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No sólo de pan vive el hombre


- Buenos días –arrastró las palabras el director teatral mientras cruzaba la puerta de la cocina.-

- Hola, Archie –lo saludó Jess mientras depositaba una jarra de jugo y un platón de fruta en el centro de la mesa-. ¿Dormiste bien?

 

El hombre bostezó como león mientras asentía, ajustándose los lentes.

 

- Hice café, por si quieres –dijo la joven, devolviéndole la luz a los ojos del mayor-. Me tomé la libertad de usar tu reserva personal de Moka (mezcla de café y chocolate)...

- ¡Oh! Gracias. No hay problema, es justamente para ocasiones especiales –concedió mientras ponía manos a la obra y ayudaba a la chica con los preparativos del desayuno-. ¿Fui el último en levantarse?

- Sorprendentemente, no –comentó en tono bromista-. Nestor se está bañando, mi mamá acaba de despertar...

- En verdad no sé cómo agradecer que tu mamá y tu novio vinieran a ayudarnos con las ofrendas y los adornos del Día de Muertos...

- Ni lo menciones, nunca sobran manos...y músicos tampoco. Nestor estaba esperando la ocasión perfecta para estrenar su nueva guitarra en público. ¿Qué mejor que el concierto en homenaje a William para hacerlo?

 

Por un instante, la mirada de Archie se posó sobre el estante que coronaba la chimenea, en el retrato de William Von Gauthier, fundador y anterior directo de la compañía teatral "Vórtice Musical" y dueño de su corazón por más de 25 años, hasta su último aliento. Archie parpadeó con fuerza para tratar de disimular la humedad en sus ojos; incluso tras 5 meses de duelo, le costaba acostumbrarse a la viudez.

 

- Lo siento –murmuró Jess, que sabía lo duro que había sido el luto para su amigo y jefe, pues el difunto había sido más que entrañable para ella y todos los miembros del colectivo, desde que los que habían audicionado apenas el año anterior hasta ella, que era parte de "Vórtice Musical" desde hacía 13 años.-

- No, tranquila, no pasa nada –negó él con la cabeza, sonriendo lo mejor que pudo mientras cambiaba de tema-. ¿Y los demás?

- Alistando el vestuario y utilería que nos tenemos que llevar al rato...y recogiendo el desastre que quedó en el jardín tras el brindis de ayer –la diseñadora gráfica señaló con la mirada al exterior y el hombre no pudo evitar reír al mirar por la ventana.-

 

Aquello parecía zona de guerra. La noche previa había sido testigo de una efusiva "pool party" (fiesta/celebración en un lugar con alberca/piscina) en la que distintas generaciones de jóvenes artistas escénic@s habían convergido para celebrar el fin de la larga temporada de ensayos a la que se habían sometido (incluso negándose a recibir retribución monetaria) para poder presentar un homenaje digno de su maestro.

Sería un evento único: una sola función, 90 minutos ininterrumpidos, durante los cuales cantarían las mejores canciones compuestas por William, interpretarían las mejores escenas de diversas obras de teatro escritas por él y recitarían los discursos que cada un@ escribió en memoria de aquel alocado y creativo caballero que, además de un líder y maestro, había representado para much@s de ell@s un buen amigo y prácticamente un padre.

 

Para dar todo de sí en el escenario, los chicos y chicas necesitarían estar relajad@s y a gusto, por lo que, la tarde del día anterior, Archie había decidido consentirl@s haciendo "alarde" de sus múltiples habilidades culinarias y había cocinado para ell@s pasta "frutti di mare" (preparada con "frutos del mar", como mejillones, calamares, camarones y almejas), su receta secreta de panqué marmoleado con fudge de chocolate y se había visto aún más generoso que de costumbre descorchando un par de sus mejores botellas de vino, mismo que (casi) tod@s consumieron con moderación y sólo con motivo del brindis en honor al difunto fundador de la compañía, que había transformado la vida de tod@s y cada un@ de ell@s con música, coreografías, aprendizaje a través del trabajo en equipo y valores aplicables a sus vivencias cotidianas tanto dentro como fuera del escenario.

 

 

Había sido una velada de divertidas anécdotas, emotivos discursos, karaoke, risas, abrazos, deliciosos y exóticos platillos y un rato agradable nadando a la luz de las estrellas. Incluso Dash y Dolly, la pareja de perros que Archie y William habían adoptado años atrás, decidió disfrutar de un chapuzón nocturno, tras el cual, milagrosamente, nadie enfermó. Al salir el sol, cada joven fue emergiendo de sus respectiva "cueva" conforme despertaba; dicho sea de paso, no habían tenido inconveniente alguno en acomodarse entre las amplias habitaciones de la casa (sala, biblioteca, estudio, recámara principal y cuarto de visitas) para dormir. Recoger era lo menos divertido del asunto, aunque a Archie le alegró que sus "niños" tuvieran la iniciativa de hacerlo por su cuenta.

"Todo ha valido el esfuerzo, Will estaría feliz y los muchachos merecían despejarse ayer", dijo para sus adentros, siendo un apetitoso aroma lo que lo trajo de vuelta al presente.

 

- Wooow –elogió a Jess, que dejaba un refractario repleto de huevos revueltos con jamón en la mesa del comedor- Andas en modo consentidor haciendo el desayuno para todos. Gracias.

- Aprendí del mejor –la joven de melodiosa y potente voz se encogió de hombros y cruzó una mirada divertida con su interlocutor-. ¿Recuerdas el regaño tan monstruoso que me dio Willy cuando llevamos "Tren de sueños" al Festival de Teatro de Aviñón y nos turnábamos diario para cocinar en el departamento? Fue horrible...

