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Malas palabras (Superman cap 6 final, entre Freaky Foreboding y Countess Chocula)

 


* Nota: Este capítulo es tal vez el más largo que he escrito en mi vida, aunque he de confesar que amo cada palabra que lo conforma. Está basado en hechos/diálogos/conversaciones parcialmente reales, aunque la identidad de los personajes ha sido modificada. En realidad todos los involucrados son mayores de edad, miembros de una comunidad que apoya el spanking como actividad consensuada entre adultos. No apoyo el castigo físico como método correctivo en seres vivos, mucho menos niños y niñas.

Habiendo dicho esto, ¡disfruten este capítulo extra largo, ojalá sea de su agrado! Todos los comentarios son bienvenidos, agradecidos y apreciados, siempre y cuando mantengan un lenguaje respetuoso. ¡GRACIAS!

Y gracias por su paciencia, no pensé tardar tanto en actualizar esta historia, jejeje.


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Aquel viernes por la tarde, se respiraba demasiada tranquilidad en la residencia Takana Potter...

 

 

 

- "Dite-moi d'ou il vient, enfin je saurais ou je vais..." - Kat se paseaba por el piso de abajo con los cascos de sus enormes auriculares negros sobre las orejas mientras cantaba uno de los éxitos más recientes del pop francés, uno de sus géneros musicales favoritos.-

 

- Kat...-llamó Candy, pacientemente, enmudeciendo el micrófono de la computadora por medio de la cual realizaba una videollamada con algunos colegas del trabajo.-

 

 

 

...bueno, tanta tranquilidad como era posible respirar en una casa repleta de personas de todas las edades, todas ellas igual de intensas y, entre ellas, 5 niños con potencial hiperactividad.

 

 

 

- "Dis mon nom, si tu m'aime fais le moi savoir...moi, je meurs d'envie de te croire "

 

- ¡Kat! –la abogada alzó ligeramente su tono de voz desde la mesa del comedor, aprovechando que sus ciber-interlocutores no escucharían, para captar la atención de su hijo.-

 

- . . . ¿Sí, ma? –respondió el chico tras escuchar una vocecita que parecía llamarlo desde la distancia, retirando momentáneamente los cascos de sus orejas al notar que la emisora de aquella voz era su madre.-

 

- Necesito un poco de silencio, mi cielo, estoy en conferencia de trabajo, por favor ve a cantar a tu cuarto un ratito, ¿sí, peque? –pidió.-

 

- Weno. Ok, mami –asintió el menor, dirigiéndose despreocupadamente escaleras arriba mientras se reajustaba los auriculares.-

 

- Gracias, mi amor... -agradeció.-

 

 

 

La mujer reactivó el micrófono de su computadora ahora que pensaba que su retoño se encontraba a una distancia prudente, cuando de pronto...

 

 

 

- "Girls like you run 'round. YEAH, they call me Cardi B; I run this shit like TOUT CECI EST LOUCHE" –se escuchó la voz de Kat en cuanto llegó a la planta superior, quizás demasiado pronto para el gusto de su madre y con más volumen del aceptable en el momento, pues aún no se encontraba en su habitación cuando cantó aquella frase que, para su mala suerte, no poseía precisamente un lenguaje limpio.-

 

 

 

La abogada se paralizó por completo, quedándose en silencio y con la mente en blanco durante unos segundos, de pronto sintiéndose observada, por lo que se reprimió de proferir un grito para llamar la atención del chico. Optó por guardar sus pensamientos desaprobatorios para sí misma mientras batallaba internamente para reaccionar tan pronto como le fuera posible y reanudar la conversación laboral que momentos antes mantenía.

 

 

 

- ¿¿¿Eso era...??? –comenzó a preguntar Mario, uno de sus colegas, finalmente sacándola del trance.-

 

- ¿Francés? –se apresuró la licenciada, antes de que pudieran siquiera cuestionar el lenguaje inapropiado, si es que lo habían detectado-. Sí...a Kat le gusta. Ya saben...lo trae en los genes.

 

 

 

Sus compañeros de trabajo estaban al tanto de la peculiar composición de su familia: sabían que todos sus hijos e hijas eran adoptad@s, y algún@s de ell@s incluso poseían ascendencia internacional, pero el hecho de que fueran adoptad@s no hacía el vínculo menos válido o real, sino todo lo contrario.

 

 

 

- Claro, no sé cómo no se me ocurrió antes... -se excusó Cynthia, otra de las participantes de la reunión virtual con una sonrisita.-

 

- Bueno, disculpen la distracción. Como les decía...no puedo presentarme mañana en el juicio del señor Carter, van a tener que salvar Stonewall Enterprises sin mí –Candy retomó el hilo como la profesional de ética intachable que era-. Mi presencia es requerida en el juzgado 6 a las 8 de la mañana y no hay manera de que me dé tiempo de llegar a las 9 para entrar con ustedes, pero confío ciegamente en que podrán sacar el caso adelante y ya me pondrán al corriente después.

 

- Me parece perfecto...aunque sin ti nos vamos a tardar el triple.

 

- Ay, no seas exagerado, Mario –la abogada negó con la cabeza, sonriendo.-

 

- No lo soy, eres la que más casos ha ganado en la firma, permíteme decirlo.

 

- Vale, vale, tú ganas –levantó las manos en señal de "derrota"-. No me extrañen demasiado...

 

- Lamento decepcionarte, pero no lo haremos –intervino Clara, su secretaria, tratando de no sonar sarcástica-. Te recuerdo que a la 1 tienes reunión en la oficina, querida, así que ahí nos vemos...tienes cita con la señora Coleman, es para lo de la firma de su divorcio.

 

 

Los labios de la licenciada dibujaron una fina línea, evidenciando la presencia de cierta tensión en su ser. Trabajar en casos referentes a lo familiar, entre otros muchos, era su pasión, sin embargo llevar trámites de divorcio no era ni por asomo su actividad favorita, pues ella misma cuidaba a su familia y la relación con cada uno de sus integrantes como si su vida dependiera de ello, pues realmente así era. En su vida, primero estaban ella y su familia, y después todo lo demás.

 

Ayudar a alguien a tramitar un divorcio era como ayudarle a "fracasar" de cierta forma, pero siendo realistas, no todo mundo estaba hecho para el matrimonio y había personas que estarían mejor separadas... "Todo sea por conservar la paz y la armonía", pensó para sus adentros, deseando que, de llevarse a cabo dicho trámite, representara una oportunidad de empezar de nuevo para las personas involucradas.

 

 

 

- Creo que la perdimos...Tierra llamando a Candy, ¿holaaa? –dijo Cynthia, dando un par de golpecitos a la cámara de su propia computadora, para traer a su colega de vuelta a la realidad con un toque humorístico.-

 

- ¿Eh...? Ah...lo siento –la joven madre de 5 niños sacudió levemente la cabeza-. Ahí estaré a mediodía, ustedes tranquilos, "que no panda el cúnico".

 

- "Que no cunda el pánico", querrás decir -la corrigió su secretaria, reprimiendo una risita.-

- Sí, bueno, eso...se entendió, ¿no? –aquel chistecito accidental sí que había aligerado el ambiente.-

 

- Perfectamente...será que Kat heredó de ti el gusto por los idiomas y dialectos extraños, yo creo –comentó Mario en un ligerísimo tono de burla.-

 

- Payaso... -la abogada le dirigió unos ojos de pistola que por poco rompen la pantalla, jugando, claro-. Bueno, nos vemos mañana. Los dejo, tengo que ver qué haré de comer antes de que mis monstruhijos acaben con mi reserva especial de dulces, ¡adiosito! –se despidió, obteniendo de forma recíproca una cálida despedida por parte de sus compañer@s de trabajo antes de salir del chat y apagar la computadora.-

 

 

 

Vaya que había sido una conferencia productiva e intensa, pero aquello de trabajar parcialmente desde casa comenzaba a ser de lo más cómodo para Candy, ya que así podía estar menos tiempo lejos de su familia...lo cual era genial, pues por un lado podría vigilar mejor a sus traviesos angelitos, pero para ser sinceros, la situación podía no ser demasiado beneficiosa para los niños en cuestión.

 

"Cuando el gato no está, los ratones salen a pasear", dice el refrán popular. Aquellos párvulos adoraban a su madre, pero siendo descaradamente honestos, a ratos les gustaba quedarse con sus tí@s o abuel@s, ya que solían consentirles ciertas cositas que sus padres no siempre. Hablando de eso...¿dónde diantres se habían metido todos? Estarían en la casa del árbol, quizás...ya se acercaba la hora de comer, seguro con eso vendrían directo a la mesa cual moscas a la miel, especialmente cuando supieran lo que habría de postre. Y después de eso sería el momento perfecto para abordar el tema del lenguaje apropiado con cierto gatito con alas de ángel que se paseaba por la casa día y noche cantando en mil idiomas diferentes y que aparentemente había olvidado una de las reglas principales de la casa...

 

La ventaja: nadie en la videoconferencia del bufete de abogados había cuestionado el lenguaje "soez" empleado por el chiquillo al cantar, pues entre tantas palabras francófonas, una "palabrota" en inglés había pasado más desapercibida que un gato negro en medio de la noche.

 

La desventaja: las pocas clases virtuales de inglés que Candy y su esposo habían empezado a tomar hace unos meses estaban rindiendo frutos desmesuradamente rápido. Al menos lo suficiente para diferenciar el lenguaje formal del irreverente. Y aquella palabrita no había pasado por alto para los puros y castos oídos de la licenciada. Desventaja para el menor, por supuesto, no para su madre.

 

 

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- ¡Gracias, tía Saria! –dijo la pequeña Diana sonriendo al recibir un caramelo de parte de dicha adulta.-

 

- Por nada, corazón. Sólo recuerda: es para después de comer –respondió haciendo énfasis en cada palabra a la vez que guiñaba un ojo.-

 

 

La niña asintió obedientemente y ambas se dirigieron a la cocina, Diana para guardar el dulce en un frasco con su nombre y Saria para prepararse alguna bebida relajante para seguir disfrutando de la tarde familiar.

 

 

- No pensé que tus niños fueran dulceros egoístas, qué clase de enseñanzas les habrás dado... -comentó Rous, la matriarca del hogar, a su hija, la madre de la niña, en tono ligeramente bromista.-

 

- Mami Rous, no dije que no iba a compartir, solo que es necesario aprovisionarse de dulces para no ponerse de malas. Nosotros siempre compartimos –se defendió Diana.-

 

- La verdad, mami, la culpable es tía Saria. Pero en la noche hablaré seriamente con los niños –comentó "casualmente" la abogada.-

 

- Esas criaturas son tuyas, no de tu tía.

 

- Por eso dije que hablaría con mis monstruitos...y no te preocupes, que el cepillo siempre lo tengo cerca.

 

- PERO... -Kat no pudo evitar sobresaltarse en cuanto escuchó nombrar aquel artefacto maligno desde la sala, donde se encontraba, para no variar, leyendo.-

 

- El cable no lo usaré, por seguridad –respondió su madre. Imposible saber si el sarcasmo se ocultaba tras aquellas palabras.-

 

- La manguera del agua también sirve.

