- Vamos, Harry. El desayuno está listo...y tengo hambre –admitió Ron sin poder ocultar un gruñido de su estómago.-
- Te alcanzo luego, aún no tengo hambre –murmuró Harry, aún con la cabeza sobre la almohada.-
- No importa, puedes sólo sentarte a la mesa, no tienes que comer –el pelirrojo insistió.-
- Pero no-
- ¡Chicos! –llamó la señora Weasley por segunda vez aquel día, interrumpiendo la charla matutina entre el menor de sus hijos biológicos y su hijo de ojos claros, a quien recientemente habían adoptado: Harry-. Dénse prisa, ¡el desayuno se enfría! ¡No me hagan subir por ustedes!
Harry solo se hundió aún más en su cama y gruñó. A pesar de que era domingo, no se sentía como tal. Se sentía más bien como un lunes por la mañana durante periodo de exámenes y Harry odiaba eso. Cada año pasaba por el mismo episodio depresivo cuando el aniversario de su padre y madre se acercaba, sin mencionar que ese día en específico no tenía ni ganas de salir de la cama.
- ¡Harryyyyy! Ya levántate, dormilón –Ron sacudió ligeramente a su mejor amigo por los hombros, con un tono quejumbroso en su voz-. Sabes que subirá si no bajamos ahora, y lo hará con cualquier utensilio de cocina que tenga en la mano en este momento.
- Hmmm...no quiero. Sólo déjame, Ron, por favor. Bajaré en un rato, puedes ir si tienes hambre –respondió el chico, haciendo resoplar a su amigo.-
- Como quieras...nos vemos –Ron suspiró antes de dirigirse al piso inferior de la casa.-
Él sabía qué día era, pero nunca abordaba el tema directamente para evitar incomodar a Harry. En su lugar, solía distraerlo con cosas positivas y asuntos casuales, así como hechizos divertidos para aligerar el ambiente, pero este día se sentía diferente de alguna manera.
Amaba su nuevo hogar, sólo no sabía qué hacer en días como éste y no quería "molestar" a los Weasley con su mal humor, aunque fuera una tristeza justificada la que oprimía su corazón. Así que decidió simplemente quedarse en cama a hacer lo que creía que se le daba mejor: pretender que no existía.
Como el chico de catorce años que era, Ron no sabía exactamente cómo ayudar a su amigo/hermano a lidiar con sus sentimientos, así que hacía lo que podía. Además, esa mañana tenía mucha hambre y podía percibir el delicioso aroma a huevos, pan y tocino desde su habitación...la comida simplemente lo estaba llamando.
No habían pasado ni quince minutes cuando un par de pasos especialmente pesados resonaron al entrar en la habitación, interrumpiendo los pensamientos ligeramente autodestructivos que Harry estaba rumiando y molestándolo en el proceso. Se descubrió la cabeza, listo para gritarle a su amigo, cuando vio a la señora Weasley de pie frente a su cama, cuchara de madera en mano, con la mano libre en la cadera, mirándolo fijamente.
- Te dije que ahora no es buen momento, Ronald, sólo vet-señora Weasley... -se paralizó.-
- Harry James Potter Weasley –dijo ella con firmeza-. No estoy muy segura de con quién crees que estás hablando, pero ¿planeas bajar a desayunar con tu familia en algún momento, jovencito?
- Pero no tengo hambre –se disculpó con un puchero.-
- Entonces bajas y te sientas con nosotros, Harry, aunque sólo sea para beber un vaso de leche –explicó pacientemente, como ya había hecho varias veces antes.-
- Todavía traigo puesta la pajama –dijo Harry como última excusa.-
- Como todos en la casa el día de hoy, excepto por tu padre y yo, querido –respondió, notando la incomodidad crecer en Harry en el momento en que utilizó la palabra "padre" para referirse a su esposo, Arthur.-
- Yo...solo no tenía ganas de bajar –dijo Harry con sequedad, cruzándose de brazos.-
Molly suspiró con suavidad. Sabía que debía ser paciente con el muchacho, dejarlo vivir su propio proceso de ajuste para sentirse parte de la familia...pero ¡demonios! Ella siempre lo había visto como uno más de sus hijos, y honestamente sentía que darle al chico demasiado "tiempo y espacio" podría tener resultados contraproducentes, haciendo que Harry se tornara inseguro y distante. Como la mamá osa que siempre había sido, sabía que era su deber hacerlo sentirse bienvenido. Hacer que se sintiera en casa. Seguro. Él había dado su expreso consentimiento a ser adoptado, eso significaba que tenía una familia ahora, aunque no supiera muy bien lo que era tener una.
