar para mañana, Els. Fue por tu propio bien. Si eso te puso de malas, él no tenía por qué pagarlo.

 

SWAT SWAT aaauch! SWAT SWAT SWAT aayyy!!!

 

– Bon, bon! Je comprends! [¡Bueno, bueno! ¡Entiendo!] –logró articular Elisa, tensando los hombros cada vez más, luchando internamente para que las rodillas no se le vencieran–. Por favor, mamá...

 

A pesar de que sentía que sus palabras eran sinceras, Juliette no permitió que esa petición ablandara su mente, estaba decidida a llevar a cabo el correctivo en su totalidad, tal como lo había estado planeando desde que se vio obligada a arrastrar a Elisa detrás del telón para llamarle la atención.

 

– No conforme con convertirlo en un blanco inocente de tus disgustos, estuviste a punto de repetir la barbaridad que le habías dicho. Gracias a Mozart que no te escuchó... –continuó la mujer de rastas.–

 

SWAT SWAT SWAT aauuu!!

 

Habiendo llegado a este punto, Elisa había olvidado por completo el significado de "orgullo", pues "arrepentimiento" había ocupado un puesto protagónico en su mente. Dejó que las lágrimas corrieran de nuevo libremente por sus mejillas.

 

– ¿Sabes lo que pudo haber sucedido si Victor te hubiera escuchado? O peor aún, ¿algún superior suyo?

 

Elisa permaneció en silencio unos segundos. Adiós, contratos. Hola, prensa amarillista. Mala reputación para L.E.J como grupo, sin importar que fueran verdaderamente talentosas e innovadoras en el ámbito musical. Que la Salle Pleyel se negara a firmar contrato contigo cuando ya te habías presentado ahí antes era un pésimo presagio, sólo anunciaba el pique en el que tu carrera caería a partir de ese momento. Eso sin mencionar lo vergonzoso que hubiera sido para ellas el ser blanco de chismes imprudentes tras haber sido nominadas en la categoría "Revelación Escénica Del Año" en un evento de la magnitud de los premios "Victoires de la Musique" en 2017 [importante evento musical anual, más o menos equivalente a los "Grammys" en el continente americano].

 

– Ouais [Seh] ...podrían haber cancelado el contrato –respondió, sintiendo temor de sus propias palabras. Suspiró. Ni de broma quería que eso sucediera–. Y otras instituciones dudarían al contratarnos si eso pasara. L.E.J tendría una imagen cada vez peor ante el público y eso sería irrespetuoso hacia ellos, porque siempre nos han apoyado y merecen tanta gratitud y amor como ellos nos han dado –añadió, con un nudo cada vez más apretado en la garganta.–

– Précisément [Precisamente] –concedió Juliette.–

 

SWAT SWAT

 

– AUCH! –la menor sepultó la cara en la almohada.–

– No quiero que vuelvas a olvidar esa regla. ¿Está claro?

– Grrr...ouais –gruñó con la cara enrojecida.–

–Très bien [Muy bien] . Y te vas a ir a la cama a las diez de la noche durante dos semanas, empezando el lunes.

 

Elisa fue lo suficientemente sensata como para no protestar esta vez.

 

– Cinco más –sentenció la cellista. Su voz proyectaba la serenidad que su corazón no sentía. Jamás estarían "listas" para suscitar el llanto en su pequeñita.–

 

Elisa no daba crédito a lo que escuchaba, pero no se atrevió a rezongar en voz alta, sino que emitió un quejido inconforme y dio un pisotón en el suelo a modo de berrinche.

En un movimiento fluido, Juliette tomó con ambas manos el elástico de la ropa interior de su hija y la bajó hasta la mitad de sus muslos, dejando al descubierto su trasero, lo que evidentemente avergonzó a la jovencita al punto de desear que la tierra se la tragara. No era la primera ni la última vez que sucedía, y sus madres la habían visto tal como había venido al mundo un sinnúmero de veces, pero cuando se trataba de un castigo por alguna travesura o mal comportamiento, no dejaba de ser endemoniadamente vergonzoso.

Elisa estuvo a punto de interponer las manos para intentar evitar que continuara el castigo pero, pensándolo mejor, entrelazó ambas manos bajo el cojín. En el fondo, Lucie, que observaba todo a escasa distancia, se sentía orgullosa, pues a pesar de tener un carácter terco y orgulloso, Elisa era una buena persona y de alguna manera aquel gesto indicaba que estaba interesada en afrontar los resultados de sus actos y dar "borrón y cuenta nueva" de una buena vez, no huyendo ni escudándose, sino "agarrando al toro por los cuernos".