 

- Shhh, Mami Rous, NOOOO –Kat rogó con la mirada para que dejaran de "darle ideas" a su mamá, aunque de sobra está decir que la creatividad no suponía reto alguno para ella, su ágil mente era un hervidero de ideas 24/7.-

 

- Gracias por el consejo, quizás la usaré en la noche –dijo la abogada, internamente reprimiendo una sonrisita al ver las reacciones de sus pequeños.-

 

- Cable, manguera...la verdad no hay gran diferencia, todo duele espantosamente muchO. Bueno yaaaaaa. Huyo de aquí, porque tengo que y porque ya no quiero ni saber qué más sugerirán como instrumento de castigo, aunque claramente para mí no será. BAAAAAI –se "excusó" el lectorcito con la intención de retirarse a su cuarto para preparar unas pocas cosas relacionadas con la escuela.-

 

- No lo creo, amor. Además, recuerda la mala palabra que dijiste y tu papá no sabe. No creo que se moleste si uso en ti una vara o rama cuando le cuente.

 

- ¡¿Whaaaaaaat?! ¿¿¿Cuál??? Siempre escogen los peores instrumentos... –se quejó el menor, saltando sin querer a su segundo idioma dada la sorpresa que aquellas palabras le causaron.-

 

- Mmmmm –la abogada dirigió al jovencito una mirada frívola que él conocía demasiado bien, esa que sin lugar a dudas dice "tú sabes de lo que hablo".-

 

- Ese "mmmmm" es más largo de lo normal, ya me dio ishu –dijo el chico, poniendo un pie en el primer escalón hacia la planta alta.-

 

- Deberías escuchar los "mmmmm" de Mami Rous –dijo la licenciada mirando de reojo a su propia madre mientras bebía tranquilamente una taza de té-. No hay manera de no escucharlos, ni aunque tengas puestos los audífonos con música a todo volumen.

 

 

 

Aquella visión resultaba poco menos que espeluznante para el chico. Tener frente a él a dos adultas con un nivel ridículamente alto de autoridad, escrutándolo con miradas igual de imponentes, comentando de la manera más despreocupada distintas formas en las que un mal comportamiento podría ser corregido...definitivamente no era muy esperanzador, especialmente cuando él sabía que tenía una potencial cuenta pendiente con su madre.

 

 

 

- Han de ser mas terroríficos que los tuyos –dijo el chiquillo con un suspiro y una sonrisita, tratando de disimular los nervios.- Nooooop, gracias. ¡Au revoir! –zanjó la conversación sin notar que por un momento había tocado el tercer idioma más común para él y corrió escaleras arriba en menos de un parpadeo.-

 

- Eso no se vale, mami –se "quejó" Edsu, la menor de las niñas de la abogada, mientras dibujaba sobre una hoja de papel.-

 

- Claro que sí, amor –refutó la adulta sin un ápice de duda en la voz.- Bebé, tú estuviste desabrigada y al otro día estuviste mal. Solo estoy esperando a que pasen los tres días de tu tratamiento médico para aclarar cuentas contigo.

 

- Pero mami...

 

- Respecto a Kat –interrumpió, sin dar pie a posibles protestas-, como fue por una mala palabra, sólo espero permiso de su papá para usar un instrumento.

 

- Eso es trampa, mami, deberían hacer lo mismo contigo –refunfuñó Diana mientras salía de la cocina, sólo para toparse con el tío Charly, quien iba llegando del trabajo.-

 

- Dianita, en cuanto a ti...ya conseguí permiso de tu padre para usar un instrumento nuevo, te sugiero no buscar acrecentar tu cuenta pendiente conmigo, mi niña.

 

 

 

Demonios... Esa forma tan única que tenía la madre de 5 para tenerlos a todos bajo control era tan sorprendente como apabullante..."tiempos desesperados demandan medidas desesperadas", dicen por ahí.

 

 

 

- ¿De qué hablas, mami? –la chica probó la (casi) infalible táctica de hacerse la desentendida para cortar la tensión que comenzaba a nublar el ambiente de la sobremesa.-

 

- Mmmmmmmmmmmm –ahora fue la inconfundible voz del tío Charly la que manifestó su inconformidad.-

 

 

 

Ante aquello, la madre de la abogada no pudo evitar mirar con suspicacia a su hija...¿habría acaso algo de lo que la mayor no se había enterado?

 

 

 

- Naaaa, mi mami nunca ha recibido una queja sobre mí. Nada de "mmmmm". Yo me porto bien, Char, aunque no lo creas –Candy confiadamente intentó aligerar la atmósfera, notando que ahora el foco de atención se encontraba sobre ella.-

 

- Ajá. Cuando duermes –contraatacó Charly-. Sabes que yo siempre defiendo a los niños.

 

- Si Mami Rousy supiera... -Diana no pudo evitar comentar para sí misma en voz baja, creyendo que no la escucharían...error.-

 

- ¿Yo qué? ¿Qué hay que saber? – fue precisamente Rous quien la trajo de vuelta al momento presente-. A ver, niños, denme quejas. Es su oportunidad.

 

 

 

Ante eso, una diminuta ventana de "justicia y esperanza" parecía abrirse para los menores en cuestión, quienes ya se disponían a hablar, sin fundamentos, por supuesto, hasta que...

 

 

 

- Los escucho atentamente... -pronunció con total seriedad la madre de los chicos mientras depositaba su taza vacía sobre la mesa y miraba directamente a los ojos a cada uno de sus hijos...a los que estaban presentes, vaya.-

 

- Eso suena a amenaza pasiva... -murmuró Kat, quien venía de regreso, bajando las escaleras con mochila en mano.-

 

- No creo que a eso deba llamársele oportunidad... -Diana tragó saliva con cierta dificultad, pensándose mejor lo que estaba por decir, ya que sabía que con una madre abogada era difícil ganar un caso.-

 

- Seguro habrá por ahí algún castigo injusto en el baúl de los recuerdos. ¿O me equivoco? –cuestionó Charly con un ligero tono de irreverencia.-

 

- Solo dos veces y la pagué caro. Con la mayor de mis niñas –admitió la licenciada con serenidad.-

 

- En mi caso nunca ha sido injustamente y a veces me ha perdonado algunas, sobre todo al saltarme el horario de mimir –dijo inocentemente Edsu, mostrándole a mamá su colorida obra de arte ya terminada-, pero como ya no hay horario porque salí de vacaciones, no es problema jejejeje

 

- ¿Viste, mami? Soy un amor –la abogada dirigió a su madre una sonrisa triunfal y recibió el dibujo que le mostraba Edsu, depositando un beso en la frente de su hijita.-

 

 

 

Kat hizo un esfuerzo sobrehumano por reprimir una carcajada ante aquella cuestionable afirmación, pues sabía que en su momento su mami había sido tan traviesa como él y sus herman@s...de alguien debían haberlo heredado, ¿no?

 

 

 

*** RRRRRRRIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNGGGGGGGGGGG!!!!!! ***

 

 

 

Fiufff..."salvados por la campana". El estridente sonido del teléfono fijo se hizo presente, haciendo que Diana, Kat y Edsu soltaran un suspiro de alivio perfectamente sincronizado en cuanto vieron que su madre se levantaba a atender la llamada. Sin perder ni un segundo, Charly se dirigió a la cocina por una muy necesaria y merecida taza de café para intentar reponer la energía que su ardua jornada laboral le había drenado durante el día.

 

 

 

- Ejem... ¿Me escondo ya o me espero? A papá siempre le toca enterarse de mis burradas en los peores momentos... –Kat dijo en voz baja con cierto tonito de ironía.-

 

- Eso del instrumento nuevo no me gustó, creo que la que se va esconder soy yo –respondió Diana con complicidad.-

 

- Creo que ya sabe lo que hará con cada quién –dijo Edsu con un pucherito.-

 

- Pero que si achú...creo que estamos en las mismas –se resignó Kat rodando los ojos.-

 

- No creo, presiento que a quien le irá peor es a mí. Cuando pide permiso a papá para usar un nuevo instrumento es que la cosa es seria. Tal vez a Ed no le vaya taaan mal... –dijo Dianita con pesar, aunque su semblante se iluminó cuando cayó en cuenta de un pequeño detalle-. Aunque si hay visitas en la casa, mami tendrá que esperar –finalizó con una risita a la vez que su tía pasaba cerca, justo para escuchar aquella "secreta" conversación.-

 

- Me pierdo unas horas y el mundo se descontrola... -comentó tía Saria sorprendiendo a sus sobrin@s con su repentina reaparición justo en el momento en que Candy colgaba el teléfono y se dirigía de vuelta a la mesa.-

 

- ¡Santos murciélagos! ¡Tía, no espantes! –exclamó Diana, poniéndose de pie de inmediato, recordando "por casualidad" que tenía tarea que hacer para la clase de historia-. Bueno, los dejo, tengo tarea, ¡¡¡adiositooooooo!!! –y pasó junto a su mamá, quien no desaprovechó la oportunidad de propinarle una suave palmada como gesto de cariño.- ¡Ay!

 

- Tía Saria, es que Edsu, Kat y Diana están en problemas...en ese orden –explicó la joven mujer tomando asiento al mismo tiempo que Charly ocupaba su lugar en la mesa con una gigantesca taza humeante de café negro entre las manos.-

 

- Y tú en cuarto lugar –agregó tío Charly.-

 

- No inventes, Drama Queen.

 

- No invento.

 

- ¿Que yo me mojara porque sí?

 

- Que te saliste sin paraguas ni abrigo y empezó a llover.

 

- Así es a veces el clima.

 

- ¿Y? Hay que ser previsora -de pronto Candy y Charly estaban inmersos en una discusión de lo más infantil, para sorpresa y diversión de todos los presentes.-

 

- Inventas, Char.

 

- ¿Aceptas que mamá te castigue si lo considera apropiado y lo triplique por decirme que "invento" si encuentro evidencia?

 

- ¿Mami descalza? No creo, no le gusta que estemos descalzos –Edsu se abrazó a su mami en un gesto protector.-

 

- No compares, bobis –Candy dirigió una mirada socarrona a su "contrincante" mientras acariciaba la cabecita de su bebé-, Ed tiene vías respiratorias un poquito más delicadas que mis otros niños, así que no inventes. Yo descalza no para mucho. Así que te calmas o te calmo...recuerda que yo siempre salgo ganando –la abogada esbozó media sonrisa, utilizando esa conocida expresión que la matriarca de la casa empleaba a menudo para meter en cintura incluso a los adultos que ahí residían.-

 

 

 

Bastó una sola mirada de parte de Rous a Candy y a Charly para que amb@s se pusieran más blancos que una hoja de papel y dejaran de discutir.

 

 

 

- Lo dicho... "El mundo se descontrola en segundos" –tía Saria negó con la cabeza, dio un par de largos sorbos a su mate y suspiró. Una día más en aquella "casa de locos", como solían llamarle.-

 

- Oh my...esto se está poniendo intenso –Kat susurró, abrazándose a su tía, lamentando no tener una bolsa de palomitas a la mano para disfrutar otro de los múltiples "rounds" entre su mamá y su testarudo tío Charly.-

 

 

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Más tarde, l@s integrantes más jóvenes de la familia se encontraban limpiando espacios y reorganizando todos los utensilios previamente empleados durante la comida: Diana lavaba los trastes sucios, Kat los secaba y Edsu los acomodaba con muuucho cuidado en sus respectivos lugares, ya que así no tendría contacto directo con el agua o el frío.