- Harry...¿qué ocurre? –situó la cuchara de madera a un lado y se sentó en la orilla de la cama de Harry, suavizando sus facciones.-
- Nada –mintió, mirando el cielo a través de la ventana.-
Siempre era lo mismo, "nada". Molly sabía sobre ese día...todos sabían, y todos querían que Harry supiera que estaban ahí para él, pero también habían sido respetuosos con su proceso de luto. Quizás demasiado, y sus nuevos padres querían romper esa gruesa coraza de una vez por todas. Harry se recluía para evitar "lastimar a otras personas", o eso es lo que creía, pero Molly y Arthur no podían soportar verlo hacerse daño por esa razón. Había estado comiendo espantosamente mal los últimos meses, y no importaba si él era "el niño que vivió", TENÍA que cuidarse para permanecer sano, no solamente medio vivo. Y si a él no le importaba, a su familia sí.
- Háblame, por favor, hijo –lo animó Molly, posando una mano sobre la mejilla de Harry, lo que sólo causó que él alejara el rostro.-
- ¡No soy tu hijo! –exclamó con brusquedad, percatándose de su error demasiado tarde-. Sólo déjeme solo, señora Weasley... -añadió con suavidad.-
O el niño era demasiado arrogante para disculparse por gritarle, o simplemente era suicida.
- Bueno, ahora lo eres –la mujer corrigió antes de que su usual amabilidad tomara las riendas y la hiciera retirarse-. Y ciertamente no me iré.
Antes de que el adolescente pudiera siquiera protestar, Molly arrancó de un tirón las sábanas que cubrían al joven mago y lo agarró de la muñeca, jalándolo para acomodarlo boca abajo sobre su regazo.
- ¿Qué demonios está hacien-HEY! ¡Suélteme! –Harry se quejó al darse cuenta de la vulnerable posición en la que se encontraba.-
- ¡Ese lenguaje! –lo regañó-. Haciéndote un favor, eso hago –dijo la mujer antes de descargar una fuerte palmada en el centro del trasero de Harry-. Primero que nada, aunque te tome mil años llamarnos "mamá" y "papá", eres nuestro hijo ahora. Tú accediste a eso.
- ¡Auch! Pero tú no me diste a luz-
- Segundo –Molly descargó otra palmada-, deja de alejar a todo el mundo. Si te acogimos, es porque estamos listos, somos capaces y estamos dispuestos a aceptarte, sin importar lo pesada que creas que es la carga que llevas a cuestas.
- ¡Au! Sólo no quería molestarlos con mis tonterías depresivas, no es asunto suyo –Harry despepitó sin pensarlo y deseó poder retractarse de esas últimas palabras en cuanto abandonaron sus labios.-
- ¿Disculpa? –cuestionó ella tras dar una tercer palmada y momentáneamente detener sus acciones.-
- No es...asunto suyo –repitió el niño, ahora algo avergonzado, intentando reparar su error-. Quiero decir, ustedes no tienen ninguna obligación hacia mí, yo...prometo buscar un trabajo y hacerme independiente tan pronto como pueda, cuidaré de mí mismo para no ser una carga para ust-
- Más vale que no termines esa frase, Harry –le advirtió en tono firme y suave a partes iguales-. Ven aquí, encanto –añadió, ayudando a Harry a levantarse y sentándolo en su regazo, para sorpresa del menor-. ¿Por qué crees que te adoptamos, corazón?
Aquello definitivamente lo agarró con la guardia baja. De cualquier forma, tenía una respuesta de la que estaba más que seguro.
- Bueno...porque me tienen lástima? Como todos los demás, supongo –se encogió de hombros, dudando al ver la expresión facial de la señora Weasley. Si a ella le había roto el corazón aquella contestación, era demasiado buena disimulándolo.-
- Ya veo...¿y qué te hace pensar que eres una "carga" para nosotros?
