Esta historia realmente la escribí hace un año, como parte de un castigo impuesto por mi mamá (del mundo spanko) tras una discusión/malentendido con mi hermana (adoptiva, dentro de nuestra pequeña familia en dicho mundito). Originalmente no pensaba en publicarla, pero honestamente amé cómo quedó y eso me impulsó a hacerlo. Espero que les agrade tanto como a mí, sus comentarios son siempre bienvenidos y bien recibidos.
*******************************************************************************************
"Peque, hoy no puedo salir a tiempo de la oficina para ir por ti, pero tu tío Char pasará a recogerte, ya avisé también a la escuela para que te dejen irte con él y Lau te espera en casa para comer. Obedece a Char y come bien, por favor, cariño.
Nos vemos más tarde.
Apenas levanté la vista me encontré con que Char ya estaba en el portón esperándome. Rápidamente guardé el celular en la bolsa pequeña de la mochila y corrí a saludarlo como siempre: con un abrazo de koala.
– ¡Tíooooooooooo! –grité mientras saltaba para abrazarlo, notando que de él emanaba un olor muy peculiar–. Hueles a fresas, ¿qué comes?
– Hola, tú... –correspondió a mi abrazo riendo con levedad y después me depositó de nuevo en el suelo–. No se te escapa ni una. Son caramelos de fresa, sí...pero son, eh...medicinales.
– Mientes horrible, tío –no pude evitar decir mientras emprendíamos el camino a casa–. ¿Me das? ¿Anda, síiiiiii? Porfiiiiiii, sólo uno.
– Pero...bueeeno, toma. Sólo uno –repitió mientras ponía una bolita roja en la palma de mi mano, misma que no tardé en comerme. – Y que tu madre no se entere.
– Calma, lo sé...pero por uno que me coma no se me quitará el hambre –respondí mientras pateaba un par de piedras pequeñas y saltaba sobre una de las bancas del parque por el que pasábamos, cuando de pronto un sonido me detuvo en seco–.
¡¿?!
– ¿Escuchaste, tío?
– ¿Qué cosa? No oigo nad...
– Shhh... –murmuré mientras volvía sobre mis pasos, haciendo el menor ruido posible al caminar–. Un gatito...
Seguí los agudos maullidos, que me llevaron justo detrás de un arbusto y entonces lo vi: un gato pequeñito, color gris claro con rayas en un tono de gris más obscuro y ojos verdes como aceitunas. Estaba solo y se veía hambriento y cansado, por no mencionar lo asustado que podría estar. Sin dudarlo ni un momento, saqué mi sudadera y me acerqué cautelosamente, como había visto innumerables veces que lo hacían mami, papi y mi hermanita cuando se trataba de rescatar a un animalito desamparado en la calle. Con mucho cuidado, envolví parte de su cuerpo en la sudadera y lo levanté, sosteniéndolo contra mí...este era diferente, no parecía tener miedo. De cualquier forma tuve la precaución de no acercarlo demasiado a mi cara, primero para evitar rasguños y segundo para evitar contagios en caso de que fuera portador de bichos o bacterias, aunque no lucía precisamente enfermo, sino curioso y algo inquieto.
– Gatitu...–sonreí mientras salía del escondite con el felino en brazos, listo para retomar el camino con Char–. Tranquilo, no voy a hacerte nada, ya estás a salvo. ¿Verdad, Char?
Pero para mi sorpresa, Char me miraba negando con la cabeza, y podría apostar que en ese momento fui capaz de leerle la mente incluso antes de que hablara.
– Kat...¿otro peludo? Sabes lo que tu padre diría. Después de todo, ya hay en la casa 13 gatos, 3 sapos, dos serpientes, un cocodrilo y un dragón de Komodo. Además...
– P-Pero, Char... –protesté, como era mi costumbre–. No podemos dejarlo aquí. Hay perros callejeros grandes que pueden encontrarlo de noche y, si lo ven solo, le harán daño –añadí, haciendo uso de mi puchero más conmovedor, ése que me funciona para conseguir lo que deseo con quien sea...excepto con mamá, claro. –
– Kat...–dijo Char, suspirando. Eso significaba que mi técnica estaba funcionando–. Bueno, si tu madre pregunta, yo no sé nada, tú sabrás cómo explicarles esa bolita de pelos. Y sabrás explicarles por qué no llamaste a Lau para al menos pedirle ayuda o consejos, ejecutar un rescate tú solo podría ser riesgoso.
– Pero no estaba solo, tú estabas aquí.
– Sí, estaba aquí...de adorno, como árbol de Navidad. Debiste dejar que yo envolviera al gatucho en la sudadera.
Evidentemente, ni al gatito le hizo gracia el sobrenombre, ya que emitió un sonido similar a un gruñido.
– Vale, sí, pero no pasó nada...ya se me ocurrirá algo –dije, aunque ni yo me creía mis propias palabras. Más me valía tener una buena explicación–. ¿Tú sabes rescatar gatos?
– Eemmm...no.