 

SWATTT aayyy SWATTT aaauuuch SWATTT mmmfff

 

El escozor en su piel ahora era casi insoportable, pero Elisa estaba dispuesta a aceptar valientemente lo poco que faltaba. Comprendía que tuvo la oportunidad de tomar mejores decisiones y por una u otra razón no lo había hecho.

 

SWATTT

 

Tras un cinturonazo particularmente fuerte, Juliette hizo una pausa mayor que con los azotes anteriores, permitiendo que Elisa respirara un par de veces antes de recibir el último de los que pensaba darle directamente sobre la piel.

 

SWATTTTT

 

– Meeerrrrrrde de Dieux...!!!! –maldijo la joven al aire, casi mordiendo el cojín en el que tenía enterrada la cara; sus madres no dijeron nada al respecto, pues en casa no tenía precisamente prohibido despotricar usando "palabrotas", siempre y cuando fuera por una razón justificada y no fuera un insulto dirigido a sus progenitoras o a alguien más. Y francamente, era demasiado pedir que se guardara una expresión como aquella en esas circunstancias. Un castigo como aquel ameritaba eso y más.–

 

La cellista "lanzó" con fuerza moderada el cinturón hacia el extremo opuesto del sillón, haciéndolo aterrizar en el extremo opuesto, cerca de la orilla del mismo. Inmediatamente después de eso, volvió a subir la ropa interior de su hija y la reacomodó en su lugar. Al ver caer aquel implemento maldito a poco más de un metro de ella, Elisa supo que ya podía enderezarse, por lo que no dudó en hacerlo. Sin embargo, antes de que pudiera siquiera procesar lo que estaba pasando, Juliette tomó asiento en el lugar central del amplio sillón y la atrajo hacia sí, tomándola por la muñeca y tumbándola sobre sus rodillas en un movimiento ininterrumpido.

 

PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF

 

Pues, por lo visto, no habían terminado. ¡¿Pero ahora POR QUÉ?!

 

– Arrête, Maman! Aïe! Qu'est ce que tu fais?!? Nooon !!! [¡Detente, mamá ! ¡Ay/Auch! ¡¿Qué haces?! ¡Nooo!]

– Nada de mentiras... –dijo Juliette en tono cortante.–

 

PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF

 

– Nada de descuidar tu alimentación ni arriesgar tu salud... –continuó la cellista, impasible.–

– ¡Auuu! Oui, Maman, j'ai dit "oui"!!! [¡Sí, mamá, dije que "sí"!] –Elisa se removía y pataleaba cual cría.–

– Nada de romper reglas en la escuela...

 

PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF

 

– ¡No, mamá! –consiguió responder la menor entre leves sollozos–. Lo siento, de verdad, yaaa...

– Y nada de faltarle al respeto a otras personas, sin excepciones –la mayor terminó de recapitular los puntos que no quería que su hija olvidara, aunque sabía con certeza que cierta parte de su anatomía se encargaría de recordárselo cada vez que se sentara.–

– Mamiii... ¡Me voy a portar bien! De verdad...por favor –suplicó de manera ininteligible antes de ceder por completo y dejar de patalear para enfocarse sólo en el llanto que la dominaba.–

 

PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF

 

Cual caballo de carreras en arrancadero, al caer la última palmada sobre la retaguardia de su pequeña, Lucie no tardó en trasladarse de la mesita al sillón, junto a su esposa, que en menos de lo que canta un gallo ya estaba ayudando a su bebita a incorporarse para arroparla entre sus brazos. El cansancio en la menor había terminado por doblegarla, la presión que había ido acumulando en esos días se derrumbó, liberando por fin sus hombros del enorme peso que cargaban. Ahora mismo no importaba nada ni nadie. Elisa no podía ni quería pensar en absolutamente nada más que en abrazarse como koala a sus madres y dormir, su cuerpo lo anhelaba más que nunca.