- Pocas veces lo vi tan enojado...aunque, si me lo preguntas, te lo ganaste –añadió el mayor con una sonrisa paternal.-

- ¡Hey! ¡Pero si acababa de unirme a la compañía! –protestó Jess, fingiendo indignación.-

- Cierto...y justo por eso Will quería reforzar las prioridades que debías tener como la gran artista en la que ya te estabas convirtiendo –puntualizó mientras ponía servilletas y cubiertos en cada lugar-. Quería que valoraras la oportunidad, no es cualquier cosita poder ir a otro país durante un mes a presentar una obra. Y sabes lo importante que era la ética teatral para él...

- Lo sé –razonó-. Tardé, pero lo entendí...además, no sé qué hacía yo maquillándome cuando me tocaba cocinar y teníamos prisa por llegar al foro –admitió riendo.-

- Si te sirve de algo, jamás en la vida había probado una lasaña de salmón más deliciosa que la que preparaste ese día. Y eso que me encanta cocinar y he probado casi de todo...el "jalón de orejas" funcionó –añadió en tono amable, pero bromista.-

 

Haciendo acopio de serenidad para no sonrojarse, Jess sonrió en agradecimiento. Un rápido vistazo al reloj y un par de pasos provenientes de la sala le indicaron que su amena conversación sería interrumpida al cabo de unos segundos.

Uno a uno, los jóvenes actores y actrices fueron ocupando los lugares dispuestos en torno a la mesa...todos excepto uno.

 

- ¿Y Jack? –preguntó Jess.-

- En el cuarto, creo, o la biblioteca –respondió Louis, que entraba seguido por los perros, que lo adoraban y lo seguían a todos lados como si fueran su sombra.-

 

El hecho de que, por un fin de semana, hubiera una decena de personas habitando bajo el mismo techo era algo excepcional. La propiedad había sido legada a Archie por decreto testamentario de su esposo y sólo él y los canes residían ahí; sin embargo Jack, el menor de los miembros de la compañía, solía quedarse a dormir de un día para otro con cierta frecuencia (bajo acuerdo con el actual director, claro), pues su casa quedaba a dos horas del lugar de ensayo, así que Archie lo acogía sin problema cada semana para ayudar al muchacho a reducir gastos y tiempos de traslado. No comía demasiado y, cuando se quedaba en casa del director, casi siempre llevaba su propia comida. Fruta, galletas y dulces, pero "comida" a fin de cuentas.

 

- Oh-oh –murmuró Archie, mirando los platones de comida con repentina inquietud.-

- ¿Cómo que "oh-oh"? ¿Qué significa eso? –inquirió Jess, extrañada.-

- Jack no come carne ni huevo –suspiró-. Olvidé decírtelo...

- ¿Y qué desayuna cuando se queda aquí contigo?

- Fruta, "Twinkies" (pastelitos esponjosos comerciales, con relleno cremoso sabor vainilla, fresa o chocolate) que compra de camino aquí y café –admitió el mayor, con un ligero toque de vergüenza al ver la expresión atónita de la mujer-. No le da mucha hambre temprano en las mañanas ni le gusta comer demasiado antes de los ensayos...

- Arch, los ensayos normalmente son a las 10 de la mañana. Son las 11.

- Voy por él. A lo mejor, si nos acompaña a desayunar, algo se le antojará.

- Ok, gracias. Voy a hacerle un sándwich o algo...

 

Dicho aquello, amb@s se enfocaron en sus respectivas tareas y los demás empezaron a comer entre animadas pláticas.

Transcurridos 15 minutos, Jess dedujo que su jefe no había tenido mucho éxito, pues bien sabía que, teniendo el buen hombre un cierto grado de déficit de atención (y corazón de pollo cuando tenía que ponerse firme con sus "empleados"), podía haberse distraído con cualquier cosa en el camino. Además, era una persona demasiado noble y Jack sabía cómo conseguir lo que quería cuando se trataba de él. Era un jovencito talentoso y encantador pero, ahora que William no estaba, Jess, como uno de los miembros más antiguos y sobresalientes del colectivo, se sentía responsable de supervisar que todo siguiera en orden y que el "petit artiste" (pequeño artista) no "se le subiera a las barbas" al nuevo jefe a cargo.

 

 

- ¡Archie! ¿Todo bien? –la chica avanzó por la enorme sala de la casa, atravesando la biblioteca hasta llegar al cuarto de visitas, donde encontró al portador del nombre y al joven metiendo montañas de ropa y accesorios a una gigantesca maleta.-

 

Atrapado "in fraganti", el hombre esbozó una sonrisita, tratando de explicarse.

 

- Oh, sí, ya casi terminamos para ir a la mesa, yo...

 

Al ver que Jack seguía acarreando cosas sin inmutarse, Jess se apoyó en el marco de la puerta.

 

- Jack, ya estamos todos, ¿no vienes a desayunar? –cuestionó "casualmente" la mujer, decidida a no perder los estribos.-

- Mmm, en un ratito, voy. Faltan cosas –dijo sin levantar la vista, creyendo que podría zafarse del asunto.-

- Eso podemos hacerlo entre todos al rato, tenemos que estar en el foro a las 2, hay tiempo.

