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Superman sobre ruedas cap 1 (bici)


– Voy a salir a andar en bici.

– ¿Vas a qué? –preguntó mamá desde la cocina.–

– Salir a andar en bici.

– No.

– ¿Por?

– Por el golpe que te diste anoche en el pie acomodando sillones en la sala.

– Pero mamá, estoy bien, ya me duele menos.

– No fue lo que dijiste hoy en la mañana.

– . . .

– Déjame ver cómo va tu pie.

 

Si hay algo que en verdad odio, es usar chanclas. Tengo dos extremos: usar tenis/botas o andar descalzo por todos lados y a toda hora.

Naturalmente, el que hoy estuviera usando chanclas aunque estuviera en la sala de la casa había sido idea de mamá. Con el golpazo que me di la noche anterior, no hubo manera de convencerla de que no las necesitaba.

Me levanté del sillón y fui a la cocina, disimulando el dolor al caminar, me quité la chancla del pie izquierdo y se lo mostré a mamá.

 

– Mmmmm...

– ¿Mmmmm?

– No. Tu dedo aún está inflamado y tu piel no ha terminado de absorber el yodo. Sería mala idea usar zapatos ahora.

– Pero mamá...

– Sin peros. Te quedas en casa reposando hoy, mañana y pasado. Y nada de quitarse las chanclas.

– ¡¿QUÉ?! ¡Pero si sólo fue un golpecito de nada! ¡Además me estoy aburriendo como ostra, no voy a aguantar tantos días sin hacer ejercicio!

– Lo harás si quieres recuperarte, peque. Y son tres días, no es el fin del mundo. Veremos cómo vas mejorando.

– Grrrrr... –proferí volviendo a calzarme la endemoniada chancla.–

– Sin gruñidos, es por tu bien.

– Bueeeno...¿y qué se supone que haga?

– ¿Terminaste la tarea del taller de literatura?

– Hace siglos...

– Pues lee, escribe...

–Ya lo hice.

–Arma un rompecabezas o practica algo de música.

– No tengo ganas –dije caminando de vuelta al sillón, donde tenía abierto el ejemplar de "La Divina Comedia" que de momento estaba leyendo.–

– Te sobra creatividad, cariño, algo se te ocurrirá –respondió mamá con una leve sonrisa justo antes de contestar el teléfono, que vibraba en su bolsillo.–

 

Rodé los ojos y me recosté en el sillón en una de mis usuales posturas de gato, volviendo a leer aquel libro de la época de las cavernas...aquí entre nos, he leído cosas más divertidas.

Tres minutos después, mientras yo bostezaba, mamá se acercó a donde yo estaba.

 

– Mi peque, tengo que ir a la oficina, surgió un imprevisto, pero no creo tardar.

– Bueeeno, suerte...que te sea leve.

– Gracias, amor. Te portas bien.

– Yo siempre me porto bien... –respondí con una sonrisita mientras dejaba el libro a un lado y me incorporaba para darle un abrazo.–

– Más te vale... –dijo dando una suave palmada a mi trasero.–

– Ay...sí, mamáaaaa –me "quejé" sobándome un poco con una risita–. Cuídate.

 

Tras dejar una caricia en mi cabello, se fue...y yo tenía la casa para mí solo. Papá estaba en un viaje de trabajo, nadie estaba vigilando y yo moría de aburrimiento y tenía una cantidad ridícula de energía sin quemar...por supuesto que lo único que quería hacer en ese momento era salir a hacer ejercicio. Después de todo, ¿quién se enteraría?

Transcurrido un ratito, me aseguré de que mi madre se había ido, sonreí para mis adentros y dejé el dichoso libro por ahí. Mamá dijo "nada de quitarse las chanclas"...y en eso pensaba hacerle caso.

 

 

En cuanto me encontré surcando las calles sobre mi bicicleta, cualquier posible sombra de remordimiento se evaporó de mi mente. Eso era lo que me gustaba hacer y me gustaba hacerlo todos los días que podía, es decir, casi diario. De lo contrario, solía estar ansioso, inapetente y en la noche batallaba para conciliar el sueño. Amo leer, escribir y ver buenas películas, pero un día sin actividad física es un día perdido para mí, al menos mientras no me aqueje alguna enfermedad o haya mal clima.