Siendo su cuerpo tan "reducido" en tamaño, no fue difícil maniobrar para terminar de quitarle los pantalones y acomodarla de manera que la ojiazul quedara sentada sobre el regazo de Lucie, la morena envolviéndola en un abrazo maternal y Juliette abrazándolas de forma protectora. Aún lloriqueando ligeramente, Elisa se sobaba con una mano mientras murmuraba "désolée" [lo siento] una y otra vez.

 

– Shh, shhh –la tranquilizaba Lucie, acunando la parte posterior de su cabeza con una mano mientras su esposa acariciaba su espalda–. Tout est fini, mon petit ange [Todo terminó, mi angelito] ...

– Ya todo terminó, mon amour [mi amor] , está bien... –la reconfortaba Juliette, susurrando cerca de su oído–. Estás con Maman Lucie y Maman Juliette.

 

Poco a poco, el llanto fue cediendo hasta cesar por completo. Tomando un pañuelo, Lucie limpió con cuidado las mejilas y la nariz de su hijita, dejando después un beso en su frente.

 

– Ya todo está perdonado, mon coeur [mi corazón] , shh –aseguró al ver que su niña se aferraba al contacto con ellas como si su vida dependiera de ello.–

– No importa lo que hagas, nous sommes ici pour toi –confirmó la mujer de rastas–. Toujours [Estamos aquí para ti. Siempre] .

 

Transcurridos unos minutos inmersas en esa atmósfera de calidez, Elisa estaba tan relajada que estiró las piernas sobre el sillón hasta que las puntas de sus pies tocaron el cinturón que había aterrizado antes en un extremo, y en un sutil movimiento hizo que se deslizara hasta la orilla del mueble, cayendo después al suelo.

 

– Oups [Ups] –dijo simplemente, tratando de enmascarar el acto como un accidente cuando, claramente, no lo había sido. La sonrisita traviesa que apareció en su rostro la delataba.–

 

El gesto dibujó una tenue sonrisa en ambas adultas. Después de castigos como aquel, Elisa bajaba todas sus defensas y volvía a su esencia juvenil y despreocupada, entrando temporalmente en un estado de relajación tal que la mayoría de sus acciones tenían un tinte de "malcriadez" innegablemente tierno. O al menos así lo veían sus guardianas.

 

– Cinturón malo –dijo la menor con un pucherito juguetón.–

– Muy malo –complementó Juliette, siguiéndole el juego, haciéndole cosquillas levemente en un costado.–

– Y feo –añadió la rubia, sabiendo que era la adoración de sus madres y tomando cierta ventaja de la situación.–

– Horrible –respondió Lucie con una sonrisa a la vez que acariciaba el cabello de su hija.–

– Igual que el cepillo –murmuró Elisa mientras sus ojos se entrecerraban.–

 

En el transcurso de unos pocos minutos, la suavidad con la que su pecho subía y bajaba, acompasando su respiración, indicaba que estaba quedándose dormida. Ambas estaban embelesadas, conmovidas contemplando aquella enternecedora imagen. Tal como cuando su hija era una bebé de apenas unos días de nacida: acurrucada contra el pecho de su madre, cualquiera de las dos que estuviera cargándola, y con una mano cerrada en un puño, apoyada justo sobre el corazón de su progenitora.

Podrían haber permanecido así durante horas, pero por las desveladas que la señorita tenía encima, consideraron prudente dejarla dormir una siesta en su cuarto antes de cenar. Apenas con eso podría reponerse un poco.

Como no queriendo, al final Lucie se movió casi imperceptiblemente, procurando no despertar a la chica mientras permitía que Juliette la retirara de su regazo para llevarla a su habitación. Con sumo cuidado, la cellista acomodó a su hija en sus brazos, aunque la joven se despertó por apenas unos segundos, tratando de asimilar la razón a la que se debía el movimiento.

 

– Hmmm...¿mami? –se quejó ligeramente al sentir que una mano se apoyaba bajo sus muslos a la par que era "separada" de la calidez de la morena. Instintivamente, se abrazó con brazos y piernas a la persona que la sostenía.–

– Shhhh, descansa, mi amor...dodo, l'enfant do –susurró la alta mujer de rastas, acomodando la cabeza de su hijita sobre su hombro. Aquella canción de cuna nunca fallaba.–

 

Como presa de un acto de hipnosis, Elisa volvió a dormirse en cuestión de segundos. Lucie se levantó del sillón y escoltó a su esposa mientras cargaba a la "niña" hacia su pieza, lo cual no le costó demasiado, pues para ser honestos, Juliette estaba acostumbrada a cargar con el cello dentro de su estuche y aquel "equipaje" pesaba al menos lo mismo que Elisa.