- Voy, ya casi... -continuó el chico, pensando que así podría ganar tiempo y hacer que se olvidaran del tema.-

 

Archie no sabía para dónde mirar y casi deseaba que se lo tragara la tierra. Dejó sobre la cama lo que tenía en las manos y, lentamente, se dirigió hacia la salida.

 

- Jack...

- Ahorita...cinco minutos y ya.

 

Jess inhaló profundamente y exhaló con extrema lentitud. No le sorprendía que a Archie le hubiera costado llevar a cabo lo que originalmente se había propuesto. Intercambió una mirada con su jefe y comprendió que tendría que recurrir a otros medios para solucionar la situación. No podía culpar al menor por "irresponsabilidad laboral", pues estaba anteponiendo los deberes artísticos al cuidado de su persona, pero esa misma testarudez hacía que Jess pensara, inevitablemente, que el chiquillo era endiabladamente parecido a William cuando vivía.

Genio loco, precursor, talentoso músico compositor, brillante actor, entrañable ser humano y el mejor jefe de todos; jamás hubiera podido pedir un director mejor...pero, por dedicar su completa existencia al servicio del arte (cual María Callas interpretando "Tosca"), había descuidado su salud, haciendo un infierno de sus últimos días de lucidez mental antes de trascender, ya que el cáncer de colon hizo metástasis y se complicó tanto que incluso comer suponía un desafío titánico, lo que terminó por debilitarlo cada vez más y finalmente lo llevó a morir durante el más profundo y tranquilo sueño posible, en brazos de su amado Archie.

 

Antes que actriz, cantante y empleada, Jess era para Archie una extraordinaria amiga; ella estuvo ahí para evitar que Archie colapsara el día que incineraron el cuerpo de William. Lo abrazó tan fuerte que evitó que se dejara vencer por el dolor o la tristeza y volvió a unir los pedazos rotos de su corazón con su sola presencia.

En cuanto se percató de que había metido la pata sin querer, Archie comprendió la actitud de la mezzosoprano (tesitura/tipo de voz intermedia en mujeres). Eran familia, prácticamente, y debían cuidar unos de otros en los buenos y malos momentos. Jess era comprensiva, sensible, empática y sabía que a ratos Archie batallaba incluso para cuidar de sí mismo, por lo que no iba a exigirle que se preocupara más de lo que podía por otra persona...pero tampoco iba a quedarse cruzada de brazos viendo cómo otro integrante de su familia artística abandonaba su salud a la suerte.

 

En una ocasión, un grupo de personas del público creyó que el "pequeño" Jack era hijo de William, pues físicamente era la viva imagen del mayor (en versión joven) y sus dotes histriónicas bien podían haberle venido por herencia genética, si ese hubiera sido el caso...el "niño" había tomado aquel halago con humildad y gratitud, disimulando su orgullo y sorpresa. Con todo y eso, Jess prefería que otros pensaran que Jack se parecía a su difunto jefe por su talento, carácter y apariencia que por sus descuidos y precaria salud en una etapa más avanzada de su vida.

Archie luchaba con un nudo que comenzaba a formarse en su garganta, pues de golpe había recordado las complicaciones en la salud de su esposo al final de su existencia y entendía que, para evitar que el menor de sus empleados (de 18 años recién cumplidos) siguiera los mismos pasos, debían ayudarle a reforzar desde ese preciso instante hábitos saludables. Sin perder más tiempo y evitando que la atmósfera cobrara mayor densidad, Jess tomó cartas en el asunto, optando por abordar las circunstancias de manera que no fuera necesario enturbiar el humor de los presentes recordando en voz alta la razón por la que Will "los había dejado".

 

- Arch, Tanya preguntó si tenías infusor para preparar té y le dije que sí, pero no lo encontré en el cajón de los cubiertos. ¿Puedes echarme la mano con eso, por favor? –pidió a modo de excusa y el hombre captó inmediatamente la indirecta de que necesitaban un poco de privacidad.-

- Sí, claro –asintió y salió de la habitación, no sin murmurar un tenue "lo siento" y un "gracias" a su compañera de trabajo cuando pasó junto a ella.-

- Ahorita los alcanzamos –añadió ella antes de cerrar la puerta.-

 

Aquel hombre de medio siglo de edad era un excelente director técnico y artístico y quería ser un digno líder de su equipo en más aspectos que el escénico, pero aún no poseía total certeza sobre cómo actuar en este caso, por lo que agradeció que Jess tomara las riendas y se encaminó hacia la sala, internamente deseando que la chica no fuera muy dura para que el joven contratenor (tesitura/tipo de voz más aguda en hombres) pudiera asimilar cuanto antes la valiosa lección de la forma más "suave" posible, pues presentía que Jess podría utilizar con el menor la misma técnica que Will había usado para lidiar con ella en Francia: un jalón de orejas, traducido como un regaño memorable para hacerlo entrar en razón.

 

- Jack, deja eso, luego seguimos...

 

Si el chico hubiera puesto algo de atención, habría notado que la frase fue entonada como una advertencia con tintes de orden, no como una sugerencia.

 

- Ya casi, me falta meter el paraguas de Henry y los zapatos que usa Frank en la escena de la persecución.

- ¿Te lo pidieron?

- No, pero–

*RIIIIIIING*

 

El sonido de una alarma procedente del celular de Jack interrumpió su frase y él sacó el aparato de su bolsillo.

 

- Shit, tengo que compartir el flyer (volante) en redes...

- ¿Otra vez? Lo has hecho cada hora desde que te despertaste –la joven se acercó a él-. Tienes que comer. Y ya todos compartimos la información y el poster en nuestras cuentas personales. Ven, vamos.