Ambos soltamos una carcajada, por lo irónica que resultaba esa situación, pero la verdad es que no habría tenido corazón para dejar al pobre gato más tiempo ahí abandonado y quizás incluso si pedía ayuda a alguien más ya no estaría en el mismo lugar de donde lo saqué. Fue lo que me nació hacer en el momento.
El resto del trayecto de vuelta transcurrió sin inconvenientes y antes de que lo notara ya estábamos en casa.
Apenas pusimos un pie adentro, Char se desapareció como por arte de magia con el pretexto de que iba a verificar que Juancho (el cocodrilo) y el dragón de Komodo no se hubieran comido las almohadas de su cuarto. Mientras tanto, yo fui a la cocina, donde me encontré con que Lau ya tenía comida hecha para l@s dos, olía delicioso. Me quité la mochila de los hombros y me acerqué para saludarla, pero el animalito en mis brazos se adelantó, saludando con un maullido antes de que yo pudiera siquiera decir "hola".
– ¡Kat! Llegaron temprano, menos mal, creía que Char iba a llevarte a... ¿Qué tienes ahí? –Cuestionó ladeando ligeramente la cabeza. –
– Hola...y-yo...nada. Bueno, sí...
Anticipándose a mis movimientos, el gatito asomó la cabeza por entre los pliegues de la sudadera, respondiendo en mi lugar la pregunta que mi hermana mayor acababa de formular.
– ¡Un gatito! –exclamó y en menos de un segundo ya estaba junto a mí, examinando al animalito con la mirada–. Es precioso, pero...¿de dónde salió?
– Y-Yo lo rescaté... –respondí haciendo acopio de valor. Era mi primer rescate, hasta ese momento sólo había visto cómo se llevaba a cabo una operación como aquella, pero nunca lo había hecho yo. –
– ¿Tú? Pero si tú nunca has hecho un rescate, y la única vez que lo intentaste, un gato te mordió y te dejó con una herida sangrante en la mano, ¿lo olvidas?
– No, yo...lo sé, esas cosas no se me olvidan, pero...peroperopero por favor, hermanita, es que no podía dejarlo ahí. Tú entiendes...¿verdad?
– Yo sí, claro, a eso me dedico, pero a mamá no le gustará mucho saber que te arriesgaste otra vez haciendo algo así tú solito.
– Pero no estaba solo...Char estaba conmigo.
– Ya...–respondió Lau con cierta incredulidad. –
– Él me ayudó a atraparlo...con la sudadera –mentí. Tenía que tratar de convencerla de que no me había arriesgado, así quizás accedería a ayudarme con el favor que estaba a punto de pedirle–. Pero necesito que me ayudes con algo.
– Mmmm...¿qué es?
– Necesito que me ayudes a convencer a papá de que nos deje quedarnos con él.
– ¡¿Qué?! ¿Y yo cómo voy a hacer eso? –preguntó, atónita.-
– ¡Yo qué séeee! Pero anda, ¿síiiii? Por favor, hermanita.
Lau inhaló profundamente y miró al techo, aún no lograba convencerla, hacía falta algo más.
– ¡Ya sé! Si me ayudas con eso, te daré todos los dulces que me regale Char durante una semana –propuse, era mi mejor oferta.-
– Diez días.
– Ush... -di un pisotón en el piso.- Bueno. Tú ganas. Diez días.
Al fin sonrió. Me despeinó agitando mi cabello con su mano, un gesto cariñoso al que ya me había acostumbrado, y me señaló el plato que yacía frente a mi lugar en la mesa.
– Ahora tienes que comer. Ve y déjalo un momento en el baño de visitas, ponle un poco de agua en un recipiente y una cajita de cartón, después de que hagas la tarea te acompañaré al veterinario para que lo revisen y descarten cualquier riesgo, eso ayudará a convencer a papá.
– Yeeeeeeeeeeeeeey, ¡gracias, hermanita! Eres la mejor –dije al tiempo que le daba un rápido abrazo y salía de la cocina para hacer todo lo que me había pedido antes de lavarme las manos para sentarme a comer.-
Para no variar, casi engullí todos los vegetales y comí tan rápido como pude. Lavé mis platos y después subimos Lau y yo a mi cuarto. De todas las materias, la que más odio es matemáticas, aunque a veces papi me ayuda cuando tiene tiempo, pero la materia que más flojera me da es "Formación cívica y ética"...con lo de la ética no tengo ningún problema, pero con lo de civismo ufffff...bueno, mami lee y sabe muchísimo al respecto, a veces me ayuda cuando hay cosas que no entiendo, pero eso de estudiar 181243765278 leyes y aprenderte de memoria otras 922346753847 más para el examen no es nada divertido. El asunto es que mi hermanita me ayudó un poco a entender la tarea de civismo para que terminara antes...al final no estuvo tan mal y terminé a tiempo, guardé todo y bajamos por el gatito para ir a la clínica.
Una vez ahí, dejé que Lau se hiciera cargo de todo, pues ella ya había tratado antes con animalitos rescatados y entendía todo lo que decían los veterinarios, yo no, creo que hablan en otro idioma.