Al entrar en la habitación, entre ambas mujeres la acomodaron cuidadosamente dentro de las sábanas, asegurándose de que no fuera a despertar por frío o incomodidad. Una vez arropada, Lucie puso junto a la almohada de la menor su peluche favorito: un ratón idéntico a los de la película "Cenicienta", de Disney, una de las favoritas de Elisa. Una réplica del simpático "Jack", con todo y sus zapatitos, camisa y gorrito rojo. En cuanto los brazos de sus madres le dieron espacio, la menor se abrazó entre sueños al peluche y, acto seguido, cada una dejó un beso sobre su sien. Sin hacer ruido, salieron de su cuarto, no sin tener la precaución de dejar encendida la luz del pasillo y la puerta de su habitación ligeramente entreabierta, para que no se sobresaltara o extrañara al despertar.

 

Alrededor de tres cuartos de hora más tarde, Elisa abrió los ojos lentamente, asimilando su entorno y el apacible silencio que la rodeaba. Con un relajante bostezo, se estiró, lo que la hizo sisear y removerse levemente al sentir el escozor en su parte posterior. Recordaba todo lo ocurrido, sin embargo no sentía pesadez, cansancio o remordimiento alguno respecto a los hechos pasados. Sentía que su usual nivel de energía había sido repuesto en su mayoría y aquel recuerdo era parte del pasado, tal como las "infracciones" que la habían metido en aquel lío. Con aire renovado, salió de la cama, tomando inconscientemente a Jack entre sus manos, se puso los pantalones de pijama más holgados que encontró y un par de pantuflas de Naruto, y salió al pasillo guiada por la luz, medio arrastrando los pies, hacia la sala. Mientras se acercaba al comedor, lo encontró vacío, por lo que siguió el sonido de platos y cubiertos hasta la cocina, a donde llegó justo a tiempo para ver a mamá Juliette apagando el horno y a mamá Lucie terminando de servir el último de 3 platos que estaban acomodados sobre la amplia barra de granito blanco. Habiendo verificado que su madre no tenía utensilios filosos en las manos, se abrazó a ella por la espalda.

 

– Hello [Hola] –saludó con una vocecita ligera.–

– Bonjour [Buenos días] , mi corazón... –correspondió Lucie con tono claramente humorístico, girando un poco para colocar un brazo alrededor de su hija, quien aprovechó el movimiento para echar un vistazo a la comida–. ¿Ya tan rápido despierta?

– Ouip [Sip] –asintió, mirando con curiosidad lo que estaba servido sobre los platos. Reconocería ese olor donde fuera–. Raclette? [tipo de queso suizo] .

– Bon, así podrás dormir sin problemas al rato –comentó con un gesto de aprobación–. Ratatouille [platillo típico francés, a base de vegetales horneados, principalmente: calabacita/zucchini, tomate y berenjena] con Raclette gratinado.

 

A Elisa se le iluminó la carita al mismo tiempo que sentía cómo se le hacía agua la boca. Era su tipo de queso favorito, aunque sorprendentemente era suizo y no francés, eso no le importaba, igual era DELICIOSO. Aquella sorpresita le gustó tanto, que hasta olvidó protestar ante la alusión a que pronto tendría que volver a dormir. En su lugar, dejó un beso en la mejilla de su mami e inmediatamente fue a hacer lo mismo con mamá Juliette, que recibió aquel dulce gesto con una enorme sonrisa. La misma sonrisa boba que invadía su rostro cada vez que sus ojos se posaban sobre su hija o su esposa, sus dos más grandes amores. Después venían, obviamente, la música, la cocina y todo aquello que se relacionara con la ecología.

 

– Tu as faim? [¿Tienes hambre?] –cuestionó la mayor.–

– Beaucoup [Mucha] –admitió la pequeña soprano, llevándose una mano al abdomen–. Ahora sí.

– ¿Y a quién tenemos aquí? –cuestionó en tono juguetón, dirigiendo la mirada hacia el ratón de peluche que su hijita sostenía. No podía verse más adorable–. Il va manger avec nous aussi ? [¿Él también va a comer con nosotras?]