 

Ignorando a la mujer de corta y ondulada melena castaña (y a la voz de su conciencia, aparentemente), el actorcito sacudió la cabeza distraídamente mientras tecleaba a toda velocidad. Tan absorto estaba, que no vio venir dos cosas: una mano que le arrebató el teléfono y otra que lo agarró con fuerza de una oreja.

 

- Que. Vengas. Ahora. Mismo –la mayor tenía la intención de arrastrar a su "víctima" fuera de la habitación, sin embargo, el chiquillo intentó oponer resistencia aferrándose al escritorio como gato.-

- Auch, auch, ¡auch! ¡Jess! ¡Dije que ahorita iba, sueltaaaaaaa!

 

Con un suspiro exasperado, la mujer de 31 años cambió de táctica.

 

- Como quieras –sin previo aviso, se sentó en la silla junto al escritorio y, con un ágil movimiento, empujó la espalda del joven hacia abajo, de modo que quedó tumbado sobre su regazo en un parpadeo. Una vez ahí, propinó 3 contundentes palmadas al centro de su retaguardia.-

* PLAFF PLAFF PLAFF *

- Okey, okey, ¡OKEEEEEY! ¡Ya voy con ustedes a la mesa! ¡Yaaa! –se quejó el menor.-

- Tuviste la oportunidad y la desaprovechaste, no creo que te afecte posponerlo unos minutos más –fue todo lo que dijo antes de continuar con lo que había empezado.-

* PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF *

- ¡Ay! –el chico protestaba casi tras cada impacto-. Pero si ya dije que te haría caso, ¡ya me dio hambre!

* PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF*

- Así que sí tenías hambre... -Jess cuestionó con seriedad tras otra serie de nalgadas, deteniéndose momentáneamente.-

 

El silencio del menor, cuyo "crimen" se acentuó con un gruñido de su famélico estómago, confirmó lo que la diseñadora temía.

 

- ...y decidiste ignorarlo –afirmó sin esperar respuesta e inmediatamente retomó sus acciones.-

 

Enérgicamente, comenzó a administrar una lluvia de azotes sobre el trasero del muchacho, alternando entre ambos lados, ante lo cual el susodicho no pudo más que patalear, aún sin poder creer lo que le estaba sucediendo.

 

*PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF *

- "Ahorita" significa "ahorita", Jack. En el teatro existen ensayos, pero en la vida real no, hay oportunidades que sólo se presentan una vez –lo regañaba sin detener el castigo.-

- ¡AUCH! Pero...¡¿y eso a qué viene ahora?!

- A que hay errores *PLAFF* que causan daños *PLAFF* irreversibles *PLAFF*.

 

La joven hizo una breve pausa y tomó un respiro antes de seguir hablando.

 

- ¿Sabes por qué la salud de William decayó aún más durante sus últimos días de vida?

 

Jack palideció. Esperaba todo menos eso.

 

- Em, pues...¿por qué todo le dolía?

- No voy a pedirte que recordemos por qué todo le dolía, eso lo sabemos todos –dijo, controlando sus propias emociones tan bien como podía-. ¿Qué fue lo que lo debilitó?

- ... Que ya no podía comer –suspiró el petit (pequeño) tras un momento de silencio.-

- Exacto –Jess reanudó su misión, haciendo aterrizar cada "golpe" con la clara determinación de aportar al pelinegro una enseñanza inolvidable-. Tú sí puedes comer, eres joven, afortunadamente estás sano, y el peso de una compañía no recae sobre tus hombros, así que no hay pretexto ni razón para buscar apropiarte de padecimientos que no tienes ni necesitas.

 

*PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF*

 

- Pero–AY!!!

 

Un perceptible aumento en la intensidad del correctivo hizo que el delgado jovencito se callara de golpe y pensara mejor antes de volver a abrir la boca para protestar, aunque no pudo evitar apretar los puños.

 

- Pero nada –la alta mujer prosiguió con el "sermón", implacable-. Si tienes energía para desvelarte, protestar y trabajar de sobra, entonces tienes energía para cuidarte y lo vas a hacer, no te estoy preguntando. Archie es despistado por naturaleza, pero por algo somos un equipo, y puedo asegurarte que nadie quiere ver como lanzas tu vida por la borda, mucho menos yo.

 

Aquellas últimas palabras habían eliminado cualquier posible contraataque que el menor hubiera planeado lanzar. Su mente se encontraba procesando cantidades abrumadoras de información referente a su terca y descuidada actitud cuando otro giro de eventos lo tomó desprevenido. En cuando sintió que le bajaban el pantalón hasta las rodillas, inútilmente trató de mirar sobre su hombro, sin embargo, no intentó cubrirse con la mano y su sonrojo fue apenas perceptible, pues en el ambiente del teatro era más que habitual toparse en los camerinos con alguien en ropa interior en pleno cambio de vestuario; el cuerpo humano no era ningún tabú, mucho menos un tema de burla o motivo de vergüenza, por lo que la principal preocupación de Jack en ese momento era "agarrar al toro por los cuernos" y esperar que terminaran cuanto antes.

 

Punto y aparte; irónicamente, en aquella bizarra situación es precisamente donde el malcriado chamaquito se percató de que, efectivamente, DESFALLECÍA de hambre. Por alguna extraña razón, tras morderse el labio inferior durante un segundo (que pareció durar una eternidad), no atinó a decir nada excepto:

 

- Lo siento, Jess...ahora entiendo. Y de verdad tengo hambre. Por favor...