- Es lo que soy para la mayoría de las personas. Me envidian por la atención que atrae mi nombre, pero a veces me gustaría desaparecer –su voz iba apagándose a medida que recordaba que los Dursley se molestaban menos con él cuando se quedaba en su habitación como si no existiera.-
- Está bien –admitió la matriarca acariciando levemente la espalda del chiquillo-. ¿Puedes responderme una pregunta más, querido?
Él asintió tímidamente.
- ¿Realmente piensas que te acogimos porque te tenemos lástima o envidia? –hizo una breve pausa-. Sabes que no somos la familia más adinerada. O la más popular. Sabemos por lo que has pasado... No ha de ser divertido estar en tu lugar...o en el de cualquiera, si lo pensamos bien. Todos tenemos altibajos, y tú has tenido que pasar por muchas cosas difíciles desde muy temprana edad... -suspiró-. Desde el momento en que pediste mi ayuda para encontrar la plataforma 9 ¾ supe que eras diferente, pequeño –Harry parpadeó, atónito.-
- P-Pero yo...yo pensé que estaban molestos porque Ron y los gemelos tomaron el auto para salvarme. Si yo no hubiera aparecido en sus vidas, ellos no se hubieran expuesto tratando de rescatarme, lo siento –comenzó a hablar cada vez más y más rápido-. Las personas que intentan ayudarme siempre terminan en peligro y es culpa mía, e-estoy seguro de que puedo hacer algo para cambiar eso, puedo-
Rápidamente, la madre de siete posó su dedo índice sobre los labios de Harry para silenciarlo.
- Sh, sh, shhh...ahora escúchame, y escúchame muy bien, Harry.
El mago la miró, perplejo.
- Si tú no hubieras aparecido en nuestras vidas, nuestra familia estaría incompleta. Podremos ser excéntricos..."raros", como dicen los muggles. Pero por extraño que parezca, no somos tan ilusos como para adoptarte por pura lástima. Me parte el corazón recordar todo aquello por lo que has pasado, cariño, odio el hecho de que la vida te haya mostrado la crueldad de la que es capaz desde tus primeros años en el mundo, pero no siento lástima por ti. Siento tristeza, pero no lástima. Me duele en el alma, y desearía haberte conocido antes, quizás así hubiera podido ahorrarte al menos una parte de todo ese sufrimiento...pero la vida tiene su forma de propiciar los hechos, y lo que importa ahora es que ya no estás solo. Te acogimos porque quisimos y porque lo mereces, señorito. Porque te amamos...porque este siempre ha sido tu lugar, mi corazón. ¿Entiendes eso? –preguntó con dulzura, tomando la barbilla del niño con una mano, feliz de que esta vez no se hubiera alejado de su tacto.-
A Harry le temblaba el labio inferior y tenía los ojos vidriosos. Por supuesto que entendía. Aún así, se resistía tanto como podía a llorar, no quería que pensaran que era débil, o peor, que tomaba ventaja para chantajear a quienes lo rodeaban. Le aterraba sentir, porque su "familia" biológica jamás le permitía expresarse. Esa era la verdad. Él seguía siendo un niño pequeño en muchos aspectos, su mente se había visto obligada a madurar antes de tiempo, pero su corazón no, y Molly podía percibirlo. No había nada que ella deseara con mayor fuerza que proteger a aquel dulce y sensible niño.
- Deja de reprimir tus lágrimas, Harry... -depositó un suave beso en su frente-. Aquí estás a salvo.
"Estás a salvo". Eso fue todo lo que necesitó para empezar a derramar lágrimas hasta que no pudo controlarse más. Se abalanzó a los brazos de la señora Weasley, quien correspondió el abrazo cariñosamente, acariciando su obscuro cabello.
- Lo siento –consiguió decir entre sollozos al sentir que ella limpiaba sus lágrimas antes de que él pudiera siquiera intentarlo.-
- Para de disculparte, tesoro –dijo ella con una suave risa-. Está bien llorar. Está bien existir. Y está bien no estar bien, no hay nada que ocultar, nada de qué sentirse avergonzado. Tienes una familia ahora y te amamos.
- Oh...bueno. Yo –intentó calmarse antes de hablar-. Lamento haberle gritado, señora...¿mamá?