"Toxoplasmosis: negativo... Histoplasmosis: negativo... Parvovirus: negativo... Streptococcus: negativo!" era todo lo que podía escuchar desde la sala de espera del consultorio.
Al salir del cubículo, Lau se dirigió al escritorio de la secretaria del doctor y me hizo una seña para que me acercara. Me levanté y fui dando saltitos hasta donde ella estaba y vi que le entregaban una libretita pequeña, era la cartilla de vacunación, al gatito le habían aplicado una ampolleta desparasitante en el lomo y la "vacuna quíntuple", que cubría las enfermedades a las que los gatos eran más propensos. Yo no tenía ni idea de qué significaba todo lo que estaba escrito ahí, pero si al gatito le pusieron una vacuna de nombre tan complicado y no lloró ni emitió ningún ruido, es que era muy valiente.
De regreso a casa, mi hermanita me dejó llevar al gatito en brazos, ahora no era peligroso porque no tenía ninguna enfermedad contagiosa ni pulgas que pudieran saltar y quedarse en mi ropa, estaba limpio.
"Sólo espero que papá nos deje quedarnos con él...si Lau es quien se lo pide, quizás diga que sí", pensé para mí mismo.
Al fin llegamos. Justo a tiempo, antes de que se metiera el sol. Mami y papi ya habían vuelto del trabajo y estaban en la sala platicando sobre cómo les había ido en el día.
Entre mis nervios y mis pensamientos acelerados, involuntariamente tomé de la mano a Lau. A veces hago eso sin querer, me ayuda a sentirme más seguro, pero en este momento lo necesitaba más que otras veces, ya que, al vernos entrar en la habitación con OTRO gato en brazos, papá y mamá pusieron una cara de sorpresa que nunca podré borrar de mi mente. No lucían molest@s, pero su expresión dejaba ver que querían una explicación y la querían ya. Ell@s amaban a los gatos, digo, por algo nuestra casa era la réplica exacta de un zoológico, pero para como estaba la situación económica y considerando el tamaño de la casa, quizás recibir a otro integrante en la familia no era lo que tenían en mente. No en ese momento, al menos.
Siendo yo quien llevaba al susodicho encima, era de esperarse que ambas miradas cayeran sobre mí, aunque, para disipar un poco la ligera tensión que sentía, le entregué el gatito a Lau y me acerqué a saludarl@s como si nada, no sin antes ver de reojo que mi hermanita asentía en dirección a mí, como diciendo "todo saldrá bien, tranquilo".
– Holi –me acerqué a saludar a papá con un abrazo.-
– Hola, peque...¿Cómo estás? ¿Comiste?
Ya decía yo que se habían tardado en preguntar si comí...
– Sipi...todo bien. Se me derritió el cerebro en clase de matemáticas, pero sobreviví –bromeé tratando de aligerar el ambiente a la vez que me acercaba a saludar a mamá con un abrazo de oso-. Holi, mami...
– Hola, cariño. ¿Cómo te portaste hoy?
La pregunta del millón. ¿Por qué siempre tenían que elegir el día más controversial para hacerme específicamente esa pregunta? Bueno, no había hecho nada malo, en teoría, así que respondí tan naturalmente como pude, rogando al cielo que Char y mi hermanita (que también se había acercado a saludar a papá y mamá) no fueran a tirarme de cabeza de ninguna forma posible.
– Bien...Char fue por mí a la escuela y después comí con Lau y me ayudó a hacer tarea –respondí con la vocecita más inocente de la que fui capaz.-
– Muy bien...¿y este angelito peludo de dónde salió? –preguntó mamá con una sonrisa apenas perceptible en cuanto Lau se acercó a saludarla aún con el gato en brazos. Los gatos le encantaban, de alguien teníamos que haber sacado el amor por los animales, claro.-
No me sorprendió que Lau me volteara a ver.
– Eemmm...pues...-comencé a explicar-. Venía de regreso de la escuela con Char y lo vimos por ahí y no podíamos abandonarlo a su suerte...y...y...y Char me ayudó a rescatarlo –sin darme cuenta comencé a hablar más rápido, sin percatarme de que eso mismo podría delatarme, pero es que cuando papá se pone serio es imposible no ponerse nervioso-. Y...y después de hacer tarea f-fuimos a...
– Fuimos al veterinario para que descartara cualquier peligro y el gatito se encuentra en perfecto estado de salud –completó Lau, afortunadamente se apiadó de mí en el momento justo en que mis nervios se hacían notar aún más-. Y el gatito se llama Tito. ¿Nos lo podemos quedar? Es que es hermoso, papito, por favor. Sólo míralo.
Fiufffff...salvado por la campana. Aunque al principio papá no se veía muy convencido, su alivio se hizo evidente al escuchar que el animalito no suponía ninguna amenaza en cuanto a términos de salubridad, que era una de las prioridades en la casa, para humanos y para animales.
