- ¡No es mi culpa que seas tan malditamente débil! –espetó con enojo la niña de once años en el calor de la discusión antes de correr a su habitación.-
La tensión podía cortarse con cuchillo, y por un segundo Laura sintió como si todo rastro de vida hubiera sido succionado a través de sus ojos. Todo se tornó frío y obscuro, parecía como si el tiempo se hubiera detenido. Ella estaba petrificada en su lugar, de pie, sin la más mínima idea de qué hacer o decir en una situación tan inesperada como aquella.
Cerró los ojos y tomó la inhalación más profunda que había tomado desde el día del nacimiento de su hija, mentalmente contando del uno al mil y de regreso.
En una casa tan antigua, las llaves maestras o copias de llaves no eran frecuentes, así que no había manera de entrar o salir de la habitación a menos que la preadolescente quitara el seguro de la puerta...o a menos que Carmilla llegara a casa y encontrara a sus dos amores discutiendo y decidiera entrar por la ventana o simplemente abrir la puerta de una patada, lo cual obviamente NO haría, ya que no quería causarle un infarto a su niña-murciélago a tan corta edad.
Al caer la noche, el rugido del motor de una motocicleta anunciaba la llegada de Carmilla. Sonrió mientras desmontaba el vehículo y se quitó el casco. Cada día, al terminar de dar clases de filosofía en Darewood High, contaba los minutos faltantes para finalmente llegar a casa y ser recibida por su mini-yo, su niña, en cuanto ponía un pie en la casa, para luego ser envuelta en un apasionado beso por su esposa.
Aquel día había sido por demás extenuante. Caminó arrastrando los pies y realizó su entrada, sorprendida de no encontrar a Danielle esperándola, pero conmovida en cuanto posó la mirada sobre Laura, quien lentamente despertaba de un pacífico sueño, al parecer. Cruzó la sala y se sentó al lado de su esposa, envolviéndola en un cálido abrazo a la vez que sus labios se encontraban en un profundo beso.
Se sentó en el suelo con las rodillas plegadas cerca del pecho e inclinó la cabeza al frente para descansarla sobre sus manos, meditando.
Danny mantuvo la mirada baja, hasta que su mami sostuvo su mejilla en una de sus suaves manos y lentamente la hizo levantar la vista para establecer contacto visual con la menor.
El hecho de que Laura fuera intencionalmente lenta al aplicar un castigo hacía que la menor descartara cualquier posibilidad de zafarse del asuntito en sólo "unos minutos". Esas situaciones solían tomar más que "un ratito". Demonios.
Testaruda, incluso cuando tenía la oportunidad de rectificar sus errores...Danny no se movió ni un mísero centímetro. Su mano aún sostenía sus pantalones como si su vida dependiera de ello.
Eventualmente, la respiración de la pequeña volvió a la normalidad bajo los afectuosos gestos de sus madres. Carmilla se inclinó levemente para besar la cabeza de su niña y después besó a su esposa en la mejilla, sabiendo lo difícil que podía llegar a ser "asumir el papel de villana".
Nunca fallaba; desde el momento en que nació, ese era uno de los sonidos que mayor efecto surtía para tranquilizarla.
Sin tiempo que perder, la joven bruja saltó, aterrizando heroicamente sobre el glifo luminoso que había trazado previamente sobre la arena, detonando un elaborado mecanismo especialmente diseñado para arrastrar al Goblin hacia su trampa..."
Poco después, una serie de pasos resonaron por el corredor, acercándose, lo que hizo que la menor pusiera el seguro de su puerta desde el interior de la pieza en un arranque de pánico.
- Danny, por favor, abre la puerta. Necesitamos hablar.
- Nop, no necesitamos –dijo tajantemente, aún asustada. ¡¿En qué diablos estaba pensando al hablarle así a la mujer que literalmente le había dado la vida?! Simplemente no supo cuál era la forma apropiada de reaccionar tras haber dicho algo tan horrible, pero estaba segura de una cosa: su madre iba a matarla. Así que nop, prefería quedarse encerrada dentro, aunque eso significara morir de inanición...okey, tal vez la chica era un poco dramática. De tal palo, tal astilla.-
- Sólo abre la puerta –Laura tocó suavemente con los nudillos, esperando que su orden fuera obedecida-. Por favor.
- No, ¡vete! –su voz comenzaba a sonar alterada.-
- Cielo, por favor cálmate. Solamente vamos a hablar, no sueles hablarme así normalmente y puedo sentir que algo está m-
- ¿Mal? ¡¿Conmigo?! –así que sip, las cosas estaban subiendo de tono rápidamente.-
- No, Danielle, eso no está ni cerca de ser lo que iba a decir. Por favor, calmémonos y platiquemos las cosas...
- ¡No! Y no voy a retractarme –gritó la niña y se alejó de la puerta, corriendo hacia su cama, donde sepultó la cara en su gigantesca almohada con forma de murciélago-. Vete.
Laura suspiró pesadamente. Las cosas no estaban saliendo bien aunque estaba tratando de ser razonable. Su hija estaba atravesando la pubertad y, por ende, entre más intentara acercarse a su niña, más se alejaría de ella. Si tan solo Danny supiera que sus mamás también fueron jóvenes una vez...metían la pata, le respondían mal a otras personas y a veces se arrepentían, cometían errores.
Sí, pero no habían sido procreadas por una vampiresa y una humana, ¿cierto? Y no habían asistido precisamente a una escuela repleta de monstruos adolescentes...literalmente. Uf.
Obtener una disculpa forzada por parte de su hija no era la respuesta, así que Laura volvió a la sala a hacer algo de limpieza. Después de un par de horas decidió hacerse un sándwich y fluyó de manera natural preparar otro para su hija, el cual depositó amorosamente en una bandeja que a su vez dejó sobre una mesita que se encontraba junto a la habitación de la menor. La adulta sabía que su hija estaría escuchando (súper sentido vampírico del oído, claro), así que no tendría caso anunciarle que había comida para ella fuera de su habitación. Laura simplemente dejó la bandeja ahí con una notita en la que se leía "Te amo" y volvió a recostarse en el sillón para regalarse una justa y necesaria sesión de relajante lectura. Harry Potter, por supuesto. Por millonésima vez.
El tiempo pasó y se quedó dormida con el libro abierto sobre su pecho, no siendo consciente del momento en el que la joven mitad-vampiro abrió la puerta para meter la bandeja de comida a su cuarto.
- Buenos días, Bella Durmiente –la saludó con su usual voz rasposa.-
- Mmmmh, días...bueno, ¿noches? –corrigió mientras miraba por la ventana, sólo para descubrir que afuera ya reinaba la obscuridad-. Por las barbas de Dumbledore, Carm, ¿otra vez te quedaste hasta tarde calificando exámenes en la escuela?