- Ya llegaremos a eso, corazón –aseguró, sonriendo por la manera en la que Harry casi parecía pedir permiso para dirigirse a ella con ese término-. Por ahora necesito saber que no intentarás cargar al mundo sobre tus hombros. Eres un niño muy valiente, y no pongo en duda tus habilidades, pero tienes catorce años, ¡por el amor de Merlín! ¡Estaríamos locos si te pidiéramos que fueras completamente independiente a tu edad! –exclamó, haciendo que el muchacho sonriera a pesar de las lágrimas que bañaban su rostro-. Ahora, esto no es una pregunta: te guste o no, nos necesites o no, siempre estaremos ahí para ti. Para ayudarte y apoyarte... Y nunca tomaremos el lugar de Lily y James en tu corazón, mi niño, pero haberte adoptado significa que ahora tenemos otro hijo y tu tienes otro padre y otra madre. Y ese contrato es de por vida, ¿sabes? –gentilmente, le hizo cosquillas al menor, haciendo que se riera un poco mientras asentía.-
- Entonces...¿no se enojarán conmigo si un día no me siento de buen humor?
- Para nada. Pero necesitamos que te comuniques y que confíes en nosotros. No te encierres en ti mismo, cariño...vivir en una familia grande no siempre es fácil, pero también tiene ciertas ventajas. Podemos escuchar y a veces ayudarnos entre nosotros, por ejemplo. Podemos cuidarnos entre nosotros, eso hacen las familias. Pero si no te expresas, difícilmente sabremos cómo podemos ayudarte...si no nos das una oportunidad, no sabrás qué tanto alivio podrás sentir al compartir tu día a día con nosotros. De esa manera tu "carga" eventualmente será más ligera y no te harás daño ni habrá posibilidad de que lastimes a quienes te rodean.
Dicho de esa manera, todo sonaba mejor, incluso fácil. Prometedor. Harry aún estaba maravillado por descubrir que no todas las familias eran tan horribles como su familia biológica. Había familias que no se enojaban con sus hijos por existir, o por estar tristes o molestos...familias que sí se interesaban por el bienestar de sus miembros. Familias en las que estaba perfectamente bien estar vivo y mostrar emociones. ¡Familias en las que estaba bien respirar, existir y sentir! Y ésta era una de ellas.
- Intentaré abrirme un poco más –finalmente se aventuró a decir con una sonrisita algo tímida.-
- Buen chico –lo halagó Molly-. Eso significa nada de pretender que no existes.
Harry asintió como respuesta.
- Y eso incluye comer decentemente al menos una vez todos los días.
- Pero...
La mujer arqueó una ceja. Harry bajó la mirada.
- Está bien...lo intentaré.
- Bien –le dio un par de palmaditas en la espalda-. Ahora, respecto a tu anterior comportamiento...
- No tenía hambre, no pensé que fuera a molestarles no verme en la mesa –se apresuró a decir el ojiazul.-
- Oh, eso lo dejaremos pasar por esta vez, ahora sabes que puedes sentarme a la mesa sin tener que comer o hablar en absoluto y nadie te cuestionará hasta que tú estés listo para interactuar –explicó-. Pero la forma en la que me hablaste hace un rato dista de ser aceptable.
Harry palideció ante esas palabras. Se mordió la lengua para evitar gritar "por favor no me golpee", él sabía que jamás hacían esas cosas en casa de los Weasley...de cualquier manera, había escuchado algunas historias sobre cómo Molly y Arthur lidiaban con el comportamiento inapropiado, lo cual incluía tanto irreverencias como travesuras.
- ¿Va a...? ¿Es necesario? Prometo que no volverá a pasar –dijo Harry, casi exhibiendo su major puchero.-
- Sí, lo haré –la pelirroja afirmó con calma-. Sí, lo es. Y yo no estaría tan segura de esa promesa, Harry.
Ella ya había criado a siete hijos e hijas y sabía que a menudo los adolescentes tendían a ser impulsivos y rebeldes. Era parte de la vida: fortalecer la voluntad, forjar el carácter, probar los límites...pero había reglas y consecuencias para reforzar la salud y seguridad de las relaciones interpersonales. Además, aunque no lo admitiera abiertamente, Molly sabía que una tunda bien administrada podría ayudar a Harry a alcanzar cierto tipo de catarsis a través del llanto, así como también ayudaría a aclarar que algunas acciones simplemente no eran aceptables en esa casa.
