Tratando de ignorar el silencio sepulcral que cayó como un velo negro sobre mí en cuanto me enteré de que Charly se encontraba hospitalizado por una delicada condición pulmonar, me levanté de la mesa, lavé mis platos y subí a mi cuarto a ponerme la pijama y prepararme para dormir. Pocos minutos después, me encontraba ya en la cama, jugando videojuegos en una consola portátil (regalo de mi hermano mayor como bienvenida a la familia).
- Sipi -respondí distraídamente mirando la pantalla del videojuego.-
- Kat... -dijo en un tono de ligera advertencia, yo sabía bien por qué.-
- Ya. Ya está, ya está –me apresuré a decir mientras guardaba la partida del juego y apagaba la consola para dejarla en mi mesita de noche. A continuación, sonreí un poco con esa carita de ángel que había notado que a mamá le gustaba tanto.-
- Muy bien, amor –concedió acariciando mi cabello, palmeando las cobijas alrededor de mí en un gesto cariñoso-. Nada de jugar durante la noche, ¿entendido? –señaló el videojuego en la mesita con la mirada, tomando asiento brevemente a la orilla de mi cama.-
- Nopi –asentí abrazándome a ella-. Mami...
- ¿Sí, cariño?
- ¿Tío Char va a estar bien? –cuestioné con un pucherito.-
- Mírame, peque... -dijo separándose apenas un poco para establecer contacto visual conmigo, a lo que obedecí, conteniendo la amenazante humedad en mis ojos-. Tío Charly está bien...ahora lo está. Está estable y en el hospital lo están cuidando muy bien, su vida ya no está en peligro. Duerme tranquilo, mi tigrecito, deja que mamá y papá se preocupen de esas cosas aburridas de grandes, ¿está bien? –me tranquilizó tomándome con delicadeza por la barbilla.-
- Te quiero más, mi peque. Hasta mañana –respondió y, tras un apretoncito, salió de mi cuarto.-
Quería creer que no, pero al parecer una parte de mi subconsciente estaba algo preocupada por Charly. ¿Estaría bien? ¿Se estaría aburriendo? Seguramente los gatos lo extrañaban tanto como yo. La casa se sentía diferente en su ausencia. Dicen que la comida en los hospitales sabe horrible, espero que no sea verdad...¿le estarán dando chocolates como los que le gustan de postre después de cada comida?
God Of War (videojuego que mi hermano me había instalado a escondidas de mamá, claro), X-Men: Wolverine, Crash Bandicoot, Need For Speed...un ratito en cada juego y el tiempo pasaba, hasta que, sin notarlo, me quedé dormido habiendo perdido la noción del tiempo.
Oh-oh...sólo quedaba una opción. Mamá y papá.
Hablando del rey de Roma...en ese momento escuché que alguien tocó la puerta, avisando que iba a entrar. Como bólido, retomé mi posición de descanso en la cama y permanecí con los ojos abiertos. La puerta se abrió y mamá entró, a lo que sonreí como si nada y la saludé.
- Buenos días, cariño. ¿Dormiste bien? –preguntó mientras se sentaba en la orilla de la cama.-
- Shi -dije mintiendo a medias.- ¿Tú?
- También, amor –respondió con una voz tan normal como siempre, dejando un beso en mi frente.-
- ¿Y papá? –me esforcé por encauzar la conversación hacia un tema que no dejara espacio a hablar sobre el hecho de que yo había cometido una falta.-
- Tuvo que salir temprano a aplicar un examen en la universidad, tu abuelito se fue con él para pasar a visitar a Charly.
- Ahhh...weno –respondí y de inmediato me quedé sin palabras, siendo mis nervios los que me traicionaron, haciéndome pasear la vista por toda la habitación.-
- ¿Todo bien, mi peque? –preguntó mamá al ver que algo me tenía inquieto.-
- Sipi... -otra mentira inocente.-
- Bien...hay algo de lo que debemos platicar.
Como toda respuesta, sacó del bolsillo de su chaqueta aquello que yo buscaba: el PSP. Tragué saliva.