 

Orgullosa de ver a sus retoños trabajar en equipo, Candy no pudo evitar sonreír para sí misma mientras devolvía a su lugar los componentes de ciertos electrodomésticos que resultaban más "riesgosos" para sus hijos, tales como el vaso de la licuadora, las aspas del procesador y la cuchilla giratoria del extractor para hacer jugos. Al finalizar, Diana fue a su frasco especial a tomar el dulce que tía Saria le había regalado y se excusó para ir a su habitación, Edsu pidió permiso para ver la televisión un ratito en el cuarto de sus hermanas mayores, pues hace pocos meses había aprendido a leer el reloj de manecillas de la sala y bien sabía que a esa hora estaría su programa favorito. Por su parte, Kat demoró apenas unos minutos más, pues se tomó el tiempo de colgar la toalla de la cocina en un lugar donde pudiera secarse más fácilmente y sacó una seca para ponerla a la vista y a disposición de quien pudiera necesitarla. Era un gesto pequeño que había aprendido de su padre, pero que sabía que era valorado por todos los habitantes de la casa: "haz siempre un poquito más de lo que te corresponda, por ti y por los demás, así alguien más hará algo por ti después".

 

Habiendo despejado todo y aprovechando que al fin reinaba la paz y el orden, al menos por un momento, la madre de cinco niños se acercó por la espalda del menor, teniendo cuidado de no sobresaltarlo.

 

 

 

- Gracias, peque –reconoció acariciando la espalda del muchacho al tiempo que depositaba un beso sobre su alborotado cabello.-

 

- Por nada, ma... -respondió con un relajado suspiro mientras terminaba de secar sus manos y daba media vuelta.-

 

- Ahora, Kat, tú y yo tenemos una plática pendiente, amor.

 

- . . . ¿¿¿??? Pero-

 

- A la sala, vamos –la abogada pasó un brazo sobre los hombros de su hijo, encaminándolo con gentileza hacia dicha habitación, en donde tomaron asiento en un largo sillón de dos plazas, frente a una mesita para café.-

 

 

 

Sin saber exactamente qué esperar, el chico permaneció en silencio, con mirada expectante y procurando mantener la calma.

 

 

- Cariño, tú sabes que papá y yo jamás usamos malas palabras, ni siquiera estando con nuestros amigos de confianza. ¿Cierto?

 

- Pero mami, yo no-

 

- Kat... -advirtió su madre, interrumpiendo el contraataque-. ¿Vas a negarme lo que escuché? Reconozco una grosería cuando la escucho, por muy básico que sea mi nivel de inglés.

 

- Pero... -el joven reflexionó unos segundos-. Weno, ¿cuál es la palabra? –probó su suerte con aire ligeramente desafiante, ilusamente esperando poder salirse con la suya.-

 

 

Como toda respuesta la mujer entornó los ojos, se inclinó para tomar papel y pluma de la mesita que se encontraba frente a ellos, escribió unas pocas palabras y le entregó el papel al niño.

 

 

 

- Quiero que lo leas en voz alta y viéndome a los ojos –expresó con neutralidad.-

 

 

 

El chico tomó el papel entre sus manos con actitud dubitativa, inhaló profundamente y trató de reproducirlo verbalmente.

 

 

- "La palabra es: M...I...E...R...D..." –el menor se sorprendió por el hecho de que su guardiana hubiera dado con la traducción exacta de la palabra; no pudo resistir y cortó la conexión visual con su madre, comenzando a arrugar las orillas del papel ansiosamente.-

 

- Kat, mírame –ordenó sin modificar ni un milímetro su firme postura corporal-. Léelo, hijo, no lo deletrees.

 

 

El castaño tragó saliva con dificultad. Aquello era lo último que esperaba y presentía que articular una "simple" palabra le costaría mucho más de lo que imaginaba. Para colmo, esa era una de las groserías más usadas en el material audiovisual que el adolescente frecuentaba en inglés...

 

 

- Mi... -resopló, batallando contra el impulso de cerrar los ojos, presa de la vergüenza-. Mie... ¡Pfffffff! ... Mierd-¡YAAA, NO PUEDO! –hizo bola el papel y lo lanzó sobre la mesita.-

 

 

Frustrado y muerto de pena, giró y sepultó la cara en uno de los cojines del sillón

 

 

- Exacto –asintió la licenciada con seriedad-. Las palabras no deben tomarse jamás a la ligera. Mírame, amor.

 

El niño emitió un gruñido y giró la cabeza lentamente.

 

 

- Ahora, ¿puedes imaginarme diciendo una palabra así frente a ti y tus hermanos?

 

 

El menor se lo pensó unos segundos y finalmente negó.

 

 

- ¿Puedes imaginarnos a tu papi y a mí hablando así frente a ustedes? ¿Como si no nos importara que nuestra forma de hablar les lastime o incomode?

 

 

Sin siquiera darse cuenta, Kat ya se encontraba de frente a su protectora, abrazando un cojín. Negó nuevamente, esta vez con mayor seguridad.

 

 

- Peroperopero...en teoría está mal escrita, así no es...y no la dije en español –trató de zafarse una vez más.-

 

- Mmmmm –la licenciada entrecerró los ojos como última advertencia, haciendo que los recursos y pretextos restantes de su pequeño fueran descartados definitivamente.-

 

- Bueeeno, ya...no servirá de nada hacerme el tonto en este caso. Lo dije y sé lo que significa...sé que estoy en problemas –regresó el cojín a su lugar y comenzó a jugar nerviosamente con sus manos-. Papá me va a estrangular cuando sepa...

 

- Sabes que esas cosas no se dicen ni en broma –lo amonestó-. No le he dicho aún porque hay visitas.

 

- Peroperopero...

 

- Luego, amor...

 

- Pero...nuuuuu. O sea que...¿hasta mañana vamos a "saldar cuentas"?

 

- Sí.

 

- Pero mamáaaaaa –se quejó el chiquillo, desplomándose contra el respaldo del sillón, mirando al techo en un gesto de dramática resignación. Esperar un castigo que sabría que vendría era el peor suplicio existente-. Ya vi venir la lavada con jabón...pffff.

 

- Será parte –confirmó la adulta solemnemente, poniendo especial atención en no permitir que su determinación flaqueara ni por un momento.-

 

- Mmmmmmfffff... -el menor se tapó la cara momentáneamente con las manos, retirándolas a los pocos segundos-. Ya estuvo que no voy a poder comer ni dormir... Y papi se va a molestar.

 

- Haberlo pensado antes de decir esa palabrita, cariño...y lo de comer y dormir no es opción. Tu cuerpo lo necesita y vas a hacerlo aunque tenga que darte de comer en la boca y ponerte canciones de cuna de Brahms y Mozart para que duermas, aunque sea un poco.

 

- ¡¡¡Pero mamiiiiiiiiii!!! No soy un bebé... -se cruzó de brazos con un puchero de indignación.-

 

- ¿Prefieres que utilice algún otro de mis infalibles métodos para que comas y descanses como es debido? –la mayor enarcó una ceja de esa forma tan única e intimidante en la que sólo ella sabía hacerlo.-

 

 

Ante esa sutil amenaza, Kat abrió los ojos de golpe, palideciendo, y se abrazó a su madre sin pensárselo dos veces.

 

 

- ¡No, no, no, no, no! Ñiu... Weno... 'tá bien. Trataré de comer y dormir normal y pensar cosas bonitas –prometió-. Te quiero...

 

- Yo más, cielo. Eres consciente, estoy orgullosa –lo tranquilizó con un beso en la frente y un reconfortante abrazo.-

 

 

Las razones del futuro castigo ya habían sido expuestas, ahora sólo quedaba esperar el momento adecuado para aplicarlo. Lo conocía de sobra y sabía que, por su usual nivel de actividad física y mental, sería imposible conseguir que durmiera y comiera adecuadamente si se encontraba bajo cantidades considerables de estrés. Aunque su niño estuviera en problemas, ella no disminuiría la cantidad de afecto que habitualmente le proporcionaba antes de saldar cuentas con él por un mal comportamiento, jamás hacía eso. Era firme creyente de que el amor de una madre o de un padre no debía condicionarse jamás; una mala acción o decisión no implicaba que sus hijos fueran malas personas, sólo eran traviesos y en ocasiones descomunalmente inquietos y curiosos. Y la titánica labor que desempeñaban ella y su esposo como madre y padre, respectivamente, no consistía en reprimirlos, sino en amarlos y aceptarlos incondicionalmente, conocerlos, apoyarlos y guiarlos con límites sanos, amorosos y claros.

 

 

Al caer la noche, la licenciada puso especial atención en vigilar que su tigrecito cenara algo, aunque fuera poco, pero algo, por lo que no le quitó los ojos de encima ni un minuto.

 

 

- ¡¡¡Grrrrrrrrr!!! –se quejó de pronto el menor desde la cocina, llevándose el pulgar derecho a la boca, conteniéndose de maldecir en voz alta para no aumentar su cuenta pendiente-. ¡Argh! Van dos veces que me entra limón en una cortada hoy... AUCH.

 

- Debes tener más cuidado, peque –su madre se acercó a verificar que no fuera nada demasiado grave-. ¿Ya vas a cenar?

 

- Yap, por fiiiiin me dio suficiente hambre...

 

- Bien, amor. ¿Qué te serviste? –cuestionó la mujer para motivarlo a continuar alimentándose decentemente.-

 

- Sopa de pasta en forma de estrellitas, con verduras y pollo deshebrado –le mostró el platillo preparado a su tutora-. Y le puse mucho limón y aguacate.

- Nunca se me había ocurrido prepararme algo así –reconoció con una sonrisa mientras acercaba la nariz al plato, intrigada por el exótico aroma que de él emanaba-. ¿Es rico?

 

- Mucho –el joven asintió efusivamente-. ¿Quieres un poquito, mami?

 

- Acabo de terminar de cenar, mi corazón, pero muchas gracias –respondió acariciando brevemente una de las mejillas del chico-. Provecho, se ve delicioso y muy nutritivo.

 

- Gracias, ma –el adolescente se sonrojó ligeramente y tomó el tazón con ambas manos, dirigiéndose a su lugar en la mesa, donde cada vez quedaban menos comensales.-

 

- Te acompaño –ofreció su mamá, tomando asiento junto a él.-

 

 

Con cada cucharada de sopa que Kat comía, el alivio de su madre iba en visible aumento. Desde que llegó a la casa, sus padres pudieron notar la estrecha relación que había entre las emociones del chiquillo y la calidad de su sueño y alimentación: entre más tranquilo y feliz estuviera, mejor podría comer y dormir. Por el contrario, si algo lo tenía intranquilo, alterado o deprimido, ni un solo sorbo o bocado ingresaría en su organismo hasta que consiguiera sentirse mejor. De sobra estaba decir que el niño no era "remilgoso" por gusto pero, de igual forma, le alegraba que en casa estuvieran descartadas las amenazas o gestos violentos para conseguir que los niños comieran "mejor".