 

Y no mentía. La razón por la que estaba ahí, siendo corregido como si tuviera la mitad de su edad real, le había quedado más que clara. Ahora extrañaba a su director...su mentor...su amigo. Aquel padre simbólico que lo había acogido bajo su ala en el ámbito escénico. Y había entendido, abruptamente y a punta de nalgadas, que no quería terminar su vida débil, enfermo y adolorido. Nadie debía morir en esas condiciones, pero ya no podían dar marcha atrás y recuperar a Will...no obstante, aún estaba a tiempo de hacer lo correcto con su propia vida, la única de la cual debía hacerse completamente responsable hasta el fin de su existencia.

 

Por virtuoso que resultara el jovencito para modular su voz a voluntad en el escenario, sobre el regazo de su compañera y en estado sumamente emocional, no pudo evitar que una pizca de infantilismo se colara en su petición. A Jess le costaba ignorar aquel tono de súplica, pero ya había llegado muy lejos para detenerse. Siempre terminaba lo que comenzaba, no sólo con profesionalismo, sino con excelencia, y ésta no sería la excepción. El clímax de un correctivo debía ser la parte más dura, no la más suave.

 

Reafirmando su agarre en torno a la cintura del chaval y revistiendo sus nervios de acero puro, respiró profundo y se dio a la tarea de administrar la última veintena de palmadas sin detenerse ni un segundo y aplicando la totalidad de su fuerza, lo cual le habría costado aún más si hubiera visto el involuntario atisbo de puchero con el que el menor había terminado su frase.

*SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT...*

 

"Ponerse firme" no era un trabajo fácil ni agradable, pero las circunstancias lo ameritaban y Jess era la más adecuada para ello. Jamás se perdonaría si no hiciera todo lo que estaba a su alcance para evitar que una vida llena de luz y talento acabara siendo desperdiciada. Nunca lo permitiría, no si podía hacer algo al respecto. Quizás no sentiría dolor en la misma forma que el actual receptor de su severidad, pero para ella era preferible que el chico sufriera por no poder sentarse cómodamente un par de días que por padecer dolencias irreversibles a tan temprana edad. Ciertamente, no había podido hacer gran cosa para evitar que William pereciera, pero, como una de las integrantes más antiguas del grupo, sentía que ahora dependía de ella y de los otros actores y actrices mayores cuidar del bienestar integral de las nuevas generaciones de "Vórtice Musical" y guiarlas por un camino artístico saludable y ético, como su fundador se empeñó en hacer desde el inicio.

 

*...SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT!!!*

 

En cuanto Jess se detuvo, el menor tragó saliva con dificultad e inhaló lentamente, como asegurándose de que en verdad todo había terminado.

Satisfecho, se acercó y aspiró el hipnótico aroma que emanaba del interior. La gloria en una taza.
Estas historias contienen escenas de spanking, es decir, azotes o nalgadas con fines disciplinarios (no eróticos). Si dicho tema te molesta o conflictúa, por favor, no continues leyendo.
No apoyo el castigo físico como método correctivo bajo ninguna circunstancia, mucho menos aplicado a niños, niñas o animales.
Este texto no incluye spanking erótico (azotes con sexo de por medio), no es un tema de mi interés, así que no lo busquen aquí. Utilizaré el tema (spanking disciplinario) sólo como método correctivo aplicado por una figura materna o paterna, o una figura de autoridad en general.
Dicho sea de paso, ya que muchas historias son basadas en películas, libros o series, puede que contengan spoilers. Lea bajo su propia responsabilidad.
Algunas historias presentadas aquí serán de mi total autoría en cuanto a contexto y personajes, pero otras serán ideadas por mí sólo en el aspecto de la trama, perteneciendo los derechos de nombres, lugares y personajes a sus respectivos autores.

En silencio, la joven guió sus movimientos para ayudarle a ponerse de pie y subió sus pantalones por él, haciendo después una breve pausa para mirarlo con una sutil sonrisa. Dado que el muchacho no sabía muy bien qué hacer o decir a continuación, fue ella quien rompió el silencio.

 

- Will estaría orgulloso de ti... -dijo con suavidad, tomando las manos ajenas entre las propias-. Y yo lo estoy. Eres tan responsable y apasionado en tu trabajo como él.

 

El jovencito permitió que una leve curvatura en las comisuras de sus labios agraciara sus facciones, más tranquilo ahora que su compañera de trabajo no se escuchaba molesta ni decepcionada.

 

- Todos lo quisimos y lo seguimos queriendo muchísimo, pero el que ya no esté con nosotros no implica que debas hacerte cargo de la publicidad–

- Pero Willy dijo que la publicidad lo es todo para que un proyecto nuevo capte la atención del público en todo el mundo –la interrumpió en voz baja.-

- ... Iba a decir que no tienes por qué hacerlo tú solo, Jackcito –se puso de pie.-

- Ah...perdón –se excusó con una sonrisita tímida.-

 

Jess le dirigió un maternal asentimiento comprensivo. Seguía sin poder salir de su asombro, en verdad aquel "chiquillo" tenía una complexión física casi idéntica a la de su maestro, tanto, que no pudo contener el impulso de abrazarlo con ternura, gesto que fue instintivamente correspondido por su joven amigo.