Para mi buena suerte, la historia parecía haber convencido a mamá más rápido de lo que pensaba, motivo por el cual volteó a ver a papá con esa carita que lo desarma. Ella estaba de nuestro lado. Tito no sería una carga en ningún sentido, excepto porque el consumo de comida para gato aumentaría un poco, pero nada de cifras exorbitantes. Tras ser depositado en el suelo, el gato fue directamente a los pies de papá y comenzó a olfatear su pantalón, frotando su pequeña nariz contra la tela mientras ronroneaba.
– Está bien...-accedió-. Pero saben las reglas. Y la próxima vez hay que consultarlo antes de traerlo a casa.
Asentí rápidamente con una sonrisa de oreja a oreja y corrí a abrazar a papá en señal de agradecimiento.
– ¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Gracias, papi, prometo que lo voy a cuidar muchísimo! Y no voy a dejar que se coma tus calcetines ni que moleste a los sapitos, no te preocupes.
– ¡YA ESTÁ LA CENAAAAAAAAA! –la voz de Char viniendo desde la cocina me sacó de mis pensamientos y sirvió para cambiar un poco la atmósfera en la sala, lógicamente fui el primero en salir corriendo en esa dirección, pero para mi mala suerte no pude usar ese momento para alertar a Char de lo que les había dicho a Lau, a mami y a papi, porque mi abuelo estaba ahí también y podría escuchar, así que tuve que limitarme a saludar y sentarme en la mesa a esperar a l@s demás.-
Todo transcurrió sin percances hasta que, a la hora del postre, uno de mis hermanos mencionó entre risas que si seguíamos así la casa terminaría siendo de los gatos y no de nosotr@s, porque cada vez había más y más. Creí que todo pararía ahí y fingí demencia, pero por poco me atraganto mientras me tomaba la leche con chocolate porque ni de broma me esperaba lo que pasó a continuación.
– Por cierto, padrino, gracias por ayudar a Kat con el rescate del gatito –comentó mamá.-
– ¿Eh? –por lo visto aquello también tomó a Char desprevenido, así que me vi en la penosa necesidad de darle una patada suave por debajo de la mesa, aprovechando que mi lugar estaba junto al suyo-. ¡Ay! ¡AH, SÍ! El gato...El gatito ese...no es nada, ahijada.
Si en ese momento me hubiera tragado la tierra, habría sido perfecto, pero por desgracia no fue así. Char no tenía ni la menor idea de nada y yo no le podía explicar en ese momento sin que alguien más escuchara.
– Fue muy considerado de tu parte ofrecerte a ser tú quien atrapara al gatito, padrino, Kat sabe que no debe intentar rescates solo todavía –comentó mamá "casualmente" mientras terminaba de cenar.-
– Yo...oh, sí, bueno...creí que era lo mejor –masculló Char entre dientes aparentando normalidad, aunque en cuanto mamá se distrajo Char me dirigió una mirada de confusión total y yo a él una de culpa y arrepentimiento mortal, pero bueno, ya le explicaría...o eso esperaba poder hacer.-
Aprovechando que por algún milagro terminé de cenar antes que tod@s, dije "con permiso y buen provecho" y me levanté de la mesa, llevando mis platos a la cocina para lavarlos y desaparecerme a mi cuarto lo antes posible. Apenas di la vuelta para salir de la cocina, me topé con que mamá se había levantado también y estaba de pie justo frente a mí, con ambas manos en la cintura y esa expresión de "te conozco y sé que algo está pasando aquí". La intuición femenina es una cosa maravillosa...a menos de que sea utilizada sin piedad en tu contra.
– ¡Mami! Yo...jeje ya me iba. Terminé y lavé mis platos y...
– Kat Takana Potter...
Jo...esto no podía ser bueno. ¿En qué momento el que tu madre diga tu nombre completo ha resultado bien? Exacto. JAMÁS.
– ¿S-Sí, mami?
– ¿Vas a explicarme o debo interrogar a toda la familia para conocer la verdad, jovencito?
(CONTINUA...)
– ¿Vas a explicarme o debo interrogar a toda la familia para conocer la verdad, jovencito?
– Yo...pero...¿sobre qué?
– Sobre el gato.
– ¿El gato? Bueno, emmm...ahora tenemos 14 gatos, ¿cuál de todos?
– Kat...
Mejor me callo.
– Tu tío miente horrible. Por la cara de perdido que tenía cuando mencioné a Tito en la mesa es obvio que no me estás diciendo algo.
– P-Pero...no, sólo es que Char es medio distraído y...
– Kat, no intentes zafarte de esto. ¿Me mentiste?
Ese tono de voz...gulp. ¿Por qué no sólo me cae encima un meteorito? Sería menos doloroso que asumir las consecuencias de mentir...
– Yo...más o menos. No exactamente.
Por suerte o por desgracia, alguien se levantó de la mesa y venía justo hacia la cocina.
– Sube a tu cuarto y espérame en el rincón, iré en diez minutos.
Diez minutos que parecieron diez años, cabe aclarar. Subí y obedecí. No tenía otra opción, pero bueno, quienes han estado en el rincón saben lo aburrido que es estar con la nariz entre dos paredes. Al final acabas contando ovejas mentalmente o te haces amigo de las hormigas que ves pasar por ahí. En fin, tras una espera casi eterna, escuché pasos, la puerta se abrió y de reojo pude ver que mamá entraba, tomaba la silla que estaba frente a mi escritorio y la colocaba en el centro de mi cuarto. Con toda tranquilidad se sentó y suspiró.