Para mi sorpresa, el dolor en el dedo del pie era mínimo, soportable sin problemas. Si bien las chanclas no eran consideradas un tipo de calzado deportivo óptimo, en este caso me eran útiles, ya que, aunque el movimiento al pedalear me molestaba ligeramente, la inflamación no me causaba demasiado dolor gracias a que las chanclas no limitaban mi movilidad.

Pero ahora no importaba, nada importaba. Pretendía medir el tiempo para volver al cabo de una hora, aunque pronto el asunto pasó a segundo plano. Ir por ahí con toda libertad, a la velocidad que se me antojara y con los audífonos vertiendo en mis oídos mi música favorita me hizo olvidarme de todo por un buen rato. De momento, estaba tan enfocado en practicar todos los trucos que conocía y en acelerar a tope en todas las calles que bajaban describiendo pronunciadas pendientes, que por poco y no alcancé a frenar en un crucero.

Un autobús atravesó frente a mí por la calle perpendicular, de derecha a izquierda. Presioné el freno posterior de la bici con todas mis fuerzas hasta que casi se me acalambró la mano y giré bruscamente a la izquierda, derrapándome exactamente 180 grados antes de llegar a un alto total. Para suerte mía, un agudo chirrido llegó a mi oído como confirmación de que el autobús en cuestión se había detenido. Con el sudor chorreando desde mi frente hasta la mitad de mi espalda y el corazón desbocado, miré al conductor de aquel armatoste, quien, furioso, tocaba la bocina del vehículo repetidas veces, creyendo que con eso conseguiría apartarme del camino.

Sin la menor intención de disculparme, exhalé con pesadez, miré al susodicho con ojos de pistola y me puse en marcha rápidamente, regresando sobre la misma calle por la que venía, camino a casa, sin siquiera imaginar quién venía dentro de aquel autobús.

Llegué a casa tan pronto como pude, devolví la bici a su lugar, me bañé más rápido que nunca y me puse la pijama, ya que no pensaba salir y, en teoría, "no había salido ni tenía permitido salir". Salté al sillón nuevamente y retomé mi lectura justo donde la había dejado. No habían pasado ni diez minutos cuando la puerta se abrió y mamá apareció, masajeándose el cuello ligeramente con una mano.

 

 

– Hola, mami... –saludé, mirando sobre las páginas del libro–. ¿Cómo te fue?

– Bien, excepto por una cosita. Un incidente en el autobús.

– ¿Otro conductor que manejaba con las patas? –cuestioné con una sonrisita sarcástica.–

– No, más bien un jovencito que conducía su bicicleta con las patas.

– Suena parecido a mí... –bromeé "casualmente". No había manera de que se estuviese refiriendo a mí, o eso creía yo; había miles de bicicletas y ciclistas en la ciudad, después de todo.–

– Era parecido a ti. Mucho.

– Habrá sido mi "doppelgänger", ya ves que supuestamente todos tenemos clones regados por el mundo –comenté distraídamente– ...hasta el protagonista del libro que estoy leyendo –me apresuré a completar, mintiendo, mientras buscaba cambiar de tema.–

– Kat... –dijo mamá, dejando sus cosas en una silla.–

– ¿Sí? –pregunté medio ocultando mi rostro tras el libro.–

– ¿Qué hacías andando en bici en plena calle cuando te pedí guardar reposo? –preguntó finalmente, con tono de sospecha, dejando los rodeos a un lado.–

– Mmmmm...¿pero cómo sabes que era yo?

 

Tomó mi libro con cuidado y lo retiró de mis manos.

 

– Porque pocas personas andarían en bici en la calle con chanclas, escuchando música, sin casco ni lentes protectores...y no se responde una pregunta con otra.

 

Mierda. Que mamá fuera abogada en ocasiones sólo me recordaba la gran desventaja en la que me encontraba. Por cada pregunta o argumento que yo tuviera, ella tendría al menos una docena.

 

– ¿Entonces? –preguntó pacientemente.–

– Perdón...

– Eso no responde mi pregunta, cariño.

– Bueeeno, es que estaba aburrido.

– Lo sé. Por eso te sugerí leer, escribir, armar un rompecabezas, tocar música...y hay muchos juegos de mesa en la casa, peque.