- Pero no quiero ser...castigado –Harry arguyó, tan maduramente como un niño de seis años.-
- Puedo imaginarlo, pero sabes que debo hacerlo, querido. Habremos terminado antes de lo que piensas...y confío en que lo afrontarás con tanta valentía como cuando combatiste al basilisco, ¿no es así? –animó a Harry mientras le ayudaba a ponerse de pie frente a ella; después, posicionó ambas manos en el elástico de la ropa de Harry, tomándose el tiempo necesario para hablar y dándole a su vez tiempo para procesar los hechos.-
Harry asintió tímidamente, bajando la mirada.
- Ahora, Harry, es importante que entiendas la razón de este castigo –explicó-. Primero que nada, no voy a golpearte, voy a castigarte. Sí, dolerá por un rato; después de eso, cada vez que te sientes, recordarás evitar cometer el mismo error que te metió en problemas esta vez. Estos tendré que bajarlos –dio un par de golpecitos con la punta de sus dedos, haciendo referencia a los pantalones y calzoncillos del muchacho-, así puedo monitorear el estado de tu piel y ver que no está siendo dañada severamente.
Habiendo sentado esas bases, bajó el pantalón de la pijama de Harry hasta sus rodillas y lo recostó sobre su regazo, envolviendo su cintura con una de sus manos. El chico se quedó en silencio, su respiración se estaba volviendo ligeramente irregular.
- No volverás a hablarme de forma irrespetuosa nunca más, no hay necesidad, o la próxima vez te lavaré la boca con jabón, y créeme, no te gustará –estableció en tono firme y autoritario-. De igual manera, no te referirás a ti mismo como una "carga" ni nada similar a eso...y, por último, debes prometerme que al menos intentarás hablar con nosotros si algo te tiene inquieto o incómodo.
Después de unos segundos de luchar contra el nudo formándose en su garganta, Harry respondió.
- L-Lo prometo...
- Muy bien.
La señora Weasley procedió a bajar la ropa interior de Harry y comenzó el castigo de inmediato, sin darle al chico tiempo de sobra para protestar, avergonzarse o sobre-pensar lo inevitable.
Harry había recibido no más de 20 palmadas cuando sintió que ya no podía contenerse y comenzó a patalear con los pies; recibir una tunda directamente sobre la piel era algo nuevo para él y, honestamente, pensó que Molly iba a permitirle conservar la ropa interior. Estaba genuinamente sorprendido por la fuerza que albergaba aquella mujer de aspecto tan cálido, y no tardó en comprender dos cositas:
Por otro lado, ser padre o madre y tener que disciplinar tu retoño tampoco era cosa fácil. Por mucho que Molly no disfrutara ser la mano que podía traer lágrimas a los ojitos de sus niños, ella sabía lo que debía hacer, y jamás tomaba las mismas medidas disciplinarias con todos, porque cada uno era único y diferente, y actuar de la misma forma con todos ellos no les haría sentirse especiales en ningún aspecto.
Dejar pasar una acción inapropiada no solamente disminuía su autoridad frente a sus hijos, sino que también podría hacerles sentir que a ella no le importaba lo suficiente disciplinarlos individual y personalmente, por extraño que sonara, por eso se tomaba la disciplina tan en serio, pero eso no significaba que no fuera la más atenta y cariñosa en los cuidados posteriores a cada castigo.
Una tras otra, cada nalgada caía sobre el trasero de Harry, haciéndolo removerse y soltar pequeños quejidos de incomodidad cada tres segundos; realmente quería que todo aquello acabara lo antes posible.
- ¡Auch! Eso fue...no quise-AU! Señora Weasley-quiero decir HEY! –se quejaba, sin ningún tipo de control sobre su coordinación mental o verbal-. Por favooooor, dije que nunca lo volveré a hacer!
Molly ya había dicho todo lo que consideraba importante en el moemto, ahora era tiempo de reforzar la lección, así que continuó llevando a cabo sus acciones sin mediar otra palabra. El pobre Harry empezó a patear con más fuerza, apretando los puños...finalmente estaba "aceptando su destino", sabiendo que realmente no había mucho que pudiera hacer. Después de unas cuantas palmadas más, dejó colgar su cabeza y mordió su labio inferior mientras un par de lágrimas bajaban por sus mejillas.