– Ven aquí, cariño.
Di media vuelta y me acerqué con la mirada baja, incapaz de pronunciar palabra.
– Mírame y cuéntame exactamente lo que pasó –pidió.-
¿De qué servía resistirme ahora? No había forma de salir de esto, ni siquiera aunque el dragón de Komodo entrara para intentar salvarme tendría éxito, bastaba con que mamá se quitara la zapatilla para que cualquiera huyera de ahí temblando.
– L-Lo siento, mami... -murmuré levantando la vista para verla a los ojos.-
– ¿Qué sientes?
– No haber dicho toda la verdad.
– Lo sentirás... Kat, no lo voy a repetir. ¿Qué ocurrió?
– Char no... -comencé a decir, sintiendo cómo mi corazón se aceleraba-. Char no rescató al gato, lo hice yo.
Un silencio de ultratumba se hizo presente durante lo que pareció una eternidad.
– Una cosa, Kat...una sola cosa te pedí la última vez que intentaste rescatar a un gato por tu cuenta. ¿Qué fue?
– Que...que no intentara hacerlo solo hasta que tuviera más experiencia o que pidiera ayuda.
– Ya. ¿Y por qué te pedí eso?
– P-Porque esa vez el gato me hizo daño y pudo haber sido más peligroso...pero mami, no me pasó nada, de verdad –me defendí.-
– Eso no fue lo que pregunté. Quiero que me expliques por qué no nos llamaste por teléfono o pediste ayuda, incluso Char pudo haberte ayudado a contactarnos o pensar en otra solución.
Por primera vez en un buen rato respiré profundo y entonces usé mis mejores herramientas para explicar mis acciones.
– Es que...es que sentí que podía hacerlo yo solo esta vez, no sentí que el gatito fuera a hacerme daño...y de verdad quería ayudarlo –argumenté-. Papi y tú me enseñaron que los animalitos se respetan porque sienten y porque también los creó Dios...tienen alma y saben cuando alguien quiere ayudarlos. La última vez el gato me mordió porque no supe acercarme ni sostenerlo con cuidado, pero esta vez...esta vez sentí que era distinto. Y...y si pedía ayuda, tal vez ya no estaría en el mismo lugar cuando alguien viniera para ayudarme a rescatarlo, se hubiera podido esconder o alguien más hubiera podido intentar llevárselo...y Char no sabe rescatar gatos, pero tuve cuidado, de verdad. Usé mi sudadera para sostenerlo y no lo toqué con las manos descubiertas hasta que el veterinario nos dijo a Lau y a mí que no estaba enfermo de nada.
– Mmmmm...está bien. ¿No tienes ni un solo rasguño?
– Nopi, ni uno...
– Muy bien. Trae mi cepillo.
¡¿QUE QUÉEEEE?! ¿Cepillo? ¿Había escuchado bien?
– Pero...pero mami, nooo, ¿por qué? El gato no me lastimó y nadie salió herido hoy.
– Una...
– De verdad, mamita, lo siento, a la próxima vez lo consultaré antes con ustedes y...
– Dos...
Maldición. Si sabía lo que me convenía, no permitiría que la cuenta llegara a tres. Con un resoplido salí del cuarto y fui por el cepillo de mamá, esperando que ninguno de mis hermanos me viera por los pasillos para evitar burlas y preguntas, y volví sobre mis pasos con el endemoniado instrumento en mis manos. ¿Existe algún suplicio peor que te pidan que tú mismo traigas el instrumento con el que te van a castigar? Psicológicamente hablando, la respuesta es un rotundo NO. Y para no empeorar las cosas, si es que eso era posible, no opuse resistencia al entregarle el cepillo a mamá.
Lo que siguió a continuación ocurrió tan rápido que apenas pude asimilarlo. Mamá tenía práctica más que suficiente en todo cuanto a nuestra educación se refería, por lo que no le costó ni un poco tomarme de la muñeca para recostarme boca abajo sobre sus rodillas y a continuación bajar mi ropa hasta el nivel de mis rodillas. Tres segundos y yo ya estaba completamente expuesto y vulnerable...parece chiste, pero por más veces que uno llegue a estar en esa situación, nunca es fácil acostumbrarse.
– Mamá, pero ¿qué haces? –me removí un poco al sentir el aire frío directamente en contacto con mi piel, presintiendo lo que estaba por venir.-
– ¿Te parece que nadie ha salido lastimado hoy?
– Sipi, todos estamos bien... -ahora sí que estaba perdido, ¿a dónde quería llegar con esa pregunta?-
– Cariño, repíteme las tres reglas principales –pidió mamá apoyando una de sus manos en mi espalda baja para mantenerme en el lugar.-
¿?
– Mmm...no exponer mi integridad, no lastimar a otros...y...