- No dejan de sorprenderme tus habilidades detectivescas tipo Sherlock Holmes, Hollis –rodó los ojos con aire juguetón.-
- No importa, ya estás aquí, amor –Laura descartó el tema, abrazando a la mujer de cabellos tan obscuros como las alas de un cuervo.-
- Finalmente, sí. Aunque falta alguien aquí...¿Danny está dormida otra vez?
- No...lo sé. Por mucho que me gustaría echarle la culpa de esto a la presencia de tus extraños horarios vampirescos en la información genética de nuestra hija, eso no es lo que pasó. Hoy...bueno, fue una tarde intensa –Laura bajó la mirada, evadiendo todo contacto visual por un segundo, como solía hacer cuando no quería que Carmilla notara la amenaza de llanto en sus ojos.-
El entrecejo de Carmilla se arrugó en señal de preocupación mientras sostenía la barbilla de Laura entre dos pálidos y delicados dedos.
- ¿Discutieron?
Los ojos dorados de Laura se encontraron con los suyos mientras asentía con lentitud.
- Eso creo...sí.
Pasando como un hecho completamente desapercibido para ambas, dicha personita estaba escuchando, con una oreja prácticamente pegada a la puerta, y estaba no tan "secretamente" muriendo por salir y saludar a su mamá. Pero hoy se sentía demasiado orgullosa como para salir y saludarla frente a su otra madre como si nada hubiera pasado antes, así que permaneció en su habitación y esperó. ¿Desde cuándo "dos minutos" encajaba en la definición de "agonía total"?
No habían pasado ni cinco minutos cuando, interrumpiendo abruptamente sus pensamientos, dos pares de zapatos se hicieron escuchar a pocos metros de su puerta, sobresaltándola.
- ¿Pastelito? –llamó la voz de Carmilla mientras se acercaban-. ¿Estás despierta?
- S-Sí –confirmó la niña, dubitativa, presintiendo que AMBAS estaban fuera de su habitación. Quería decirle "hola" a su mamá pero estaba taaaan fuera de onda que su mami estuviera ahí también. No se sentía con ganas de abrir la puerta, pero a la vez sí. ¡ESTÚPIDA PUBERTAD!-
- Tengo algo para ti –Carm afirmó en un tono que sabía que su hija no podría ignorar -. Tiene 547 páginas y tiene tu nombre escrito sobre él.
Bueno, ¡AL DIABLO! Su mamá sabía que no podía resistirse a un libro nuevo, ¡especialmente cuando había estado esperando su publicación por DOS MESES! La niña NECESITABA saber lo que pasaba después del libro #5 de "La bruja Luzura", la saga que de momento estaba leyendo; esto era asunto de vida o muerte, así que...
- ¡¡MAMÁAAAAAAAAAAAA!! –abrió la puerta abruptamente y saltó a los brazos de Carmilla, siendo recibida con el abrazo más apretado del mundo, atestiguado por Laura, quien internamente se derretía ante la escena, como era habitual que le sucediera cuando se trataba de ese par de vampiresas, específicamente. La volvían loca, sí, pero también daban a su vida su fundamental significado.-
- Heeey, ¡hola, bicho! –la vampiresa sonrió-. También te extrañé, Danny.
- Yo más –la niña afirmó con confianza a la vez que se separaba sólo unos centímetros para ver mejor a su madre-. Entooonces...¿tienes el libro? –preguntó con una sonrisa esperanzada.-
- Sí, corazón, pero... -su madre enfatizó la tercera palabra-, ¿tienes cinco minutos?
Aquello tomó por sorpresa a la pequeña y, presintiendo de qué trataría todo eso, alternó la vista entre sus dos mamás. Laura estaba "casualmente" apoyada en la pared, brazos cruzados frente a su pecho, con una sonrisa sutil y neutral adornando su semblante. No se veía "enojada" como tal, pero nunca se sabe...
- Depende...¿quién pregunta?
- ¿Quién pregunta? ¿Qué eres, una líder de la mafia? –Carmilla no pudo evitar reír ante la astuta contestación de su hija-. Yo pregunto. Y no tomaré un "no" por respuesta –besó la frente de Danielle y se le unió su esposa, quien tomó su mano a la vez que entraban al cuarto de su bebita, a quien Carmilla aún cargaba en un brazo.-
Ambas adultas tomaron asiento en un costado de la cama y la mujer vampiro cuidadosamente situó a su hija en su regazo, mirando hacia el lado en el que su mami estaba sentada.
- Así que...¿quieres contarnos de qué se trata todo esto, encanto?
- ¿Qué? –preguntó "inocentemente".-
Carmilla suspiró con suavidad, pasando un brazo por la espalda de Danny.
- ¿Sabes? Tú mami y yo fuimos jóvenes alguna vez –Carmilla comenzó a decir, observando cómo su hija rodaba ligeramente los ojos-, lo creas o no.
- Ajá, ajá..."los años dorados" y esas cosas.
- Sí, la era dorada, pero no me refería a eso. ¿Puedes imaginarnos cuando teníamos más o menos tu edad?
La chiquilla permaneció silenciosa por unos instantes, pensativa, tratando de bosquejar una imagen clara de sus progenitoras. Irónicamente, fue capaz de imaginar a Laura muuuuucho más rápido que a Carmilla.
- Pero...¿no tienes como chorrocientosmil años?
- No tantos –Carmilla rió-, sólo unos cuantos cientos. El punto es...la pubertad nos llega a todos, eventualmente.
- ¡Mamáaaaaa! –gruñó la chica, hundiendo la cara en el hombro de la vampiresa.-
Laura hizo un esfuerzo por ocultar una diminuta sonrisita socarrona.
- Lo sé, lo sé..."te estoy avergonzando". Pero no hay absolutamente nada de lo que debas avergonzarte con nosotras, Danny –Carmilla dijo con gentileza, abrazando a su niña para reafirmarle que estaba a salvo entre sus brazos, mensaje que fue instantáneamente reforzado por Laura, quien a su vez envolvió los hombros de Carmilla con sus propios brazos-. Sabemos que no es fácil. Y ciertamente no estamos tratando de minimizar tus sentimientos y sensaciones, pastelito, es un proceso largo y laborioso y no ocurre de la misma manera en todos. Pero es un poquitín más fácil cuando sabes que no estás sola. No digo que podamos entenderlo completamente, pero hemos pasado por algo similar, y estamos aquí para ti en la forma en que nos hubiera gustado que alguien estuviera para nosotras en esa época de nuestras vidas.
Ante esas últimas palabras, la preadolescente levantó la vista con cierta timidez, sólo para encontrar a sus dos mamás mirándola comprensivamente. Un par de profundos y obscuros ojos junto a un par de hermosos orbes dorados.