 

Tardara lo que tardara, su madre estaba dispuesta a permanecer a su lado hasta que el plato estuviera vacío...o al menos no tan lleno como al inicio; el solo hecho de ver a su angelito comer algo ya era considerado un triunfo y, gracias a eso, amb@s durmieron tranquilamente esa noche. O algo así...

 

 

******************************************************************************************

 

 

- Buenos días, amor. ¿Aún te duele? –saludó la mujer con una taza de té entre las manos en cuanto se toparon en el amplio comedor a la mañana siguiente.-

 

- Mamiiiii, ¡buenos días! –respondió su cachorro humano dándole un fuerte abrazo-. ¿El dedito? Nopi, no me duele nada, excepto si exprimo un limón o naranja o cosas así... –explicó mientras iba por un vaso para servirse agua y bebía un sorbo, su primera actividad del día-, y aún así creo que el dolor se quitaría en cuanto me empezara a doler otra cosa –insinuó, haciendo referencia a que no dejaba de pensar en la deuda que tenía.-

 

- Tranqui, peque.

 

- Como que me está queriendo dar hambre pero ñiu... Y creo que dormí menos de cuatro horas, pero ya no puedo dormir máaaas.

 

- No te estreses por eso, amor, ya podrás reponerte después. Aprovecha que es fin de semana.

 

- Weno... -se resignó con un suspiro y una sonrisita.-

 

 

 

Lo tranquilizaba ver que su mami no estaba enfadada con él, pero sólo era cosa de pensar en los problemas en los que estaría metido un rato después para que todo se fuera al cuerno.

 

 

 

- Voy a ver qué desayuno, ma –anunció, desbocándose segundos después en uno de sus frenéticos monólogos, producto de la ansiedad que a ratos atacaba su intelecto-. Ojalá papá esté tranquilo, pero igual prefiero enterarme si voy a morir o no hasta unas horas después de haber comido algo, para no estresarme recién comido, que es lo que no me gusta –comenzaba a adquirir cada vez mayor velocidad al hablar.-

 

- Kat... -dijo su madre con calma, aunque su niño no la escuchó inmediatamente.-

 

- Para variar, no sé qué comer. Sí tengo hambre pero por la hora no sé cuántas veces comeré hoy, entonces no sé si se me antoja dulce o salado, y si son ambas cosas no sé ni qué se me antoja de cada una. HelP –ya se encontraba caminando de un lado a otro de la cocina como león enjaulado, hasta que la mayor tomó con moderada firmeza una de sus manos entre las suyas.-

 

- Mi peque, relájate con la comida, por favor –dijo, mirándolo a los ojos, con un dulce tono de voz que matizaba perfectamente una orden y una sugerencia en una sola oración.-

 

- Ok mami... –contestó el joven tras unos segundos y una profunda inhalación-. Te quiero.

 

 

 

Recibió un beso en la sien y una suave palmada en la colita como gesto de cariño de parte de su madre y se dispuso a comer, poco a poco, empezando por un plato de fruta.

 

 

- ¿Papá aún no se entera de nada o...? –pretendió averiguar minutos después, ya sentado a la mesa, aprovechando que aún no se habían levantado más personas en la enorme residencia...el chico tenía fama de no dormir demasiado.-

 

- Ya sabe. De ti y de Edsu.

 

- Ups –Kat hizo un esfuerzo por no atragantarse-. ¿Y...qué dijo?

 

- Cable prohibido –anunció para tranquilidad de su hijito-. Lo cual también me hizo cambiar de opinión respecto a lo que pensaba usar en ti.

 

- Fiufff...menos mal. ¿Puedo saber qué pensabas usar antes de cambiar de opinión, ma? –inquirió, no estando realmente seguro de querer saber la respuesta.-

- Un trapo mojado o una rama húmeda...por suerte para ti, no lo haré.

 

 

Ante esas palabras, al menor se le fue chueco un pedazo de manzana, provocando que tosiera un par de veces para aclararse la garganta, por lo que la abogada no demoró en darle un par de contundentes palmaditas en la espalda.

 

 

 

- ¡EJEM! *cof cof* Gracias...mami...

 

- No te preocupes, mi amor. Relájate, por favor –repitió una vez más, enfáticamente, acariciando en círculos la espalda de su retoño mientras acompasaba su respiración para ayudarle a enfocarse en el momento presente-. Eso es...despacio.

 

- Weno... –Kat bebió un poco de agua para quitarse la sensación de irritación-. A este paso voy a tener que tatuarme esas palabras tuyas de tanto que me las has tenido que repetir... -claramente bromeaba, pues los tatuajes también estaban prohibidos en casa-, qué bueno que no serán esos. ¿Papá se molestó? –miró de reojo a la adulta, con cierta timidez.-

 

- Un poco. Quizás menos que con tus hermanitas...

 

 

 

Bueno, eso ya le daba cierta esperanza de "supervivencia"...de momento trató de concentrarse en seguir comiendo uno a uno los cuadritos de manzana y papaya que aún quedaban en su plato especial con dibujitos animados de los personajes de la saga de Harry Potter.

 

 

- Bueeeno... -miró hacia abajo mientras jugaba distraídamente con el tenedor-. Eso es algo bueno, ¿no?

 

 

Obtuvo una sutil sonrisa como respuesta y, a continuación, su madre se levantó y revolvió su cabello juguetonamente para dirigirse a la cocina y lavar la taza en la que había bebido su té matutino.

 

 

- En la tarde seguimos, peque, tengo una cita en 45 minutos y no puedo llegar tarde.

 

- ¿Seguimos? O sea... ¿para ajustar cuentas?

 

- Sí –corroboró simple y llanamente.-

 

- Mmmmmm okey, trataré de que mi estómago no se cierre...más.

 

- Mmmmm...

 

- ¡DIGO! Que te vaya muuuuuy bien en el trabajo, mamita –rectificó el niño, terminando el último bocado de fruta restante.-

 

- Eso está mejor... -la licenciada volvió de la cocina y le hizo cosquillas en los costados a su tigrecito para distraerlo un poco antes de besar su cabecita-. Te quiero mucho, mucho, mucho, cielo. Cuídate y pórtate bien, por favor. Si Edsu despierta antes que tus hermanos mayores, ayúdale a calentar un hot cake en el microondas, ¿sí? Están en el refrigerador. Y nada de helado en el desayuno.

 

- ¡Sipiiiiiiiiiiiiii! –dijo entre risas, tratando de recuperar el aliento segundos después.- Sí, mamáaaaaa.

 

- Y una cosita más, cariño... -se situó frente al adolescente y apoyó una rodilla en el suelo para estar casi a su misma altura.-

 

- ¿Hmmm?

 

 

La mayor tomó al angelito por la barbilla con sus dedos índice y pulgar.

 

 

- Tranquilo. No lo olvides, mi peque –le aseguró-. Jamás te haría daño. Por mí, puedes robar un banco y seguirás siendo mi peque. Con la colita color tomate, por supuesto, pero al fin y al cabo mi peque. No porque te metas en problemas con tu papi o conmigo te dejaremos de querer, amor –al fin hizo alusión directa a uno de los peores miedos de su bebé-, jamás. Así que no hay por qué temer. ¿Estamos?

 

 

Era de suma importancia que aquello quedara más claro que el agua, la licenciada no pensaba dejar la casa sabiendo que su hijo estaba inquieto por fantasmas que lo acechaban mentalmente, quería que no tuviera ni la menor duda de qué tan amado era, de lo mucho que significaba para su mami por ser un niño tan noble y especial...travieso y distraído a veces, un poquitín desobediente y rebelde, casi siempre con causa, pero no por ello menos único y valioso.

Con el indudable efecto positivo de aquel "discurso motivacional", el chiquillo se llenó de valor y asintió, perdido en la confianza que los orbes castaños de su protectora le transmitían.

 

 

- 'Tamos –concordó-. Ti amu.

 

 

Y, sin pensarlo dos veces, se abrazó a su mamá como koala.

 

 

- Que te vaya muy bien, mami...gánale a los malos.

 

- Siempre –correspondió ella envolviéndolo entre sus brazos, sonriendo de oreja a oreja-. Y yo a ti, mi peque bello. Hasta al ratito.

 

 

 

Ahora sí, habiendo "arreglado el mundo", se dirigió a su primera cita del día.

 

 

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En alguna revista científica, Candy había leído que un día en Plutón dura 153 horas...más o menos lo mismo que un típico lunes en la Tierra. ¡Pero ese día no era lunes!, así que estar taaan cansada después de un par de citas de trabajo en sábado no era precisamente lo que esperaba.

 

"Un ratito más y ya", se repetía mentalmente, dándose ánimos para no perder la cordura en plena reunión. Respiró, contó hasta 1.000 de ida y vuelta, explicó pacientemente los términos del divorcio a su atenta clienta, consiguiendo así su firma y, después de dos laboriosas y aparentemente interminables horas, al fin salió del edificio.

 

No dejaba de agradecer mentalmente que todo hubiera salido bien aquel día; gracias a sus altamente calificados colegas, el trasero del señor Carter y Stonewall Enterprises estaban a salvo de la amenaza de un monumental embargo por supuesta evasión de impuestos. Y gracias a ella y a su inconmensurable experiencia y trayectoria, la señora Coleman y sus hijos no se quedarían en la calle después de que el ex esposo de aquella mujer, un individuo en verdad deplorable, había intentado arrebatarle todos los bienes que por derecho le correspondían y, por si fuera poco, la patria potestad de su descendencia...por puro y vil orgullo. Dos casos a favor del bufete...pero el día aún no terminaba, ni para ella ni para su esposo, que seguramente estaría impartiendo clases en la universidad hasta altas horas de la noche.

 

5:42PM. La joven madre sólo esperaba que para esa hora su ejército de monstruhijos hubiera comido algo más decente que papas fritas con cátsup o galletas de chocolate con malteada casera hecha en la licuadora.

Apenas puso un pie dentro de la casa, pudo escuchar una animada plática proveniente del comedor, adonde se dirigió en cuanto descargó su bolso y portafolios en la mesita del vestíbulo. Al entrar en la habitación destinada a los alimentos, le sorprendió encontrarla un poco más "vacía" que de costumbre, pues sólo se encontraba un adulto mayor entre los presentes: su padre.

 

 

 

- Hola, papi. ¿Qué tal todo? –lo saludó con un beso en la mejilla y a continuación se dedicó a hacer lo mismo con cada uno de sus hijos e hijas, al menos l@s que estaban sentad@s a la mesa.-

 

- Hola, hijita –el patriarca correspondió con una amable sonrisa, la misma que salía a la luz cada que veía a la niña de sus ojos-. Todo bien, todo bien, tranquilo. Aquí cuidando a tu equipo de fútbol 5...ay, perdón, quise decir "a tus querubines".

 

 

Al finalizar la ronda de abrazos y saludos, las cuentas mentales de la licenciada no cuadraban.