- Lo siento, mamá...por favor... -dijo con voz entrecortada y rasposa-. No volverá a pasar...
Tan pronto como la mujer percibió que el cuerpo del muchacho se relajaba y sintió que su respiración poseía más pausas y profundidad, se percató de que su mágico bebé al fin estaba dejando fluir todo...finalmente estaba llorando, y ella no permitiría que fuera en vano. Era tiempo de ir terminando con el castigo para que ninguno de los dos sufriera más de lo "necesario".
- Ya casi terminamos, amor –lo tranquilizó, haciendo una pequeña pausa para permitirle al niño respirar profundamente mientras daba un par de palmaditas a su espalda.-
La pálida piel de Harry se había tornado de un tono rojizo...y lo peor aún estaba por venir.
- Ahora, Harry James Potter Weasley –empezó a decir, colocando el implement sobre la piel caliente del pequeño-, esto es para asegurarme de transmitirte el mensaje con claridad, jovencito.
Antes de que Harry pudiera siquiera procesar lo que estaba pasando y pudiera protestar, Molly empezó a administrar 20 golpes fuertes con aquel endemoniado instrumento, alternando entre un lado y el otro.
- El respeto debe empezar contigo mismo –regañó-. Eres, desde ahora, parte de esta familia –continuó, ignorando las quejas y pataleos de Harry-, y no vas a privarnos de tu luz. Eres un niño hermoso y brillante...y no vamos a quedarnos de brazos cruzados viendo cómo te faltas al respeto y te pones en peligro. Nos preocupamos por ti, lo quieras o no, te guste o no. Y jamás te dejaremos caer. Eres nuestro hijo y siempre has tenido un lugar especial aquí. ¿Ha quedado claro? –incrementó la fuerza mientras dejaba caer los últimos golpes con la cuchara.-
Hasta este momento, Harry ya estaba deshaciéndose en lágrimas, pataleando tan enérgicamente que sus pantalones y calzoncillos ya habían volado a través de la habitación y difícilmente podía hacer algo que no fuera gritar y quejarse por el dolor. De todos modos, en cuanto aquella pregunta llegó a sus oídos, consiguió "escupir" una respuesta coherente. O algo parecido.
- ¡AUCH! ¡Por favor, por favor, por favor ya! ¡Prometo portarme bien! –suplicaba entre sollozos-. Muy claro, mami... -tragó saliva en cuanto sintió que el castigo finalmente había acabado-. Por favor, no más...
- Sh, shh, ya está...ya todo terminó, bebé, está bien –Molly descartó la cuchara y acarició la espalda de Harry en círculos para ayudarle a regular su respiración-. Ven aquí, mi niño...
Todavía llorando y sorbiendo por la nariz, Harry se levantó con ayuda de la mujer que lo había guiado y cuidado incondicionalmente desde el momento en que se conocieron. Molly lo sentó sobre sus piernas, tan cómodamente como fue posible, y envolvió al angelito en un fuerte abrazo mientras sostenía la parte posterior de su cabeza con una mano, meciéndolo con suavidad para que eventualmente se calmara. Después de unos minutos, fue la pancita de Harry quien rompió el silencio, haciendo reír a la pelirroja.
- Ya era hora –dijo suavemente, besando a Harry en la frente-. Cuando tú estés listo, corazón.
Ahora estaba más tranquilo, tan relajado que incluso le había dado un poco de sueño, pero no sentía tanto cansancio como hambre. Se aclaró la garganta y se frotó los ojos.
- Sólo un ratito más –murmuró, acurrucándose entre los brazos de Molly con una sutil sonrisa-. ¿Mamá?
- ¿Sí, pequeño? –inquirió con dulzura, sintiendo cómo su corazón desbordaba de felicidad con la calidez del momento.-
- Gracias –dijo él con honestidad-. Y de verdad lo siento...es que no sabía...
- Shhh... -lo silenció con amabilidad, posando un dedo delicadamente sobre sus labios-. No es necesario dar más explicaciones, ahora está todo perdonado, ¿está bien? –sonrió-. Ahora es hora de cuidar de tu cuerpo. Vamos, cariño...
Harry esbozó una sonrisa somnolienta y se levantó, tensándose momentáneamente por el ardor que sentía. Molly le ayudó a vestirse de nuevo, tomó su mano y lo guió escaleras abajo. No se hicieron preguntas incómodas ni hubo miradas cómplices, sin burlas ni secretos en voz baja. Nada de eso era necesario.