- ¿De verdad? –cuestionó con voz ligeramente temblorosa, de alguna manera asombrada por la "ingenuidad" de su propia pregunta.-
- Claro –ahora fue Laura quien habló, sosteniendo la mano de la chica en un relajante gesto maternal.-
La niña miró sus extremidades entrelazadas y retrajo su mano tras unos segundos, pero fue el tiempo suficiente para que Laura notara que había algo más detonando el repentino movimiento de su niña, algo más que simple "orgullo": culpa.
- Yo...yo no quise decir eso –dijo Danny con suavidad.-
- ¿Decir qué, bebé? –inquirió la humana.-
- Que eres débil. Es sólo que... ¡¡¡Ugghhh!!! –la niña enderezó la espalda en un pequeño arranque de frustración y empezó a hablar de forma cada vez más enérgica, claramente teniendo una batalla interna para encontrar las palabras adecuadas-. Todos en mi tonta escuela tienen padres que son completamente monstruos. O sea, los dos. Pero no hay nadie como yo, ni un alma. Nadie más tiene una mamá o papá humano y...mentí –finalmente confesó, agachando la cabeza en señal de derrota-. Le dije a todos en mi salón de clases que mis dos madres eran vampiros para poder encajar, pero Britney descubrió que mami es humana y se lo dijo a todo mundo, así que ahora la mitad de los niños de la escuela no quieren ser amigos míos porque sólo soy mitad vampiro. Media casta..."mitad cool", "mitad boba". Porque soy mitad mortal –explicó, citando verbalmente a su peor enemiga, la chica zombie más popular de su escuela, evadiendo el contacto visual con su madre humana, a quien no quería culpar directamente aunque internamente sentía que era la responsable de su "frágil" condición, ya que Danny no era tan fuerte como otros niños-monstruo de su edad-. Y ahora puede que Eldritch nunca me invite a sus fiestas de cumpleaños –añadió rápidamente, bajando el volumen de su voz como si fuera un globo desinflándose, al tiempo que volvía a buscar consuelo recargando la espalda en el torso de su mamá.-
Así que era eso. Amor. Drama adolescente, sí; asuntos de la escuela también...pero, debajo de toda esa basura: amor.
Laura no necesitaba superpoderes para escuchar esas últimas palabras murmuradas, especialmente porque había un puchero en la carita de su hija cuando terminó de "despotricar contra el mundo". Un adorable puchero que siempre tenía el mismo efecto en ambas adultas: una sobredosis de ternura, si es que tal cosa existía, seguida por la total activación de sus "sobreprotectores instintos maternales".
La humana se inclinó al frente para besar la coronilla de su bebé, sin importarle si el volátil orgullo de Danielle iba a interferir nuevamente en su diálogo o no.
- ¿Sabes?
- ¿Hmm? –la niña miró a su mami, temiendo que siguiera molesta por el altercado que habían tenido durante la tarde.-
- Las personas que no te aceptan tal cual eres, no te merecen, ni merecen tu tiempo. Algo bueno es que las clases iniciaron apenas hace unas semanas, Danny, todavía hay tiempo para que conozcas a más niños en tu escuela –Laura intentó animarla, respaldada por la enorgullecida sonrisa de Carmilla-. Y éste tipo de situaciones sirven para que sepas con quiénes puedes contar y con quiénes no.
La chiquilla inclinó la cabeza a un lado, cual cachorro curioso.
- Eres interesante. Eres única y eres maravillosa –continuó la humana en ese tono motivacional que era tan natural en ella-, no permitas que esto te desanime. Y no lo digo por ser tu madre, lo digo porque es verdad, y confío en que encontrarás otros niños que también sean leales a ellos mismos. Esos son los verdaderos amigos y sé que los encontrarás porque los mereces, mi corazón.
La niña no pudo evitar sonreír, levemente sonrojada.
- Tu madre tiene razón –secundó Carmilla, dirigiéndole una mirada de complicidad a su esposa-. Me tomó una década admitirlo, pero ella siempre tiene razón.
Ahora fue Laura quien rodó los ojos.
- "El tiempo es nuestro privilegio más valioso" –la vampiresa citó un libro que sabía que su hija había leído antes.-
- "Sin embargo no puede ser poseído ni detenido, sólo administrado" –la chica completó la frase, obteniendo un asentimiento aprobatorio de parte de sus progenitoras.-
- El tiempo puede parecer interminable para algunos de nosotros, pero hay oportunidades que sólo se presentan una vez en la vida, amor. Elige sabiamente cómo quieres aprovechar tu tiempo y con quién quieres compartirlo, niña. No desperdicies ni un segundo de tu tiempo en asuntos sin importancia.
- En otras palabras: "No esperes a que el tren llegue. Tú eres el tren. Tú eliges el destino de viaje y el itinerario; aquellos que quieran compartir el viaje contigo son bienvenidos, pero aquellos que no quieran o no se sientan listos para partir pueden quedarse en la estación" –Laura se aventuró a aportar algo de sabiduría en su propio estilo "filosófico", haciendo sonreír a la chica.-
- O sea que...voy a encontrar niños como yo sólo siendo yo misma –concluyó la mitad-vampiro, sintiéndose notablemente mejor que minutos antes.-
- Exactamente –ambas madres concordaron, orgullosas de lo intelectualmente madura que era su hija, a pesar de su edad y sus ocasionales altibajos anímicos.-
- Lo lamento... -admitió de pronto-. No debí decir eso –ahora miraba directamente a los ojos de Laura, sus orbes color esmeralda siendo amenazados por una potencial tormenta de lágrimas.-
Laura suspiró, sintiendo que al fin las cosas estaban volviendo a caer en su justo lugar. Comunicación era lo único que hacía falta.
Ambas mujeres compartieron una breve mirada, después, Carmilla maniobró el pequeño cuerpo en su regazo para situarlo cuidadosamente sobre el de su esposa.
- No estoy enfadada contigo, corazón –dijo Laura-. No podría. Jamás.
- ¿No lo estás?
- No, Danielle. Estar molesta por una situación específica o por la falta de armonía que por momentos nos rodea no significa que tú seas la razón de mi enojo. Tú no eres tus palabras, tampoco tus acciones. Eres nuestra niña, y nosotras decidimos traerte al mundo sin ninguna condición preestablecida. Tú eres tú, y eso significa que mereces ser amada y apoyada por nosotras, sin importar nada. Lo entiendes, ¿no es así?
La niñita miró a su mamá antes de devolver su atención a su mami y asintió lentamente.
- Y sabes que el perdón viene de la mano con el amor incondicional, ¿correcto?
- Sí –concedió la niña, intuyendo hacia dónde se dirigía la conversación, y suspiró-. Pero estoy en problemas de todos modos...¿verdad?