 

La rubia asintió animadamente, rompiendo a reír en cuanto su madre acercó una mano para hacerle cosquillas con suavidad en el vientre.

 

– Bueno, bueno, tenemos que darle de comer a esa pancita antes de que tú te comas al pobre Jack, ¿verdad? –dijo en broma mientras llevaban los platos a la mesa–. Après le Ratatouille [Después del Ratatouille] , te espera algo especial... –añadió en tono misterioso.–

 

Rápidamente, Elisa volteó a ver a Maman Boubi [Mamá Lucie] , buscando en su mirada algún indicio de lo que Juliette "ocultaba", pero la morena no hizo más que guiñar un ojo con complicidad. Bueno, al menos no sería algo malo, eso seguro.

Sin demorar ni un minuto más, empezaron a cenar. Elisa moría de hambre, verdaderamente. Tanto, que esa sensación opacaba casi por completo la incomodidad que sentía al sentarse. Al parecer, el haber descansado un poco tras todo el show de aquella tarde y por fin sentirse más tranquila le habían abierto el apetito.

Al terminar, dejando a un lado todo rastro de decoro, la joven limpió el plato con el dedo, relamiéndose hasta la última gota de queso Raclette fundido. Al terminar, miró expectante a sus mayores.

 

– Et alors ? [¿Y entonces?] –preguntó, apoyando los codos sobre la mesa y la barbilla sobre las manos.–

– Et alors, quoi? [¿Y entonces, qué?] –Lucie se hizo la desentendida, ocultando una sonrisita divertida para distraer a su hija mientras Juliette llevaba los platos sucios a la cocina.–

– Maman!!! [¡¡¡Mamá!!!] –se "quejó" la menor, ocasionando que su madre rompiera su faceta de seriedad con una risa espontánea.–

–Ok, ok –levantó ligeramente las manos en señal de rendición–. Ferme tes yeux [Cierra los ojos]. Sin trampas –indicó.–

 

Elisa obedeció y Juliette se acercó, dejando frente a la rubia un plato pequeño y otro más grande al centro de la mesa.

 

– Et voilà! [¡Listo/Ahí lo tienes!] –anunció la mujer de rastas, situándose junto a su esposa, ambas atentas a la reacción de la ojiazul.–

 

Elisa abrió los ojos y contempló fascinada un pequeño monumento a la alta repostería. Un platito con 3 macarrones franceses de distintos colores: uno verde obscuro con relleno color pistache, otro café obscuro con relleno verde claro, y el último rosa con relleno del mismo color pero en un tono más claro.

 

– Macarooooons! Super!!! [¡Macarroooones! ¡Súper!] –exclamó efusivamente, levantando los brazos.–

 

Con una sonrisa triunfal, Juliette sirvió 3 tazas de té, poniendo una en cada lugar, y tomó asiento. Elisa no tardó en tomar los macarrones uno por uno y acercarlos enigmáticamente a su nariz, cerrando los ojos por unos segundos mientras aspiraba su característico aroma y se concentraba en adivinar el sabor.

 

– Matcha...menta con chocolate...¡y pétalos de rosa! –se aventuró a decir.–

 

Juliette fingió estar boquiabierta, aunque en el fondo no estaba tan sorprendida; intuía que adivinaría los sabores en un santiamén, pues evidentemente había heredado de ella los genes gourmet.

 

– En esta casa te están dando demasiada azúcar, ma petite enfant [hijita] –bromeó, ocasionando una risita en su pequeña mientras su esposa la miraba con ojos entrecerrados.–

– A mí no me veas, que esos los hiciste tú –"se defendió" Lucie, negando con la cabeza y luego se dirigió a la menor–. ¿Y el té?

 

Aún riendo ante el "pleito" entre sus madres, Elisa tomó su taza con el logotipo tornasolado de Disney y dio un sorbito con cuidado, mirando al techo, inhalando y exhalando pausadamente a la vez que chasqueaba la lengua contra el paladar, catando la bebida como si se tratara del vino mejor cotizado del mundo. A sus madres les estaba costando horrores aguantar las carcajadas que estaban reprimiendo.

 

– ¡Lavanda con vainilla!