 

 

- Pues parece que las matemáticas no son el fuerte en esta familia, papito... -expresó ella, mirando a las habitaciones contiguas con cierta confusión-. ¿Y los chiquitos? Por favor no me digas que Charly se los llevó a pescar pirañas junto con Draco.

 

- Claro que no, ma –contestó Lau, la mayor de las hijas de Candy-. Draco es un reptil de 3 metros, antes se come él a las pirañas.

 

- Ushhh, boba, los dragones de Komodo no comen pirañas –Diego rodó los ojos dando un inmenso bocado a su plato de spaghetti-. Ademath Chadly dithe que Ddaco eth vegetadiano –dijo con la boca llena.-

 

- Diego Takana Potter, ¿qué es eso de hablar con la boca llena, jovencito? –lo reprendió la abogada, acercándole una servilleta.-

 

- Perdón –se excusó el portador del nombre en cuanto tragó y se limpió las comisuras de la boca con el pliego de papel que le fue ofrecido.-

 

- Y así no se le habla a tu hermana –completó la abogada.-

 

 

 

El chico comenzó a comer más y más rápido para evitar hacer contacto visual. Ya sabía que, como mínimo, su madre lo estaría fulminando con la mirada mientras pronunciaba aquellas palabras.

 

 

- Y escupiste sobre mi cuaderno, genio...ahora tendré que inventarle al profesor que mi perro intentó comerse mi tarea –farfulló Diana que, por desgracia, no era tan asidua a las matemáticas como su padre, ignorando la mirada burlona de su hermano.-

 

- Ya, ya, niños... -intervino su madre, bajo la mirada del abuelo de los jóvenes- Diana, mi amor, sabes que la tarea en el comedor no se hace hasta que todos terminen de comer, o busca un lugar un poco más apartado de la comida, la mesa es muy grande –le ayudó a limpiar la hoja de las diminutas manchas de salsa de tomate.-

 

- Descuida, hija –el mayor retomó la palabra, siempre orgulloso de lo excelente que su hija había resultado como madre-. Edsu está ayudando a Charly a pintar la casita del árbol, aprovechando que aún hay sol. Trae ropa apta para eso puesta, no te angusties –se adelantó a cubrir todas las posibles dudas que presentía que podían surgir-. Kim y tu tía tuvieron que irse, lo siento. Querían esperarte, pero en vista de tu inesperada tardanza debieron retirarse...volverán el siguiente fin de semana, pero dejaron dicho que se despedían de ti.

 

- Oh...bueno –dijo la abogada con cierta desilusión-. Qué mal, quería alcanzar a verlas antes de que se fueran, pero mi cita de la tarde se alargó más de lo planeado –suspiró-. Bueno, las llamaré por teléfono más tarde, gracias por pasarme el mensaje, pa. Y...bueno, ¿y mi mamá?

 

- Salió a la farmacia a comprar un par de cosas y dijo que de ahí pasaba al súper –informó el adulto, tomando su periódico y poniéndose de pie.-

 

- Bien... ¿Y Kat? –interrogó finalmente, levantando las cejas, intuyendo que podría recibir un sinnúmero de respuestas distintas.-

 

- Leyendo, ¿qué más? –no pudo evitar responder Lau, recibiendo en el acto un pellizco por parte de su madre-. ¡AUCH!

 

- Con "leyendo" era suficiente, gracias –respondió Candy-. ¿Comió?

 

- No sé –dijo Diego encogiéndose de hombros, limpiando con el dedo el plato en el que se había servido el spaghetti, mientras su hermana se sobaba-. Ni idea.

 

 

Sin más preguntas por el momento, la joven mujer suspiró y se dirigió a la planta superior, al cuarto de su pequeño tigrecito, en donde lo encontró leyendo apaciblemente, recostado boca arriba sobre su cama, con los pies descalzos sobre la cabecera de la misma.

 

 

- ¡¡Mamiiiiiiiiii!! –dejó el libro a un lado, se incorporó a la velocidad de la luz y saltó de la cama, abrazando a su mamá.-

 

- Hola, peque –gratamente sorprendida, lo estrechó entre sus brazos y besó su cabeza-. ¿Todo bien, mi amor?

 

- Shipi –constató él, sin soltarla.-

 

- Qué gusto. ¿Qué leías?

 

- "Momo", de Michael Ende...me lo prestó el abuelo –sonrió, deshaciendo el abrazo con suavidad-. Está muy bonito.

 

- Me alegro, cielo, a tu abuelito le da mucho gusto que te encante leer, es el más feliz de prestarte sus libros porque los cuidas tan bien como él –reconoció ella, acariciando la mejilla de su hijo con el dorso de su mano.-

 

 

 

El chico sonrió de oreja a oreja, mostrando tooodos los dientes con esa carita de "diablillo angelical" que solía utilizar a su favor frecuentemente.

 

 

 

- ¿Y mi papi y tú también?

 

- Claro, cariño. Más orgullosos no podríamos estar, nosotros primero que nadie –aseguró-. Ahora cuéntame qué comiste, peque.

 

- Eemmm...rebanadas de...de aire –de pronto su expresión se tornó una sonrisita nerviosa.-

 

- Amor...¿no has comido?

 

- M-mhh –negó-. Preferí esperarte.

 

- ¿Esperarme o esperar a que saldáramos cuentas? –la abogada se llevó ambas manos a la cadera.-

 

- Las dos cosas.

 

 

Parecía que sólo habría una salida.

Candy exhaló con lentitud, se dirigió a la cama del muchacho, tomó el libro en cuestión para depositarlo cuidadosamente sobre el escritorio y tomó asiento en la silla que se encontraba frente al mismo, mirando a su hijo.

 

 

- Bien. Por lo visto no podré sacar el tema de tu mentecita hasta que hayamos aclarado las cosas... -afirmó-. Kat, por favor ve a mi cuarto y abre el primer cajón del tocador. Ahí encontrarás lo que elegí esta mañana para arreglar el asuntito pendiente contigo.

 

- Pero mami, yo-

 

- Una... Sabes que yo no repito las cosas, amor -aseveró.-

 

 

Kat guardó silencio, pensándose mejor las cosas. Caminó hacia la puerta y giró una vez más hacia su madre.

 

 

- Ve.

 

 

Ni hablar. El joven salió de la habitación y se encaminó hasta la de su guardiana, siguiendo las instrucciones que le habían sido dadas. Abrió el cajón señalado...y no pudo evitar arrugar el entrecejo, apesadumbrado y compungido.

Una vara de plástico, de aproximadamente 38 centímetros, que había sido cortada de la parte más larga de un gancho para ropa, negra como el carbón, de menos de un centímetro de grosor y más flexible de lo que parecía. Una barra de jabón relativamente pequeña, color rosa, y que seguramente olía mucho mejor de lo que sabía. Y un bote de crema hidratante para la piel. Bueno...a su mami no se le escapaba ni un detalle.

Sin muchas opciones, tomó los tres elementos y volvió a su habitación, mirando a su tutora con ojos de cachorro.

 

 

- Cierra la puerta, por favor –comandó la mujer.-

 

 

Kat obedeció e inmediatamente después se colocó frente a su madre, entregándole el "encargo". Candy tomó los tres objetos y los puso sobre el escritorio, cuidadosamente alineados uno junto al otro, y devolvió su total atención al gatito de dos patas que tenía frente a ella.

 

 

- Repasemos los hechos, ¿por qué estás en problemas, jovencito?

 

- Porque dije una mala palabra y eso va contra una de las reglas de la casa –admitió, avergonzado.-

 

- Así es –reiteró la adulta, poniéndose de pie y eliminando la distancia entre amb@s-. Fuera pantalones.

 

 

Kat obedeció, sabiendo que pretextar cualquier cosa sólo empeoraría todo. Retiró sus pantalones y los dejó sobre el respaldo de la silla.

 

 

- Las manos entrelazadas en la nuca y vista hacia la pared –indicó la adulta, señalando el impecable muro blanco que estaba pegado a la cama del niño-. Nada de romper la postura, lo sabes.

 

 

En cuanto la posición fue asumida, la abogada tomó la vara del escritorio y la posicionó apenas tocando el trasero del menor, protegido únicamente por la delgada tela de sus bóxers.

 

 

- Respira, amor –pidió con calma.-

 

 

Ya en posición, con la piel ligeramente erizada por la energía contenida y el contacto de su tejido epidérmico con el aire fresco, el menor tragó saliva, aún con los nervios a flor de piel y el ritmo cardiaco a tope, cerró los ojos unos segundos, inhaló y exhaló lenta y profundamente un par de veces, abrió los ojos y asintió, indicando que estaba mentalmente listo para lo que estaba por venir...o eso esperaba.

 

 

SWAT SWAT SWAT auch SWAT ayyy SWAT SWAT SWAT mmmmffffff SWAT SWAT dueleee SWAT.......

 

 

Nop, no había manera de que hubiera estado preparado para eso, en absoluto. El castigo había tenido un inicio abrupto e inmisericorde, como el mismo nombre lo sugería, y el no tener tiempo de reponerse entre un varazo y el siguiente era la peor de las condenas. Uno a uno, treinta azotes con la vara cayeron sobre sus posaderas, alternando entre ambos lados hasta dar un total de 60.

 

 

.......SWAT ay SWAT aauuu SWAT auch !!!

 

 

Dando escasos segundos para que recuperara la respiración, la mujer monitoreaba en todo momento a su niño. Cada mueca, cada sonido y cada movimiento, por "insignificante" que fuera, era indicador inequívoco de su estado interno.

La respiración del menor era agitada y ligeramente irregular; agradecía que los bóxers lo protegieran durante la primera parte del correctivo, ya que sería el único tipo de "calentamiento gradual" que obtendría. En cuanto su pulso se restableció, el castigo reanudó.

 

 

SWAT SWAT SWAT SWAT nooooo SWAT SWAT SWAT mamiiii SWAT SWAT SWAT duele mucho!!! ...

 

 

El sonido que emitía la endiablada vara al cortar el aire era escalofriante, un tétrico zumbido que hacía que el chico se anticipara a cada golpe, tensándose irremediablemente. Más de una vez estuvo a punto de bajar los brazos para intentar protegerse, pero se contuvo como pudo, sabiendo que aquello habría constituido un error fatal.

 

 

SWAT SWAT SWAT auauauau SWAT SWAT SWAT aaauuuuuch SWAT SWAT SWAT mamiii SWAT por favoooor!!! ...

 

 

Le costaba mantener la posición, no obstante, estaba haciendo hasta lo imposible por limitar sus movimientos a apretar las manos, mover un poco los dedos de los pies y cerrar los párpados con fuerza; sin embargo, si su mamá continuaba con aquel cruel ritmo de castigo, le costaría mantener la "discreción" en sus protestas, aunque los azotes alternaran entre un lado y el otro.

 

 

SWAT SWAT ayayay SWAT SWAT por favor, mamitaaa SWATTT!!!

 

 

Habiendo llegado a la nueva cuenta mental de 100, Candy realizó otra pequeña pausa. Tras el último azote de esa segunda serie, Kat encorvó la espalda involuntariamente, tratando de aliviar un poco de la tensión acumulada a lo largo de su espina dorsal.