- ¿Quieres contarme qué hacías despierto a la 11:04 PM? –se dirigió a mí sin perder ni un ápice de la calma y dulzura que usualmente la caracterizaban.-
- Ya...sabes que no debes usar aparatos electrónicos tras tu hora de descanso, amor.
- Shipi, pero...es que estaba un poquito preocupado. Por...ya sabes, por Charly –admití, un poquito apenado.-
- Comprendo, cariño, pero podías haber hecho algo más. ¿Qué tal leer? O escuchar música, sabes que eso sí puedes hacerlo si no puedes dormir de inmediato –me invitó a razonar.-
Asentí.
- Y...¿y me va a doler? –en verdad no se me ocurrió una pregunta mejor.-
- Un poco sí, Kat –sonrió con un sutil matiz de ternura maternal-. Sabes que no es un premio, peque.
- Sí, mami... -murmuré y fijé la vista en la cabecera de la cama, donde estaba mi tigre de peluche, mirándome de vuelta como si me asegurara que todo iba a estar bien. Estaba en buenas manos.-
Mi cabeza daba vueltas al asunto y yo no podía hacer más que sonrojarme como jitomate mientras las nalgadas se sucedían. De momento era un dolor soportable, pero no pude evitar pensar en mil cosas a la vez.
Había roto una regla importante, pero mamá no estaba molesta conmigo. Había hecho algo incorrecto e irresponsable, pero eso no definía quién era ni haría que mi nueva familia se alejara de mí.
El torrente de pensamientos seguía fluyendo en mi mente pero, casi sin darme cuenta, a los 20 azotes comencé a tensarme. Mamá había aumentado un poco la fuerza.
Llegando a los 40 azotes, yo ya estaba apretando las cobijas entre mis manos y cruzando los tobillos para tratar de no patalear demasiado, quería hacerme el fuerte. Hasta ese momento, mamá había estado alternando un lado y otro, pero de pronto comenzó a dejar palmadas contundentes justamente en la zona central de mi trasero, la que entra en contacto con la silla cada vez que me siento.
- Tengo que asegurarme de que aprendas la lección, amor, ya falta poco –respondió, para mi desgracia, sin interrumpir sus movimientos.-
- Shhh...quieto, jovencito –la escuché decir con calma mientras daba los últimos azotes.-
PLAS...PLAS...PLAS!!
- ¡AY! –grité más alto esta vez, sorprendido y aliviado de que al fin hubiéramos terminado.-
- Ya está, peque... -aseguró mamá en tono neutro, acariciando mi espalda para ayudarme a recuperar el aliento-. Arriba, Kat.
- Tranquilo mi amor, ya pasó –dijo poniendo con delicadeza un dedo sobre mis labios-. Falta el rincón y ya.
- Vamos –dijo mamá poniéndose de pie, tomando mi mano nuevamente para guiarme a la esquina más alejada de la puerta de mi habitación y ayudándome a asumir la posición correcta: de espaldas a ella, con la nariz apuntando al lugar donde dos paredes convergían-. Diez minutos. Nada de sobarse ni mirar a otro lado, si no, empezamos de nuevo.
Tras unos minutos, la espera terminó, y yo, bueno, ¡por supuesto que había aprendido la lección!
- Síiii –asentí con rapidez, obteniendo una risa como respuesta-. Respetar mis horarios, para no amanecer zombie.
- Me alegro, Kat...que no se repita, ¿entendido?
- Shi –dije y estiré los brazos para por fin tomar mi tigre de peluche y abrazarlo mientras mamá me abrazaba a su vez y sobaba mi parte posterior, ante lo cual no pude evitar morderme el labio inferior, gesto que no pasó desapercibido para ella.-
- Awww...ya pasará, peque, ya pasará. Ahora sólo tienes que portarte bien –sonrió.-
- Mueño...lo intentaréDIGO sí, mamá –corregí de inmediato, haciendo un saludo militar a modo de juego.-
- Eso quería escuchar –dijo mamá haciéndome cosquillas-. Vamos a desayunar, ¿te parece? No quiero que tus hermanos vuelvan a desayunar papas fritas con catsup –bromeó.-
- ¡¡¡Síiiiii!!! –respondí emocionado-. ¿Puedo desayunar hot cakes en forma de dinosaurio?