– ¿Y? –dejó caer su mano con fuerza dos veces sobre cada uno de mis muslos, obligándome a cerrar los párpados unos segundos.-
– Auch... Y...y no mentir.
– Exactamente. Y hoy rompiste las tres reglas. Te expusiste deliberadamente, mentiste y lastimaste a más de una persona en la familia.
¡¿?!
– Pero...no es verdad, la patada que le di a Char fue suave, además...
– ¿Patada? –fui interrumpido abruptamente.- Kat, ¡¿pateaste a mi padrino?!
Yo y mi bocota...¿para qué rayos habré dicho eso? No tuve ni siquiera tiempo de responder cuando una lluvia de azotes se desplomó sobre mi trasero. Ese cepillo ardía más que cualquier otro instrumento sobre la faz de la Tierra. Y lo peor del caso es que mamá no tenía que detener los azotes para continuar con los regaños, esos parecían no tener fin, y lo que más dolía era que sus regaños siempre eran con amor y sabiendo que ella tenía toda la razón en tomar esas medidas conmigo y mis hermanos cuando cometíamos alguna falta.
– Así que no sólo nos lastimaste a tu padre y a mí mintiéndonos, sino que también lastimaste físicamente a alguien a quien le importas muchísimo...
– P-Pero mami, noooo ¡¡AUCH!! Sólo fue para decirle algo...no era para lastimarlo.
– Pues lo hiciste. Cuando terminemos irás a disculparte con él y con tu papá...¿Tu hermana es tu cómplice en todo esto? –cuestionó de pronto tras dar una azote muy fuerte.-
– ¡AY! –me quejaba involuntariamente, intentando responder a las preguntas sin romper a llorar en el intento-. Nooooo, mi hermanita no hizo nada...de verdad, mami, Lau no tuvo la culpa, yo le pedí ayuda.
– ¿Para mentir? –se detuvo por un momento.-
– No...porque...porque como ella sí ha hecho rescates, creí que sería más fácil convencerlos a ti y a papi de dejar que me quedara con el gatito si ella respaldaba mi historia...
– ¿Entonces le mentiste a ella también? Porque su historia no concuerda lo que les pasó a Char y a ti, Lau piensa que Char fue quien rescató a Tito.
– Eemmm...
– Respóndeme –exigió mamá descargando una serie de diez azotes rápidos sobre mis nalgas.–
– ¡AUCH! ¡SÍIII, LO SIENTO! –confesé.- Mami, por favor yaaaaaaa, ¡duele!
– Claro que duele...ahora imagina cuánto me duele a mí que nos hayas mentido. Es una conducta inaceptable en esta casa y lo sabes...pero yo me encargaré de que no se repita, jovencito.
Y sin mayor preámbulo, reanudó los azotes, alternando entre el lado derecho y el izquierdo, cada vez con mayor fuerza y justo en el punto donde más odiaba que me pegara: ese punto en donde se unen las nalgas y los muslos. ¿Qué cuándo iba a poder sentarme otra vez cómodamente? Ni idea, pero creo que la intención de mami en ese momento no era precisamente darme comodidad para sentarme, sino todo lo contrario.
Al menos 30 cepillazos más cayeron sobre mi piel desnuda, comenzando a arrancarme no sólo gritos, sino algunos cuantos sollozos; pocas veces mamá había sido tan severa conmigo, pero no recordaba nunca antes haber roto las tres reglas principales en un solo día. Y definitivamente no planeaba volver a hacerlo.
– *Sniff*...mamiAUCH! Por favor...no lo volveré a hacer... *Sniff*... Me disculparé, de verdad ¡¡AUCH!! –me encontré suplicando, sin mucho éxito al principio, al parecer mamá hacía caso omiso a mis imploraciones-. ¡POR FAVOR PARA, MAMITA, PROMETO PORTARME BIEN!
Sorpresivamente, después de un par de fuertes azotes en el centro de mi trasero, se detuvo. Aproveché ese momento para intentar regular mi agitada respiración y tomar aire.
– Peque... –dijo mamá, volviendo gradualmente a su tono habitual–. Es importante que comprendas lo que hiciste mal. No te estoy castigando por haber rescatado a Tito...¿sabes por qué te estoy castigando?
Asentí.
– ¿Por qué?
– Porque les mentí a ti, a papi y a mi hermanita...y porque le pegué a Char –respondí en un hilo de voz–. Y eso l@s lastimó...
– Así es, cariño...y el que nos hayas mentido me duele tanto como tener que castigarte para hacerte entender que lo que hiciste estuvo mal.
Dios...¿había algo más vergonzoso que saber que había decepcionado a mamá? Desde que me adoptaron, siempre habían confiado en mí y en que yo confiaría en ell@s, pero este día no lo hice y fue un error.
– *Sniff*... P-Perdón, mami...es que creí que si sabían la verdad no me dejarían quedarme con Tito y...y yo lo quería.
– Comprendo, peque, pero debes saber que si no nos compartes lo que piensas y lo que sientes, será más difícil que lleguemos a un acuerdo. Si no sabemos lo que pasa por tu cabecita, no nos estás dando la oportunidad de llegar a una solución que sea positiva para todos...¿entiendes lo que quiero decir?