 

- Saldremos adelante ayudando entre todos...juntos –murmuró acunando la parte posterior de su cabeza con una mano-. Hay momentos para todo y ahorita toca comer y convivir un ratito con todos, con mayor razón si tienes hambre. Después nos haremos cargo de lo demás. Te lo digo porque me importas, no repitas el mismo error que Willy posponiendo tus cuidados –lentamente se separó de su interlocutor-. Tu cuerpo necesita combustible. Sí, "the show must go on" ("el show/espectáculo debe continuar", canción del grupo Queen) y todo lo que quieras, pero si no tienes de dónde sacar energía, no vas a rendir, no importa si es dentro o fuera del escenario. No basta con la adrenalina, necesitas comida.

- Pero no me gusta el huevo...hasta acá huele lo que están desayunando –dijo con una mueca de desagrado.-

- No te preocupes, hice sándwiches.

- Tampoco como jamón...

- A ti te hice con puro queso.

- Pero es que cuando tenemos función sólo tomo líquido antes y la comida la dejo para después...

- Hoy no –cortó la mayor con firmeza, sin perder la serenidad que la caracterizaba-. Hoy va a ser un día de locos, necesitas estar al cien, tenemos función hasta las seis de la tarde y no vas a estar todo el día sin comer. Intenta al menos con jugo o fruta y el sándwich.

 

Jack intentó protestar una vez más, pero Jess levantó una mano para pedirle silencio, a lo que obedeció bajando la vista, algo frustrado.

 

- "Twinkies" y café te servirán para los días de ensayo porque sólo duran cuatro horas y descansamos a media sesión, pero no será suficiente con eso para un día de funciones con horas de trabajo y preparativos previos. Tienes tiempo de sobra para comer algo decente y que se te haga la digestión tranquilamente. Protestar sólo te está quitando tiempo, así que iremos a la mesa, vas a desayunar lo mejor que puedas y no admitiré más excusas. No voy a permitir que te descuides si puedo ayudarte...tu cuerpo te lo agradecerá –dijo y extendió un brazo para tomar al chico por la barbilla con gentileza y hacer que la mirara a los ojos-. Vamos...¿sí?

 

Jack estaba acostumbrado a hacer su santa voluntad, pero esta vez su testarudez había topado con pared, puesto que aquel irrefutable argumento lo había desarmado por completo y no tenía el corazón para rechazar una oferta tan benévola y bienintencionada.

Desde que había tenido el gusto y el honor (dicho en sus propias palabras) de conocer a los primeros integrantes de la compañía, no sólo sintió un profundo respeto y admiración por la mayoría de ellos, sino que había establecido un vínculo instantáneo con un puñado de aquellos talentosos y multifacéticos artistas...y Jess era una de ellas, al grado de que, a poco tiempo de haberla conocido, ya la consideraba más una hermana mayor y un ejemplo a seguir que cualquier otra cosa.

No necesitó más que una fracción de segundo para reaccionar, asintiendo repetidas veces.

 

- Vamos... –pudo verbalizar al fin, sonriendo, cobijado por la cálida sensación de saber que le importaba a alguien que le agradaba.-

- Buen chico –Jess alborotó su obscuro cabello en un gesto aprobatorio.-

 

Habiendo llegado a ese nivel de vulnerabilidad y confianza, el menor ya ni siquiera era víctima del sonrojo que solía delatarlo en situaciones similares. Se movilizó de inmediato con el fin de dirigirse hacia la sala, pero antes intentó recuperar su teléfono, que reposaba sobre el escritorio, lo cual por supuesto hizo que se ganara una palmada en el dorso de la mano.

 

*SLAP!*

- Aysh!

- Después de desayunar. Déjalo ahí –ordenó Jess tranquilamente.-

 

Sin muchas más opciones, Jack obedeció.

La mayor abrió la puerta, dejó pasar al actorcito primero y fijaron rumbo hacia el comedor, donde los demás "huéspedes" mantenían diversos temas de conversación, cada uno más animado que el anterior, a lo largo de la enorme mesa de madera de roble.

El menor se detuvo en la entrada de la estancia, mirando la vasta cantidad de comida expuesta frente a sus ojos. Por un momento dudó ser capaz de comer algo...aunque todo estaba en su mente. Claro que podría, sólo tenía que sentarse y hacerlo poco a poco, sin pensar demasiado. Su cuerpo era increíblemente capaz, pero a ratos se sentía un poco inseguro de sí mismo en todo cuanto a su alimentación se refería.

 

- No le des tantas vueltas. Sí puedes...anda –le dijo su protectora al oído y lo animó dándole una discreta palmadita con fuerza moderada, lo que lo hizo dar un leve respingo y avanzar de inmediato hacia su lugar, aquel en el que había un apetitoso sándwich de pan integral tostado, con queso fundido asomando por los lados.-

 

Se sentó disimulando la molestia como pudo y agradeció que su compañera de trabajo no hubiera sido más dura. Exactamente en el extremo opuesto, cerca de la otra cabecera, se encontraba Jess, manteniendo una conversación con su novio y con Danny, otra colega, en el tono más casual. Se veía tan despreocupada que uno no pensaría que tenía bien vigilado al "maknae" (miembro más joven) del grupo.

Podía percibir, aún a distancia, que Jack era víctima de un leve escozor, pero se había asegurado de no provocar un nivel de incomodidad tan alto que le impidiera al jovencito desenvolverse con naturalidad sobre el escenario cuando estuvieran en plena función. Se había enfocado en imprimir el nivel justo y necesario de fuerza para que el "niño" recordara, al menos cada vez que se sentara, que debía portarse bien y cuidar su alimentación. Y estaba conforme con el resultado de su intervención.