Todo transcurrió con normalidad; gatos comiendo por un lado y humanitos comiendo por otro lado, y yo, en un arranque de moderada malcriadez, insistí en desayunar sentado sobre las piernas de mamá (a lo que por suerte no se negó), ya que me daba pena que mis hermanos vieran mis caras y pucheros tratando de permanecer sentado con (nula) comodidad tras recibir mi primer castigo de manos de la mejor mamá del mundo. Y la más estricta también, pero no por eso menos cariñosa.
- Shi –respondí arrastrando un poco las palabras, rodeando su cuello con ambos brazos, apoyando la cabeza en su hombro-, pero es que quería esperarte, papi.
Pude sentir que papá se puso contento al escuchar eso; acarició mi espalda en círculos y me abrazó con firmeza, teniendo cuidado de no despertarme por completo.
- Vamos, chiquito, la sala no es lugar para dormir –escuché mientras percibía que nos dirigíamos arriba.-
- Hoy lo castigué por primera vez – respondió ella con simpleza, siendo igualmente cuidadosa para no despertar al pequeño en sus brazos.-
- Vaya. ¿Qué hizo? –cuestionó él mientras se preparaba para dormir, yendo de un lado a otro del cuarto, alistando cosas para el día siguiente.-
- Nada muy peligroso, mi vida, pero estuvo jugando videojuegos después de las 10.
- . . . Ojalá haya aprendido algo hoy y no se repita, no es bueno para su salud –suspiró el padre, recostándose en el lado opuesto de la cama, dejando al niño entre amb@s y apagando toda luz presente, excepto una lamparita central en la pared sobre la cabecera de la cama.-
- Calma, ya me hice cargo de todo, amor. Si sabe lo que le conviene no se repetirá –aseguró la mujer con una sutil sonrisa.-
- Ya lo creo –respondió el hombre, conteniendo una ligera risita-. Tienes fama de ser severa con los niños.
- Ya somos dos -dijo, sonriendo-. Vamos, tampoco tendrá demasiado problema para sentarse, no usé más que mi mano por ser la primera vez –con cuidado, la madre se incorporó para cruzar el espacio que l@s separaba y depositar un casto beso en los labios de su esposo.-
- Bien, al menos la ropa lo habrá protegido un poco...-dijo él, correspondiendo al beso.-
-Mmm no precisamente.
- . . . ¿Directo sobre la piel? –abrió un poco los ojos, algo sorprendido.-
- Descansa, corazón –respondió ella sin borrar la sugestiva sonrisa de su rostro mientras apagaba la lámpara, dejando todo en penumbras-. Te amo.
- Te adoro –respondió él desde la obscuridad.-
- Tío Char está enfermo.
Cuatro simples palabras fueron necesarias para que pareciera que la creciente tensión en el aire podría cortarse únicamente con un cuchillo. O, si a esas vamos, con una sierra eléctrica. El padrino de mamá era más que un simple "tío" para nosotr@s. Era un confidente, guardián, compañero de juegos, paño de lágrimas, consejero imparcial, cómplice de numerosas travesuras pero, además de todo eso, una persona de gran importancia en nuestra numerosa familia.
En lo que restó de la tarde, conforme nos fuimos enterando de los desafortunados detalles que circundaban la fluctuante salud de tío Charly, el silencio en la casa fue acentuándose, llegando al punto de no intercambiar ni un par de bromitas a la hora de la cena. Dicho sea de paso, apenas pude comer algo. Hacía relativamente poco me habían adoptado, un mes a lo sumo, pero en ese plazo había tenido tiempo suficiente para conocer a cada miembro de mi nueva familia y crear vínculos únicos con cada quién.