 

 

- Quieto, Kat –advirtió su protectora-. Aún no terminamos.

 

 

El muchacho se quedó petrificado. ¿Cuánto más tendría que aguantar? Aún no derramaba ni una sola lágrima, pero sólo escuchar eso y sentir cómo su mamá bajaba sus bóxers hasta las rodillas por poco le provoca ganas de llorar.

 

 

- Pero mamá... -comenzó a decir débilmente, ahora con un nudo en formación oprimiendo sus pliegues vocales.-

 

- Silencio, por favor.

 

 

Kat desvió la vista al techo, como elevando una plegaria personal para implorar compasión al mismísimo cielo, y volvió a fijar la vista en la pared frente a él.

 

 

ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ ggrrr ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ mmm ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ mamáaaa ZAZ ZAZ ZAZ...

 

 

Sin siquiera anunciarlo, su madre comenzó a castigar sus muslos directamente sobre el área de la piel que entraba en contacto con la silla cada vez que el jovencito se sentaba, sumando 30 azotes entre ambos lados, casi cada uno de ellos arrancando un infantil quejido de la garganta del pobre angelito, a quien ya le costaba dejar de mover los pies, inconfundible señal de desesperación y preludio del despliegue de arrepentimiento que tarde o temprano llegaría.

 

 

ZAZ ZAZ ZAZ yaaa ZAZ ZAZ ZAZ mamiii ZAZ ZAZ ZAZ por favorrr ZAZ ZAZ ZAZ ñiuuuuu ZAZ ZAZ ZAZ!!!

 

 

Sin duda alguna, los pequeños hematomas que aquel despreciable implemento maligno dejaría sobre su piel serían más notables en algunas áreas específicas del atlético cuerpo del adolescente.

 

 

- Brazos abajo –dijo la licenciada. Más en cuanto vio que las manos de su hijo se dirigían hacia la zona recientemente castigada, volvió a tomar la palabra-. Sin sobarte.

 

- Okey... -respondió él con un triste puchero adornando su carita al tiempo que llevaba sus manos al frente, estrujándolas con visible ansiedad.-

 

- Vamos al baño –sentenció la mujer de cabello rizado, llevando en una mano la vara y el jabón y usando la mano libre para guiar a su retoño tomándolo de la mano. No es que dicha acción fuera estrictamente necesaria, pero era un detalle reconfortante de cierta forma, incluso estando inmerso en aquella precaria situación.-

 

 

Al entrar en el cubículo, la mujer cerró la puerta y posicionó a su hijo frente al espejo del lavabo, con el vientre pegado a la fría superficie del mueble.

 

 

- Abre la boca, por favor –pidió en tono firme, sin perder la compostura ni un segundo.-

 

 

Tras dirigirle a la mayor una lastimera mirada suplicante y entender que no tenía ni la más mínima posibilidad de zafarse, Kat tragó saliva con dificultad, preparándose para "degustar" uno de los sabores más desagradables del planeta, y separó los labios con timidez. Acto seguido, su madre introdujo el jabón limpio en su boca, hasta que poco más de la mitad de la barra hubo ingresado, y se detuvo justo antes de tocar el punto del paladar blando en el que pudiera provocar náuseas o arcadas involuntarias.

 

 

- Muerde. Sin romperlo o perforarlo –instruyó, vigilando minuciosamente que su orden fuera acatada al pie de la letra para evitar accidentes innecesarios.-

 

 

Sin muchas ganas, Kat se aseguró de seguir las instrucciones, sintiendo cómo sus dientes frontales se hundían apenas un milímetro en la amarga barra de jabón. La suavidad y el buen olor de la misma eran un mero despiste, parte del camuflaje, pues si a esas íbamos, lo que al menor se le antojaba hacer con aquel endemoniado artefacto era escupirlo...y luego tirarlo por la ventana.

 

 

- Un minuto –sentenció la mujer, ojeando fugazmente su reloj.-

 

 

Con una irreprimible mueca de asco, Kat pudo sentir y percibir en su propio reflejo cómo sus ojos se humedecían al tiempo que su lengua luchaba por deshacerse de aquel deleznable intruso, acercándose, retorciéndose y retrocediendo, pero cada toque, por minúsculo que fuera, hacía que recibiera una oleada de sabores y sensaciones que nada tenían que ver con la deliciosa comida que estaba acostumbrado a probar en casa. El sabor del jabón disolviéndose lentamente dentro de su cavidad bucal era de una consistencia similar a la cera de una vela, pero mucho más resbaloso...amargo, astringente y picante. No como el agradable resabio que dejan la canela, hierbabuena o jengibre al ser deglutidos, sino como si hubiera mezclado en el vaso de la licuadora un bote entero de mostaza, una lata de sardinas y tres kilos de ajo...sólo que con olor a rosas, si es que eso tenía algún maldito sentido. Para no hacer el cuento largo: PUAJ. Insoportable.

 

Pero claro, escupir el jabón sería mil veces peor, por lo que el chico no se atrevió ni a considerarlo como opción viable.

 

 

- Amor, no quiero malas palabras otra vez –regañó su mamá sin quitarle la vista de encima-. Tampoco quiero que te estreses por comer.

 

- M-mmh –fue todo lo que Kat pudo contestar, con una nube de culpa, duda y tristeza surcando su vidriosa mirada.-

 

- Sé que a veces te cuesta...estoy al tanto de lo poco que has comido hoy, un plato de fruta en todo el día no es suficiente para tener un rendimiento adecuado en tus actividades diarias, pero tus esfuerzos no son en vano, peque –amonestó-. Mírame.

 

 

El susodicho obedeció. Quería que la tierra se lo tragara...no había cosa más vergonzosa que esa: estar a medio castigo, sin posibilidad de hablar o explicarse, y sintiendo que había decepcionado a su mami.

 

 

- No te estreses por ser diferente. Sabes que contigo tengo especial consideración y paciencia por el historial alimenticio que tienes –le recordó-. Soy perfectamente consciente de que obligarte a comer no hará más que orillarte a dejar de alimentarte por completo. No te pido que comas como tus hermanos, sólo que comas. Las veces que puedas durante el día, preferentemente dos, mínimo...pero come algo, cariño. Por favor. La comida es combustible para tu cuerpo y necesitas esa energía.

 

 

De haber podido hacerlo, el menor habría respondido con un desgarrador puchero. Aquel atisbo de preocupación tras la usualmente firme voz de su madre dejaba entrever el genuino interés que la abogada tenía por el bienestar de su cachorro.

 

 

- No supongas que las personas que te rodean no te quieren o te dejarán por cometer errores –Candy no tenía problema alguno con hablar de temas delicados, pero la forma en que lo hacía era lo que marcaba la diferencia-. Si necesitas ayuda o simplemente compañía y apoyo emocional, para eso estamos nosotros, cielo. Somos tu familia, es nuestro trabajo...no te encierres en tus pensamientos. Compártelos, así será más fácil para ti y para todos en casa. ¿Sí?

 

 

Intentando no pensar en el sabor para contener el creciente asco, el chico asintió dando a entender que comprendía el mensaje, mirando rápidamente la muñeca de la adulta a su lado. El tiempo insistía en burlarse de él, fluyendo con una lentitud preternatural...y la "patética" imagen que obtenía como respuesta cada que miraba al frente no era muy alentadora que digamos.

 

Cuando llegó a casa, Kat experimentaba una leve falta de peso, era el más delgado en aquella numerosa familia, sin embargo su vida no peligraba, pero había días como aquel en los que su madre no podía evitar temer por él. Le aterraba pensar que, entre la falta de alimento y el estrés mental, pudiera sufrir un desmayo, y por experiencia propia sabía que no eran divertidos. Decidida a hacer de aquel correctivo uno memorable, tomó la flexible vara en su mano y, sin dejar de monitorear las reacciones del pequeño a través del espejo, retomó el castigo.

 

 

ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ...

 

 

- Mmmfffp... –el niño estuvo a punto de escupir el jabón contra el espejo, ilusamente sorprendido al percatarse de que no podía emitir quejido alguno con libertad, pero apretó los dientes ligeramente, asegurándose de que la asquerosa barra permaneciera en su lugar.-

 

 

30 varazos resonaron, alternándose entre un lado y otro, entre las claras paredes del cuarto de baño, que había sido testigo de tantos y tan variados castigos aplicados por la joven madre a sus hij@s...todos ellos más que merecidos, por supuesto.

 

 

ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ!!!

 

 

La mujer detuvo el ataque a los muslos del muchacho por unos segundos, únicamente para comunicar una orden.

 

 

- Saca el jabón. No te enjuagues aún.

 

- ¡PPPFFFFTH! –Kat no lo pensó ni un segundo y escupió la barra en menos de un parpadeo-. Blugghhh... ¡Sabe a rayossss...! –se quejó con una mueca de evidente rechazo hacia el objeto expulsado y sacudió la cabeza, presa de ligeros espasmos y escalofríos debido a la inusual amargura que aún quemaba su lengua.-

 

- Necesito que recuerdes ese sabor cada vez que se te ocurra siquiera pensar en decir una mala palabra. Cuando crezcas y tengas tu casa, harás lo que quieras. Aquí las reglas están para respetarse y esos desplantes son inaceptables –dijo la licenciada, tan implacable como siempre en todo cuanto a la educación de sus niños se refería, y posó la delgada superficie de la vara sobre su siguiente objetivo: el centro del enrojecido trasero del adolescente, tocando ambas nalgas a la vez.-

 

 

El castaño no había ni terminado de expulsar los restos de saliva blanquecina de su sistema, cuando sin previo aviso se descargó un torrente de azotes sobre su irritada piel.

 

 

ZWAT ZWAT aaaauch ZWAT ZWAT ZWAT peropero ZWAT ZWAT mamáaa ZWAT ZWAT buaaa ZWAT

 

 

El angelito con colmillos se encontraba ya envuelto en una abrumadora catarsis en la que los factores incluían al menos: dolor, vergüenza, ardor, arrepentimiento, picazón, asco, desesperación, culpa, amargura de distintos tipos y, para coronar el infernal "coctel", una pizca de remordimiento.

 

 

ZWAT ZWAT yaaa ZWAT ZWAT mami ZWAT ZWAT ZWAT por favooor ZWAT ZWAT waaa ZWAT!!!

 

 

Las lágrimas de cocodrilo no se hicieron esperar más. Antes del vigésimo y último azote de esa serie que constituía el desenlace del correctivo, ya se encontraba llorando y batallando para no doblar las rodillas en una lucha por soportar el castigo. Al caer el último golpe, el niño inclinó la cabeza al frente, tensando los hombros como señal de que todas sus barreras habían sido finalmente derribadas. Entre lágrimas, mocos y saliva, sólo rogaba porque todo hubiera terminado ya, jamás en su corta vida había tenido tanta prisa por lavarse la carita.

 

 

- Bien... -la voz de su madre era literalmente música para sus oídos-. Ya puedes enjuagarte la boca.