Yendo directo al punto. Esa era su hija. Incluso siendo sobrenaturalmente talentosa e increíblemente audaz, sabía que había sólo una forma de solucionar esa situación. Y era "atravesándola". Dirigió sus ojitos de cachorro hacia los ojos humanos que la observaban, haciéndole saber a Laura lo arrepentida que estaba de haberle hablado como lo había hecho horas antes.
- Tú sabes que hay reglas en esta casa, Danny. Y existen para mantenernos a salvo, unidas y felices. Emocional, mental y físicamente...dejando a un lado los argumentos "hippies" –añadió con un rápido amago de sonrisa para aligerar la atmósfera-. Entiendes que no está bien romper las reglas y hablarme en la forma en que lo hiciste, porque no es necesario y porque hay otras formas aceptables de comunicar tu inconformidad sin ser irrespetuosa o hiriente.
- Sí, mami... -la chica concordó silenciosamente, luchando contra un nudo que comenzaba a formarse en su garganta, siendo plenamente consciente de que las palabras de su madre eran más una afirmación que una pregunta. Saber que había un castigo por venir no hacía más fácil el hecho de aceptarlo.-
- Ven aquí... -Laura amorosamente abrazó a la preadolescente, asegurándose de poner todas las cartas sobre la mesa antes de continuar.-
Atestiguando el conmovedor gesto, Carmilla permaneció en su lugar, siendo un apoyo moral y emocional para su mujer y su hija.
Tras unos instantes, Laura lentamente procedió a deshacer el abrazo y miró los hermosos ojos verdes de su bebé, limpiando una lágrima de su nívea piel con el pulgar.
- Terminemos con esto, mi amor –dijo, ayudando a su hija a pararse y colocándola frente a ella-. Entre más pronto empecemos, más pronto acabará.
Danielle dejó que su mami guiara sus movimientos e hizo acopio de valor para lo que sabía que le esperaba. Comprendía lo inaceptable que había sido su comportamiento y sólo quería enfrentar las consecuencias y dejar que toda esa tensión se deslizara hasta formar parta del pasado. Tomó una profunda inhalación y, con una mirada comprensiva por parte de su mamá, se inclinó al frente para ser posicionada sobre las rodillas de Laura, con la parte superior de su cuerpo descansando sobre el regazo de Carmilla. La vampiresa tomó ventaja de aquel prefacio para dejar un beso en la coronilla de su hija, haciéndole saber lo orgullosa que estaba de verla tomar responsabilidad sobre sus palabras y acciones, y posó una mano sobre los omóplatos de la joven como gesto tranquilizante y para que la mitad-vampiro supiera que su mamá estaría ahí con ella hasta el final de aquel proceso de "redención".
Antes de comenzar, Laura situó su mano izquierda sobre la región lumbar de Danny para mantenerla en su lugar y fugazmente miró a su esposa. Aplicar un castigo no era fácil, aunque ella sabía que su hija lo merecía y pudo haberlo evitado simplemente siguiendo unas pocas reglas, pero estaba agradecida de que su esposa la apoyara y de que hubiera decidido permanecer en la habitación con ambas aunque ella no había formado parte de la discusión inicial. Ciertamente, la vampiresa no aprobaba las acciones ejecutadas por su hija en su ausencia, pero eso no iba a impedir que Carmilla estuviera presente antes, durante y después del castigo. Ella sabía que era imprescindible y esencial, como madre y como esposa. Eran familia, y eso involucraba un juramento implícito de que permanecerían juntas en las mejores y en las peores situaciones. Siempre. Sin importar qué.
Y justo entonces, cuando todo estaba suficientemente silencioso como para escuchar un alfiler caer al suelo, Laura comenzó a dar palmadas firmes y pausadas con su mano sobre el centro del trasero de su hija, que "afortunadamente" estaba cubierto por un atuendo casual: ropa interior y jeans negros. No es que aquello fuera a proteger gran cosa, pues aún así sentía cada nalgada como si ninguna prenda filtrara el dolor, pero tener "un par de trapos" puestos era mejor que no tener nada, ¿cierto?
Tan pronto sintió el primer impacto, Danny no pudo evitar cerrar sus párpados con fuerza y contraer sus facciones, anticipándose, ya que conocía a la perfección la sensación que cada azote traería consigo.
SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...
¿Lo peor de semejante agonía? La vergüenza no podía ser atenuada, ser castigada como una traviesa niña pequeña justo cuando empezaba a experimentar lo que se sentía "convertirse en mujer" no era exactamente la expectativa que había albergado mientras escuchaba "Girls just wanna have fun" de Cindy Lauper...y el tema de los tiempos durante el correctivo, claro.
SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...
Una tras otra, cada nalgada permitía que la niña desarrollara mayor claridad respecto a la razón por la cual se encontraba ahí. "No atacamos ni lastimamos a nuestra propia familia en ninguna forma, es inaceptable e innecesario", le había dicho su madre una de las primeras veces que la había castigado, años atrás, cuando una mala palabra había escapado de entre sus labios. Habiendo nacido siendo mitad vampiro, al inicio, Danny estaba naturalmente predispuesta a actuar ocasionalmente de manera frívola, irreverente y sin remordimiento, o al menos eso parecía. Pero bueno, seamos honestos, los niños no son precisamente santos. No conocen una forma de expresarse que no sea con la pura verdad, y con frecuencia eso puede ser tomado como un mero acto de "crueldad". Afortunadamente, al paso de los años, ella había aprendido a interactuar con distintas creaturas vivientes y sabía que otros podían ser tan sensibles e inteligentes como ella; así se convirtió en la niña gentil, dulce y compasiva que ahora era. Con ocasionales brotes de ira y berrinches absurdos, como cualquier otro niño en crecimiento, pero era mucho más consciente que otros niños de su edad, así que no todo estaba perdido. Estaba en vías de convertirse en una semihumana fuerte y capaz a medida que crecía, y ya se encontraba en proceso de ser una mujer hermosa, inteligente y autosuficiente, que no necesitaba apagar la luz de otros para brillar. Estaba creciendo cada día más, reflejando lo mejor de sí misma y compartiendo sus mejores cualidades con el mundo...y sus madres estaban asegurándose de que así fuera, indudablemente.
- ¡Auch! –se quejaba, aunque hacía su mejor esfuerzo por evitarlo-. ¡Lo siento!
- Lo sé –fue todo lo que Laura dijo, sin interrumpir sus acciones, pues las razones del correctivo ya habían sido expuestas.-
SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...
- P-Pero...grrr. ¡AUCH! –la niña comenzaba a removerse en su incómoda posición tras unas cuantas palmadas más.-
SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...SLAP...
- Mmfff...mamiiiiiiii, ¡por favor! ¡Duele!