Papá y mamá trabajaban casi tooooodos los días hasta bastante tarde, y mis hermanos y hermanas tenían escuela, mucha tarea o trabajo, por lo que mi convivencia con tío Char y el abuelo era más que frecuente.
10 PM.
Mamá entró en mi habitación, como cada noche, para despedirse de mí.
- ¿Listo para dormir, peque?
Asentí un poco más efusivamente esta vez, exhalando para liberar la tensión mental que hasta hace pocos minutos me abrumaba.
- Así me gusta –respondió dejando un beso en mi frente, ante lo cual no pude evitar sonreír, más aún porque acompañó el gesto con cosquillas-. Descansa, cielo.
Apenas recuperé el aliento, un poco entre risas, la abracé de nuevo, esta vez con más fuerza.
- Te quiero, mami –murmuré.-
Cerré los ojos y me dispuse a soñar con gatos y dinosaurios, como de costumbre, pero para mi mala suerte, conciliar el sueño estaba resultando poco menos que imposible para mí, a pesar del cansancio y la tranquilidad que momentos antes me envolvían. Traté y traté...di mil vueltas entre las sábanas para encontrar la posición adecuada, quitaba y ponía la almohada, abracé a mi tigre de peluche...nada.
No. Podía. Dormir.
Abrí los ojos de golpe y me quedé como pasmarote, viendo el techo. Exhalé con resignación. Pasara lo que pasara, yo no podía hacer nada. Giré y encendí el PSP (la consola de videojuegos portátil) sólo para ver la hora. 10:20 PM. ¿¡Apenas!?
Por los escasos ruidos en la casa, deduje que los mayores ya estaban en proceso de dormirse. En teoría, yo tenía que descansar a las 10PM. Me durmiera o no a esa hora, tenía que soltar todo aparato electrónico a las 10 y al menos acostarme para, eventualmente, quedarme dormido. En situaciones de insomnio, tenía permitido leer o escuchar un poquito de música para auto-inducirme el sueño, pero en esta ocasión, sin vigilancia y con la consola en la mano, la tentación era demasiada. Me puse los audífonos, acomodé las almohadas y me puse a jugar de nuevo.
A la mañana siguiente, apenas abrí el ojo, vi que la mesita de noche estaba vacía y recordé de golpe lo que había hecho la noche anterior. ¡El PSP! ¿Dónde lo había dejado? Miré por todos lados, revolví entre las cobijas, miré bajo la almohada, busqué debajo de la cama...ni rastro de la consola. ¿Se la había llevado uno de los gatos? Nope, demasiado pesada, además el sabor no les gustaría... ¿Alguno de mis hermanos o hermanas? No, ellos tenían un X-Box y a mis hermanas no les gustaban esas cosas... El abuelo quedaba descartado por completo, la tecnología no era lo suyo y se dormía más temprano que nadie.
¡¿?!
- Holi.
Hice un esfuerzo por no palidecer. Llevaba poco tiempo en esta familia y me encantaba, realmente sentía que tod@s me querían tanto como yo a ell@s, cada uno de los miembros de mi familia se había vuelto imprescindible y entrañable para mí, sentía que llevaba toda una vida de conocerl@s, pero por eso mismo podía presentir que esta conversación no iba hacia un "buen lugar".
- ¿S-Sí, mami? –pregunté con una voz tan calmada como me fue posible.-
Rayos...en este momento, me encontraba maldiciendo mentalmente las habilidades tecnológicas de mamá. Seguramente entró a mi cuarto durante la noche, vio el aparato en mis manos y revisó el registro de actividad en la sección de "ajustes". No me atreví a inventarle ni media historia.
- Pero, pero...es que no podía dormir, mami. No me di cuenta de la hora. Perdón.
Me quedé en silencio. Ella tenía razón. Suspiré y la miré con ojos de cachorro, pero no me gustó lo que obtuve como respuesta.