– Sí, mami...
– Me alegro, bebé –dijo mamá mientras se inclinaba ligeramente para dejar un beso sobre mi cabeza-. Gracias a Dios hoy no pasó nada grave y todos estamos bien, incluido ese gatito al que decidiste ayudar. Pero sería un error de mi parte dejarte ir tras haber tenido un comportamiento como el que demostraste hoy. Debe haber reglas para que las cosas funcionen, lo sabes.
Asentí en silencio, sorbiendo por la nariz. Rayos. Esto aún no terminaba.
– Bien.
Y esa única palabra cayó como sentencia de muerte sobre mi conciencia, un fuerte cepillazo en el centro de mis nalgas me impulsó a cometer otro error: tratar de meter la mano para impedir un castigo. Mami ya había lidiado con ese tipo de cosas antes y sabía qué hacer, así que sostuvo mi brazo con firmeza contra mi espalda baja y continuó con el castigo. Uno tras otro, los azotes se sucedían, aumentando en intensidad y velocidad, llegando a un punto en el que la voz ya no salía de mi garganta en forma de palabras, sino como simples lloriqueos y sollozos, sin poder remediarlo empecé a llorar lágrimas tan libres como las de un niño pequeño e incluso pataleé un par de veces, deseando que todo aquello acabara pronto. Había cometido demasiados errores en un día y, como todo en la vida, mis actos tuvieron consecuencias.
Tras un par de minutos, mamá se detuvo y dejó el cepillo a un lado, procediendo después a acariciar mi espalda con suavidad para hacerme saber que lo peor ya había pasado. Las nalgadas podían doler como pocas cosas en la vida, pero si de algo estaba seguro era de que el ser consolado después de un castigo era una experiencia sin comparación, era de las cosas que me hacían sentir mejor que nada...saber que, aunque me portara mal, mami siempre iba a estar ahí dispuesta a enderezar mis acciones y quererme sin importar lo que hiciera. Eso era todo lo que necesitaba.
Con cuidado, mamá me ayudó a voltearme e incorporarme y me abrazó con fuerza, dejando muchos besitos por todo mi rostro, yo correspondí a su abrazo y escondí la cara en su pecho, derramando sin querer mis últimas lágrimas sobre su ropa, aunque sabía que no le molestaba. En momentos como ese recordaba el poder de los abrazos...si un día sentías que tu corazón estaba roto, bastaba con un abrazo para volver a unir todos los pedazos, y los abrazos de mamá eran los mejores.
Permanecimos así un rato hasta que me tranquilicé escuchando el latido del corazón de mamá...a veces creo que su corazón es más grande que el de cualquier otra persona, soy muy afortunado de que sea mi mami.
– ¿Mejor, cariño? –preguntó mientras dejaba un beso en mi frente.-
– Sipi...¿me perdonas, mami? –pregunté con una vocecita apenas audible.-
– Siempre. Sabes que siempre serás mi peque, sin importar lo que hagas. Pero si vuelves a mentirme, tu colita quedará más roja que un tomate.
Aquello me provocó sonreír. Intentando ignorar el dolor, me acerqué para darle un beso. Me ayudó a ponerme de pie, subió mi ropa nuevamente y tomó el cepillo para dármelo.
– Ahora ve a disculparte con tu papi, tu hermanita y tu tío, cariño...y, por favor, ve a dejar mi cepillo en su lugar. Espero no tener que volver a usarlo contigo en un rato al menos.
Ligeramente sonrojado, tomé el cepillo y salí de mi cuarto a hacer lo que mamá me había pedido. Era increíble que el simple roce de la ropa contra mi piel me incomodara...¿habrá sido ese el resultado que mami buscaba para que yo no olvidara que debía portarme bien? Posiblemente.
Dejé el cepillo en su lugar, aunque no me faltaban ganas de tirarlo por la ventana, pero me contuve y fui a disculparme con papi. Él es bueno y comprensivo y siempre me aconseja y me pide que sea cuidadoso en lugar de regañarme, además de que no me llama la atención si sabe que mami ya se encargó de "aclarar las cosas" conmigo.
Disculparme con Char no fue tan difícil, aunque el moretón que le dejé con aquella patada no se veía nada bien. Él es como un amigo para mí y nunca se enoja conmigo, pero de todos modos creí que sería buena idea compartirle algo de mi reserva especial de dulces, siempre que le duele algo dice que eso lo ayuda a sentirse mejor. Y así fue.
Pedirle perdón a mi hermanita fue un poco más complicado, porque ella no sabía que yo le había mentido para mi propio beneficio, por así decirlo. No le gustó saber que había mentido y que había conseguido que ella intercediera a mi favor en el proceso, pero de cualquier forma me perdonó porque sabía que mi intención no era mala, quería ayudar a un animalito, quería seguir su ejemplo y hacer algo bueno por alguien más. Al final quedamos en buenos términos bajo la condición de que a partir de ese momento fuera completamente honesto tanto con mami y papi como con ella. Nos abrazamos y le reiteré mi promesa de darle durante diez días los dulces que Char me regalara. Después de todo, me había ayudado muchísimo, como siempre.