- Lo sé, Danny. Y lo mismo ocurre con tus palabras cuando no tienes cuidado –Laura afirmó con simpleza y continuó, para mala suerte de su niña.-
- ¡Au, ya entendí! Dije que lo siento... -la preadolescente intentó disculparse una vez más, con nulo éxito, batallando por mantener sus pies quietos, dando ligeras patadas.-
- Te escuché, cariño. Ahora procura quedarte quieta –fue todo lo que la humana respondió.-
¡¿Quéeeeeee?! Sabía que Danny lo sentía, sabía que el castigo dolía...¿y aún así no se iba a detener?
Sip. Exactamente eso. Laura Hollis no había sido un ángel en sus años de adolescencia, sin embargo siempre había defendido lo que creía correcto, evitando a toda costa dañar a otros seres. Rara vez había recibido una nalgada cuando era niña, pero aún así se sentía terriblemente mal cuando accidental o intencionalmente tomaba decisiones incorrectas y terminaba sintiendo que había decepcionado o lastimado a su papá, ya que podía atestiguar de primera mano lo difícil que era criar a un infante siendo padre soltero. Por eso estaba tan ridículamente agradecida de haber encontrado a Carmilla, su incondicional y confiable alma gemela, en quien podía confiar ciegamente con su vida y estar segura de que JAMÁS la dejaría caer ni le haría dudar que estaría ahí para ella siempre que Laura la quisiera o necesitara a su lado. Quería que Danny creciera en un entorno seguro y saludable, y eso no solamente incluía toneladas de amor y cariñosos arrumacos, sino también ciertas reglas y límites indispensables.
Sin hacer ningún tipo de anuncio previo, la humana de ojos dorados procedió a bajar los jeans de su hija, lo cual obviamente la niña trató de impedir agarrando con fuerza el elástico de sus propios pantalones. Laura se congeló por espacio de medio segundo, esperando que su hija reconsiderara el riesgo que aquella acción podría conllevar.
- Danny... -dijo en tono neutro y serio-. Quita. Esa. Mano.
Nada. Sólo un puchero y un terco resoplido por parte de la jovencita que pronto se convertiría en una adolescente en toda la gloriosa y desastrosa extensión de la palabra.
- Danielle. Ahora.
Carmilla deseaba poder entrar a la mente de su hijita y convencerla de hacer una elección más sabia: quitar la mano y aceptar las consecuencias sin más. Permaneció en silencio, siempre maravillada por lo calmada que Laura actuaba aún bajo circunstancias estresantes o desagradables. Ella no era quien estaba a cargo en ese preciso momento, por lo que inhaló profundamente y acarició la espalda de su hija en círculos, motivándola. Todo terminaría más pronto de lo que la niña pensaba. Tiempo atrás, cuando habían decidido tener hijos, Laura y Carmilla habían acordado nunca desprestigiar la autoridad de la otra frente a los niños, así como habían prometido intervenir únicamente en caso de que sintieran que su pareja estaba siendo desmesuradamente dura o injusta en cuanto a la educación de su descendencia, lo cual no había ocurrido hasta el momento. Pero, por ahora, el trabajo de Carmilla consistía en estar ahí, conteniendo emocionalmente el proceso, lo cual tampoco era muy sencillo que digamos. Sólo podía observar casi en cámara lenta lo mucho que su hija se parecía a ellas.
- Muy bien –concluyó Laura, con cierto pesar, ya que su hija había tenido la oportunidad de no empeorar las cosas para sí misma y la había rechazado. Con un suspiro, apresó la muñeca de la menor y la inmovilizó sobre su espalda baja con la mano izquierda-. Te lo advertí.
Tres simples palabras, pero igual sonaron como una despiadada sentencia de muerte y Danny inmediatamente lamentó no haber retirado la mano a tiempo. Demasiado tarde. Su madre hábilmente bajó sus pantalones y dio diez rápidas y fuertes palmadas directamente sobre el área en la que se unían las posaderas y los muslos de la chica, haciéndola respingar en el acto.
- Hey, ¡MAMI, NOOOOOOOOO! ¡¡POR FAVOR NO!! ¡¡¡¡AUCH!!!! –suplicó en vano, ahora pateando involuntariamente de una forma más infantil de lo que jamás estaría dispuesta a admitir.-
SMACK...SMACK...SMACK...SMACK...SMACK...SMACK...SMACK...SMACK...
Laura alternaba entre un lado y otro, siendo las nalgas de la mujercita en cuestión su nuevo objetivo. Ahora había aumentado no sólo la velocidad, sino la fuerza con la que impartía cada palmada. Incluso Carmilla encontraba cierta dificultad en no tensarse a cada impacto, pero ahora que era más que evidente que su esposa se había fijado el firme propósito de enseñar una lección a su hija, sabía que sentir lástima por su bebita no suavizaría las cosas para ella.
- ¡Por favor, por favor, por favor! ¡¡MAMI, POR FAVOR DETENTE!! ¡¡¡No lo volveré a hacer, LO PROMETO!!!
- ¿Hacer qué cosa? –inquirió Laura sin pausar sus acciones.-
- ¡Volver a meter la mano! –consiguió decir la chiquilla.-
- Esas son excelentes noticias –repuso la humana dando una palmada particularmente fuerte antes de liberar la muñeca de la niña, ahora poniendo la mano sobre la delgada cintura de la menor, tras lo cual ella respondió con un "auch" y rápidamente llevó ambas manos al frente, accidentalmente tomando la mano de su mamá, deseando que todo terminara YAAA-. Ahora podremos concentrarnos mejor en tu inaceptable lenguaje y comportamiento, jovencita.
"No volveré a hablarte en tono irrespetuoso nunca más", es lo que debió haber dicho pero, por supuesto, nadie puede pensar con claridad estando sobre las rodillas de mamá recibiendo una paliza.
Luchando por recobrar el aliento, Danny comenzó a tensarse, contrayendo los hombros en el proceso mientras Laura duplicaba la velocidad de las nalgadas.
"Slaps" y "auches" podían ser escuchados llenando la habitación, hasta unos minutos después, cuando la chica ya no pudo refrenar las lágrimas. No más protestas o contestaciones, no más resistencia...sólo ligeros sollozos y total resignación. Después, las acciones de su madre llegaron a un alto, al menos por un instante.
- Sólo diez más, Danny, casi terminamos... -la alentó. Dicho sea de paso, ambas adultas también utilizaron aquella pausa para tomar un respiro, enteramente conscientes de que las últimas nalgadas siempre eran las más duras, no las más suaves.-
*SLAPPP*
La primer palmada reverberó entre los gruesos y antiguos muros de la recámara, casi provocando que la niña diera un cabezazo hacia atrás debido al dolor, desesperada por aliviar la irritante sensación de sus sonrosadas sentaderas siendo castigadas.