– Mon dieu [Dios mío] ... –Lucie se llevó una mano a la frente en un ademán dramático.–

– ¡Estaba fácil! –dijo la "niña".–

– De eso también te culpo a ti –le dijo la castaña a su mujer. A veces le sorprendía el agudo sentido del gusto que su hija poseía.–

– De nada –respondió Juliette, ladeando una sarcástica sonrisa sugestiva a la vez que acercaba su propia taza a sus labios con extrema lentitud, intencionalmente, sin duda.–

 

Elisa fingió no percatarse de las "descaradas indirectas de coquetería" entre sus progenitoras y siguió disfrutando del postre. Tal como le había sido asegurado, todos sus errores habían quedado en el pasado, y ahora que había aprendido de ellos y había prometido tomar mejores decisiones en el futuro, las cosas volvían a ser como de costumbre. Maman Lucie y Maman Juliette no perdían ni una sola oportunidad para consentirla y recordarle cuánto la amaban, sin importar nada más. Era una chica maravillosa y con un potencial inmenso, y todo aquello gracias a la amorosa familia en que se había criado.

 

Tras un rato agradable, Elisita estaba lista para dormir. La falta de sueño no sería problema esta vez, pues traía arrastrando el cansancio desde hacía varios días.

 

– Bonne nuit [Buenas noches] , mi cielo, descansa. Je t'aime [Te quiero] –la arropó Lucie y dejó un beso en su frente, antes de cederle el lugar a la cellista y salir de la recámara.–

– Dulces sueños, mi niña, à demain [hasta mañana] –se despidió la mayor, despeinando ligeramente a su bebé–. Nada de prender la computadora en la noche, a menos de que quieras que me la lleve para que duerma junto a tu celular.

–Nononononon –negó el angelito repetidas veces–.

 

La mujer sonrió y dejó un beso en su coronilla, complacida con aquella respuesta. Su hijita era la terquedad andante, pero era muuuy inteligente. A veces demasiado.

Juliette apagó la luz y salió, reuniéndose con su esposa.

 

– Je t'adore [Te amo] –susurró antes de entrecerrar la puerta.–

 

Por primera vez en semanas, Elisa durmió como tronco. Sin la tentación de tener el celular junto a la cama, sin ser importunada por las notificaciones de Whatsapp de sus compañeros; sin un exceso de energía que la hiciera levantarse y encender la computadora en plena madrugada; sin preocupaciones académicas para los próximos días; sin pesadillas ni remordimiento de conciencia por tener cuentas pendientes que ajustar con sus mamás por algún mal comportamiento suyo...sin que su estómago le reclamara por haber comido poco durante el día. Nada de nada. Sólo dormir y dormir...y seguir durmiendo. Eso es lo único que ocupaba su mente cuando cayó en brazos de Morfeo, por fin volvía a dormir tan profundamente como siempre. Ahora lo que le costaría trabajo, si acaso, sería levantarse al amanecer, pues ella no era una persona que amara las mañanas, a diferencia de Lucie, que al primer rayo de sol ya andaba cual canario dando vueltas y cantando por toda la casa. Hogar, dulce hogar.

 

Dimanche [Domingo] .

Al caer la tarde, el trío de artistas ya se encontraba en el foro, tras el telón, con una de las salas musicales más importantes de toda Europa completamente llena. Imitando el proceder de los matices crepusculares, las luces del enorme recinto fueron atenuándose, hasta que sólo quedó una, proyectando su haz directamente sobre el centro del escenario, donde se encontraba una silla.

Con un beat [ritmo] hipnótico, los primeros compases de "Poupées Russes" empezaron a sonar en los altavoces, con un crescendo [aumento progresivo de la intensidad o volumen de un sonido] que no hacía más que incrementar el nivel de euforia en la audiencia. Un mar de aplausos y ovaciones cobraba vida a medida que tres siluetas se materializaban de entre las penumbras:

La primera en hacerse presente sobre el escenario fue Juliette, cuyas habilidades con el cello eran la columna vertebral del conjunto. Con su inconfundible solemnidad, se sentó en la silla, tomó el cello y el arco en sus ágiles y gentiles manos y, haciendo uso del loop station a sus pies, comenzó a tocar distintas líneas melódicas e improvisar sobre esos mismos sonidos. Un minuto después, dos figuras más se unieron al tableau [cuadro] .