- Ven aquí, cariño. Terminemos con esto... -dijo con tranquilidad mientras ponía a un lado el videojuego y se acomodaba mejor sobre la cama.-
Yo sabía lo que venía, aunque nunca antes lo había vivido. No así. Había sabido y escuchado cuando mis herman@s se metían en problemas y mamá o papá tenían que "ajustar cuentas" con ell@s respecto a su comportamiento. Mamá me había explicado antes, suficientes veces y con su interminable paciencia, que nuestros actos tienen consecuencias y que las reglas de la casa son para asegurar nuestro bienestar.
Al ver que me movía con tanta incertidumbre como lentitud, tomó mi mano con gentileza y me guió hasta situarme de pie frente a ella, a lo que no opuse resistencia, ya que con ella me sentía seguro y a salvo y sabía que, fuera de alguna que otra nalgada para corregir mis errores y travesuras, jamás me lastimaría ni permitiría que me hiciera(n) daño.
- Está bien, mi bebé. Sabes que lo que hiciste no estuvo bien y merece un correctivo para que no se repita. No estoy molesta contigo, ¿comprendes? –me miró esperando mi respuesta, con unos ojos tan dulces que en verdad me fue imposible sentir miedo-. Después de esto, todo quedará en el pasado. Tomaste una mala decisión, pero no eres una mala persona.
Negué con la cabeza y me sonrojé. A continuación me colocó boca abajo sobre su regazo y bajó lenta pero determinadamente el pantalón de mi pijama y mis bóxers.
- Será una nalgada por cada minuto que hayas estado jugando después de tu hora de descanso. Es la primera vez que debo hacer esto contigo, cariño, por eso sólo usaré mi mano, pero si se repite entonces tendré que duplicar la cantidad y usar un implemento, ¿está claro?
Asentí en silencio.
- Usa tus palabras, peque.
Me encontraba haciendo cuentas mentales, deduciendo que serían 64 azotes cuando, tras escuchar un resuelto "muy bien", sentí la primera palmada. Encogí los hombros, pues aquello me había tomado por sorpresa, aunque por lo mismo me quedé mudo.
Definitivamente no estaba acostumbrado a eso. Secretamente, al inicio albergaba un miedo latente a perder otra familia y tener que volver al mismo infierno del que había salido un mes atrás, pero fue cuestión de simplemente ver a mamá a los ojos esa mañana para saber que mis miedos distaban mucho de la realidad. Me quedaría ahí, con mi familia, porque ahí pertenecía. Y, con las nalgas rojas o no, mamá no dejaría que yo fuera a ningún lado sin ell@s. Mi lugar estaba ahí...claro, de momento "ahí" sobre su regazo empezando a patalear por el dolor, pero a fin de cuentas, "ahí".
- ¡Auch! –exclamé encogiéndome de hombros-. Mamiiiii, ¡dijiste que dolería "un poco"!
- Mmmmfff... -refunfuñé hundiendo la cara en las sábanas, ahora sí pataleando un poco más, podía sentir mi respiración agitada y el calor acumulándose en el borde de mis lagrimales.-
PLAS PLAS PLAS PLAS PLAS PLAS PLAS PLAS PLAS PLAS...
Fueron los 30 segundos más largos de mi corta existencia. Cada nalgada me hacía saltar en mi lugar y moverme para, inútilmente, "esquivar" las palmadas que caían ahora con más rapidez sobre mi piel.
- ¡Ay! ... ¡AUCH! Grrrr....no lo vuelvo a hacer, mamiiiii, ¡ya, por favor! – pedí, olvidando por completo aquello de "hacerme el fuerte".-
Con su ayuda, poco a poco me levanté y me paré frente a ella, mirando las puntas de mis pies.
- Lo siento, mamita...
Levanté la vista y un par de trazos húmedos en mis mejillas delataron las pocas lágrimas que había derramado, más de sentimiento que de dolor...o ambas cosas. Un beso en la frente me tomo por sorpresa, aunque aligeró bastante el ambiente para mí.