 

 

Agradeciendo internamente, Kat obedeció y se enjuagó con abundantes cantidades de agua, asegurándose de que en su lengua no quedara ni rastro de la nauseabunda esencia del jabón. Su mamá lo observaba atentamente; él había perfeccionado la capacidad de "leer entre líneas" y había deducido algo importante de lo vivido aquella tarde: no puedes borrar de la memoria de alguien una palabra altisonante o hiriente dicha por ti ni el daño que ocasiona tan fácilmente como puedes "lavar" un mal sabor de boca."

 

Con el propósito de enmendar su comportamiento, al fin tragó saliva sin problema, juntó las manos semejando un cuenco y se lavó la cara, permitiendo que todo resquicio de culpa y arrepentimiento fuera absuelto de su ser y desapareciera drenaje abajo. Sabía que después de un castigo, a mamá no le importaba lo que había hecho antes, pues ya era parte del pasado, más bien le importaba lo que había aprendido y lo que haría de ahí en adelante. Y que hiciera lo posible por no incurrir en la misma falta nuevamente, claro.

 

Aliviado de poder respirar "aire nuevo", se secó las manos y la cara.

 

 

- Súbete la ropa. Vamos a tu cuarto – dijo Candy en tono sereno, situando el jabón a un costado del lavatorio para disponer de él más adelante.-

 

 

Por el alivio que le embargaba, el chico olvidó subirse los bóxers con cuidado, lo que resultó en un siseo de su parte, pues el escozor en su piel hacía del contacto con la ajustada prenda algo nada grato.

 

A la joven abogada le daba un poco de pena ver a su cachorrito expresar inconformidad y dolor con ese tipo de gestos, pero había un tiempo para todo. Ya llegaría el momento de consolarlo, por ahora no podía más que comprobar, gracias a esa reacción de su hijo, que el correctivo estaba surtiendo efecto.

Ya de vuelta en la habitación del menor, su madre cerró la puerta, reprimiendo una casi imperceptible sonrisita al ver cómo su hijo de vez en cuando hacía caritas, evidenciando que a ratos el feo sabor del producto de limpieza volvía a su memoria sensorial. Sacaba la lengua como suelen hacer los perritos o gatitos cuando prueban limón o algo que no les gusta, y no dejaba de proferir sonidos como "ugh" e "iu" para expresar su desagrado.

 

 

- Relájate amor, lo hiciste bien –finalmente dijo ella, dejando una leve caricia en el hombro de su retoño.-

 

 

- El bobo jabón pica y sabe feo...peor aún después de escupirlo, nunca me había tocado uno tan feo –reconoció, rememorando las pocas veces que, mientras crecía, había cometido la locura de probar un jabón para "cerciorarse de que sabía tan rico como olía"...cosas de niños.-

 

- Abajo la ropa, acuéstate.

 

 

Normalmente se hubiera desmayado ante esas palabras, pensando que el castigo aún no concluía, pero ver a su mamá descartar la vara y tomar el bote de crema humectante y un pañuelo del escritorio le devolvió el alma al cuerpo. Gustoso, obedeció. Bajó su ropa interior hasta las rodillas, ahora sí con precaución, y se recostó sobre la cama, donde la mujer de cabellos rizados ocupó un lugar a su lado instantes después.

 

 

- Estoy muy orgullosa de ti –le halagó su mamá, mientras lo abrazaba cariñosamente, teniendo mucho cuidado de no tocar sus enrojecidas nalguitas.-

 

 

El chiquillo se acurrucó contra su madre, buscando la incomparable calidez que su afecto le proveía. Con tacto y delicadeza, la mayor sacó un poco de crema del bote y empezó a esparcirla con un suave masaje circular sobre las áreas castigadas en la anatomía contraria.

 

 

- Amor, quiero que estés tranquilo. No cuestiones con los ojitos como si hubieras hecho algo mal...digo, aparte de la regla que sabes que rompiste.

 

 

El niño hizo un pucherito, el cual acompañó con un profundo suspiro, pues la frescura de la pálida sustancia era sin duda un bálsamo para su cuerpo y alma.

 

 

- Hiciste todo bien, amor. Seguiste todas mis instrucciones durante el castigo y aceptaste las consecuencias de tu error como un niño responsable, comprensivo y valiente...y estoy muy orgullosa de ti –continuó la adulta, dejando ver que no se le iba ni uno solo de los expresivos gestos "accidentales" del joven.-

 

- Peroperopero... -al niñito se le subió el color a las mejillas-. Mueño...si tú lo dices, ha de ser cierto.

 

- Así es –afirmó ella, limpiando sus manos con el pañuelo al finalizar la aplicación, para después seguir abrazando a su bebé y dejar un tierno beso en cada una de sus mejillas-. Para mí, eres mi peque perfecto.

 

 

Una espontánea sonrisa iluminó el semblante del pequeño, que juntó las manos, comenzando a jugar con los dedos, "apenado", en el buen sentido de la palabra.

 

 

- Y si estoy contigo –añadió dando un juguetón toquecito en su nariz con la punta de su dedo-, es porque para mí vales mucho.

 

- ¿Aunque a veces siento que hago muchas cosas mal o pienso cosas equivocadas? –quiso corroborar el gatito de dos patas.-

 

- Para mí, sí.

 

 

Eso era lo único que importaba, que para su madre él era "imperfectamente perfecto", insustituible. Él no sólo era "aceptable", sino que era el niño adecuado, la pieza correcta y encajaba en la vida de la virtuosa mujer como si de un colorido rompecabezas se tratara. Madre e hijo estaban hech@s exactamente a la medida. Ese "sencillo" trío de palabras bastó para que se abrazara a ella tal como hubiera hecho con un oso de peluche.

 

 

- Eres único y especial –le dijo su madre con ternura, asegurándose de dejar muchos mimos y besos en su cabecita.-

 

- P-Pero... –de pronto el joven se quedó sin palabras, hundiéndose aún más en el abrazo, fracasando al intentar reprimir un par de lagrimitas-. Weno...gracias, mami. Y perdón –finalizó, bajando la mirada cual cachorro recién regañado.-

 

- Mírame, amor –pidió, tomando al adolescente suavemente por la barbilla con una mano-. Te quiero mucho, mucho, mucho, mi niño.

 

- Rawrrr –respondió él, comunicándose en el "idioma secreto" que compartía con su madre, esa modesta y bizarra onomatopeya resumía la relación tan única y estrecha que mantenían.-

 

- Y yo soy la afortunada de tenerte.

 

- ?!? Ñiu...no más que yo –refutó él, desafiándola en tono bromista.-

 

- Eres mi peque, no te liberarás de mí –la mayor lo atacó con un arsenal de cariñosos besos por todo el rostro y, a continuación, limpió sus lágrimas con su dedo pulgar.-

 

- Mueño...somos afortunados los dos –concedió alegremente.-

 

- Eso me parece mejor –accedió ella-. Amor...si volvemos a tener este problema, el castigo se triplicará –advirtió en tono claro y conciso, sin necesidad alguna de elevar el volumen de su voz, que era dulce por naturaleza.-

 

- Pero...¿fue todo por una mala palabra? –consiguió preguntar, sorprendido, jugueteando nerviosamente con sus dedos por un momento.-

 

- No solo eso, amor...

 

- ¿Y dudar de que me quieran siempre, haga lo que haga?

 

- Quiero que dejes todo el estrés, o al menos trata de evitarlo. No tienes por qué mortificarte tanto por todo, mi tigrecito...deja que los adultos nos ocupemos de las cosas aburridas que tú no tienes por qué resolver.

 

- ¿Mortifi-qué? –inclinó la cabeza hacia un lado, tratando de procesar aquella extraña palabra que, por alguna razón, le recordaba las películas de Harry Potter.-

 

- No tienes por qué cargar con tanta preocupación, mi cielo –sonrió, besando la frente de su niño-. Y no tienes por qué suponer siempre que hiciste algo malo...todos cometemos errores, y el mundo no se acaba por eso.

 

- Peroperopero...bueno...trato, aunque a veces me cuesta –confesó-. A veces ni yo sé por qué y de la nada la preocupación ya está ahí –expresó con total sinceridad.-

 

- Avanzaremos juntos, amor. Jamás olvides cuánto te queremos.

 

- Pero es que meto la pata a cada rato, mami...lo de la mala palabra no estuvo bien, el nombre lo dice. Pensar cosas feas tampoco es bueno y a veces mi mente me sobrepasa, dudo hasta de mí mismo...

 

- Sh, sh, shhh –su madre detuvo el arranque de elocuencia, antes de que se convirtiera en un soliloquio de intensidad desmesurada, posando un dedo sobre sus pequeños labios-. ¿Qué dijimos?

 

- Mueño...¿siempre, siempre?

 

- Sí, amor. Eres mi peque. Mío y de nadie más –lo abrazó con fuerza-. Te amo, hijito.

 

- Y yo a ti, mami...aunque a veces soy una papa para expresarlo. Sé que mi papi y tú no hablan con malas palabras pero es que se me fue, me emocioné un poquito mientras estaba cantando y...también sé que no tengo por qué ser como mis hermanitos, pero pues...eso –se encogió de hombros.-

 

- Ya pasó, mi corazón. Todo perdonado, pizarra limpia –aseguró a la vez que sobaba levemente el área dolorida en la parte posterior del cuerpo ajeno.-

 

- Rawrrrrf... -el tigrecito apoyó la cabeza sobre el pecho de su tutora-. Ti amu.

 

- Yo más...lo hiciste bien, amor. Descansa un ratito.

 

- Gashash...sipi, mami, creo que lo necesito... –aceptó tras un bostezo, pensando que un momentito para reflexionar y desahogarse no le vendría mal.-

 

- A ver si puedes dormir un poco, chiquito –murmuró mientras deshacía el abrazo, apoyando cautelosamente la cabecita de su cachorro en la almohada antes de bajar de la cama.-

 

- M-hmm –respondió él, automáticamente afianzando su agarre en torno al felino de peluche que le era ofrecido momentos después.-

 

- Hasta al ratito, mi amor –se despidió temporalmente su madre, cubriéndolo con una manta ligera y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.-

 

 

Había sido una tarde casi tan intensa como una de las sesiones de ejercicio del tigrecito, por lo que estaba extenuado. Con mil palabras bonitas rondando su psique, logró dormitar por espacio de aproximadamente media hora.

 

Al completarse ese lapso, se estiró como suelen hacer los gatos al despertar, sin poder ignorar el ardor del que aún era víctima su retaguardia. Asombrado por la incomodidad que le invadía a cada paso que daba, se dirigió al baño y se echó agua en la cara para espabilarse un poco antes de descender al primer piso. La casa estaba inundada por una calma bastante inusual, aunque no era precisamente cosa de otro mundo, pues ya había acontecido la puesta de sol y era la hora en que normalmente el ajetreo disminuía para dar paso a la salida de la luna.

 

 

- Holi –saludó el pequeño, con energía renovada, acercándose al sofá en el que su madre se encontraba revisando un par de papeles del trabajo, que inmediatamente dejó a un lado para prestar atención al recién levantado.-

 

- Buenos díiiias, principito...¿descansaste?

 

- Algo, sip. Duele un poco hasta cuando camino...