Lucie, tomando elegantemente su lugar junto a su esposa, comenzó a moverse al ritmo de la música, como era característico en ella, introduciendo nuevos patrones percutivos con la caja de sonidos electrónicos mientras intercalaba sensuales armonías vocales con las notas inicialmente marcadas por el cello. Por momentos, ambos instrumentos, voz y cello, parecían enfrascarse en una lujuriosa lucha por el dominio de las notas graves. Era alucinante. Era su mundo. Su idioma. Su momento. Y el escenario podía ser su campo de batalla o su patio de juegos...

 

Patio de juegos al que, segundos después, se unió Elisa, irradiando hiperactividad por cada poro de su pequeño cuerpo, como solía hacer en cada concierto. Quienes no la conocían, jurarían que la jovencita había nacido literalmente sobre el escenario. Pero sus madres, que habían estado presentes en su vida desde antes del alumbramiento, sabían que no había sido así. En cada palabra que cantaba, en cada baile que se inventaba y en cada golpe que Elisa daba a los tambores, hacía constar el esfuerzo que había detrás de su trabajo y profesaba el amor que sentía por él; reafirmaba su derecho a estar ahí y su mismo despliegue de talento no dejaba lugar a duda u oposición alguna. Ahí arriba era feliz, estaba en su elemento. Libre. Imparable.

 

Al dar inicio el concierto, su castigo había llegado implícitamente a su fin, ahora era cuando podía desquitar lo que le habían prohibido cantar durante el ensayo del día anterior. Y vaya que el "descanso forzado" rendía sus respectivos frutos. En cuanto se unió a los coros que había iniciado su madre, Elisa sintió su voz aflorar con una claridad y una potencia sorprendentes., incluso para ella. Haciendo gala de su amplio abanico de recursos vocales, se permitió jugar un poco (más de lo normal, vaya), arriesgándose a cantar alocados riffs/melismas [sucesión de notas normalmente cantadas a gran velocidad] que no hacían más que aumentar en complejidad a medida que avanzaban a través del programa musical de la noche. Y, por supuesto, Elisa daba gracias a las musas, a Apolo, a Dionisio, a Bach, Beethoven, Mozart y a todos los dioses habidos y por haber de que era mamá Juliette quien estaría la mayor parte del concierto sentada y no ella.

Una a una, las canciones más icónicas de su trayectoria se sucedían: "Poupées russes", "Le verbe", "La dalle", "Paris en hiver", "Tous les deux", "La nuit", "Encore", "Miss Monde", "Pas peur", Seine-Saint Dennis Style", "Envie d'elle", "Hip Hop Mashup", "Summer 2015", "Summer 2019", "80s Mashup"...y, finalmente, "Pas l'time", una de las favoritas de Elisa, pues especialmente en esa canción podía imprimir tanta intensidad como quisiera, ya que con ella invitaban al público a bailar y brincar de un lado a otro al ritmo de la música . En lugar de que su nivel sobrehumano de energía decayera a medida que transcurría el concierto, sus cristalinos orbes azules parecían influir en toda persona en su campo visual y contagiar el estado de éxtasis musical en el que se encontraba. Para eso vivía, y no cambiaría ni un solo aspecto de su vida personal o artística por absolutamente ninguna razón.

Mientras la rubia se encontraba brincoteando felizmente de un lado a otro del escenario, Lucie y Juliette infundían su estilo personal a cada canción, sin dejar de cuidar en todo momento al torbellino ambulante que era su hija, atestiguando con maternal orgullo lo mucho que la menor había crecido, dando gracias al universo porque podían compartir en familia lo que más amaban: ser capaces de compartir alegría y vida a través de la pasión que sentían por la música. Esparcir el mensaje de que tod@s poseemos una voz única, especial e irremplazable, que merece ser escuchada y que aporta algo único al mundo que nos rodea. Por eso existe. Una voz que resulta ser el músculo de nuestra alma. Un alma que, por ahora, se encuentra "adherida" a un cuerpo que a ratos parece ser demasiado grande para nosotros y en otros momentos parece ser demasiado pequeño para poder completar a través de él nuestra misión en la vida.