– Pero mami, yo quería hacer ejercicio –respondí con un ligero puchero involuntario.–

– Sí, mi cielo, pero este no era el momento. Pudiste haberte lastimado más –me invitó a razonar–. Eso sin mencionar tu interesante forma de frenar –entornó los ojos a medida que su tono de voz cambiaba y se sentó a mi lado en el sillón.–

– Fue culpa del bobo autobús –me crucé de brazos, desviando la vista.–

 

Mamá suspiró y, tras un momento, me tomó del mentón con suavidad para que la mirara de nuevo.

 

– Mi amor, eso no importa. Me desobedeciste y faltaste a una de las reglas principales. ¿Puedes decirme cuál?

– . . . "No exponer mi integridad" –recité de memoria.–

– Exacto. ¿Y qué va a pasar ahora?

– No voy a salir en tres días.

– ¿Y qué más?

– Me voy a aburrir como champiñón con varicela.

– . . . ¿Y?

 

Ups...no podía referirse a lo que yo estaba pensando... ¿O sí?

En fin. Exhalé con pesadez y me arriesgué una vez más, no tenía sentido seguir tratando de zafarme del asunto.

 

– ¿M-Me vas a castigar? –pregunté con algo de incertidumbre.–

 

Como toda respuesta, sólo recibí un leve asentimiento. Acto seguido, mamá palmeó su regazo un par de veces y, con toda calma, esperó a que yo hiciera el resto.

Conteniéndome de protestar, rodar los ojos o resistirme al costo que fuera, me incorporé y disimulé mi cara de vergüenza al retirar mis propios pantalones. Para sorpresa mía, me detuvo justo antes de que yo procediera a bajarme los bóxers.

 

– Consérvalos...esta vez.

 

No me lo pensé dos veces, agradecí internamente y, con una profunda inhalación, me acomodé sobre sus rodillas y no tuve que esperar demasiado para lo que sabría que vendría. Apenas sentí que mamá situó su mano izquierda sobre mi región lumbar, el castigo comenzó.

 

*SWAT SWAT SWAT SWAT... SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT!!!*

Aún sobre los bóxers, la picazón me molestaba desde el inicio. Había quienes decían que mamá tenía la mano ligerita, pero esa pobre bola de ilusos no tenían ni idea de lo que estaban diciendo. Yo sí. ¡Y SUS MANOS SON BASTANTE PESADITAS!

 

– Ay...¡auch! Mmmffh...ya, mami, ¡lo siento! –era mi discreta forma de "quejarme" al inicio de algunos castigos para "conservar la dignidad".

– Aún no.

 

*SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT...*

– ¡AY! ¡¿Pero cómo de que no?! ¡Claro que lo estoy sintiendo!

 

Yo y mi bocota...a veces hablaba más de la cuenta y metía mi extraño sentido del humor en donde no era necesario.

 

– Silencio.

 

Me callé al instante. Mamá no estaba enojada; de lo contrario, no me hubiera puesto ni un dedo encima. Estaba preocupada. Y algo sorprendida.

 

*SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT*

 

– ¡Mami, me duele, por favor para! ¡AUUUCH!

*SWAT SWAT SWAT SWAT... SWAT SWAT SWAT SWAT!!!*

 

De pronto se detuvo.

 

– ¿Cómo se te ocurre?

– ¡AUCH! ¿Qué cosa?

*SWAT*

– Andar en bici con chanclas, niño.

– ¡Grrr...! Pero no te puedes enojar por eso, mamá. Dijiste "nada de quitarse las chanclas" y en eso sí te hice caso.

– Y lo de no salir, bien, gracias, ¿verdad?

*SWAT SWAT SWAT*

– ¡Ayyy! ¡Pues no podía andar en el jardín, no soy hámster de laboratorio!

– Ese tonito... *SWAT* ¿Qué parte de "reposo" es la que no entendiste? –preguntó, expectante. Podría jurar que detecté un minúsculo atisbo de risa detrás de su voz.–

– Eemmmm... ¿ninguna?

– . . .

 

*SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT *

– ¡Ay, ay, ay! Mami, yaaaaaaa...

*SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT SWAT...*

– Okey, okeeeey, ¡ya entendí que mi sarcasmo ni al caso viene ahorita!