 

- Mi pobre peque –posó una mano en la tersa piel de la mejilla contraria al tiempo que se ponía de pie-. ¿Cómo te sientes?

 

- Un poco más tranquilo ahora –reflexionó-. Aunque muy sensible... Siento como si aún tuviera algo atorado, la mente trata de jalarme las patas –expresó en su peculiar forma de hablar-, pero ya pasará, creo.

 

- Tranquilo, mi peque bello. Deja fluir las cosas. ¿Por qué no vamos a ver qué se le antoja comer a tu pancita? –propuso, obteniendo un esperanzador asentimiento como respuesta.-

 

 

Amb@s se dirigieron a la cocina, donde el menor tomó asiento en un banco alto de madera junto a la barra central, casi saltando en el acto.

 

 

- ¡¡¡Aaaaayyyyyy...!!! –apretó los párpados, resoplando. Casi lo olvidaba-. Pffff...duele aún más cuando me siento. Uf.

 

- Por eso se llama "castigo", amor –le recordó, mirándolo de reojo mientras le acercaba un par de platos con comida sobre ellos.-

 

- Le queda el nombre –rodó los ojos y de inmediato comenzó a servirse, moría de hambre.-

 

 

Tras lo infaltable, un poco de fruta, el angelito se decantó por una deliciosa y saludable porción de papa hervida y cortada en cubos, sazonada con sal, pimienta, orégano y albahaca, acompañada de crema ácida y al menos medio aguacate...sí, no era precisamente un secreto que nuestro protagonista era ligeramente adicto a aquella fuente de colágeno y múltiples vitaminas y minerales, también conocida como "oro verde".

 

 

- Se ve rico –comentó su mamá, con el fin de motivarlo y reconocer su esfuerzo por cuidarse, pues había atestiguado los resultados positivos que aquello solía conllevar cuando se trataba de sus hijos y se aseguraba de no sólo ponerles atención cuando tenía que regañarlos, sino también siempre que realizaban una buena acción o decisión.-

 

- Lo está –dijo el muchachito tras unos pocos bocados-. Hay refresco, pero si siento que no comí demasiado, no sé qué tanto convenga...

 

-Un poco no hará daño –concedió como "premio especial".-

 

- Se me hace que también a ti se te antojó –sugirió traviesamente, sirviéndose media taza de Coca Cola y compartiéndole a su mamá.-

 

-Un poquito –aceptó ella y tomó el vaso que le era ofrecido, dando unos pocos sorbitos.-

 

- Mi panza está haciendo circooooooo. Creo que sí fue mucho tiempo sin comer aunque no sentía hambre, pero ya, ya estuvo... –el angelito sacudió la cabeza mientras "discretamente" tomaba de una canasta un rol de canela glaseado y una galleta de jengibre.-

 

 

Los postres eran su debilidad, en caso de que no fuera suficientemente obvio.

 

 

- No comas de golpe, amor.

 

- No, mami, ni queriendo puedo. Por eso como lento y no demasiado. Estoy bien, pero se siente raro por un rato en lo que digiero y vuelvo a comer...el mismo show de siempre –dijo dando un par de bocados a su pieza de pan dulce.-

 

- Come tranquilo, peque...vas bien –lo alentó la abogada, robándole otro traguito de Coca Cola-. Recuerda que lo importante es comer algo para mantener tu sistema digestivo activo, no se trata tanto de cuánto comas. Con el tiempo tu estómago se irá expandiendo y podrás comer un poquito más cada vez –citó a la nutrióloga que había atendido a su pequeño.-

 

- Siiiiiiiip. También me quieren arder los ojos de sueño pero nuuu –comentó el chiquillo frotándose ligeramente los párpados con el dorso de la mano.-

 

- Ve a descansar, amor.

 

- Ahorita...mejor te regalo la Coca, si no, no duermo –dijo con una risita.-

 

- Me parece bien, no me quejaré por eso –respondió su mami, guiñando un ojo-. ¿Qué te falta, cielo?

 

- Eemmm...¿puedo leche con chocolate?

 

- Sí, amor. Deja que mamá te la prepare...usted concéntrese en comer –se levantó, dispuesta a cumplirle ese diminuto "caprichito" a su hijo.-

 

- Nu, nu, nu...te ayudo. Además, puedo terminar de comer parado –dijo con una risita nerviosa, desesperado por levantarse YA para dejar de sentir aquella incomodidad, aunque seguramente le duraría varios días más.-

 

- Ay, peque... -la madre de 5 angelitos no hizo ni el más mínimo esfuerzo por reprimir una leve risa al tiempo que negaba con la cabeza.-

 

- Así me quieres –dijo su niño con una sonrisita traviesa, la misma que sabía que podría derretir a cualquier adulto que se cruzara en su camino.-

 

- No sólo te quiero, niñito, te adoro...aunque me tengas con el "Jesús" en la boca a cada rato.

 

- Jiiiiiiii –sonrió ampliamente, sin nada que argumentar en su defensa-. Y yo a ti, mamita.

 

- Yo más, cariño –la licenciada comenzó a verter leche en un vaso con dibujitos de los Avengers y recibió una cucharita y el chocolate en polvo de manos de su bebé.-

 

- Eso está muuuuuy difícil, pero por hoy haré como que te creo –el chico se paró de puntitas y dejó un beso en la mejilla de su madre.-

 

- Con eso me doy por bien servida –sonrió la mujer, derritiéndose de ternura mientras le entregaba la bebida preparada al jovencito-. La leche y a la cama.

 

- Pero mamiiiiii, apenas son las 10 de la noche...y es sábado.

 

- Es verdad...bueno, a lo mejor necesito descansar yo más que tú, pero igual, es un poco tarde, ¿no crees?

 

- Poquito –reconoció el niño, bebiendo el contenido de su vaso y quedando con bigotes de chocolate sobre los labios-. Pero también quiero esperar a papá.

 

- ¡LLEGUÉEEEEEEEEEEEEEE! –se escuchó la inconfundible voz del señor Takana desde el recibidor, precedida por el sonido de la puerta principal.-

 

- En la cocina, mi amor –respondió Candy ante aquel efusivo llamado.-

 

- ¡Papiiiiiii! –Kat dejó el vaso vacío sobre la mesa y prácticamente se abalanzó hacia su padre en cuanto lo vio cruzar el marco de la puerta, abrazándolo-. ¡Por fiiiiiin llegasteeeee!

 

- También te extrañé, chiquito –dijo el hombre rodeándolo con los brazos, frotando su espalda cariñosamente para después depositarlo con cuidado en el suelo-. ¿No es un poco tarde para que estés despierto, peque?

 

- Mmmmm nu sepo –se encogió de hombros el menor.-

 

- Lo es. A dormir, Kat –informó su padre mientras era recibido con un pasional beso en los labios por parte de su esposa.-

 

- Pero papiiiiii, apenas llegaste y tardaste siglos.

 

- "Siglos" –repitió el mayor-. ¿Por eso te salieron bigotes de viejito? –cuestionó con una sonrisa, señalando la evidencia de que el menor había olvidado usar una servilleta tras haber finalizado su bebida.-

 

- Ñiu, viejito no –se limpió los restos de la cara y cruzó los brazos, "indignado", presenciando el cálido saludo entre sus padres-. También los tigres tienen bigotes.

 

- Y también los tigrecitos tienen que dormir –dijeron sus protectores al unísono.-

 

- Pero son nocturnos –argumentó él.-

 

- Kat... -pronunció su madre.-

 

- Descuida, mi amor... -intervino el jefe de familia-. Si quiere, puede quedarse aquí mientras tú y yo nos decimos lo mucho que nos amamos –dijo el adulto a su mujer en un tono intencionalmente "empalagoso" y "excesivamente" romántico mientras se acercaba a sus labios con mortal lentitud, dando tiempo a que el chiquillo se lo pensara dos veces antes de permanecer ahí.-

 

- Iiiiiuuuuuggghhh...¡ADIÓOOOOS! –el menor desapareció de la habitación como alma que lleva el diablo.-

 

- Nunca falla –comentó el padre riendo de buena gana, ahora sí besando a su esposa.-

 

- Sabes que volverá en cinco minutos si no subimos a despedirnos de él en su cama, ¿verdad? –la mujer murmuró tras separarse un poco para recuperar el aliento, alzando una ceja, divertida.-

 

- Será bajo su propio riesgo –el hombre estaba que se arrastraba de cansancio, pero ni eso le quitaba las ganas de comerse a besos a su esposa para compensar el largo día que había pasado lejos de ella.-

 

 

A punto estaban de terminar inmersos en otro beso, cuando una vocecita llegó a sus oídos.

 

 

- Consíganse un cuartooooo –dijo la pequeña Edsu desde la puerta de la cocina, cubriéndose los ojos con las manitas.-

 

- Edsu, bebé, ¿qué haces despierta si hace rato te dejé dormidita en tu cama? –preguntó Candy, disculpándose con la mirada con su marido mientras se acercaba a la menor de sus hijas.-

 

- Es que quería saludar a papi –explicó a la vez que su mamá la tomaba en brazos para después acercarla a su esposo, que la saludó con un tierno beso en la cabeza.-

 

- Bueno, ¿es que aquí nadie duerme o qué pasa? –preguntó el mayor, con una sonrisa indeleble en el rostro.-

 

- Nopiiiiiiiiiii –exclamó Edsu con emoción, aplaudiendo inocentemente, detonando la risa en ambos adultos-. Papi, ¿mañana podemos hacer picnic con sándwiches, galletas y heladito?

 

- Si tu mami está de acuerdo y no tiene mucho trabajo, sí, bebé –concedió él.-

 

- ¡Wiiiiiiiiiiiiiiii, picnic! –celebró la pequeña, abrazando a su madre y a su padre a la vez.-

 

 

Habiendo planeado parte del siguiente día, l@s tres se dirigieron al cuarto de la niña, donde sus padres la arroparon para inducirle el sueño nuevamente. Terminada aquella tarea, pasaron a la siguiente habitación a despedirse de Kat, que ya estaba empijamado y listo para dormir.

 

 

- Grrrrr, no vuelvo a dejar la ventana abierta cuando esté nublado, ¡se metió un mosquito! –manoteaba tratando de alejar al microscópico insecto antes de dar un último abrazo a sus padres, disimulando tan bien como podía la molestia que sentía al estar sentado.-

 

- Descansa, peque, tal vez se salga de tu cuarto si dejamos la puerta abierta durante la noche –comentó su padre, besando su frente para después ceder el puesto a su esposa.-

 

- Weno –dijo Kat-. Ti amu, pa.

 

- Dulces sueños, amor –se despidió su madre, abrazándolo-. Hasta mañana.

 

- Rawr...descansa, mami. Te quiero mucho, mucho.

 

 

Pocos segundos tenían ambos adultos de haberse retirado cuando de pronto una luciérnaga entró en la habitación del pequeño...

 

 

- PAPÁAAAAAAAAA, ¡¡¡AHORA EL MOSQUITO ME ESTÁ BUSCANDO CON UNA LINTERNAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!

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Esta historia es de mi total autoría y ha sido publicada también en Wattpad bajo el mismo nombre y con el consentimiento de los involucrados en ella.

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