Creyendo que la mujer se encontraba distraída, tras prácticamente engullir un vaso de jugo de naranja, el escurridizo muchachito intentó esconder su manzana tras un inmenso florero, pero, al levantar la vista, se topó con un par de orbes color miel que lo observaban fijamente. Bastó con que la joven de melena color chocolate enarcara una ceja para que el susodicho se lo pensara mejor y procediera a tratar de comerse al menos la mitad de la fruta en cuestión.

 

Tras unos minutos, el joven notó que en su lugar faltaba una taza, a diferencia de los lugares de sus compañeros, que disponían de dicho elemento entre sus utensilios. El café constituía su única "adicción" y la carencia de dicho brebaje le impedía trabajar con eficiencia, o ese era el pretexto que ponía para poder tomarlo siempre que se le antojara.

El café en casa de Archie era de la mejor calidad, por ende, tendría un efecto óptimo; por esa misma razón y bajo la convicción de que consumirlo sin algo sustancioso que lo amortiguara podía causar acidez y ansiedad en algunos casos, Jess había tomado la medida preventiva de no "consentir" al artistito con café antes de asegurarse de que hubiera comido algo. Así que, por más que buscaba, Jack no veía tazas limpias por ningún lado. Justo cuando pensaba levantarse a conseguir el objeto que le hacía falta, notó que Jess estaba de pie, levantando platos sucios y sartenes vacíos. Cuando estuvo suficientemente cerca de él, Jack se apresuró a captar su atención.

 

- Jess...¿puedo café? –preguntó en voz baja, sin dejar de sentirse extraño, casi como si estuviera pidiendo permiso.-

- No –respondió en tono neutro.-

- P-Pero si ya me comí la manzana...bueno, casi toda.

- Al rato. Come –continuó despejando la mesa.-

- Por favor, ¿sí? –susurró con insistencia-. Un poquito...

- Después del sándwich.

- Pero si todo mundo está tomando-

- Es eso o nada de café, tú dime –decretó deteniendo sus acciones por un momento para encarar al petit.-

 

El caprichoso artistilla fue presa de un lapsus de indignación, pues temía que alguien hubiera escuchado a la mayor o sospechara algo y se burlara de él, pero la verdad es que a Jess la tenía sin cuidado lo que otros pensaran o dijeran al respecto. Enfurruñado, el terco actorcito se cruzó de brazos y arrugó el entrecejo, mirando su plato. Claramente, su orgullo no era fácil de doblegar, pero Jess no pensaba ceder, por lo que dejó los trastes sucios sobre la mesa, se llevó ambas manos a las caderas y miró al menor, expectante.

Jack tenía la sensación inequívoca de que lo observaba, pero durante un minuto se dedicó a ignorar deliberadamente a su compañera...hasta que no pudo más y levantó la vista, accidentalmente estableciendo un innegable e intenso contacto visual. Si las miradas mataran, en ese preciso instante se habría visto reducido a un miserable montoncito de cenizas; ver a Jess seria o en su faceta "estricta" era poco menos que escalofriante, en contraste con su habitual humor ligero, amable y risueño.

En un arranque de valentía (léase "irreverencia" o "inconsciencia pura"), el chico intentó sostenerle la mirada con aire retador...diez segundos después, sentía que los ojos le quemaban.

 

- Una... –la mujer entrecerró los ojos.-

 

Nada.

 

- Dos... –su paciencia comenzaba a flaquear.-

 

A punto estuvo de decir "tres" cuando, por cómico que parezca, su "infantil" táctica surtió el efecto deseado. Jack suspiró con pesadez al tiempo que ponía los ojos en blanco y, finalmente, tomó el sándwich, dándole un mordisco tan salvajemente grande que, si no se atragantó en el proceso, fue por obra y gracia del Espíritu Santo.

 

- Así está mejor –concedió Jess y reanudó sus actividades como si nada, desapareciendo segundos después camino a la cocina, con los brazos cargados de trastes sucios.-

 

Transcurrido un ratito más, medio sándwich había desaparecido, junto con unos cuantos comensales. En el lugar junto al que se encontraba el joven, había quedado una taza llena a medias, y el contenido de la misma era casi tan obscuro como las negras intenciones del chaval en cuanto notó su presencia. Esperando pasar desapercibido y no ser demasiado obvio, desplazó la mano hacia la taza...lentamente...sigilosamente...sin movimientos rápidos para no llamar la atención, como si quisiera sorprender a la taza misma. Un poco más y la tendría en su poder...

 

- Ejem, ejem... -un carraspeo se alzó sobre el bullicio de la plática, haciéndolo volver la vista.-

 

En cuanto descubrió a la dueña de aquella peculiar voz, se congeló en la postura en la que estaba. Desde el otro lado, entre la agitación de la sobremesa, distinguió una figura alta, medianamente robusta, con facciones redondeadas y unos inconfundibles ojos que lo miraban con expresión entre divertida y sorprendida.

Pasmado, alternó la mirada entre la portadora de la voz y el objeto de su deseo, que yacía a escasos centímetros de las puntas de sus dedos. Atrapado en el acto, no atinó a hacer otra cosa que esbozar la más boba e inocente sonrisa que fue capaz de producir, pero ni sus "encantos" lograron sacarlo del apuro. Para su asombro, lo que Jess hizo fue un ademán con la mano...uno que, por alguna razón, el "inocente angelito" conocía a la perfección: extendió la mano con la palma hacia arriba y la movió de un lado a otro un par de veces.