*SWAT SWAT SWAT... SWAT SWAT SWAT SWAT!!!*

– ¡Auuuch! ¡DUELEEE! Ya, ¡prometo que no lo vuelvo a hacer, mami, por favor! –supliqué, al fin lanzando mi "dignidad" por la borda, aunque me reía de nervios, pero no sólo eso, sino que ya estaba apretando los puños y los labios sin siquiera darme cuenta de cuándo empecé a hacerlo.–

 

Puede que mamá no estuviera enojada y que fuera benévola al no usar ningún instrumento conmigo; asimismo, este regaño era de los más leves que me había dado, pero el dolor era el dolor, y hasta las nalgadas "de juego" podían doler cuando se trataba de mamá.

 

– Es la idea –puntualizó y me tomó de la oreja con firmeza–. Cuando dije que te sobraba creatividad, me refería a las opciones que se te ocurrirían para no aburrirte, no para ver de cuántas maneras podías salirte con la tuya para jugar a ser Superman sobre ruedas, jovencito.

– ¿Y si ambas cosas van ligadas? –me aventuré a expresar, arrepintiéndome en el acto, sorprendido de que no cayera un diluvio de nalgadas sobre mí en ese preciso instante.–

–Pues te esperas a recuperarte, cielo.

– Me voy a hacer viejo...

– Eso depende de ti...y no exageres, eres muy joven aún, Kat. Sólo no quiero tener que ir a regañarte a la camilla de un hospital, por eso lo estoy haciendo aquí, ¿comprendes, cariño? –preguntó soltando mi oreja finalmente.–

 

Definitivamente no planeaba darle un susto peor a mi madre, sólo no creía que una inocente escapada fuera a preocuparla así, aunque, dadas las circunstancias, lo entendía.

 

– Sí...

– ¿Sí, qué?

– Sí, mamá... –asentí, ahora algo serio. Más allá de ser un castigo insoportable, esto era una advertencia, un aviso para tomar conciencia y no volver a arriesgarme más de la cuenta.–

– Eso está mejor...y que sepas que en esta ocasión no usé implementos aparte de mi mano para no hacerte patalear y causar que te lastimaras ese dedito otra vez –dijo en tono tranquilo, aunque ligeramente amenazante, mientras dejaba un par de palmadas con fuerza moderada sobre mi parte posterior.–

– Gulp...g-gracias, mami –respondí, sonrojándome como jitomate–. Lo siento.

– Está bien, amor. Ya pasó...sé lo mucho que te cuidas y te gusta hacer deporte, pero sabes que no es buena idea si estás lastimado. Ya sabes que si mamá te pide que la obedezcas, es por tu bien, porque se preocupa por ti.

– Sipi –concordé. De pronto me sentí como un niño de ocho años otra vez.–

– Jamás creí que fueras a salirte EN CHANCLAS a andar en bici, loquito –dijo de pronto, aligerando el ambiente mientras negaba con la cabeza, dejando aflorar la sonrisa de incredulidad que minutos antes había reprimido para que yo no olvidara quién era la autoridad–. Anda, arriba –añadió dándome una última nalgada, a lo que sólo reaccioné entrecerrando los ojos con un respingo, aliviado de que aquel castigo no hubiera sido más severo.–

 

En cuanto me incorporé, sobándome, su repentino tono de voz frío me dejó pasmado.

 

– Kat Takana Potter...

– ¿S-Sí, mami?

– ¿Me quieres explicar en dónde zopilotes dejaste las chanclas ahora?

 

Carajo. Palidecí del susto, creí que sería algo mucho peor. De cualquier forma, me apresuré a explicar mi pequeño desliz.

 

– No, no, no. Mami, espera, no es lo que crees. ¡Fue sin querer! Llegué y me metí a bañar, pero las chanclas están en mi cuarto y no me he movido del sillón desde que regresé.

 

Ante mi veloz explicación, se relajó visiblemente con un suspiro, aunque eso no significaba que estuviera feliz de verme descalzo en ese momento.

 

– Creía que habías vuelto a mandar las chanclas a volar por la ventana como hace unos meses.