*SLAPPP* *SLAPPP* *SLAPPP*
La pequeña chica-murciélago, como su madre solía llamarla a veces, ahora sollozaba libremente, prestando mínima atención a la húmeda mancha que crecía bajo su hermosa carita, sobre el obscuro pantalón del traje de su mamá, siendo sus interminables lágrimas las causantes de aquello.
*SLAPPP* *SLAPPP* *SLAPPP* *SLAPPP*
Justo cuando Danny quería que el tiempo se apresurara, él parecía burlarse descaradamente de ella. Pero quizás no era tan malo como parecía...al menos su mami le estaba dando tiempo de recomponerse entre una nalgada y otra. Estaba tan arrepentida que incluso había dejado de contar; después de la tercera de aquellas diez fortísimas palmadas, sólo bajó la cabeza, aflojando el cuello completamente, y comenzó a dar frenéticas pataditas como la niña pequeña que aún era a los ojos de sus madres. Afortunadamente para la joven mestiza, esta vez Laura eligió no usar sus piernas para inmovilizar las de su hija.
- Dos más y ya –anunció la humana, esperando unos pocos segundos para impartir el último par de contundentes azotes.-
*SLLLAPPP* *SLLLAPPP*
- ¡¡¡¡¡¡¡AAAUUUCH!!!!!!! –Danny no pudo reprimir un sonoro alarido y se rindió, ahora dando a su pequeño cuerpo y extremidades total soltura, de alguna manera aliviada de que todo finalmente hubiera acabado-. AUCHI...
- Respira, bebé –Laura consoló a la adolescente, ahora amorosamente acariciando su espalda en pequeños círculos para ayudarla a calmarse, acción a la que su esposa se sumó escasos segundos después-. Todo terminó, déjalo salir...
¿A quién demonios engañaban? Aquellos lloriqueos eran desgarradores, por decir lo menos, pero la disciplina por un comportamiento grosero no era tomada a la ligera en la residencia Karnstein-Hollis.
La vampiresa cuidadosamente ayudó a su hija a girar y sentarse con las piernas estiradas sobre el regazo de ambas, donde la menor fue envuelta en un abrazo doble, como solía suceder desde que era apenas un pequeño murcielaguito diminuto.
- Listo...estás bien, pastelito –la pálida mujer alcanzó un par de pañuelos de la mesita de noche y secó su pequeña nariz y todo rastro de lágrimas, después besándole ambas mejillas en un gesto maternal, haciendo que la niña esbozara una tenue sonrisa-. Ahora estás entre los brazos de tu mami y míos, no importa nada más.
- L-Lo lamento... -dijo, hipando-. De verdad...
- Shhh. Ya está... Lo sé, mi niña. Todo está perdonado ahora –Laura susurró, acariciando el cabello de su hija mientras besaba su frente-. Mami te ama sin importar qué...y estoy muy orgullosa de ti, mi cielo.
La pequeña asintió con timidez, su respiración ahora era profunda y calmada. Sabía que en ningún lugar estaría más a salvo que en donde se encontraba sentada en aquel preciso momento.
- Qué niña tan valiente... –halagó Carmilla con orgullo, levemente haciéndole cosquillas a la adolescente en los costados, lo que la hizo sonreír con suavidad y sumergirse aún más en el abrazo grupal.-
Por un rato permanecieron así, inmortalizando un cuadro que representaba a una adorable y atípica familia. Las tres inmersas en la calidez del abrazo...y ninguna de ellas quería que el momento llegara a su eventual desenlace.
Danny iba lentamente entrando en un estado de somnolencia, ya que podía escuchar el latido del corazón de su mami justo junto a su oído, y sus ojos luchaban por permanecer abiertos.
Movida por aquella tierna imagen, Laura dio un gentil apretoncito en torno a su niña y dejó una serie de dulces besos en su cabecita.
- Entonces...¿alguien quiere chocolate caliente? –preguntó la humana en tono animado, sabiendo que ni siquiera los vampiros eran inmunes a algunas de las deliciosas tentaciones del reino mortal.-
- ¡Yo! –Danny mágicamente se enderezó, ojos abiertos como platos, aunque le fue casi imposible disimular el escozor que sentía en la retaguardia al cambiar de posición.-
- Muy bien, pero primero la cena –le recordó Laura y ayudó a la hiperactiva niña a ponerse de pie y colocar cada prenda en su lugar tan delicadamente como le fue posible.-
- Auchiiiii... -se quejó la señorita, rápidamente recuperando la compostura con una sonrisita a la vez que se ponía sus pantuflas con forma de garras de murciélago.-
Laura observaba divertida al tiempo que se ponía de pie, ahora aliviada, seguida por su esposa, quien se levantó y tomó unos segundos para estirar su espalda con un relajante suspiro, casualmente mirando al techo durante una fracción de segundo y...un momento, ¡¿acaso había un sándwich a medio comer atorado entre los brazos del candelabro?!
- Lauren Danielle Karnstein-Hollis.
La portadora del nombre se paralizó de pies a cabeza justo cuando estaba por abrir la puerta de la recámara para ir a la cocina. Tragó saliva con lentitud, dio media vuelta y sonrió tan inocentemente como pudo.
- ¿Sí, mamá? –contestó, haciendo su mejor esfuerzo por ocultar el nerviosismo en su voz, lo cual era, desde luego, un efecto inmediato de escuchar a cualquiera de sus madres pronunciar su nombre completo.-
- Nada de "sí, mamá", jovencita. Ven aquí –dijo en su usual y espeluznantemente sereno tono de voz, llamando a la niña con ese inconfundible gesto en el que estiraba su dedo índice y lo doblaba hacia su pecho, indicándole a la menor que se acercara.-
Le tomó a la chica aproximadamente dos segundos considerar sus (inexistentes) opciones y cautelosamente caminar hacia donde la vampiresa se encontraba, cerca de su viejo escritorio de madera de roble.
- ¿Te importaría explicarme cómo es que un sándwich llegó hasta ahí? –cuestionó, apuntando hacia el candelabro, haciendo énfasis en la última palabra.-
- ¡Ay, por Sheridan! ¿Eso es un sandw...?
- Ni lo intentes –interrumpió Carmilla.-
- Yo...
Laura cruzó los brazos en señal de desaprobación, aún de pie junto a la cama.
- Perdón por eso también... -admitió Danny, algo avergonzada, inconscientemente jugueteando con sus manos, víctima de notable nerviosismo-. Yo sólo...
Carmilla levantó una sola ceja, una clara advertencia para que la chica considerara hablar con la verdad y nada más que la verdad.