 

Aquello borró la sonrisa del rostro del muchacho, hizo que retrajera la mano y se olvidara por completo de su objetivo, removiéndose incómodamente en su asiento con el simple pensamiento de lo que ocurriría si desobedecía.

Si alguien logró ver el "diálogo mudo" que se desarrolló entre amb@s, de una cabecera a otra, jamás lo supo, porque, tras aquella "elocuente" amenaza, no se atrevió a despegar la mirada del plato y se dedicó a comer la mitad restante del sándwich sin decir ni "pío". El recuerdo del reciente correctivo lo hizo acercar una mano al asiento de su silla, como si fuera a sobarse el área adolorida, pero logró detenerse a tiempo para no levantar sospechas.

 

Un cuarto de hora más tarde, el malcriado escuinclito dio el último bocado, con actitud triunfal; sin embargo, al mirar al frente, no encontró a nadie supervisando sus actos con la frialdad de un halcón. Con precisión cronométrica, alguien apareció a su lado, retirando su plato vacío y depositando frente a él una humeante taza de café, para después dejar un suave y espontáneo beso en su coronilla y alejarse.

"Con leche", pensó para sí mismo. No muchas personas conocían sus preferencias, aquel detalle indudablemente reflejaba que Jess no solamente se había preocupado por meterlo en cintura, sino también por hacer que se sintiera valorado, cuidado y a gusto, así que el chico tomó el gesto como una especie de premio.

 

Por su parte, Jess ocupó su lugar tras volver de la cocina y, al ver que el menor le sonreía en agradecimiento desde la punta contraria de la mesa, correspondió al gesto y, adicionalmente, guiñó el ojo. Casi inmediatamente, Jack se puso de pie, taza en mano, se aprovechó de la cercanía de la azucarera para endulzar su bebida, y caminó hacia su benefactora, tomando asiento en su regazo con auténtica naturalidad. Archie, que estaba sentado a la izquierda de Jess, no daba crédito a lo bien que había comido el petit artiste a comparación de otras veces, pero se abstuvo de comentar o indagar al respecto, para no invocar al espíritu rebelde del chico. Aún así, era feliz atestiguando la escena de reojo, enternecido.

Quizás le había faltado "mano dura" en ciertos aspectos y su (bendito) corazón de pollo no le había facilitado las cosas, pero, ahora más que nunca, agradecía tener a los mejores amigos, compañeros y empleados que pudiera haber deseado. William había partido, pero su adorado Archie no estaba solo. Había quedado en las mejores manos y rodeado de los más puros y sinceros corazones...tal como nuestro pequeño protagonista.

 

Dado que nadie intercambiaba miradas de cuestionamiento o extrañeza, Jack bebía sorbitos de su delicioso café en un estado de éxtasis tan sublime que, por un rato, olvidó lo tenso que estaba antes de comer y lo incómodo que resultaba estar sentado. Los viejos tapices de las sillas hacían poco para compensar la rigidez de su estructura.

Jess sospechaba que su "protégé" (protegido) había tenido el "descaro" de cambiar de asiento por mera comodidad, pero ahora mismo no le importaba. Ya había tenido castigo suficiente, seguía procesando el monumental regaño, había comido de forma mínimamente aceptable y aún tenían por delante una jornada rebosante de arduo trabajo...merecía que lo mimara durante al menos un ratito antes de subir nuevamente al tren de la locura que aguardaba por ell@s ese día.

Permitiéndose disfrutar del momento, deslizó los brazos alrededor del torso del muchacho, estrechándolo contra su pecho de forma protectora.

 

- Gracias –murmuró el petit con voz inaudible para toda persona ajena a quien en ese momento lo sostenía. William, su padre escénico, se había ido, pero no lo había dejado desprotegido, sino todo lo contrario.-

- ¿Lo ves? No era tan difícil, ¿o sí? –sonrió ella.-

 

El niño negó levemente con la cabeza, sosteniendo la taza con ambas manos, lo que le confería una apariencia juvenil y una estampa de inocencia aún más evidente que la que ya poseía. Arma de doble filo si llegaba a descarrilarse, pero cierta personita no pensaba dejar que eso sucediera, por adorable que aquel diablillo fuera...

 

- Gracias a ti, por hacer un esfuerzo y confiar –añadió besando la sien del menor mientras acariciaba su cabello con suavidad-. ...pero que sea la última vez que me desafías en público, jovencito.



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* Advertencia de posible contenido detonante/Trigger warning: En este relato no muere nadie, pero se menciona a una persona que murió tiempo atrás en la historia, así como encontrarán la breve mención de una enfermedad terminal y consumo moderado de alcohol en una escena.

Es la primera vez que baso un relato spanko en una vivencia ocurrida en mi entorno "vainilla" ("normal", ajeno al mundo de los gustos alternos como el spanking, BDSM y etc), en uno de mis trabajos anteriores. Esta historia fue inspirada por un hecho parcialmente real y elaborada en su totalidad por mí y mi indomable imaginación. Todos los personajes son adultos (mayores de 18 años) y tomé la precaución de cambiar los nombres para respetar la privacidad de quienes me inspiraron a escribirla. Este relato también se encuentra en mi perfil de Wattpad (KatVonSage).

DISFRUTEN!!!


* ATENCIÓN:

Estos relatos están dedicados a todos aquellos fans hispanohablantes del Spanking. Son el resultado de mis fantasías mentales y mi obsesión por el tema.

Algunas historias tendrán imágenes relacionadas a la historia, pero para evitar problemas, aclaro que el contenido no es apto para menores de 18 años.

Disfruten ❤️

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