– Nopi –negué rápidamente.–

– Bueno, ¿debo pegarte las chanclas a los pies con silicón frío otra vez para que aprendas a llevarlas puestas cuando te lo pido? –inquirió llevándose las manos a la cintura mientras arqueaba las cejas.–

 

Negué con la vista clavada en mis pies.

 

– Tráelas, peque.

 

Caminé hasta mi cuarto a una velocidad razonable, recogí las chanclas del suelo y volví a la sala, entregándoselas a mamá en lugar de ponérmelas yo mismo. Las recibió de mis manos, dejó una en el suelo y, casi a velocidad sobrehumana, me tomó de la muñeca, haciéndome dar media vuelta, y me propinó seis fuertes azotes con el par de aquel calzado. No tuve ni tiempo de pensar en meter la mano para protegerme.

 

*ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ ZAZ*

 

Con un leve gemido gutural y mis típicos ojos de cachorro, volteé a verla. Soltó la chancla y liberó el agarré que sostenía en torno a mi muñeca para alcanzar mis pantalones de pijama y ayudarme a ponérmelos nuevamente. Tras aquello, dio un ligero tironcito a mi mano para indicarme que me sentara en sus piernas, donde me acurruqué contra ella, dejando que me envolviera en un abrazo como los que sólo ella sabe dar, mientras sobaba mi parte dolorida.

A juzgar por lo airoso que había salido aquella tarde a comparación de otras veces, asumí que a mamá le había ido bien en la oficina y no iba a permitir que cualquier nimiedad nublara su buen humor, ni siquiera mis descuidos y travesuras. Debió percibir la sombra de arrepentimiento en mi mirada porque, a pesar de que hubiera podido tumbarme de nuevo sobre sus rodillas en cuanto le entregué las chanclas, no lo hizo.

 

– Mami...¿me perdonas? –murmuré con un pucherito.–

– Shh...ya pasó, mi amor. Todo perdonado –respondió besando mi sien–. Sólo recuerda que si mami te dice algo que es por tu bien, hay que obedecerla. Y jamás olvides que, aunque seas un viejito arrugado, seguirás siendo mi bebé –añadió, acariciando mi espalda.–

– Nopi –solté una risita, más tranquilo ahora.–

 

Tras un par de minutos inmerso en esa relajante atmósfera, bostecé.

 

– ¿Comiste, mi niño?

– M-mh –negué, de pronto sintiéndome demasiado cansado como para articular palabra.–

– Bueno, ¿te parece si vas a tomar una siesta en lo que preparo algo? Yo te despierto cuando esté todo listo.

– Weno –asentí, adormilado, y me levanté con ayuda de mamá, que me facilitó las cosas colocando las chanclas en mis pies delicadamente y acompañándome a mi cuarto, donde me desplomé sobre la cama (BOCA ABAJO, CLARO ESTÁ) con los pies sobresaliendo por los bordes del colchón.–

– Descansa, mi tigrecito –revolvió mi cabello, para luego cubrirme con mi cobija favorita.–

– Rawr. Te quiero, mami... –susurré, ya entre sueños.–

– Yo más, mi peque bello –se despidió besando mi frente y se encaminó a la cocina, cerrando la puerta tras de sí.–


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Conjunto de relatos centrados en la temática del spanking (nalgadas como método correctivo, en este caso), cuy@ protagonista es Kat, un(a) chic@ algo inquiet@, miembro de una familia asidua al spanking consensuado entre adult@s, que ama la naturaleza, la música y el deporte y a quien en ocasiones le cuesta seguir las indicaciones más simples, aunque no lo hace con mala intención. Aún así, en numerosas ocasiones, es un inocente descuido lo que lo lleva a meterse en problemas con su madre, una amorosa pero estricta abogada.

* ADVERTENCIA DE CONTENIDO*

Esta historia es parcialmente real y en ella aparecen escenas que incluyen spanking, es decir, nalgadas a modo de castigo. Dicho sea de paso, no apoyo esta práctica como método aplicable a niñ@s. Todo lo que aquí se relata son hechos desarrollados entre adult@s. Si dicho tema no es de su agrado, le pido cordialmente que se retire. Gracias.

¡Disfruten!

Esta historia es de mi total autoría y ha sido publicada también en Wattpad bajo el mismo nombre y con el consentimiento de los involucrados en ella.

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