 

El mundo puede parecer un lugar atemorizante y lleno de personas que pueden, voluntaria o involuntariamente, sacar lo mejor y lo peor de nosotros, ayudándonos así a crecer en las áreas en las que nuestro espíritu, conciencia o sentido de la empatía lo requieran. No obstante, con la guía/compañía adecuada, ese cuerpo perfectamente imperfecto atraerá a nuestra vida a los seres que resuenan en nuestra misma sintonía y nos acompañarán durante todo el viaje, vibrando en nuestras misma frecuencia, abrazando nuestro corazón y nuestras diferencias con la fuerza del amor incondicional, con la firmeza de los límites sanos. Con la fiereza de tres mosqueteros dispuestos a dar la vida por sus creencias y seres amados. Con la honestidad de la música, el único idioma verdaderamente universal además del amor. Con la cercanía y el espíritu de unidad y hermandad de las muñecas rusas. Con la fuerza de un abrazo íntimo que nos diga al oído: "No te voy a dejar, estoy aquí contigo y para ti. Siempre. Estamos junt@s. No estás sol@."

Ensemble. Toujours. Jusqu'à la fin des temps". [Junt@s. Siempre. Hasta el fin de los tiempos.]

 

On est trois comme les mousquetaires. Trois, comme les couleurs primaires. Sur le podium, on partage l'or, le bronze et l'argent.

Trois petites meufs en pleine tempête sans maîtrise. Mais chacune de nous protège les autres. Comme des poupées russes.

Nous sommes indissociables comme des pièces de puzzle. Même si ça tombait du ciel. Impossible qu'une de nous trois buzze seul.

Ils seront trois, et inséparables comme des poupées russes. Comme des poupées russes.

[Somos tres, como los mosqueteros. Tres, como los colores primarios. En el podio, compartimos oro, bronce y plata.

Tres niñas en medio de una tormenta sin control, pero cada una de nosotras protege a las demás. Como muñecas rusas.

Somos inseparables, como piezas de rompecabezas. Incluso si se cayó del cielo, imposible que una de nosotras tres zumbe sola.

Serán tres, e inseparables, como muñecas rusas. Como muñecas rusas.]



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Una joven y apasionada cantante de pop francés parece inconscientemente disfrutar sacarle canas verdes a sus dos talentosísimas y hermosas madres...nada que una tonelada de amor y un buen regaño no pueda solucionar. Cierto...?


Notas:

Como soy fan de las familias homomaternales, decidí escribir lo que me gustaría leer, algo sobre ellas, así que es mi deber aclarar que, en este fanfic, Elisa será la menor de las 3 (con 19 años), teniendo a Juliette y Lucie como madres, aunque en la vida real no existe una relación de pareja entre dichas personas. Sólo sucede que la interacción entre ellas me mata de ternura (aparte de que se me cae la baba con lo hermosas y únicas que son las 3), las amo y su música es una de mis adicciones desde hace un buen rato. Este fanfic lo escribo porque las admiro, no pretendo faltar al respeto a nadie ni alterar negativamente su imagen, sino todo lo contrario. Me encantaría alentarles/motivarles a escuchar un poco de su música (especialmente sus "mashups", ya que incluyen música conocida en diversos países, no sólo Francia), podrían encontrar algo de su agrado.

Curiosamente, hace poco cumplí 13 años en este mundito, así que también publico esto como "festejo" por lo mismo jejeje... Una disculpa por la longitud de esta historia. Ha demandado de mí cantidades titánicas de energía y atención (no es broma cuando digo que escribí esta historia con un Larousse, un Collins y una Bescherelle de 3 tomos a mi lado), espero que a alguien le guste y deseo hacer justicia al trabajo detrás de estas grandes artistas, porque merecen el éxito que tienen. Me llena de gusto por fin haber llegado a la publicación de esta historia, proceso que ha sido prácticamente el equivalente a un parto para mí. Estoy orgullosa de haberla escrito, aunque sea "una locura" (como todo lo que escriboEJEM, hasta a mí me sorprende que fluyera tan rápido habiendo sido una historia no planeada), y de verdad espero que al menos a una personita le guste, porque me encanta leer sus comentarios y recibir sus votos...este fanfiction une varios de mis más grandes amores/obsesiones: la música, el spanking, escritura con temática LGBT+ y ciertos aspectos de la cultura francesa, incluido el idioma. Disfruté muchísimo escribirla, ya no podía ni quería parar.

 

* Mini-mini glosario:

- Cellista (o "chelista"): persona que toca el cello ("chelo") o violoncello ("violonchelo"). Juliette, en "L.E.J".

- Soprano: tesitura/tipo de voz humana femenina más aguda. Elisa, en "L.E.J".

- Contralto: tesitura/tipo de voz humana femenina más grave. Lucie, en "L.E.J".

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