- Buenos días, Harry. Siéntate, hijo, el desayuno te espera. Y si puedo añadir, está absolutamente delicioso –Arthur lo recibió con una amistosa sonrisa, como si no hubiera motivo alguno por el que Harry hubiera demorado en bajar a desayunar con los demás.-
Harry no pudo evitar sonreír cuando todos lo saludaron. Finalmente estaba en casa. Finalmente a salvo. Finalmente feliz de estar vivo.
- Buenos días, papá –se aventuró a decir, sintiendo el efecto de aquel término en particular en el hombre que inmediatamente correspondió al gesto con igual calidez.-
A la brevedad, Harry tómo su lugar en la mesa, batallando para estarse quieto, por obvias razones, aunque nadie se burló de él. Sólo Ron le dirigió una sonrisa empática, probablemente porque podía sentirse identificado con la "desafortunada" situación del muchacho. Después de que los mayores terminaron su desayuno y se dirigieron a sus habitaciones, Harry echó un vistazo a la señora Weasley, que lo había estado observando durante el desayuno. Podía adivinar con sólo verlo a los ojos que no la estaba teniendo muy fácil para permanecer sentado cómodamente sobre la rígida silla de madera.
Normalmente, eso sería parte del castigo, pero como esta había sido la primera vez de Harry y la tunda había sido hace apenas una hora, Molly decidió mostrarle al chiquillo un poco de misericordia, como si pudiera leerle la mente. Empujó ligeramente su silla hacia atrás para poner cierta distancia entre ella y la mesa y dio un par de palmadas sobre su regazo, invitando a Harry a sentarse, sabiendo que estaría infinitamente más cómodo sobre sus piernas.
Harry solo necesitó dos segundos para levantarse con su plato en mano y acercarse, y no se arrepintió en absoluto; era como si estuviera sentado sobre una nube a comparación de esa horrenda silla de madera. Una vez ahí, parcialmente "contra su necia voluntad", Molly procedió a alimentarlo, feliz de verlo sonreír y comer como un niño "normal".
Movido por el enorme avance que su esposa había conseguido ayudando al ojiazul a abrir su corazón, Arthur sirvió una taza de chocolate caliente y se la dio a Harry, quien felizmente la tomó entre sus manos, sonriendo aún más al degustar un par de sorbos de aquella deliciosa bebida. Ahora su rostro estaba decorado con un enorme bigote de espuma de chocolate.
Arthur se acercó a donde su esposa estaba sentada y los envolvió a ella y al niño de mirada traviesa en un enorme abrazo de oso.
- Bienvenido a casa, Harry –dijo, depositando un beso en la coronilla del joven mago.-
*******************************************************************************************
No es que haga falta describir gran cosa, creo. Aún no sé si ésta será una historia con capítulos conectados o un montón de one-shots, sólo quise escribirla. He tenido el placer de sumergirme en el mágico mundo de Harry Potter a través de las películas, más no a través de los libros, sin embargo Molly Weasley siempre me ha parecido una figura materna importante para Harry y quise indagar más en esa relación bajo un contexto spanko, por así decirlo. Así que sí, advertidos están, algunos capítulos (más bien todos, si los hay) contendrán spanking (azotes/nalgadas), aunque no apruebo ni apoyo dicho "método disciplinario" en la vida real para lidiar con mal comportamiento, menos aún con niños. Esta historia es puramente ficticia. Si no es de su agrado, no continúe leyendo.
No poseo derechos sobre los nombres o personajes aquí mencionados ni pretendo infringir normas de derechos de autor/copyright. Sólo me pertenece la idea central de este fanfiction.
Todos los comentarios positivos y críticas constructivas son profundamente aceptados, agradecidos y bienvenidos! Disfruten.
* Esta es la versión en español de mi historia "The boy who lived to be loved", la traduje como regalo de cumpleaños para alguien especial.
Esta es la versión en español de mi historia "The boy who lived to be loved", la traduje al español como regalo de cumpleaños para alguien especial.
Esta historia está disponible en Wattpad, también escrita por mí.

.jpeg)
Comments
Post a Comment
Gracias por leer y comentar! ;)