Poco después, me encontraba de vuelta en mi cuarto, en pijama y acostado boca abajo mientras mamá terminaba de ponerme cremita en el área adolorida. Al finalizar me arropó y se despidió de mí.
– Descansa, mi niño, dulces sueños. Y nada de levantarse a jugar a la mitad de la madrugada, ¿entendido, peque? –preguntó dando un toquecito en mi nariz con la punta del dedo.–
– Nopi...me quedaré en la cama durmiendo, a ver si sueño con dinosaurios.
– Rawr –dijo mamá en tono juguetón a la vez que me abrazaba. Ese era nuestro saludo, nuestra palabra especial, esa que yo usaba en todo momento posible e indicaba que las cosas estaban bien, o eso significaba en este caso.–
– Rawr –respondí mientras la veía salir por la puerta y apagar la luz.-
Cerré los ojos y traté de conciliar el sueño, sin embargo algo lo impidió. Escuché una serie de pasos ligeros entrando a mi cuarto y giré hacia la puerta algo sobresaltado, emitiendo un quejido debido a la fricción de mi parte posterior contra el colchón de la cama.
– ¡Lau! –dije en voz baja al ver a mi hermana mayor acercarse a mi cama con un objeto curioso en las manos-. ¿Qué haces?
– Shhhh. Kat, mami no debe oírnos...te traje esto, toma –dijo entregándome un cojín cuyo color pude distinguir sólo encendiendo la lámpara de la mesita de al lado de mi cama-. Lo vas a necesitar mañana.
– ¿Un cojín? Pero si todavía no tengo artritis reumatoide crónica, hermanita, gracias...aparte es tuyo –respondí encogiéndome de hombros con una sonrisita, ya que lo de la artritis era broma.-
– Sí, pero ahora tú lo necesitas más que yo. Además es rojo, tu color favorito.
– Es cierto, pero ¿sabes? Mi color favorito es el rojo, para todo excepto cuando se trata de mi piel. Lo descubrí hoy –añadí sobándome el área castigada con un pucherito en los labios.-
– Bueno, bueno, pero tú te lo buscaste –respondió Lau en voz baja, mami debía estar a punto de dormirse y no queríamos molestarla.-
– Un poquito –admití. Por supuesto que Lau tenía razón, pero recordemos que la terquedad es una de mis cualidades más marcadas, ejem ejem-. Pero bueno... ¿Hermanita?
– ¿Qué pasa?
– ¿Te duermes conmigo? Sólo hoy...prometo no roncar ni moverme mucho en la noche, ¿sí?
– Está bien, está bien...pero tampoco se vale babear la almohada.
– ¡Oye! –protesté con una risita–. Yo no babeo la almohada...casi nunca.
– Casi nunca, tú lo has dicho. Anda, duerme, que mañana tienes escuela y si mami ve que andas con cara de zombie atropellado va a sospechar y no te conviene –bromeó Lau mientras apagaba la lámpara nuevamente y se metía bajo las cobijas con cuidado de no hacer ruido.–
– A ti tampoco –murmuré sólo por molestar, sacando la lengua en su dirección, cosa que afortunadamente no vio porque la luz estaba apagada ahora.–
Me abracé a ella como si se tratara de un oso de peluche y cerré los ojos.
– ¿Lau?
– Dime...
– Te quiero...gracias por ayudarme hoy.
– No es nada...y yo a ti...pero igual me debes muchos dulces.
*******************************************************************************************
Conjunto de relatos centrados en la temática del spanking (nalgadas como método correctivo, en este caso), cuy@ protagonista es Kat, un(a) chic@ algo inquiet@, miembro de una familia asidua al spanking consensuado entre adult@s, que ama la naturaleza, la música y el deporte y a quien en ocasiones le cuesta seguir las indicaciones más simples, aunque no lo hace con mala intención. Aún así, en numerosas ocasiones, es un inocente descuido lo que lo lleva a meterse en problemas con su madre, una amorosa pero estricta abogada.
¡Disfruten!
Esta historia es de mi total autoría y ha sido publicada también en Wattpad bajo el mismo nombre y con el consentimiento de los involucrados en ella.
Conjunto de relatos centrados en la temática del spanking (nalgadas como método correctivo, en este caso), cuy@ protagonista es Kat, un(a) chic@ algo inquiet@, miembro de una familia asidua al spanking consensuado entre adult@s, que ama la naturaleza, la música y el deporte y a quien en ocasiones le cuesta seguir las indicaciones más simples, aunque no lo hace con mala intención. Aún así, en numerosas ocasiones, es un inocente descuido lo que lo lleva a meterse en problemas con su madre, una amorosa pero estricta abogada.
¡Disfruten!
Esta historia es de mi total autoría y ha sido publicada también en Wattpad bajo el mismo nombre y con el consentimiento de los involucrados en ella.

Comments
Post a Comment
Gracias por leer y comentar! ;)