Oír aquello me hizo contener la respiración un par de segundos, pero al parecer se conformó con mi silencio. Escuché sus pasos dirigirse a la cama otra vez y exhalé, en parte preguntándome qué hacer o pensar en esos diez eternos minutos y en parte aliviado de que lo peor ya hubiera pasado. En segundos me encontré mirando la pared como si fuera lo más interesante que hubiera visto en mi vida (tratándose del rincón no hay muchas opciones, EJEM) y claro, pensando en lo que había hecho, aunque el saber que mamá estaba detrás de mí observándome fijamente era motivo suficiente para estar más que avergonzado. Ahí, con la "evidencia" de mi pequeña travesura expuesta en plena "escena del crimen"...seamos honest@s, en casos como este, la pena SÍ es parte del castigo. Tragué saliva e inhalé tan profundo como pude. Todo esto era nuevo para mí.
- Listo, bebé. Ya puedes vestirte –concedió mamá desde su posición sobre mi cama, a lo que respondí con un suspiro y media sonrisita, girando sobre mis talones mientras subía mi ropa interior y los pantalones de mi pijama-. Ven aquí...
Me dirigí con pasitos dubitativos hacia mamá, quien me mostraba ahora una amplia sonrisa, para mi enorme alivio. Palmeó un par de veces el colchón y eso bastó para que yo subiera de un salto a la cama, donde ella me recibió entre sus brazos y amb@s nos recargamos en un montón de almohadas.
- ¿Aprendiste algo, mi amor? –preguntó.-
Aquello le sacó una carcajada y nos pusimos en marcha hacia la cocina.
Al anochecer, me encontré de nuevo con un poco de insomnio; papá no había llegado aún. Supuse que el bobo examen de universidad que había tenido que aplicar se había extendido demasiado, así que bajé de puntitas a la sala a medianoche y me acosté en uno de los sillones con mi tigre de peluche y una cobija hasta que me quedé dormido. Después de un rato, escuché entre sueños la puerta y una serie de pasos más pesados que los de mamá. Medio sonámbulo, abrí los ojos y esbocé una sonrisa soñolienta al ver de quién se trataba.
- ¿Qué haces aquí, tigrecito? –preguntó papá dejando sus cosas a un lado y alzándome en sus brazos-. ¿Tu mamá no fue a darte las buenas noches en tu cama?
Tras eso, me sumergí de nuevo en mi anterior estado de sueño, pero justo antes de perder por completo la conciencia pude sentir que me depositaban en una cama que, para mi grata sorpresa, no era la mía. Emití un leve quejido al entrar en contacto con el colchón y me abracé a lo primero que encontré. O, mejor dicho, "a quien primero me encontré".
- Shh, shhh...descansa, peque. Duerme –escuché la tranquilizante voz de mamá, que de inmediato terminó por arrullarme.-
Ahí, en la cama de mamá y papá (que de vez en cuando me permitían dormir con ell@s en lo que me acostumbraba a la casa), me quedé profundamente dormido, abrazado a mamá. Soñé con tigres, música y dinosaurios, tal como me gustaba, y no fue sino hasta el día siguiente que me enteré de lo que había sucedido después de que papá me depositó sobre su cama. Mi subconsciente lo tiene mucho más claro que yo, pero por lo visto fue algo así:
(Narrado en tercera persona.)
- Descansa, tigrecito travieso... -fueron las últimas palabras del mayor que los diminutos oídos del niño captaron antes de que Morfeo lo transportara a la tierra del ensueño-. ¿Y ese quejido? –el padre de familia se dirigió en voz baja a su esposa, pues el sonido emitido por el menor al entrar en contacto con la superficie de la cama no había pasado desapercibido para él.-
Como toda respuesta, su esposa se encogió de hombros, aprovechando la accidental situación para sonreír pícaramente a su amante.
- Después ajustamos cuentas tu y yo –murmuró él, captando en segundos la sutil indirecta.-
Ya tendrían tiempo para intimar después, de momento la prioridad era estar ahí para el angelito travieso que en ese momento los separaba físicamente y a la vez los hacía amar estar unidos y haber formado una familia. Una familia en la que tod@s estaban disponibles para los demás miembros. Una familia que sabía ser una familia, en las buenas y en las malas.

Comments
Post a Comment
Gracias por leer y comentar! ;)