- Mami me hizo un sándwich en la tarde y me lo empecé a comer porque, bueno, como que me estaba muriendo de hambre...pero después de algunos bocados me volví a enojar porque se supone que "los vampiros no necesitan comida", así que lo tiré, ¡pero no apunté al candelabro, lo prometo!
La pálida mujer llevó ambas manos a sus caderas, como preguntando "¿y qué más?"
- Iba a tratar de bajarlo, pero luego escuché tu moto cuando llegaste y me distraje y yo...sólo quería decirte "hola" –finalmente afirmó, obviando que el resto era historia.-
- Así que básicamente estás diciendo que lo único que has comido desde que regresaste de la escuela es medio sándwich? –concluyó Carmilla.-
Un asentimiento.
La inmortal tomó asiento en la silla junto al escritorio y palmeó dos veces su regazo, a lo que la chica obedientemente respondió sentándose en el lugar señalado.
- Sabes que eres mitad vampiro y mitad humana, cielo, ahora dime... -comenzó a decir Carmilla-. ¿Crees que la comida es necesaria para tu crecimiento y desarrollo?
La niña permaneció callada por unos segundos.
- Yo...supongo. ¿Sí?
- Así es...por fortuna, tú no fuiste mordida, tú naciste así; eso significa que vas a crecer como cualquier otro niño, lo cual nos lleva a concluir que tus células necesitan algún tipo de alimentación. Y asumo que no planeas convertir la sangre en la base de tu dieta, ¿o sí?
- Nop...sólo me gusta tomar el sustituto de sangre que inventaron mi tía Perry y mi tía Laffie. Me gusta el que tiene sabor a frutos rojos –razonó la menor.-
- También es mi favorito –Carmilla suavizó un poco su tono de voz-. De cualquier forma, y tu madre no me dejará mentir al respecto, yo me alimentaba de muchas otras cosas aún después de haber sido convertida...
- ¿En serio? –Danny preguntó, sorprendida-. ¿Lo hacía? –ahora miraba a Laura, buscando corroborar la información, a lo que la humana no pudo evitar sonreír y asentir con la cabeza, caminando hacia donde se encontraba aquel par.-
- Si con "muchas otras cosas" te refieres a "MIS Reese's, MIS M&M's, MIS galletas con chispas de chocolate, MI cereal, MIS gomitas en forma de osos y galones enteros de leche con chocolate", entonces sí...recuerdo que tu dieta era bastante peculiar –dijo Laura, esbozando media sonrisita.-
- No olvides que fuiste tú quien robó MI deliciosa leche de soya –contestó Carm, sólo por molestar un poco-. Y algunas de las galletas de chocolate no eran tuyas...ah, y olvidaste mencionar "toneladas de helado de chocolate".
- Pero qué buen ejemplo le das a nuestra mini Drácula, mi amor. ¿De quién crees que sacó los genes chocoadictos? –Laura puso los ojos en blanco y robó un beso de los labios de su esposa, haciendo que Danny emitiera una risita y mirara hacia otro lado, pretendiendo estar "asqueada" por el romanticismo de la escena-. Listo, algo más que puedes añadir a la lista de cosas que te he "robado"...
- Lo sacó de ambas. Qué suerte que mi corazón esté pegado al resto de mi cuerpo, aunque solamente late por ti –añadió la vampiresa en un tono empalagoso justo antes de devolver su atención a la niña que se encontraba sobre sus piernas.- EJEM, como iba yo diciendo... Es importante que comas, Danny. Incluso los vampiros necesitan comer algo, no todos somos como esos ridículos "vampiros" de las películas modernas. Si yo necesito comer de vez en cuando, entonces tú también, niñita. Intenta pensar que comes no porque "tengas que", sino porque "quieres hacerlo". Nadie conoce tu cuerpo mejor que tú, eres única e irrepetible.
- Pero... -Danny intentó protestar.-
- Y tener que alimentarte no te hace más débil ni te hace ser "menos vampiro", y voy a arrancarle la cabeza a quien ose decir lo contrario. ¿Entendido? –cuestionó mirando los bellos ojos verdes de su hijita, no con enojo, más bien con amor y genuino interés y preocupación por su bienestar. Evidentemente aquella había sido una amenaza vacía.-
- Sí, mamá... -concedió la niña, suspirando tras un breve instante, cayendo en cuenta de lo inútil que sería discutir con su mamá sobre ese tema en especial-. Aunque no le arrancarías la cabeza a nadie –sonrió-, ¿o sí?
- Nunca se sabe –respondió Carmilla, bromeando.-
- Yo no tentaría mi suerte si fuera tú, corazón –añadió Laura-. Una vez, tuvimos que escapar en plena víspera de Navidad y encontramos refugio en una cafetería aparentemente abandonada, donde una adorable mujer vestida como Santa Claus nos atendió y nos ofreció galletas de jengibre sospechosamente deliciosas, y tu mamá tuvo que...olvídalo.
- ¡¿?! Pero mamáaaaaaa, ¡¡¡quiero saber el resto de la historia!!! –se quejó la preadolescente-. ¿¿¿Por favooooooor???
- Si te portas bien, puede que un día considere contarte la historia completa, pastelito...bueno, casi. Estoy segura de que tu mami me agradecerá omitir todos los detalles innecesariamente escabrosos –repuso, guiñando un ojo en dirección a su mujer, cuyos ojos dorados resplandecieron indicando que estaba en lo correcto.-
- Ehm...okey –dijo la niña, percibiendo que algo más ocurría a nivel telepático entre sus mamás y ella claramente ni enterada estaba de lo que era-. Lo haré...
- Esa es mi niña –consintió Carmilla, orgullosa.-
Danny no pudo ocultar una sonrisa de oreja a oreja.
- De cualquier modo –agregó su mamá, con un poco más de seriedad en su tono de voz esta vez-, tú y yo vamos a tener una plática acerca de por qué no está bien tirar comida, y sobre cómo el hecho de cuidarte es imperativo, no una opción.
- ¿¡¿P-Pero?!? –aquello agarró a la pequeña completamente desprevenida, aunque pronto comprendió que no tenía caso tratar de escapar de aquello-. Okey... -contestó con resignación, bajando la vista al piso de madera.-
Una vez que el último tema pendiente había sido tocado y Danny era consciente de las cosas que había hecho bien y mal, Carmilla besó la mejilla de su hija, inmediatamente aligerando la atmósfera que rodeaba la conversación.
- Muy bien, Condesa Choco-Drácula... "Todo lo que usted necesita saber sobre alimentación vampírica" será un tema que abordaremos más adelante, lo que importa ahora es que le demos algo de comida a tu pancita –le hizo un poquito de cosquillas a la joven-. ¿Qué dices, murcielaguito? ¿"Cena, chocolate caliente y un rato de lectura de La Bruja Luzura" suena como un buen plan para ti?
- ¡¡Síiiiiiiiiiii, mamáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!! –consiguió decir la muchachita, riendo y removiéndose incontrolablemente.-
- Vamos entonces, antes de que muerda a alguna de ustedes –dijo en broma, cesando sus acciones para que su hija pudiera ponerse de pie-, ese chocolate caliente suena endiabladamente tentador.
Cuando Danny se levantó para tomar la mano que su mami le ofrecía, Carmilla aprovechó el momento para dar una palmada al traserito de la adolescente, en parte como juego y en parte como amenaza, provocando un pucherito en la niña, que inmediatamente procedió a sobarse con la mano libre, tratando de aliviar el ardor al menos un poquitín; después, la vampiresa se irguió y se unió a sus dos amores, dirigiéndose a la cocina.
El resto de la velada transcurrió normalmente...tan normalmente como es posible en una "monstruosa" residencia centenaria.
Carm y Laura cocinaron la cena juntas, como frecuentemente disfrutaban hacerlo, con la indispensable ayuda de su mini sous-chef. Prepararon uno de los menús favoritos de Danny: ensalada Capresse, lasaña y tiramisú coronado con una bola de helado casero hecho con vainilla natural...sólo una rebanadita. Lo último que sus madres querían era tener una vampiresa preadolescente con sobredosis de cafeína corriendo por todos lados en una casa atiborrada de costosas piezas de mueblería y arte antiguo. Si creían que los dos años habían constituido una etapa difícil en el desarrollo de su bebita, no tenían ni la más remota idea de lo que era criar a una adolescente sobrenatural, pero estaban cada vez más cerca de averiguarlo...
Después de la cena, Laura preparó su súper aclamada receta especial de chocolate caliente: cuadrados de chocolate Ghirardelli con 70% de cacao derretidos en leche caliente con un toque de canela. Y claro, no podía faltar un generoso topping de crema batida, malvaviscos y un bastón de caramelo de menta adornando cada taza de tamaño extra grande.
Las tres se sentaron en la sala, cada una sosteniendo entre sus manos una taza con decoraciones que iban de acuerdo a sus gustos personales. La taza de Laura exhibía personajes de la saga de Harry Potter, Carmilla disfrutaba bebiendo aquel glorioso brebaje directamente de una taza en forma de cráneo, y finalmente, la taza de Danny estaba decorada con docenas de coloridos y diminutos murciélagos.
La mestiza tomó asiento en el sillón entre sus progenitoras, felizmente dando sorbitos a su taza mientras escuchaba la aterciopelada e hipnótica voz de su mamá, que leía en voz alta un capítulo del libro de edición especial que había conseguido exclusivamente para su bebé. Danielle estaba creciendo, y seguramente pasaría por algunos baches a lo largo de su vida, durante los cuales no sería capaz de entender lo que ocurría con su cuerpo, eso sin mencionar sus emociones y su mente, pero en el fondo siempre sería su dulce niña. Una chiquilla traviesa, hiperactiva y algo desprolija, que amaba muchísimo a sus mamás, y que estaba agradecida de tener una familia que le procuraba el amor y cariño que necesitaba, un hogar al cual pertenecer, en el que era aceptada y apoyada incondicionalmente.
"En menos de un parpadeo, Luzura había conquistado sus peores miedos para enfrentar valientemente todo desafío que el destino le deparara. Deseaba convertirse en una bruja más que cualquier otra cosa en la vida y, por todos los Titanes, ¡lo conseguiría! Tomó su bastón, irguiéndose en la totalidad de su estatura con orgullo y aplomo, mirando a Gizmael el Goblin directamente a los ojos antes de decir: "Podré ser rara. Pero si hay algo que he aprendido, es que los raritos debemos apoyarnos entre nosotros y permanecer unidos. Eso es lo que nos hace ser fuertes. Eso es lo que nos convierte en familia; no sólo "tenemos que" estar juntos, "elegimos" estar juntos y apreciar la unicidad de los demás. Hacemos que nuestros defectos se conviertan en nuestras mayores fortalezas. Eda y King son mi familia ahora...y si te metes con ellos, te metes conmigo."
Arrullada por la poética voz de su madre y habiendo terminado de beber su taza de chocolate caliente, Danielle eventualmente se quedó dormida, suavemente recargándose en el hombro de Laura. Conmovida, la humana besó la parte superior de su cabeza y sonrió en dirección a su esposa, quien cuidadosamente cerró el libro para dejarlo a un lado y tomó una cobija para cubrirlas a las tres.
- Te amo, Laura... -susurró la mujer de ojos azabache.-
- Te amo más, Carm...gracias –expresó con una enigmática sonrisa.-
- ¿Gracias por qué, amor mío? –inquirió la inmortal.-
- Por decir "sí" a esta hermosa familia nuestra...y por procrear conmigo a la niña más mágica y adorable que pudimos haber deseado tener –alcanzó la mano de la vampiresa por debajo de la manta.-
- El placer es absolutamente mío, luz de mi vida –la vampiresa desplegó una amplia sonrisa, amorosamente entrelazando su mano con la de su esposa en respuesta.-
*******************************************************************************************
Toda retroalimentación positiva es bienvenida y apreciada!
Gracias por leer esta historia, espero que sea de su agrado! Y si aún no han visto la serie o película de Carmilla, QUÉ ESTÁN ESPERANDO?! ❤️
* La misma historia en ambos idiomas puede encontrarse en Wattpad, escrita por mí.
Carmilla Karnstein y Laura Hollis son madres de una hermosa niña, una mestiza mitad vampiro y mitad humana, que en ocasiones las enloquece, pero aún así la adoran como a nadie.
* ALERTA DE SPOILERS Y CONTENIDO: Esta historia contiene spanking (nalgadas/azotes) como un método común de disciplina parental. Nada de sangre, violencia excesiva ni esas cosas. También podría contener ligeros spoilers de la serie web y la película "Carmilla". Si dichos temas no son de tu agrado, por favor, no continúes leyendo. Este fanfiction está clasificado como "maduro" (M) por las escenas de spanking que contendrá, aunque serán puramente disciplinarias y no eróticas.
Todos los derechos pertenecen a Joseph Sheridan LeFanu (autor original del libro "Carmilla", publicado incluso antes que "Drácula", de Bram Stoker) y a Kinda TV (canal de Youtube, creador de la serie web y la película). No pretendo infringir derechos de autor, lo único que diseñé fue la portada, y el único personaje que salió de mi loca y caótica imaginación es la hija de Laura y Carmilla.
* Esta es la versión en español de mi historia "Unconditional", también disponible aquí en AO3.
.png)



.png)




Comments
Post a Comment
Gracias por leer y comentar! ;)